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«V de Vendetta» (2005), de James McTeigue

La ciencia ficción dirige su mirada al futuro… con ojos del presente. Esto es, la visión del porvenir de una determinada obra está a menudo influida por el momento en el que fue creada. Y en muchas ocasiones, la técnica utilizada por el autor consiste en recurrir a una lente distorsionadora, aplicarla sobre el presente y sacar así a la luz verdades incómodas pero reveladoras. Esa es la base de la distopia, un género idóneo como tribuna desde la que proponer mensajes políticos.

Por alguna razón, los ingleses siempre han sido especialmente afines a la distopia. Quizá en ello haya influido su distancia cultural respecto al optimismo tecnológico de los norteamericanos; o su insularidad, esa sensación íntima y subconsciente de no tener un lugar a donde huir; o el fuerte ascendiente cultural que han ejercido obras literarias como Un mundo feliz (1932) o 1984 (1949).

Con esta última tiene mucho que ver V de Vendetta, un comic creado por el gran guionista Alan Moore y el dibujante David Lloyd para la revista británica Warrior entre 1982 y 1985. La historia quedó inconclusa tras el cierre de dicha publicación y los fans hubieron de esperar hasta 1988 para que DC Comics permitiera, bajo la forma de miniserie de diez números, finalizarla.

Esta obra estuvo en el punto de mira de los cineastas durante mucho tiempo. Primero fue el productor Joel Silver quien, a finales de los ochenta, se hizo con los derechos anunciando que alrededor de 1995 se estrenaría el film, cuya dirección fue asignada a Brett Leonard, responsable de cintas como El cortador de césped (1992), Asesino del más allá” (1995), Virtuosity (1995) o Man-Thing: la naturaleza del miedo (2005). Las hermanas Wachowski, entonces sólo conocidas como guionistas de Asesinos (1995), fueron contratados para escribir el guión. Por suerte para todos, aquel proyecto jamás salió adelante (a saber en lo que la obra de Moore se habría convertido de haberla dejado en las manos de Brett Leonard).

Años después, las Wachowski se encontraron en la cresta de la ola gracias al éxito mundial de Matrix (1999) y sus dos secuelas, y ello les permitió tomar las riendas de V de Vendetta. Ambas se encargarían del guión y de la coproducción junto a Joel Silver, pero la silla del director la cedieron a un cuasi novato James McTeigue. Y digo “cuasi” porque aunque V de Vendetta fue su debut oficial como director, ya acumulaba una amplia experiencia tras haber cumplido funciones de ayudante de dirección en todos los films de Matrix además de otras películas de género, como Dark City (1998) o Star Wars Episodio II: El Ataque de los Clones (2002).

La acción se sitúa en Gran Bretaña en un futuro no lejano en el que el país ha caído bajo una dictadura liderada por el Canciller Adam Sutler. Evey Hamilton, una ayudante de producción en la cadena de televisión pública, se aventura a desafiar el toque de queda nocturno, pero es asaltada por dos agentes de El Dedo, el cuerpo de seguridad de Sutler. Es salvada in extremis por un misterioso enmascarado que se llama a sí mismo V. El peculiar individuo la lleva consigo para que presencie la voladura que ha preparado del Old Bailey, la sede de los juzgados londinenses, como celebración del día de Guy Fawkes. Es un desafío y una advertencia al régimen de Sutler.

Al día siguiente, V asalta un estudio de televisión e interrumpe todas las emisiones para anunciar que dentro de un año, el 5 de noviembre, en conmemoración al fallido atentado del católico Guy Fawkes en el siglo XVII, hará explotar el Parlamento. En esta ocasión, es Evey quien ayuda a V a escapar, aunque en el forcejeo queda inconsciente y a merced de las despiadadas fuerzas de seguridad. V decide llevarla a su escondrijo subterráneo, donde la joven no sólo toma progresiva conciencia de los motivos que impulsan a V y la naturaleza de sus planes, sino que aprenderá a conocerse a sí misma de un modo totalmente inesperado.

