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Sandman: Muerte

Muerte ‒el personaje, no ese telón final que a todos nos aguarda‒ quizá sea una de las figuras que mejor resume los méritos narrativos de Neil Gaiman. Para darle forma, el guionista toma diversos elementos de la tradición mitológica y religiosa, que luego encaja con ingredientes de la cultura pop, logrando así una mezcla tan sofisticada como familiar.

El resultado es una criatura encantadora, capaz de tocar la fibra sensible del lector con dos cualidades irresistibles: el optimismo y la profundidad. Físicamente, luce el aspecto gótico de una persona real, Cinamon Hadley.

En un universo como el de Gaiman, en el que los humanos no viven en la urgencia del presente sino con los ojos vueltos hacia el infinito, Muerte desecha sus típicos atributos ‒la guadaña o la apariencia cadavérica‒, y opta por disimular su eternidad adquiriendo la apariencia de una joven gótica, inspiradora y resolutiva, que se encarga de cortar el hilo de nuestras vidas con una permanente sonrisa. Gracias a ella, es como si el determinismo de nuestra especie ‒Pulvis est, et in pulverem reverteris‒ siempre mereciese un amable y discreto paso al más allá.

Muerte no se enfrenta al curso del destino, pero en cierto sentido alienta decisiones que lo cambian. Esto es algo que descubrimos en la saga de Sandman y asimismo en los relatos que de ella se derivan. Unos relatos que ahora protagoniza esa figura encantadora, y que podemos leer embellecidos por el arte de creadores tan diversos como Chris BachaloMark BuckinghamJeff Jones y Dave McKean.

Como ya imaginan los seguidores de Gaiman, el plato fuerte es el excepcional relato que lleva por título Muerte: El alto coste de la vida, publicado originalmente por el sello Vértigo entre marzo y mayo de 1993. Este spin-off de The Sandman emplea una fórmula muy afortunada: de siglo en siglo, Muerte se hace humana, con el propósito de no perder su conexión emocional con los mortales.

La idea se inspira en un viejo clásico del cine, La muerte de vacaciones (1934), de Mitchell Leisen, protagonizado por un inmenso Fredric March. Pero que nadie espere de Gaiman una historia nostálgica en blanco y negro. El alto coste de la vida exhibe modernidad por sus cuatro costados y está ubicada en un entorno rabiosamente urbano.

Dejando aparte otras obras de menor entidad, el segundo tesoro del volumen lo proporciona Muerte: Lo mejor de tu vida (DC Comics, abril-julio de 1996), una miniserie en la que se afirma aún más el interés de Gaiman por las subculturas pop.

La obra, conmovedora y dramática a partes iguales, contiene ironías, referencias y guiños insertados con tanta destreza que uno pasa por ellos como si fueran parte intrínseca de la acción.

Sin exagerar su imagen de creador erudito y excéntrico, Neil Gaiman consigue que todos los relatos de esta recopilación nos hagan sentir una cálida sensación de inteligencia y de alta cultura, ajena a cualquier tipo de pedantería. En fin… poco más o menos como si uno escuchase a The Cure en una biblioteca victoriana.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de las imágenes © DC Comics, ECC Ediciones. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como "Cuadernos Hispanoamericanos", "Album Letras-Artes" y "Scherzo".
Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte).
Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos. Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.