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Thorgal: «La isla de los mares helados», de Van Hamme y Rosinski

El segundo álbum de la serie de Thorgal, La isla de los mares helados (L’Île des mers gelées, octubre de 1980), concluye lo iniciado en La maga traicionada. Ya de vuelta en la aldea de Gandalf, Thorgal está a punto de casarse con Aaricia antes de marchar los dos juntos para vivir en algún otro lugar, cuando dos grandes águilas secuestran a la joven y la llevan a bordo de un barco que se impulsa sin remos ni velas y que está comandado por un imponente guerrero de rostro oculto por un yelmo. Acompañado de Bjorn, el hijo de Gandalf y hermano de Aaricia, y una tripulación de vikingos, Thorgal sale en su persecución con un drakkar, pero conforme se internan en las desconocidas y heladas aguas del ártico, estalla un motín. Abandonados en un bote, Thorgal y Bjorn son dejados a su suerte. Poco después, ambos se separan accidentalmente a resultas de una pelea.

Por fin, Thorgal es recogido por los nativos de una de las islas de la zona, los Slug, que viven bajo el yugo de los Dominantes, quienes raptaron a Aaricia. Thorgal recluta la ayuda de algunos de los slugs para enfrentarse a los tiranos, cuyo líder resulta ser Slive, la hechicera de La maga traicionada, atrincherada en una fortaleza que resulta ser una nave espacial. Antes de morir, revelará a Thorgal su propio y extraordinario origen como último representante de una raza de humanos venida de las estrellas y atrapada accidentalmente en la Tierra.

Examinando el origen de Thorgal podemos ver fácilmente las claves de su éxito, aunque en su momento no fuera tan fácil aventurar la buena acogida que le dispensaron críticos y lectores. Si bien las premisas son muy básicas (héroe en pos de venganza y/o su amor perdido, rescate de la amante en apuros, búsqueda de un camino propio lejos de quienes no le comprenden ni respetan), la serie tenía ya un indudable potencial. Su protagonista, atractivo, atlético, moreno, valiente, honesto, inteligente y hábil con las armas, corre sus aventuras en un entorno exótico, el de los Vikingos, ese pueblo de conquistadores, piratas y comerciantes escandinavos que vivió su época dorada entre los siglos VIII a XI de nuestra era.

En las primeras páginas del primer volumen, nos enteramos ya del origen de la característica cicatriz que Thorgal tiene en su mejilla derecha y su relación sentimental con la bella Aaricia, hija de un líder vikingo cuyo nombre nos recuerda el de un personaje de El Señor de los Anillos [y que en realidad procede de la tradición histórico-legendaria escandinava: recordemos a Gandalf Alfgeirsson, el rey del siglo IX, inmortalizado en una de las obras del escritor islandés Snorri Sturluson].

Es imposible no sentir simpatía por este hombre valeroso, injustamente tratado por renegar de la violencia (es un escalda o trovador, en oposición a la ocupación guerrera de los vikingos) y atreverse a amar a una mujer que pertenece a una clase social superior. Aunque pacífico, también se apunta implícitamente que es un rebelde: niño encontrado de padres desconocidos (sus orígenes, ya apuntados en La isla de los mares helados, irán definiéndose algo más en álbumes posteriores), en lugar de integrarse adoptando el estilo de vida vikingo, insiste en seguir sus propios valores aun cuando eso le granjee el desprecio y la alienación de la comunidad que le acogió.

En este sentido, Thorgal es uno de esos aventureros de nuevo cuño, contestatario y pacifista, que empezaron a menudear en el cómic europeo desde mediados de los setenta y entre los que también militaban Buddy Longway o Jonathan. Es humilde en sus maneras y atuendo y aunque diestro con las armas (especialmente el arco), no busca sino vivir en paz y evitar los conflictos siempre que sea posible, aunque no los rehúya cuando de lo que se trata es de proteger a sus seres queridos.

Muy rápidamente, Van Hamme incluye también desde el principio una dimensión fantástica en la forma del personaje de Slive, los objetos “mágicos” y la secuencia del gigante guardián…para luego, en el segundo volumen, añadir otra capa, la de la ciencia ficción, que explicará el origen de Thorgal. En siguientes episodios, el guionista desarrollará con mayor acierto, profundidad y sofisticación esta triple vertiente: aventuras en un contexto histórico, fantasía heroica y mitológica y ciencia ficción. En Thorgal encontraremos hadas, naves espaciales, viajes en el tiempo, caballos alados, dioses nórdicos y castillos medievales, ciencia y magia… una mezcolanza arriesgada que podría haber derivado en un pastiche indigesto y desordenado, pero que gracias a la inteligencia e imaginación de los guiones de Van Hamme y la elegancia y solidez gráfica de Rosinski, le confirió a la serie una fuerte identidad propia y muy particular a pesar o gracias, precisamente, a ese mismo eclecticismo.

