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«Los Cuatro Fantásticos», de Stan Lee y Jack Kirby: núms. 98-108 (mayo de 1970-marzo de 1971)

El número 98 de Los Cuatro Fantásticos (mayo de 1970) aporta cierto alivio a la serie por varias razones. En primer lugar, por el regreso de Joe Sinnott a las tintas, aun cuando ya ni siquiera él era capaz de insuflar al dibujo de Kirby la energía de otros tiempos.

En segundo lugar, esta historia, que tiene lugar en julio de 1969, cuenta el intento de sabotaje Kree al primer vuelo espacial americano a la Luna. Aunque muy lejos de los mejores momentos de la colección, es un argumento mejor que los cuatro que seguirán. Y ello a pesar de que este intento de mezclar la épica del mundo real y los logros humanos en el Espacio con la fantasía de los Cuatro Fantásticos no casaba muy bien. Al fin y al cabo, en el mundo Marvel, hacía ya mucho tiempo que viajar a la Luna no resultaba demasiado complicado para los superhéroes.

El nº 99 (junio de 1970) supone una absoluta decepción, sin nada que realmente merezca la pena reseñar. Stan Lee estaba claramente pensando en otra cosa cuando en la última página se revela descuidadamente que Rayo Negro es el hermano de Crystal, lo que deja en mal lugar la relación del monarca con Medusa… también hermana de Crystal. Las últimas entregas que Lee y Kirby hicieron de Los Cuatro Fantásticos fueron las más tristes. Había un inconfundible hastío y cansancio tanto en los guiones como en el dibujo. Hasta la página-viñeta con los Inhumanos resulta postiza, rígida y descuidada. Hacia el final del número Kirby ni siquiera se molestó en dibujar los fondos.

Para celebrar el gran logro que suponía llegar al número 100 de la colección (julio de 1970), los planes iniciales consistieron en realizar un especial de mayor extensión con una épica batalla contra multitud de enemigos clásicos. Pero por razones económicas el proyecto se abandonó y Kirby se vio obligado a redibujarlo todo para poder condensarlo en 20 páginas a base de rejillas de nueve viñetas que no conseguían transmitir grandiosidad alguna. El resultado es que los héroes y sus adversarios (más androides del Pensador Loco) se enfrentaban sin pasión ni ganas. El número centenario del grupo veterano de Marvel fue la mayor decepción del año.

Los últimos dos números son igualmente prescindibles. El 101 (agosto de 1970) intentaba explotar el interés popular en la mafia que había despertado El Padrino de Mario Puzo (por cierto, un viejo conocido de Stan Lee, ya que a comienzos de los sesenta, el escritor había publicado bajo el seudónimo de Mario Cleri en revistas masculinas editadas por Martin Goodman, como Swank o Male). Así que aquí tenemos a los Cuatro Fantásticos, que una vez se enfrentaron con Galactus, siendo amenazados por un matón de tercera armado con una metralleta. Y todo con un dibujo rígido, apresurado y las ahora obligadas páginas de nueve viñetas que intentaban concentrar toda la historia en las veinte páginas estipuladas por el editor.

El 102 (septiembre de 1970), con el regreso de Namor como enemigo y Magneto como su aliado, constituyó el nada destacable final de toda una época, un inmerecido epitafio a la colaboración de dos personalidades de la Historia del Cómic que cambiaron el género para siempre, creativa y comercialmente. El guión parece destinado a niños de seis años: por ejemplo, Magneto se pasa casi toda la aventura bajo el agua y sin necesitar aparato respirador alguno. ¿Se olvidó Kirby de que Atlantis era un reino sumergido o quizá pensó que los niños ni se darían cuenta?

Los últimos doce números ´de Los Cuatro Fantásticos en los que Kirby participó fueron casi una negación de las muchas virtudes que había acumulado la colección durante los nueve años anteriores: sin trabajo de caracterización ni creación de personajes potentes; sin una continuidad clara; sin esa atmósfera de sofisticación, humor, épica y autoparodia ni el espíritu y carisma que habían hecho de los cómics Marvel una lectura obligatoria para cualquier fan de los superhéroes, la acción y la aventura. En comparación, los guiones que por entonces todavía firmaba Stan Lee para Capitán América o Spiderman, conservaban todavía su energía

