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Thorgal: «Alinoe» (1985), de Van Hamme y Rosinski

En Alinoe (Alinoë, febrero de 1985), octavo álbum de la serie de Thorgal, nos encontramos con la familia Aegirson: Thorgal, Aaricia y Jolan, junto al fiel perro Muff, viviendo solos en una isla no lejos de la costa.

Al aproximarse el invierno, Thorgal parte al continente para comprar provisiones y ropa mientras que Aaricia se queda sola con Jolan. Una noche, el niño se lamenta por estar solo, sin hermanos ni amigos. El consuelo que trata de brindarle su madre es a todas luces insuficiente.

Al día siguiente, Aaricia se da cuenta de que Jolan lleva un extraño brazalete y, preguntado al respecto, el niño responde que se lo ha dado su amigo Alinoe. Éste resulta ser un inquietante chico albino, mudo y con pelo verde que bien podría ser la encarnación de los deseos frustrados de Jolan: juega con él y le presta la atención y compañía que Aaricia no puede. Pero cuando ésta se convierte en rival por el afecto del niño, Alinoe la ataca con violencia. Y al posicionarse Jolan de parte de su madre, la criatura se revolverá contra ambos, acosándolos sin que ellos dispongan de medios para huir fuera de los confines de la pequeña isla.

Tras haber clarificado considerablemente el pasado del héroe protagonista en el álbum anterior, Van Hamme elige dar un nuevo giro y no explotar esas revelaciones en una nueva historia, al menos por el momento. Es más, en esta ocasión, Thorgal está ausente casi por completo (sólo aparece al principio y al final). Hasta Alinoe, el personaje de Aaricia había estado limitado al papel de novia, esposa y madre; un objeto de deseo para terceros que la secuestraban o ponían peligro, haciendo que Thorgal tuviera que rescatarla. Afortunadamente, Van Hamme supo ver que había llegado al momento de desencasillarla y aportarle individualidad, fuerza y carácter más allá de la sombra de Thorgal. Y en Alinoe, lo consigue con creces. Lo mismo y con igual éxito hace con Jolan, al que aquí ya vemos más crecido y capaz de pensar y actuar por sí mismo.

Este álbum, con referencias a la película de El pueblo de los malditos (1960), es un thriller ejemplar, pleno de angustioso suspense y desarrollado con mano maestra por Van Hamme.

El establecimiento de la situación, el aumento gradual de la tensión, la intrusión de lo fantástico en lo cotidiano, la claustrofobia que acaba por permear la historia y el hecho de que nunca se llegue a explicar del todo la aparición de Alinoe (¿es una materialización de los deseos más oscuros de Jolan? ¿un espejismo? ¿una criatura inmaterial que ya vivía en la isla y que cobra cuerpo a través del misterioso brazalete que encuentra Jolan?) hacen que toda la intriga resulte tremendamente intensa.

Tanto Aaricia como Jolan están magníficamente caracterizados, tanto individualmente como en su cariñosa relación madre-hijo y durante las pruebas que deben superar, pasando por la preocupación, el miedo y el terror. El niño en especial exhibe reacciones típicas de su edad, sufriendo por la soledad en la que vive, escondiéndole cosas a su madre, cambiando bruscamente de idea, mostrando los primeros conatos de rebeldía contra la autoridad materna… Quizá la única pega sea que Thorgal aparece en el último momento para salvar la situación. No sólo parece un deux ex machina argumental sino que le resta algo de mérito a la valiente lucha que su esposa e hijo han librado por sus vidas.

En cuanto al trabajo de Rosinski en estos dos álbumes de transición, solo puede calificarse de sobresaliente, empezando por las magníficas portadas: la una enfatizando la melancolía y espíritu etéreo de la infancia de Thorgal; la otra, transmitiendo misterio y terror gracias a una composición muy acertada. Rosinski lo hace todo bien: representa con realismo la furia desatada de los elementos que azota el barco de los vikingos; pero también los mundos fantásticos de los enanos y su reptiliano enemigo. A la hora de cambiar el registro a la ciencia ficción, lo hace sin problemas (sin duda le ayudó el haber estado dibujando la serie de ese género Hans para la revista Tintin desde 1980) y aunque sus diseños para las naves y equipamiento espaciales hoy nos puedan parecer algo “retro”, esas escenas siguen estando perfectamente dibujadas.

Dibujar niños en un cómic con un estilo realista es siempre un desafío, pero el artista polaco lo asume y culmina con total éxito, consiguiendo retratar tanto a Thorgal como a Jolan con absoluta verosimilitud. Igualmente, a la hora de representar a Aaricia, lo hace sin exagerar innecesariamente su feminidad, dibujándola en posturas creibles y cotidianas y jugando sobre su cuerpo y rostro con las sombras y las luces en un meticuloso trabajo de iluminación que resalta sus emociones de acuerdo al tono de la escena. Y, de nuevo, demuestra su talento a la hora de dotar de ambiente a cada historia sirviéndose de los decorados naturales, como los colores otoñales de la isla en Alinoe o los mundos fantásticos que recorren Thorgal y Tjahzi en «El metal que no existía» (incluido en el álbum El hijo de las estrellas).

En resumen, el tipo de historias y el tono de estos dos álbumes los situán un poco al margen de la línea general de la colección, pero son indiscutiblemente un éxito narrativo y artístico. Thorgal, Aaricia y Jolan ganan profundidad en unas historias muy entretenidas y excelentemente bien dibujadas. Esta línea ascendente de calidad se verá confirmada en los cinco episodios de que consta el siguiente ciclo, El País Qa (abril de 1986).

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Copyright del artículo © Manuel Rodríguez Yagüe. Descubre otros artículos sobre cine, cómic y literatura de anticipación en nuestra sección Fantaciencia. Publicado previamente en Un universo de ciencia ficción, y editado en Cualia con permiso del autor. Reservados todos los derechos.

Manuel Rodríguez Yagüe

Manuel Rodríguez Yagüe

Como divulgador, Manuel Rodríguez Yagüe ha seguido una amplia trayectoria en distintas publicaciones digitales, relacionadas con temas tan diversos como los viajes ("De viajes, tesoros y aventuras"), el cómic ("Un universo de viñetas"), la ciencia-ficción ("Un universo de ciencia ficción") y las ciencias y humanidades ("Saber si ocupa lugar"). Colabora en el podcast "Los Retronautas".