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«El Cuarto Mundo», de Jack Kirby (1971): «Los Jóvenes Eternos», «Los Nuevos Dioses» y «Mr. Milagro»

Fue en Jimmy Olsen, el amigo de Superman, como ya señalé en un artículo anterior, donde Kirby empezó a construir el Cuarto Mundo, un nuevo universo de personajes edificado a partir de las ideas concebidas en Marvel y archivadas a la espera de poder darles salida bajo su exclusivo control.

Ya en el segundo número de su etapa, el 134 (diciembre de 1970), presentaba a sus lectores un adelanto en la forma de un personaje destinado a convertirse en clave dentro de la propia DC, aunque en ese episodio no era más que una cara fugaz en una pantalla: Darkseid.

A la altura del tercer número ya estaba claro que había una historia subyacente, un evento de grandes dimensiones preparándose en la sombra. Ese nuevo universo, no obstante, eclosionó en las tres siguientes colecciones que aparecieron en 1971 y de las que hablaré a continuación. Sería allí donde crecería y se desarrollaría la épica del Cuarto Mundo. Jimmy Olsen era parte de ella, pero marginal. Irían apareciendo de vez en cuando personajes extraídos de ese conflicto cósmico que se narraba en otra parte, pero no siempre. Kirby quería que la colección fuera básicamente un título de aventuras mayormente independiente que pudiera traspasar a otro equipo creativo bajo su supervisión.

Así que en 1971, debuta con cadencia bimensual Los Jóvenes Eternos (The Forever People, febrero-marzo de 1971). De nuevo, los lectores asistían al bombardeo de toda una nueva galería de personajes y conceptos desde el mismo comienzo de la aventura. Sólo en las primeras ocho páginas presentaba al Boom-Tubo, cuatro de los cinco protagonistas titulares, el SuperCiclo, el ordenador viviente Caja Madre y los villanos de turno, Inter-Gang, que podían comunicarse con una especie de teléfonos móviles con Skype con su jefe, Darkseid. Y a partir de aquí, se sucedieron todavía más cosas: Supertown, las Sigma-Pistolas, los Gravi-Guardias con la capacidad de «transmitir ondas gravitacionales desde galaxias de gran masa», el Hombre Infinito, la Ecuación de la Anti-Vida, el quinto miembro del grupo (Hermosa Soñadora) y, en mitad de ese torrente desatado, Superman.

Por cierto, que en el nº 1 Kirby añadió su propio toque al habitualmente invariable y estirado Hombre de Acero. Tras el encuentro con un boxeador que se siente inferior al lado de Superman, Clark Kent se entrega a cierta autocompasión. En un monólogo interior, el periodista se pregunta si el hombre corriente, en su fuero interno, alberga resentimiento e incluso odio hacia su alter-ego. Y es por eso por lo que recibe emocionado las noticias de la existencia de SuperTown, la ciudad de los Nuevos Dioses, donde quizá pueda encontrar su verdadero lugar entre seres tan poderosos como él. Al final, sin embargo, decidirá quedarse en la Tierra al darse cuenta de que su presencia puede ser necesaria en lo que cree va a ser «el campo de batalla para alguna extraña super-guerra».

Aun cuando efectivamente se estaba librando una suerte de guerra encubierta a tres bandas (la Tierra, Nueva Génesis y Apokolips) y que sus combatientes estaban alineados en bandos bien definidos. Kirby enfatizó que los jóvenes miembros de la Forever People eran no violentos y que abogaban por lo mismo que la nueva generación de muchachos americanos: la coexistencia pacífica. Este grupo de Nuevos Dioses adolescentes fueron creados a imagen y semejanza de muchos de los jóvenes que Kirby veía a su alrededor y de cuya compañía disfrutaba.

Los protagonistas expresaban claramente sus ideas pacifistas y ecologistas, vestían atuendos modernos de colores llamativos…Eran, en definitiva, un trasunto de hippies que habían conseguido sobrevivir al Verano del Amor de 1967. En plena guerra del Vietnam, él se identificaba plenamente con aquellos que se oponían a Richard Nixon y su escalada militar en Asia. Veía en ellos pasión, idealismo y la esperanza de un futuro mejor, virtudes todas ellas que trasladó a los personajes de este título, que asumían la responsabilidad de hacer de un mundo peligroso un lugar algo mejor oponiéndose a Darkseid, encarnación del militarismo y el imperialismo.