Y finalmente ocurrió lo que en 1965 hubiera resultado inimaginable. Tras 102 números dibujados de Los Cuatro Fantásticos, en 1970 Jack Kirby abandonó Marvel para trabajar en su competidora, DC Comics. «Recuerdo ir a la oficina y ver un cigarro aplastado contra la pared y una pequeña nota debajo que decía Renuncio«, recuerda el artista Don Heck. «Jack ya estaba viviendo en California por entonces, así que algún otro de la redacción hubo de hacerlo, pero así es como yo me enteré de que se había marchado». Con excepción de un número reservado para el 108 (marzo 1971) y la poco interesante novela gráfica de Silver Surfer (1978), Stan Lee y Jack Kirby no volverían a colaborar nunca más. La Edad de Plata, el Renacimiento de Marvel y del cómic de superhéroes, que durante unos años habían parecido inextinguibles, finalizaron abruptamente. La odisea había terminado.

Era aquel un momento en el que soplaban vientos de cambio para Marvel. Los mejores guionistas y dibujantes parecían abandonar los títulos de superhéroes por los de ciencia ficción, fantasía o terror, ajenos todos ellos a la continuidad establecida del Universo Marvel. Aunque quizá a muchos les sorprendió la noticia de la marcha de Kirby, ya hemos ido viento en las entregas anteriores de esta larga serie que las señales de agotamiento llevaban tiempo presentes. Su renuncia, impulsada a partes iguales por la frustración, el enfado y la envidia, llegó cuando tenía que hacerlo.

Aunque la situación no dejaba de tener su ironía: justo cuando mayor control tenía sobre la serie dado que Lee ya apenas colaboraba en los guiones, ya no le quedaban energías para continuar. Kirby fue víctima no sólo de la trituradora corporativa sino de sus propias decisiones: no haber sacado mayor partido de su talla como creador; no haber negociado con mayor dureza y haberse mantenido ajeno a los movimientos editoriales y empresariales; tampoco ayudó su mudanza a California por motivos de salud, ya que lo alejó todavía más de los centros de decisión.

En los años que siguieron, Jack Kirby hizo amargas declaraciones contra Stan Lee, normalmente en las páginas de revistas para aficionados, atribuyéndose a sí mismo más mérito del que realmente había tenido. Estaba claro que sentía que no había recibido todo el reconocimiento que merecía por su contribución al crecimiento de Marvel.

«Solía preguntarme por qué se había ido», afirmó Stan Lee. «Cuando se marchó a DC insistió en ser el guionista, el editor y el dibujante. Y yo me dije que debía estar cansado de ver en los créditos by Stan Lee and Jack Kirby, conmigo como editor. Creo que quería demostrar lo bueno que era sin mí, pero no tengo forma de saber si estoy en lo cierto».

Kirby siguió su carrera en DC y aunque nunca le faltaron ideas, sin la ayuda de un guionista y editor con talento, no fue capaz de integrarlas y articularlas en historias coherentes pobladas por personajes con los que simpatizar. Era como un barco sin timonel. Ya nunca volvió a tener el éxito que le acompañó cuando estuvo asociado con Joe Simon en los años cuarenta y con Stan Lee en los sesenta. Aunque seguía ofreciendo diseños y viñetas impactantes, demostró no haber aprendido las virtudes de Stan Lee como guionista: su humanismo y empatía, su habilidad a la hora de transmitir sus propios valores a través de la caracterización de los personajes. Esa fue la razón de que el éxito de Marvel se mantuviera incólume tras la marcha de Kirby por mucho que en su momento hubiera especulaciones sobre sus posibilidades de supervivencia sin su principal mente creativa. Por el contrario, fue él quien ya no consiguió interesar al lector contemporáneo con sus nuevos proyectos. Sin las emociones humanas, el reparto de personajes secundarios carismáticos o elementos tan sencillos como las subtramas románticas, sus historias estaban condenadas al fracaso ante un lector más sofisticado que el de diez años antes y que ya no se conformaba con las batallas espectaculares entre superseres.

Stan Lee, todavía editor en jefe, continuaría escribiendo Los Cuatro Fantásticos, ahora con los dibujos de John Buscema. Tras la marcha de Kirby, la serie perdió fuelle, aunque disfrutó de ocasionales remontadas, como las etapas guionizadas por Gerry Conway o Roy Thomas, o la escrita y dibujada, ya en los números 232 al 293, por John Byrne, cuyo tratamiento de los personajes a principios de los ochenta fue recibido por los aficionados como una segunda edad de oro. Pero de eso hablaré en futuras entradas.

