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Thorgal: «La maga traicionada» (1980), de Van Hamme y Rosinski

Tintin, una de las revistas puntales de la historieta europea, nació en 1946 principalmente como soporte de la serialización de las aventuras del inmortal personaje de Hergé (que también participó en la gestión de la cabecera como director artístico). Inicialmente abierta sobre todo a dibujantes adscritos a la línea clara, poco a poco fue abriéndose a otros estilos gráficos, bien más caricaturescos bien más realistas, pero siempre dando prioridad al género de Aventuras en cualquier contexto y época. Había detectives, marinos, aviadores, pilotos de automóviles, investigadores de lo oculto, cazadores del Lejano Oeste, héroes espaciales… La revista sirvió para dar a conocer a autores del calibre de Edgar Pierre Jacobs, Paul Cuvelier, Derib, Vance, Hermann, Gregg, Andreas, Duchateau, Cosey, Eddy Paape, Jacques Martin… Algunos de ellos ya eran profesionales reputados antes de ser publicados en Tintin, pero en sus páginas pudieron desarrollar algunos personajes o series hoy clásicas, como Luc Orient, Rich Hochet, Lefranc, Michel Vaillant, Bernard Prince, Umpa Pa, Bruno Brazil, Comanche, Rork… o la que ahora nos ocupa, Thorgal.

En 1977, el nuevo personaje debutó en esa revista serializando sus primeras historias a base de seis páginas una vez al mes (la cadencia de la aquélla era semanal); un debut discreto que para nada auguraba que a la vuelta de no muchos años Thorgal iba a convertirse en una de las series más vendidas de Ediciones Lombard. Tanto, de hecho, que incluso hoy (aunque Jean Van Hamme ya no se encarga de los guiones), sigue registrando tiradas de casi 200.000 ejemplares, vendiendo 400.000 al año y acumulando ventas totales desde su nacimiento de 18 millones de álbumes. Al nivel, por tanto, de Astérix, Blueberry o Lucky Luke, no es aventurado decir que es el personaje que mantiene a flote a la editorial.

Su padre literario, el belga Jean Van Hamme, es una de las personalidades más importantes del cómic europeo y un creador con una experiencia, trasfondo y cualificación poco habituales. Profesor de Economía Política y poseedor de cuatro carreras universitarias (Derecho, Economía, Ingeniería Comercial y Comercio Internacional), pasó los veranos de su juventud recorriendo miles de kilómetros de Europa, África y América con su mochila a cuestas.

Su carrera profesional se inició en el mundo de los negocios, como alto ejecutivo en empresas como United States Steel Corporation o Phillips, para la que tuvo que explorar posibilidades de negocio en África, Oriente Medio y el Sudeste Asiático, habiendo de negociar –y sobornar– a gobernantes corruptos.

Pero en realidad su primera vocación había sido la literaria, no la financiera. Si siguió esta última fue por las presiones de su acaudalada familia para que se dedicara a algo provechoso. Su primer amor había sido la literatura y en los cómics encontró una forma de reencontrarse con ella. Desde 1968, empieza a escribir guiones para el dibujante Paul Cuvelier, que formaba parte de la plantilla del semanario Tintin. A partir de ahí y poco a poco, va introduciéndose más en el mundo del cómic con series propias o ajenas, nuevas o iniciadas por otros, que tocaban todo tipo de géneros: Epoxy, Michael Logan, Corentin, Domino, Historia sin héroes, Mr.Magellan, Arlequín… hasta que en 1976 renuncia definitivamente a sus responsabilidades empresariales para dedicarse en exclusiva a escribir (además de cómics, también las novelas de Largo Winch, más tarde trasladadas a viñetas con enorme éxito y al cine con no tanto). Thorgal fue su primera gran obra.

El polaco Grzegorz Rosinski descubrió muy pronto el cómic europeo gracias a las historietas del periódico Vaillant, que el partido comunista francés distribuía por los países del Pacto de Varsovia. Empezó a dibujar tebeos en 1955, con catorce años, convirtiéndose luego en editor jefe de una revista de scouts.