El primer número de Los Jóvenes Eternos fue algo verdaderamente novedoso en el mundo del comic-book mainstream. Nada parecido se había intentado antes. Por supuesto, tenía los elementos característicos de Kirby, como personajes intensos de gran poder y acción explosiva, pero no era exactamente un tebeo de superhéroes sino una pieza dentro de un gran rompecabezas épico que se extendía por otros tres títulos. Era evidente que Kirby quería hacer evolucionar el medio, probar nuevas formas de contar las historias. Aparecerían elementos y personajes compartidos con las otras colecciones aún por estrenarse, pero otros eran exclusivos de esta cabecera, como el Hombre Infinito, un ser producto de la fusión de cuerpo y mente de los cuatro protagonistas y que venía a simbolizar el poder de la unión de los hombres.

Aquel mismo mes y con la misma periodicidad que Los Jóvenes Eternos, apareció Los Nuevos Dioses (New Gods, febrero-marzo de 1971), que se abría igualmente con un torbellino de ideas. La portada de aquel primer número anunciaba «Una épica para nuestros tiempos» y su prólogo –que venía etiquetado curiosamente como Epílogo– contaba que «¡Llegó un tiempo en el que los Viejos Dioses murieron!», un texto rodeado de una escena cataclísmica de batalla al mejor y más espectacular estilo Kirby, quien por fin cerraba la puerta a sus problemas y limitaciones creativas en Marvel para construir una nueva mitología que, ahora sí, era exclusivamente suya y basada en los conceptos que había creado para Thor pero cambiando los referentes nórdicos por los grecorromanos, adoptando un toque basado en la ciencia ficción en lugar de la fantasía y retornando al eterno tema de la lucha entre el Bien y el Mal.

New Gods fue el título central del nuevo universo creado por Kirby y aquel en el que fue desentrañando el contexto general de la gran épica del Cuarto Mundo. Hace mucho tiempo, en otro plano dimensional, un mundo habitado por seres de gran poder sucumbió a la devastación de la guerra partiéndose en dos. Cada una de estas mitades dio origen a un planeta nuevo que con el paso del tiempo se convertirían en Nueva Génesis y Apokolips, habitados por una especie –no se aclara si descendiente biológica de la anterior o completamente nueva pero que asumía su legado- que se llamó a sí misma los Nuevos Dioses. Kirby nunca entró a describir en detalle esta nueva raza, pero está claro que física y mentalmente son superiores a los humanos (son, por ejemplo, más longevos y resistentes al daño físico de cualquier clase) y que al menos algunos de ellos cuentan con capacidades y poderes especiales.

Nueva Génesis y Apokolips adoptaron filosofías, civilizaciones y formas de vivir completamente opuestas. El primero era un lugar paradisiaco, respetuoso con el medio ambiente, amante de las artes, la belleza y la paz, regido por el sabio Highfather. El segundo era una pesadilla tiránica, un lugar dirigido con puño de hierro por Darkseid y centrado en las armas y la obtención del poder por medios violentos. En el momento en el que arranca la saga del Cuarto Mundo, Darkseid ha iniciado un nuevo periodo de hostilidades en su desesperada búsqueda de la Anti-Vida en la Tierra.

Los personajes principales de esta colección eran los campeones de Nueva Génesis: Orión, el guerrero definitivo; su alegre compañero, Lightray; el sabio Highfather; y el desapasionado buscador de conocimientos Metron, siempre sentado en su Silla Mobius y que simboliza el Nuevo Dios de nuestra época, el científico; también algo de eso hay en Himon (basado, por cierto, en el suegro de Kirby), el sabio con ética y sensibilidad que inventó el Boom Tunel, que enlaza distintos lugares y dimensiones; y de la Madre Caja, un ordenador viviente conectado con la energía cósmica que es La Fuente. Esta última juega un importante papel, casi como una especie de manifestación divina en forma de mano que escribe letras de fuego y que predijo la inminente guerra entre Nueva Génesis y Apokolips con Orión en el centro del conflicto. Darkseid, visto fugazmente en el nº 134 de Jimmy Olsen (diciembre de 1970), se revela aquí como el gran villano, un ser de poderes casi divinos y extrema malevolencia con un aspecto oscuro y amenazador y que más tarde se revelaría como padre de Orión.

No es de extrañar que años más tarde, cuando se fueron estrenando las películas de Star Wars, más de uno viera sospechosas similitudes entre una y otra ficción (la Fuerza, Darth Vader y la relación con su hijo, la semejanza entre Apokolips y la Estrella de la Muerte…). Kirby nunca trató de acusar a Lucas de plagio, pero sí lamentó siempre que su propia visión nunca alcanzara la pantalla grande.