Aunque las Wachowski realizaron algunos cambios, en su mayor parte V de Vendetta es inesperadamente fiel a la historia original que Alan Moore y David Lloyd narraron en forma de viñetas. Los acontecimientos históricos que condujeron a la instauración del régimen totalitario son algo distintos: mientras que Moore recurrió a una guerra nuclear, la película muestra una situación de inestabilidad política y social generalizada que da lugar a un ascenso del régimen fascista; un cambio menor y aceptable a la vista de cómo ha evolucionado el mundo en los últimos treinta años. El nombre del Líder pasa de ser Adam Susan a Adam Sutler; en el cómic Evey era algo más joven (dieciséis años) y se veía obligada a ejercer la prostitución; el personaje de Gordon Dietrich (Stephen Fry) era en el cómic un criminal de poca monta, no un presentador televisivo. También el final sufre modificaciones, siendo el plan de V volar los edificios del Parlamento en lugar de la residencia del Primer Ministro en Downing Street imaginado por Moore; tampoco se producen revueltas generalizadas sino una más simbólica desobediencia civil…

Sin embargo, incorporando todos esos cambios, el argumento –desde la salvación de Evey por parte de V, la voladura del Old Bailey, los asesinatos de los líderes gubernamentales, el campo de concentración de Larkhill, el falso cautiverio de Evey con el flashback de la historia de Valerie…– respeta la idea general del cómic.

Entonces, ¿a qué respondían las amargas quejas de Alan Moore y exigencia de que su nombre no figurara en los créditos? Moore siempre ha tenido un extraordinario sentido de la dignidad creativa. Es bien sabido que sus mejores obras –y V de Vendetta es una de ellas– son producto de una profunda reflexión en la que no deja ningún cabo suelto y sobre las que pretende tener un control absoluto, hasta el punto de indicar al dibujante el más minúsculo detalle que deba aparecer en los fondos de sus viñetas.

No puede extrañar, por tanto, que Moore se haya mostrado siempre en desacuerdo, cuando no en abierto enfrentamiento, con las adaptaciones cinematográficas de sus obras, habida cuenta que tal proceso implica recortes y modificaciones que permitan no sólo encajar aquéllas en un nuevo medio, sino hacerlas accesibles a un público generalista.

Para Moore, V de Vendetta, con sus numerosas digresiones y duro subtexto político, era imposible de llevar al cine. Pero dado que no era el dueño de los derechos, lo único que pudo hacer aparte de patalear fue exigir que retiraran su nombre de los títulos de crédito y rechazar cualquier compensación financiera. El dibujante David Lloyd, por el contrario, no ahorró comentarios elogiosos a la pericia con la que James McTeigue había comprendido su enfoque visual.

En esta ocasión, la más acerva crítica de Moore se refería a la forma en que las Wachowski habían cambiado la naturaleza ideológica de la lucha de V. En el comic book, V promovía la más pura anarquía, mientras que en la película trata de derrocar a un gobierno totalitario. Moore afirmaba que su intención era enfrentar a los lectores con la difícil elección entre fascismo o anarquismo, haciéndoles una espinosa pregunta: ¿era V un héroe o un maniaco?

No le faltaba razón al barbudo guionista: la versión cinematográfica ofrece un final menos deprimente, y hace menos hincapié en el carácter anarquista del V original.

Por otra parte, puede que V de Vendetta no coincida con la visión ideológica subyacente en la obra de Moore, pero eso no significa que no sea un film político. Todo lo contrario. Es tan hijo de su tiempo como lo fue el cómic.

Las Wachowski utilizan la rebelión de V contra la tiranía de Sutler para emitir una clara protesta contra la suspensión de libertades civiles propugnada por George W. Bush y Tony Blair en nombre de la seguridad. El líder Sutler recurre al miedo en sus discursos televisivos (acompañados de inquietantes imágenes filmados en la guerra de Irak y con ocasión de los atentados del metro de Londres), asegurando a la población que la única forma de mantener alejado el caos que reina fuera de las fronteras británicas es restringir las libertades y aumentar los dispositivos de seguridad (en realidad dirigidos a vigilar a los propios ciudadanos).

Los discursos de V cargan contra la sumisa aceptación de la situación de un pueblo dispuesto a sacrificar su libertad y tolerar un gobierno de ideología radical. Pero V no es tampoco un luchador por la democracia ni un defensor de los valores de la civilización occidental. Sus actos vienen dictados tanto por la venganza como por la necesidad de libertad que él mismo siente tras haber sido confinado y sometido a horribles experimentos en un campo de concentración. Quiere resarcirse y liberar al país al mismo tiempo, pero la tarea de decidir qué debe venir después se la deja a los ciudadanos.

De hecho, el manifiesto anarco-terrorista que sustenta su pensamiento y sus actos hace de esta película uno de los films de gran presupuesto más atrevidos desde un punto de vista ideológico desde el igualmente anarquista El club de la lucha (1999). En un contexto en el que la mayoría de los periódicos y cadenas televisivas norteamericanas se abstenían cuidadosamente de criticar las políticas de Bush y la intervención en Irak, las Wachowski tuvieron el atrevimiento de rodar un film cuyo protagonista era nada menos que un terrorista que hacía explotar edificios históricos. Y eso menos de un año después de que Londres hubiera sufrido los sangrientos ataques terroristas en su sistema de transporte público.

