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«A ciegas» («Bird Box», 2018), de Susanne Bier

Malorie Hayes (Sandra Bullock) y dos niños, Chico (Julian Edwards) y Chica (Vivien Lyra Blair), inician una peligrosa travesía río abajo para encontrar un santuario en el que refugiarse de una amenaza no revelada. Los tres viajan en una canoa, con los ojos vendados, y Malorie les da severas instrucciones a los pequeños advirtiéndoles de que morirán si se quitan las vendas.

La acción salta entonces cinco años en el pasado, cuando vemos a Malorie como una mujer soltera y embarazada que prefiere sumergirse en su pintura antes que relacionarse con sus amigos o familiares. Tampoco desea al bebé. Está tan encerrada en su burbuja, de hecho, que ni siquiera se entera por las noticias de que en otros países se ha desatado un terrorífico fenómeno de suicidios masivos. Al abandonar la consulta del ginecólogo con su hermana Jessica (Sarah Paulson), les alcanza ese fenómeno en plena calle y se ven rodeadas por un estallido de locura en el que la gente tiene algún tipo de visión y luego se suicida.

Mientras Malorie contempla horrorizada lo que ocurre a su alrededor, Jessica estrella el coche en el que ambas viajan, sale del mismo y se pone en el camino de un camión en marcha. Aturdida en medio de una multitud que huye despavorida, Malorie encuentra refugio junto a otras personas en la casa de Douglas (John Malkovich), cuya esposa acaba de morir horriblemente por tratar de ayudarla.

El grupo está compuesto por un conjunto variopinto de personas que deben dejar a un lado sus diferencias y trabajar juntos para sobrevivir. No tardan en deducir que hay algún tipo de criaturas acechando en el exterior y que si uno las ve, aunque sea a través de una ventana o una cámara de televisión, cae víctima de una furia suicida. Por tanto, mantienen bajas las persianas e incluso consiguen ir a un supermercado en un vehículo con los cristales oscurecidos y guiándose por el navegador del mismo. Las únicas criaturas que parecen detectar la presencia de esos nuevos seres son los pájaros.

Sin embargo, casi todo el grupo sucumbe ante un nuevo peligro que no ve venir: hay gente deambulando por el exterior que han sobrevivido pero cuya mente está completamente trastornada y que tratan de exponer a los pocos que quedan cuerdos a la visión de las criaturas. Uno de ellos es aceptado en el interior del hogar y se desata el caos.

A ciegas resultó ser un gran éxito para Netflix cuando la estrenó en su plataforma, tanto que la cadena tuvo que emitir advertencias para aquellos cretinos que, inspirados por la película, trataban de llevar a cabo desafíos con los ojos vendados para subir los vídeos a YouTube. La película es una adaptación de Bird Box (2014), la aclamada novela debut de Josh Malerman, cantante de la banda de rock indie The High Strung.

El guion fue escrito por Eric Heisserer, que también firmó Pesadilla en Elm Street: El origen (2010), Destino Final 5 (2011), La cosa (2011), Nunca apagues la luz (2016) y, sobre todo, La llegada (2016), con la que ganó el Oscar al Mejor Guion Adaptado. Por su parte, la dirección recae en la danesa Susanne Bier, que había ganado el Oscar a la Mejor Película Extranjera con En Un mundo mejor (2010), aunque su elección probablemente responda al buen resultado de crítica que obtuvo con la miniserie televisiva El infiltrado (2016) basado en la novela homónima de John Le Carré.

Público y crítica se apresuraron a comparar A ciegas con Un lugar tranquilo (2018), otra película que tan solo siete meses antes también había obtenido un gran éxito. Las comparaciones son odiosas pero en este caso inevitables; y no solo porque se hubieran estrenado muy próximas entre sí sino por las innegables similitudes entre ambas. La segunda estaba protagonizada por una familia obligada a guardar silencio so pena de atraer a unos letales alienígenas con un oído ultrasensible, mientras que la primera propone una situación en la que la gente debe permanecer con los ojos vendados cuando están en el exterior si quieren sobrevivir al ataque de unas criaturas misteriosas. Más que Un lugar tranquilo, una posible inspiración para A ciegas podría ser la novela clásica El día de los trífidos (1951), de John Wyndham, en la que casi toda la población mundial pierde la vista debido a un fenómeno no totalmente explicado y todos, videntes e invidentes, deben hacer frente a la amenaza de unas peligrosas plantas móviles que atacan todo lo que queda a su alcance (novela que, a su vez, ha sido adaptada a la pantalla varias veces, tanto la grande como la pequeña).

