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«La Liga de los Caballeros Extraordinarios» (1999-2007), de Alan Moore y Kevin O’Neill

«Nada hay nuevo bajo el sol», dice el Eclesiastés. Y eso mismo se puede señalar sobre Alan Moore. De hecho, entre los elogios de los que pueda merecer al referirnos a La Liga de los Caballeros Extraordinarios (The League of Extraordinary Gentlemen) no figura el de innovador.

En los cómics, sobre todo en el género superheroico, se emplea el anglicismo crossover para definir el cruce de varios personajes que protagonizan distintas colecciones, o un evento editorial cuya línea argumental hay que seguir en distintas series.

Esto no es sólo un invento de los editores para subir las ventas. Podemos remontarnos unos milenios para toparnos con el hipotético crossover original: las peripecias de Jasón y los Argonautas en busca del vellocino de oro. En esa epopeya se dieron cita algunos de los mayores campeones y semidioses de la mitología griega: Jasón, Hércules, Teseo, Orfeo, Cástor y Pólux…

Desde el alba de los tiempos, los hombres han narrado las hazañas de sus héroes –míticos, ficticios o reales– más sobresalientes: desde el citado Jasón hasta los componentes de la Liga de la Justicia (Superman, Batman, Wonder Woman y otros), pasando por el Rey Arturo y los caballeros de la mesa redonda. En suma, ciclos narrativos con los que está emparentado el cómic escrito por Moore e ilustrado por Kevin O’Neill.

Al presentar en La Liga de los Caballeros Extraordinarios las aventuras de algunos de los más eminentes personajes de la ficción victoriana de aventuras, el guionista británico no hizo más que continuar con esa tradición milenaria que acabo de citar.

A principios de los noventa, Moore escribió varios guiones, en diferentes momentos y circunstancias, con una serie de coincidencias formales respecto a La Liga…, obras que pueden englobarse dentro de una corriente independiente dentro de su bibliografía.

Su principal elemento distintivo es el uso de figuras icónicas reelaboradas, por motivos de copyright, a partir de los distintos universos superheroicos, y que Moore recrea en nostálgicas tramas de un clasicismo ortodoxo, añadiéndoles madurez y realismo.

En dicha corriente, que podríamos calificar como pastiche, encontramos títulos como 1963, revisión de los personajes de la edad de oro de Marvel Comics en los años sesenta; Supreme, el vergonzante clon de Superman perpetrado por Rob Liefeld, al que Moore dotó de una inesperada majestuosidad; o Tom Strong, aproximación al aventurero fantacientífico Doc Savage, el Hombre de Bronce.

Publicada bajo el sello America`s Best Comics, al igual que Tom Strong y otros títulos de MooreLa Liga… fue la serie que más expectativas generó. En ella, el guionista nos narra la creación de un grupo de agentes al servicio de la Corona para hacer frente a una grave amenaza contra el Imperio británico.

Dicho grupo lo componen Mina Murray (personaje tomado de Drácula, de Bram Stoker), Allan Quatermain (Las minas del rey Salomón, de H.R. Haggard), el dual Dr. Jekyll / Mr. Hyde (El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, de R.L. Stevenson), el Hombre Invisible (a partir del personaje homónimo de H.G. Wells) y el capitán Nemo (Veinte mil leguas de viaje submarino, de Julio Verne).

Entre los villanos, tenemos al Profesor Moriarty (la némesis de Sherlock Holmes, creado por Arthur Conan Doyle) y al Dr. Fu-Manchú (el perfido oriental ideado por Sax Rohmer). Este último, por cierto, no es un personaje victoriano, y en el cómic se le denomina simplemente como el doctor, por cuestiones de copyright, aunque es perfectamente identificable.

Además del elenco protagonista, la serie está repleta de referencias y homenajes a cientos de personajes y obras de la literatura victoriana, lo cual exige una lectura pausada con el fin de que no le pasen desapercibidos al lector. De hecho, el volumen de referencias es tal que el autor y estudioso Jess Nevins empezó a publicar anotaciones para el cómic en internet, que posteriormente fueron recopiladas en el volumen Heroes & Monsters: The Unofficial Companion to The League of Extraordinary (2003), que incluye diversos textos teóricos sobre la obra y los personajes.

Advierta el lector el repóquer de autores que Moore lleva en esta mano: Stoker, Haggard, Wells, Stevenson y Conan Doyle. Cinco monstruos de las letras que coincidieron en el momento de mayor expansión política, económica y cultural del Reino Unido, acompañados por ese francés genial que es Verne.

En todo caso, aunque La Liga… es una competente y entretenida aventura, queda lejos de las cotas de calidad alcanzadas por otros títulos de Moore como V de vendetta o Watchmen. No obstante, el concepto es muy atractivo, y esto es algo que pudieron advertir sus primeros lectores. Don Murphy, productor de fallida adaptación cinematográfica de 2003, Stephen Norrington, fue uno de los privilegiados que puedo ver los primeros conceptos de esta obra, que Moore perfilaba para su nueva línea, ABC (America’s Best Comics): “Estaba hablando con Alan, del que pienso que es un genio de la creatividad, sobre varias cosas y, casualmente, le dije: ‘Bueno, ¿en qué más estás trabajando? Me contó la idea de La Liga de los Hombres Extraordinarios, y pensé que era brillante. Me envió una breve descripción del guión, que llevé a Fox, estudio con el que estaba haciendo otro proyecto de Moore, Desde el infierno. Fox se hizo con la historia al instante y, en cuestión de semanas, nos pusimos a mover todo para rodar una adaptación al cine”.