Lee y Kirby provenían ambos de un ambiente obrero y judío. Los dos fueron trabajadores rápidos e infatigables que podían producir historias de notable calidad sin fallar un solo plazo de entrega. Pero aparte de eso, fueron creadores completamente opuestos en todo lo demás. El destino los reunió porque Lee era el único editor que hubiera contratado a Kirby y Jack el único artista de calidad que Stan estaba dispuesto a utilizar. Unieron sus fuerzas ya muy avanzadas sus respectivas carreras y, contra todo pronóstico, tan distintas personalidades y talentos se complementaron, creando una dinámica que renovó completamente el género de los cómics de superhéroes.

Los Cuatro Fantásticos de Stan Lee y Jack Kirby fueron muchas cosas: el origen del Universo Marvel, protagonistas de algunas de las más fascinantes e imaginativas historias que ha dado el género, escaparate ambicionado por autores de prestigio… pero, sobre todo, una familia, la primera familia auténtica del mundo de los superhéroes. Y eso siguen siendo hasta hoy, con sus problemas, sus discusiones y reconciliaciones, huídas y regresos, nacimientos y muertes… Son casi sesenta años de aventuras y tribulaciones, de encuentros y desencuentros, de angustia existencial…Pero los cuatro miembros originales todavía siguen allí, reafirmando sus lazos de sangre y amistad, legado de unos creadores revolucionarios que transformaron la cultura popular del siglo XX con un Big Bang que dio origen a un vasto universo que ahora, amplificado por toda una serie de superproducciones cinematográficas, sigue generando ingentes cantidades de dinero pero, sobre todo, alimentando la imaginación de millones de fans por todo el mundo.

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Los Cuatro Fantásticos, de Stan Lee y Jack Kirby: Amazing Adventures núms. 1-6 (junio-noviembre de 1961)

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Los Cuatro Fantásticos, de Stan Lee y Jack Kirby: núms. 2-3 (enero-marzo de 1962)

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Los Cuatro Fantásticos, de Stan Lee y Jack Kirby: núms. 39-42 (junio-septiembre de 1965)

Los Cuatro Fantásticos, de Stan Lee y Jack Kirby: núms. 43-45 (octubre-diciembre de 1965)

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Los Cuatro Fantásticos, de Stan Lee y Jack Kirby: núms. 51-55 (junio-octubre de 1966)

Los Cuatro Fantásticos, de Stan Lee y Jack Kirby: núms. 56-58 (noviembre de 1966-enero de 1967)

Los Cuatro Fantásticos, de Stan Lee y Jack Kirby: núms. 59-64 (febrero-julio de 1967)

Los Cuatro Fantásticos, de Stan Lee y Jack Kirby: núms. 65-67 (agosto-octubre de 1967)

Los Cuatro Fantásticos, de Stan Lee y Jack Kirby: núms. 68-77 (noviembre de 1967-agosto de 1968)

Los Cuatro Fantásticos, de Stan Lee y Jack Kirby: núms. 78-88 (septiembre de 1968-julio de 1969)

Los Cuatro Fantásticos, de Stan Lee y Jack Kirby: núms. 89-97 (agosto de 1969-abril de 1970)

Los Cuatro Fantásticos, de Stan Lee y Jack Kirby: núms. 98-108 (mayo de 1970-marzo de 1971)

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Copyright del artículo © Manuel Rodríguez Yagüe. Descubre otros artículos sobre cine, cómic y literatura de anticipación en nuestra sección Fantaciencia. Publicado previamente en Un universo de ciencia ficción, y editado en Cualia con permiso del autor. Reservados todos los derechos.

Manuel Rodríguez Yagüe

Manuel Rodríguez Yagüe

Como divulgador, Manuel Rodríguez Yagüe ha seguido una amplia trayectoria en distintas publicaciones digitales, relacionadas con temas tan diversos como los viajes ("De viajes, tesoros y aventuras"), el cómic ("Un universo de viñetas"), la ciencia-ficción ("Un universo de ciencia ficción") y las ciencias y humanidades ("Saber si ocupa lugar"). Colabora en el podcast "Los Retronautas".