Lo que narraba básicamente Los Nuevos Dioses eran los enfrentamientos de Orión con todo tipo de guerreros de Apokolips, librados principalmente en la Tierra. Para ayudarle en su misión reclutaría a un grupo de humanos ordinarios a los que rescató de Apokolips. Orion era un personaje más complejo que la mayoría de los creados por Kirby, un individuo en perpetuo conflicto interior entre su propia naturaleza asesina producto de su herencia de sangre, y la educación en valores como la libertad y la tolerancia que le impartió Highfather en Nueva Génesis. Su obsesión es acabar con su padre, para lo que está dispuesto a llegar a comportamientos y actos extremos que a la postre lo acercan al objeto de su odio. Su auténtico rostro es salvaje, casi monstruoso, reminiscente del de su padre, pero lo oculta mediante microcirugía realizada por su Madre Caja, simbolizando la delgada capa de civilización bajo la que escondemos nuestros peores y más primitivos impulsos, como individuos y como parte de una colectividad.

No tan sofisticado como Orion pero con una presencia arrolladora, Darkseid era el gran villano de la colección, un dictador oscuramente majestuoso y cruel, ansioso de poder que se servía para sus fines de pintorescos esbirros (Abuelita Bondad, Desaad, Vermin Vundavar, Glorius Godfrey) o grotescos seres de todo tipo. Y es que Darkseid no se mancha las manos personalmente si no es absolutamente necesario. Prefiere tejer intrigas, manipular, permanecer en la sombra como el gran titiritero. Representa, en definitiva, todas aquellas fuerzas siniestras que operan entre bastidores en nuestro propio mundo y que deciden nuestro destino sin dar la cara. Frente a esta realidad, Highfather simboliza más una esperanza que una realidad: la de que existan líderes capaces de inspirar ideales, de mostrar sentido común y templanza ante la faz de la violencia.

En comparación con la grandeza cósmica imperante en Los Nuevos Dioses y Los Jóvenes Eternos, el cuarto y último título de la tetralogía, aparecido también ese año, Mr. Milagro (Mister Miracle, marzo-abril de 1971), tenía un tono comparativamente tranquilo. Era también el que ocupaba una posición más incómoda en ese universo, sobre todo teniendo en cuenta que Kirby estaba tratando de construir en solitario una narrativa bastante compleja con un ritmo de trabajo que impedía cualquier reflexión o planificación. Las cuatro series se hallaban interconectadas pero al mismo tiempo lo que narraba cada una de ellas estaba autocontenido.

No estoy seguro de qué nivel de conocimiento sobre ese nuevo mundo esperaba Kirby que tuviera el lector. En los primeros capítulos de Mister Miracle se dejan pistas un tanto vagas aludiendo a Apokolips, pero no me queda claro si se supone que debían ser un misterio. Para el lector que ya seguía los otros títulos, desde luego no lo eran; y para el que solo comprara esta colección, no creo que recibiera la suficiente información como para hacerse una adecuada composición de lugar. Por ejemplo, el origen y linaje del protagonista se revelaría en New Gods y no aquí.

Mister Miracle estaba protagonizado por un joven, Scott Free, huido de Apokolips a la Tierra y que asume el nombre artístico, el conocimiento y el legado de un mago escapista asesinado por agentes de Inter-Gang. Scott Free estaba inspirado en otro personaje no tan dramático pero sí muy real, Jim Steranko, un hombre polifacético que destacó en todo lo que hizo, incluido el arte del cómic, la prestidigitación y el escapismo. También había mucho en esta serie del sentimiento de confinamiento que tenía el propio Kirby respecto a su carrera profesional, su eterna e infructuosa búsqueda de liberarse de las cadenas editoriales.

La mayor parte del primer episodio resultaba bastante más convencional dentro del género superheroico que la space opera descrita en los otros títulos, pero no tardaría Kirby en revelar los lazos de Scott con Nueva Génesis y Apokolips y su papel en la guerra cósmica que se estaba librando entre aquellos dos mundos. Scott Free representaba la figura del objetor de conciencia, alguien que repudia la guerra en la que se ha embarcado su pueblo y que se marcha queriendo sólo que le dejen vivir en paz; toda una declaración de intenciones por parte de Kirby en un momento delicado en el que su propio país estaba embarcado en una guerra, la de Vietnam, de la que renegaban muchos jóvenes. Pese a sus buenas intenciones y esfuerzo, una y otra vez Scott se ve empujado contra su voluntad al conflicto.