De 1961 a 1967 estudió Artes Gráficas en Varsovia y a continuación dibujó numerosos álbumes de cómics en el escaso mercado de su país, sobre todo de tema policiaco, de aventuras, históricos y de ciencia ficción. Durante un viaje a Bruselas en 1976, conoce a André-Paul Duchâteau y Jean Van Hamme, un encuentro decisivo que le llevará a colaborar con las revistas Tintin, Le Trombon Illustré y Spirou hasta que en 1977 llega la serie que le dará fama internacional: Thorgal.

El primer album, La maga traicionada (La Magicienne trahie), apareció en enero de 1980 (en lo sucesivo haré referencia a la edición en álbum y no a la serialización en revista) y consta de dos historias. En la primera de ellas (30 páginas), que da título al volumen, nos encontramos a un hombre que está siendo encadenado por unos vikingos a una roca para que muera ahogado al subir la marea. Su nombre es Thorgal Aegirsson y su delito haberse hecho amante de la hermosa Aaricia, hija del rey Gandalf el Loco. Dejado a su suerte, Thorgal es rescatado por la hechicera Slive, que tiene sus propios deseos de venganza contra Gandalf, el cual la tuvo prisionera nueve años para obligarla a casarse con él. No lo consiguió y aunque escapó de su cautiverio, perdió un ojo en la huida.

Slive le ofrece un trato a Thorgal: ella le salva de una muerte segura a cambio de que él se convierta en su sirviente durante un año. Y así, Thorgal, siguiendo las instrucciones de la hechicera, obtiene unos brazaletes mágicos custodiados por un gigante y un enano, engaña y toma prisionero a Gandalf para que Slive pueda vengarse de él. No contaré mucho más pero baste decir que Thorgal prefiere romper su juramento antes de convertirse en un verdugo y que finalmente se reúne con Aaricia.

La segunda historia, de 16 páginas (a todas luces realizada años después) y titulada “Casi el paraíso”, comienza cuando Thorgal cae junto con su caballo en una profunda grieta en el hielo. Al despertar, descubre que está en una especie de edénico jardín subterráneo, donde ha sido cuidado por dos seductoras y jóvenes hermanas, Ingrid y Ragnhild. Dicen ser centenarias y desean que él permanezca allí con ellas como su amante. Pero su otra hermana, la más joven Skadia, le dice que le han mentido y le ofrece escapar de esa lujosa cárcel si la lleva consigo puesto que lo que más desea es ver el Sol.

Al final de la peripecia, Thorgal descubre la verdadera naturaleza de las tres hermanas y recobra su libertad. Se trata de un cuento muy efectivo en su tratamiento de los temas de la inmortalidad y la libertad y que remata con brillantez un argumento ambiguo. Supone, también, la confirmación del gusto de Van Hamme por la figura de la mujer fatal, un tópico recurrente en su obra y que podemos encontrar en sus otras series más famosas, como XIII o Largo Winch y de los que hay varios ejemplos en la propia serie de Thorgal, empezando por la mencionada Slive.

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Copyright del artículo © Manuel Rodríguez Yagüe. Descubre otros artículos sobre cine, cómic y literatura de anticipación en nuestra sección Fantaciencia. Publicado previamente en Un universo de ciencia ficción, y editado en Cualia con permiso del autor. Reservados todos los derechos.

Manuel Rodríguez Yagüe

Como divulgador, Manuel Rodríguez Yagüe ha seguido una amplia trayectoria en distintas publicaciones digitales, relacionadas con temas tan diversos como los viajes ("De viajes, tesoros y aventuras"), el cómic ("Un universo de viñetas"), la ciencia-ficción ("Un universo de ciencia ficción") y las ciencias y humanidades ("Saber si ocupa lugar"). Colabora en el podcast "Los Retronautas".