Las ventas del cómic fueron bastante notables, y eso propició tres secuelas más y la citada versión cinematográfica (que casi nada tiene que ver con el tebeo original).

El segundo volumen (The League of Extraordinary Gentlemen, Volume II, 2002-2003) sitúa al grupo haciendo frente a la invasión marciana de La Guerra de los Mundos, de H.G. Wells. Cuando concluye esa aventura, La Liga se disuelve.

La siguiente entrega, subtitulada Dossier negro (The League of Extraordinary Gentlemen: Black Dossier, 2007), no es propiamente el tercer volumen aunque forme parte de la saga. Está ambientada en la Inglaterra de la década de 1950, tras la caída del régimen socialista del Gran Hermano (léase 1984 de George Orwell).

En este caso, Moore bucea en la cultura popular británica hasta mediados del siglo XX. Contiene historieta y prosa casi en la misma proporción, con torrentes de información sobre el pasado de La Liga, los diferentes avatares del grupo, las contrapartidas de otras naciones y trazas de sucesos pasados y futuros aún por narrar.

En principio, este dossier sólo se publicó en Estados Unidos. Según la versión oficial, se debió a cuestiones de derechos que afectan, fuera de Norteamérica, a ciertos personajes.

Century (2009-2012), el tercer volumen, se planteó en tres entregas, cada una de ellas situada en un momento diferente del siglo XX. Esta vez, distintas formaciones del grupo intentarán detener un apocalipsis sobrenatural.

Los tres capítulos fueron What Keeps Mankind Alive (ambientado en 1910, doce años después de la invasión marciana, con Jack el Destripador y el detective Thomas Carnacki como invitados de lujo), Paint It Black (ubicado sesenta años después del primer episodio y once después de The Black Dossier, durante el apogeo del Swinging London, con la aparición estelar de Jerry Cornelius –cortesía de Michael Moorcock– y de algún que otro personaje del Monty Python’s Flying Circus), y por último, Let It Come Down, cuya acción transcurre en el Londres actual.

Todo ello nos aleja de la ficción victoriana y eduardiana, y nos conduce paulatinamente a un homenaje contracultural que refleja los gustos personales de Moore (desde el hippismo a la New Wave). Con todo, el catálogo de personajes resulta igualmente sugestivo, y abarca creaciones tan notables como Dan Dare y los viajeros lunares de Georges Méliès.

La lectura no acaba aquí: The League of Extraordinary Gentlemen: Nemo trilogy (marzo de 2013-marzo de 2015) se centra en el personaje de Janni Dakkar, hija del Capitán Nemo. Esta nueva serie tuvo tres entregas: Nemo: Heart of Ice, Nemo: The Roses of Berlin y Nemo: River of Ghosts.

Cierra la saga un volumen final, The League of Extraordinary Gentlemen, Volume IV: The Tempest (2018-2019), protagonizado, entre otros personajes, por Mina Murray y por Orlando, el personaje creado por Virginia Woolf.

Para encontrar el antecedente más directo de La Liga… no es necesario abandonar el mundo del cómic. Basta con retroceder a 1996, año en que la editorial Caliber Press publicó la miniserie de cuatro números The Searchers. Sin ninguna relación con la película homónima del maestro John Ford (Centauros del desierto), el cómic narra cómo diversos autores –entre ellos Arthur Conan Doyle y Edgar Rice Burroughs–, son convocados en el Museo Británico de Londres, donde un libro con propiedades místicas hace que los personajes literarios de su creación cobren vida.

Por sus páginas desfilan figuras como el Profesor Challenger (El mundo perdido, de Conan Doyle) o el anónimo protagonista de La máquina del tiempo, además de descendientes del capitán Nemo o Moriarty.

Esta creación de Colin Clayton, Chris Dows y Art Wetherell es un tebeo mediocre, sin ninguna aportación significativa de guión o dibujo; condenada al limbo del olvido a día de hoy, salvo como una nota a pie de página. No obstante, en su momento disfrutó de una secuela, sin mayor trascendencia que su predecesora.

Mayor empaque tiene la novela El año de Drácula (Anno Dracula), de Kim Newman. Dicho libro –un pastiche encantador en el que el fatidíco Conde acaba gobernando Inglaterra– nos lleva a otra conclusión, y es que los antecedentes con mayor pedigrí del cómic de Moore hay que buscarlos en la literatura. Muy especialmente, en el conjunto de creaciones literarias y académicas acumuladas por Philip José Farmer en torno a la familia Wold Newton.

Copyright del artículo © José Luis González. Reservados todos los derechos.

José Luis González Martín

José Luis González Martín

Experto en literatura, articulista y conferenciante. Estudioso del cine popular y la narrativa de género fantástico, ha colaborado con el Museo Romántico y con el Instituto Cervantes. Es autor de ensayos sobre el vampirismo y su reflejo en la novela del XIX.