Como otros trabajos de las hermanas Wachowski, en V de Vendetta abundan las ideas y metáforas, especialmente la imaginería asociada con la letra V. Eso sí, comparado con las películas de Matrix, V de Vendetta, aunque no anda corta de buenas escenas de acción, es una película cuyo valor reside principalmente en el diálogo. Las mejores y más bellas escenas son la lectura de la carta de Valerie y los momentos en los que Evey averigua la verdad tras su encarcelamiento y tortura. Al igual que todas las intervenciones de V, aquéllos son pasajes que cautivan al espectador no con la acción, sino con la palabra.

El reparto está compuesto de un sólido plantel de actores británicos de primera fila: Stephen Rea, John Hurt, Stephen Fry… todos ellos inmejorables en sus respectivos personajes. Pero los dos papeles principales recaen, curiosamente, sobre un australiano, Hugo Weaving, y una norteamericana-israelí, Natalie Portman. Esta última, más concretamente su acento, fue objeto de críticas por resultar inapropiado para un personaje inglés y destacar innecesariamente sobre el resto de los actores. Sus esfuerzos por pulir su dicción y aproximarla al inglés parecen innecesarios, habida cuenta de que se podría haber seleccionado a una actriz británica igualmente brillante y bella, como Kate Beckinsale o Keira Knightley. No se ha aclarado el motivo de tal elección, pero quizá los productores prefirieron un nombre más conocido por los espectadores americanos, porque las otras actrices barajadas para encarnar al personaje –y afortunadamente descartadas– fueron las también norteamericanas Scarlett Johansson y Bryce Dallas Howard.

Dejando aparte su acento –en cualquier caso, no es un problema para los espectadores españoles que vieron la versión doblada–, Portman ofrece una interpretación intachable y llena de matices de un personaje inmerso, a su pesar, en un difícil viaje emocional que lo lleva desde el miedo y la desesperación hasta el reconocimiento de su verdadero potencial.

Algo parecido ocurre con la magnífica labor llevada a cabo por Hugo Weaving como V. En su versión en español no pudimos apreciar la voz original del actor –aunque el doblaje que Armando Carreras nos brindó es, de todas formas, magnífico–. V tiene las mejores líneas de toda la película, y de alguna manera, y a pesar de llevar siempre el rostro cubierto por una máscara de rictus eternamente burlón, actor y director consiguen cambiar el registro emocional del personaje de acuerdo con las necesidades de la escena utilizando la gestualidad, la iluminación y el montaje. Que al terminar la película nadie echara a faltar el rostro de Weaving es un tributo a la fuerza del personaje y el talento de quienes le dieron vida.

En el aspecto visual, McTeigue y su diseñador de producción, Owen Patterson, optaron con acierto por construir un Londres distópico pero no demasiado distante del nuestro. Es un mundo gris, sometido, que parece funcionar a medio gas y en el que la belleza de Natalie Portman parece brillar innecesariamente (en el comic Evey era una chica de aspecto mucho más vulgar).

Dejando a un lado las siempre resbaladizas comparaciones entre comic y película, tras los relativos fiascos de las secuelas de Matrix en términos conceptuales y de coherencia, las hermanas Wachowski consiguieron con V de Vendetta un film sólido, visualmente comedido pero vigoroso y con un efectivo soporte literario diestramente ofrecido a través de los diálogos de los personajes. El espectador que sólo busque acción y suspense no quedará decepcionado con una historia sobre un hombre de férrea determinación, enfrentado a una misión aparentemente imposible, y en la que hay explosiones, tiroteos y cuchilladas. Y aquél que busque un mensaje político o , simplemente, una reflexión sobre los tiempos que nos toca vivir y un aviso sobre los que pueden venir, también hallará materia sobre la que meditar, empezando por esa magnífica frase del propio V: “El pueblo no debería temer a su gobierno. El gobierno debería temer a su pueblo”.

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Copyright del artículo © Manuel Rodríguez Yagüe. Descubre otros artículos sobre cine, cómic y literatura de anticipación en nuestra sección Fantaciencia. Publicado previamente en Un universo de ciencia ficción, y editado en Cualia con permiso del autor. Reservados todos los derechos.

Manuel Rodríguez Yagüe

Como divulgador, Manuel Rodríguez Yagüe ha seguido una amplia trayectoria en distintas publicaciones digitales, relacionadas con temas tan diversos como los viajes ("De viajes, tesoros y aventuras"), el cómic ("Un universo de viñetas"), la ciencia-ficción ("Un universo de ciencia ficción") y las ciencias y humanidades ("Saber si ocupa lugar"). Colabora en el podcast "Los Retronautas".