No tardaría mucho en presentarse el interés romántico de Scott, Big Barda (nº 4, octubre de 1971), una mujer de espectacular y rotundo físico, inspirada en un reportaje de la cantante y actriz Lainie Kazan aparecido en la revista Playboy. Aunque su aspecto tenía esa procedencia, su personalidad era todo Kirby… o quizá la de su fiel y temperamental esposa, Rosalind. Guerrera poderosa y de fuerte carácter, Barda era una bienvenida desviación del arquetipo femenino, mucho más pasivo, que solía utilizar Kirby. El otro secundario recurrente era Oberon, ayudante original del mentor terrestre de Scott, un enano vehemente y sobreprotector que sin duda tenía también mucho de Kirby.

Gracias a la incansable dedicación de Kirby, sus lectores podían comprar el siguiente número de cada colección cada tres semanas, aprendiendo un poco más de su creciente universo y de cómo cada narrativa ampliaba y completaba las otras tres. A lo largo de 1971, los tres títulos centrales (Jimmy Olsen seguiría centrado en la aventura fantacientífica más alocada, insertando sólo de vez en cuando a agentes de Darkseid cuyos planes eran frustrados por el protagonista y sus amigos) continuarían presentando sicarios de Darkseid.

En Mr. Milagro nº 2 (mayo-junio de 1971) debutó Abuelita Bondad, una agresiva mujer con una cara de gárgola que dirigía el Orfanato de Apokolips del que había escapado Scott siendo un niño. Los Jónebes Eternos nº 3 (junio-julio de 1971) introdujo a Glorious Godfrey, la versión ana del charlatán carismático cuya verborrea vacía arrastra a su público al odio y la violencia. De hecho, el episodio se abría con una cita de Adolf Hitler y las pancartas en los discursos de Godfrey exhibían leyendas como «¡La Vida te Hará Dudar! ¡La Anti-Vida te Arreglará! o Con la Anti-Vida Puedes Justificar Cualquier Cosa!». Serifan, uno de los Los Jóvenes Eternos, decía: «La Anti-Vida es la oposición a la Vida: si alguien te controla absolutamente, no se puede estar realmente vivo».

La Ecuación de la Anti-Vida estaba en el corazón de la saga. Aunque nunca se aclaró en qué consistía exactamente, en Nuevos Dioses nº 1 se la describía como «el control externo de todo pensamiento viviente», contrarrestada por lo que Highfather denominaba «Ecuación de la Vida o el derecho a elegir». Además de una idea que remite al totalitarismo político, es difícil no pensar en ella como una metáfora de la pelea del propio Kirby con Marvel a causa de sus derechos como creador. El caso es que esa Ecuación se hallaba enterrada en el cerebro de algunos humanos anónimos y corrientes y la única forma de que aflorara era someterlos a una emoción extrema. De ahí que Darkseid organice una red de agentes en la Tierra y envíe todo tipo de criaturas hostiles con la misión de provocar un pánico general.

Igualmente cruciales en la saga eran las ideas de la Familia y del Bien contra el Mal. De hecho, Kirby creó un mundo benigno con una familia buena y un planeta pesadillesco con una familia malvada. Conforme la historia avanzaba, los lectores aprendieron más sobre la dinámica reinante entre Nueva Génesis y Apokolips y el carácter íntimo de la rivalidad entre Orion y Darkseid. Kirby dijo: «Curiosamente, era Darkseid, el más perverso de los personajes, el que hizo reunirse al resto. Fueron las relaciones de Darkseid con todos ellos la forma que tuve de demostrar cómo enfrentarse al Mal». Darkseid fue uno de sus mejores personajes, un villano que no necesitaba demostrar su poder para provocar temor y que representaba el fascismo al que Kirby se había enfrentado en la Segunda Guerra Mundial. El que se sirva de intermediarios y sicarios no significa que carezca de coraje personal y su peculiar código de honor le convierte en algo más que la típica némesis unidimensional. Darkseid sabe que su ambición tiene un precio, pero está dispuesto a pagarlo.