La estructura narrativa se divide en una concatenación de actos bien delimitados, una obligación editorial por cuanto cada uno de ellos se publicaba íntegramente en un número, dejando un intervalo de un mes hasta la aparición del siguiente. Cada acto está separado por una elipsis más o menos amplia y viene acompañado de un cambio de escenario. Esta estructura se mantendrá casi invariable hasta Los arqueros (Les Archers, 1985). Con el inicio de la posterior saga de El Pais Qa, el desarrollo de las historias ya se planificará de acuerdo a las tradicionales cuarenta y seis páginas de un álbum.

Gráficamente, las primeras planchas de Rosinski están todavía alejadas del estilo que acabaría desarrollando a no mucho tardar: la composición es sencilla y tradicional, las secuencias a veces están resueltas de forma un poco torpe y la línea adolece de falta de dinamismo. No quiero decir ni mucho menos que en este punto sea un mal dibujante. Al fin y al cabo, en esa etapa de su carrera Rosinski no sólo tenía una sólida formación artística sino un respetable recorrido como profesional gráfico y dibujante de cómics. Es, simplemente, que aun tenía un amplio recorrido de mejora.

Algunos de los rasgos que definirán la serie desde el punto de vista gráfico ya están presentes en los dos primeros álbumes, como son la atención por el entorno natural, el buen diseño de personajes (de diversas anatomías y rasgos) y un amor por el detalle que irá incrementándose en entregas posteriores.

En resumen, el arranque de la serie, dentro de un marco de aventura clásica y lineal, es inventivo y de lectura absorbente, sentando las bases sobre las que se edificará el rico universo de Thorgal en los años venideros. Lo cual no deja de ser muy meritorio puesto que es dudoso que en ese momento Van Hamme imaginara el largo recorrido que la serie tenía por delante. Respetando esas raíces sin renegar de ellas ni contradecirlas, supo ir construyendo de forma coherente, ladrillo a ladrillo, el particular universo de este personaje a lo largo de los siguientes treinta años.

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Thorgal: La isla de los mares helados, de Van Hamme y Rosinski

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Thorgal: La galera negra (1982), de Van Hamme y Rosinski

Thorgal: Más allá de las sombras (1983), de Van Hamme y Rosinski

Thorgal: La caída de Brek Zarith (1984), de Van Hamme y Rosinski

Thorgal: El hijo de las estrellas (1984), de Van Hamme y Rosinski

Thorgal: Alinoe (1985), de Van Hamme y Rosinski

Thorgal: El Ciclo del País Qa (1985-1988), de Van Hamme y Rosinski

Thorgal: Aaricia (1989), de Van Hamme y Rosinski

Thorgal: El señor de las montañas (1989), de Van Hamme y Rosinski

Thorgal: Loba (1990), de Van Hamme y Rosinski

Thorgal: La guardiana de las llaves (1991), de Van Hamme y Rosinski

Thorgal: La espada-sol (1992) y La fortaleza invisible (1993), de Van Hamme y Rosinski

Thorgal: La marca de los desterrados (1995) y La corona de Ogotai (1995), de Van Hamme y Rosinski

Thorgal: Gigantes (1996) y La jaula (1997), de Van Hamme y Rosinski

Copyright del artículo © Manuel Rodríguez Yagüe. Descubre otros artículos sobre cine, cómic y literatura de anticipación en nuestra sección Fantaciencia. Publicado previamente en Un universo de ciencia ficción, y editado en Cualia con permiso del autor. Reservados todos los derechos.

Manuel Rodríguez Yagüe

Manuel Rodríguez Yagüe

Como divulgador, Manuel Rodríguez Yagüe ha seguido una amplia trayectoria en distintas publicaciones digitales, relacionadas con temas tan diversos como los viajes ("De viajes, tesoros y aventuras"), el cómic ("Un universo de viñetas"), la ciencia-ficción ("Un universo de ciencia ficción") y las ciencias y humanidades ("Saber si ocupa lugar"). Colabora en el podcast "Los Retronautas".