Si de Kirby hubiera dependido, toda aquella saga cósmica se habría expandido aún más. De hecho, su intención inicial había sido la de ocuparse de arrancar las nuevas colecciones y luego pasárselas a otros autores bajo su supervisión directa, dedicándose él sobre todo a pergeñar nuevas ideas. Se consideró a Steve Ditko para Mr. Milagro, Wally Wood para Los Nuevos Dioses y John Romita para Los Jóvenes Eternos. En cuanto a los guiones, pensaba recurrir a sus dos ayudantes de entonces, Mark Evanier y Steve Sherman. Carmine Infantino, sin embargo, quería que continuase él al frente de los títulos al menos hasta que éstos se consolidaran. Y Kirby, que era tan visionario como obediente profesional, eso hizo.

Las cosas no funcionaron bien. Aunque las ventas iniciales resultaron prometedoras, su evolución fue siempre descendente. Para empezar, era un proyecto demasiado ambicioso para su época, una nueva forma de narrar cómics que despistó a muchos lectores. Había una cronología interna de acontecimientos que se desarrollaban en diferentes lugares de la Tierra, Apokolips y Nueva Génesis, y que se narraban independiente pero también paralelamente en las cuatro colecciones, cada una centrada en un aspecto concreto de la lucha entre los Nuevos Dioses y las huestes de Darkseid. A partir de los años ochenta, con la aparición de crossovers y macroeventos, este formato narrativo no sólo sería habitual sino que alcanzaría dimensiones inabarcables (y absurdas).

Kirby siempre fue un visionario incomprendido, alguien que supo ver hacia donde se dirigían los cómics como industria, que quiso adelantarse a lo existente (con los géneros, con los formatos, con la forma de contar historias) y que se topó con el rechazo de unas editoriales y unos lectores mayormente conservadores. A comienzos de los setenta, el aficionado medio no estaba preparado para lo que Kirby le ofrecía y encontraba confuso todo este planteamiento de narración múltiple y simultánea. Probablemente para orientarlo fue que en los números 4 de esas colecciones (y el 139 de Jimmy Olsen) sus portadas lucieron la leyenda El Cuarto Mundo o El Cuarto Mundo de Kirby.

El origen y significado de esa expresión nunca estuvieron del todo claros. Lo más probable es que fuera algo tan sencillo como que al autor le sonaba bien. Sólo de forma retroactiva dio diversas explicaciones. En cualquier caso, aún deberían pasar varios años antes de que las creaciones cósmicas de Kirby en estos años fueran común y colectivamente denominadas como Cuarto Mundo. DC utilizó esa expresión tan sólo una vez en las portadas de los cómics de ese mes y luego lo abandonó.

El año 1972 fue un hito en la historia de los comic-books. En 1971, DC había decidido subir el precio de portada de sus tebeos de quince a veinticinco centavos, ofreciendo eso sí 52 páginas a cambio. Fue un movimiento desastroso desde el punto de vista financiero, tanto que sucedió lo impensable: en 1972: Marvel adelantó a DC en ventas globales. Fue una victoria pírrica sin embargo, porque la industria en sí estaba empequeñeciéndose. Conforme los baby boomers alcanzaban sus últimos años de adolescencia y luego la madurez, abandonaban los cómics mainstream por el cine, la televisión, los tebeos underground o, sencillamente, las tribulaciones ordinarias que el día a día les presentaba. Los superhéroes veían diluirse su popularidad mientras que los títulos de terror estaban en racha.

En ese contexto en el que Marvel parecía eclipsar la estrella de DC, Kirby no pudo resistirse a incluir caricaturas nada veladas de Stan Lee y su joven nuevo editor, Roy Thomas, en Mr. Milagro nº 6 (enero-febrero de 1972). Como adversarios del protagonista tenemos aquí al pagado de sí mismo Funky Flashman y su servil ayudante Houseroy. En este episodio, el calvo y pulcramente afeitado Funky intenta conseguir el puesto de manager del espectáculo de escapismo de Scott Free. En la entrevista de trabajo se disfraza con una peluca y una barba y su jerga para convencer a Free de contratarlo es muy similar a la que Lee utilizaba en su columna Bullpen Bulletin. Scott le da el trabajo pero Funky no tarda en revelarse como un sicario de Darkside con la misión de robarle la Madre Caja.

Esta corrosiva sátira no pudo escapar a la atención de cualquiera que estuviera al corriente de los sentimientos de Kirby hacia su antiguo jefe y colaborador. En su incansable cháchara, actitud soberbia e intentos por parecer moderno y a la última, Funky era un claro trasunto de Stan Lee. Y por si alguien tenía dudas, la presencia de Houseroy, cuyo nombre y aspecto físico remitían directamente a Roy Thomas, las dispersaría. Tal y como Kirby narró esta historia, los esfuerzos de Flashman por estafar a Scott Free reflejaban la explotación que Marvel ejerció sobre Kirby y su trabajo durante toda la década de los sesenta.

Irónicamente, al principio las intenciones de Kirby no habían sido las de satirizar a Lee y Thomas. Funky iba a ser una caricatura de Don Wallace, el antiguo responsable de Marvelmania, el club de fans de la editorial que se hizo conocido por no enviar a sus socios los artículos que éstos pedían y pagaban. Sin embargo, cuando Kirby se sentó en su tablero y dibujó a Flashman, acabó basándolo en un hombre que conocía mucho mejor: Stan Lee. Pero el resentimiento y la ira no era lo único que Kirby vertía en sus cómics. De una forma más elegante y elevada también los utilizó para opinar sobre las armas de destrucción masiva u otros temas relevantes del momento.

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Los Cuatro Fantásticos, de Stan Lee y Jack Kirby: Amazing Adventures núms. 1-6 (junio-noviembre de 1961)

Los Cuatro Fantásticos, de Stan Lee y Jack Kirby: núm. 1 (noviembre de 1961)

Los Cuatro Fantásticos, de Stan Lee y Jack Kirby: núms. 2-3 (enero-marzo de 1962)

Los Cuatro Fantásticos, de Stan Lee y Jack Kirby: núms. 4-6 (mayo-septiembre de 1962)

Los Cuatro Fantásticos, de Stan Lee y Jack Kirby: núms. 7-13 (octubre de 1962-abril de 1963)

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Los Cuatro Fantásticos, de Stan Lee y Jack Kirby: núms. 19-26 (octubre de 1963-mayo de 1964)

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Los Cuatro Fantásticos, de Stan Lee y Jack Kirby: núms. 34-38 (enero-mayo de 1965)

Los Cuatro Fantásticos, de Stan Lee y Jack Kirby: núms. 39-42 (junio-septiembre de 1965)

Los Cuatro Fantásticos, de Stan Lee y Jack Kirby: núms. 43-45 (octubre-diciembre de 1965)

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Los Cuatro Fantásticos, de Stan Lee y Jack Kirby: núms. 56-58 (noviembre de 1966-enero de 1967)

Los Cuatro Fantásticos, de Stan Lee y Jack Kirby: núms. 59-64 (febrero-julio de 1967)

Los Cuatro Fantásticos, de Stan Lee y Jack Kirby: núms. 65-67 (agosto-octubre de 1967)

Los Cuatro Fantásticos, de Stan Lee y Jack Kirby: núms. 68-77 (noviembre de 1967-agosto de 1968)

Los Cuatro Fantásticos, de Stan Lee y Jack Kirby: núms. 78-88 (septiembre de 1968-julio de 1969)

Los Cuatro Fantásticos, de Stan Lee y Jack Kirby: núms. 89-97 (agosto de 1969-abril de 1970)

Los Cuatro Fantásticos, de Stan Lee y Jack Kirby: núms. 98-108 (mayo de 1970-marzo de 1971)

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El Increíble Hulk (1962-1963), de Stan Lee y Jack Kirby

El Cuarto Mundo, de Jack Kirby (1970): Superman’s Pal Jimmy Olsen

El Cuarto Mundo, de Jack Kirby (1971): The Forever People, New Gods y Mister Miracle

El Cuarto Mundo, de Jack Kirby (1972): The Forever People, New Gods y Mister Miracle

El Cuarto Mundo, de Jack Kirby (1973-1985): Mister Miracle y The Hunger Dogs

Kamandi (1972-1978), de Jack Kirby

Demon, de Jack Kirby (1972-1974)

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2001: Una Odisea del Espacio (1976), de Jack Kirby

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Copyright del artículo © Manuel Rodríguez Yagüe. Descubre otros artículos sobre cine, cómic y literatura de anticipación en nuestra sección Fantaciencia. Publicado previamente en Un universo de ciencia ficción, y editado en Cualia con permiso del autor. Reservados todos los derechos.

Manuel Rodríguez Yagüe

Manuel Rodríguez Yagüe

Como divulgador, Manuel Rodríguez Yagüe ha seguido una amplia trayectoria en distintas publicaciones digitales, relacionadas con temas tan diversos como los viajes ("De viajes, tesoros y aventuras"), el cómic ("Un universo de viñetas"), la ciencia-ficción ("Un universo de ciencia ficción") y las ciencias y humanidades ("Saber si ocupa lugar"). Colabora en el podcast "Los Retronautas".