Además, Un lugar tranquilo no había sido sino la propuesta más exitosa de una corriente de películas apocalípticas que desde hacía algunos años imaginaban catástrofes en las que los humanos perdían uno o varios de sus sentidos o quedaban afectados por alguna anomalía psicológica. Ahí están, por ejemplo, A ciegas (mismo título, pero esta del año 2008), Perfect Sense (2011), Los últimos días (2013) o Embers (2015). Tan solo un año después de A ciegas, Netflix quiso aprovecharse del éxito de su propia producción con otro film con similar premisa: The Silence (2019), en la que unas criaturas mataban a cualquier humano que hiciera algún ruido o emitiera un sonido.

A ciegas narra la ordalía de Malorie intercalando escenas del cada vez más turbulento descenso por el río y lo que ocurrió en el pasado a partir de la llegada de las criaturas. Es una opción que contribuye a aumentar el suspense al tiempo que revela el destino de los personajes refugiados en la casa, porque desde el principio se ve que ninguno de ellos está con Malorie cinco años después, por lo que claramente han muerto y sólo queda saber cuándo y de qué manera. En un punto determinado, la historia coral termina y se produce un salto de varios años que nos muestra cómo Malorie, los niños y un tercer personaje se han adaptado a la situación y qué es lo que llevará a la desesperada mujer a emprender el viaje por el río.

La historia de A ciegas atrapa sin duda al espectador desde la angustiosa secuencia de apertura, en la que Malorie advierte a los niños de lo que les pasará si se retiran la venda de los ojos y los guía hasta la canoa para iniciar el descenso del río. El misterio y desasosiego que rodea esa apertura aumenta varios enteros en el flashback inmediatamente posterior, en el que vemos el comienzo del apocalipsis unos años atrás, en un crescendo que va desde el incidente aparentemente aislado pero ominoso de una mujer que se golpea la cabeza contra la ventana del hospital a la sobrecogedora histeria general y la autoincineración de una mujer en un coche ardiendo antes de obtener un respiro cuando Malorie alcanza la casa de Douglas.

También es cierto que la película desaprovecha su potencial para contar algo verdaderamente interesante. A pesar de que los diferentes elementos que conforman la historia funcionan bien, el espectador veterano no podrá evitar ver demasiados guiños, homenajes o plagios a otros títulos apocalípticos anteriores y de mayor calidad. La variopinta galería de supervivientes atrapados en un lugar cerrado parece sacada de El amanecer de los muertos (2004), de Zack Snyder. La misteriosa fuerza invisible que obliga a la gente a suicidarse ya la habíamos visto en El incidente (2008), de M. Night Shyamalan. Y la escena de la expedición al supermercado está casi calcada de la de La niebla (2007), de Frank Darabont.

A ciegas funciona mejor cuando exprime la baza del terror. Mientras que la dirección de Bier en los momentos de cotidianidad carece de lustre (utiliza demasiados primeros y medios planos acercándose al perfil de una producción televisiva), su manejo de los resortes terroríficos es notable. Varias escenas de la película son, como he dicho, verdaderamente angustiosas, colaborando en ello la lúgubre banda sonora de Trent Reznor y Atticus Ross y el diseño de sonido de Ben Barker.

Hay que decir, no obstante, que excepto en el arranque de la historia, A ciegas no llega a mantener la misma tensión insoportable que ofrecía Un lugar tranquilo en todo su metraje. No es que la trama quede totalmente plana, pero ya no resulta tan angustiosa ni sobresalta de la misma manera. La única escena que llega al mismo nivel de terror es aquella en la que Gary se revela como un demente y empieza a abrir las persianas y obligar a los refugiados de la casa a mirar al exterior. Pero, por ejemplo, la escena en la que Malorie ha de salvar los rápidos en la canoa sin mirar al exterior carece de la intensidad que podría haber tenido de estar al frente John Kraskinsi, director de Un lugar tranquilo.

Quizá la razón resida en que Susanne Bier, manejándose relativamente bien con el suspense, a la hora de la verdad tiene mejor ojo para las películas centradas en los personajes. De hecho, tras toda la tensión y el horror, guionista y directora dejan bien claro que de lo que verdaderamente va la historia es de cómo una mujer se ve obligada por el acontecimiento más escalofriante que imaginarse pueda a descubrir quién es y de qué es capaz, aceptando finalmente el rol y la responsabilidad que siempre se había mostrado remisa a asumir: el de madre. Hay algunos momentos de gran carga emocional que están manejados con cercanía y honestidad, como aquella en la que Malorie conversa con otra mujer embarazada, interpretada con sobresaliente dulzura y humanidad por Danielle Macdonald.

Pero conforme Malorie y los niños se aproximan al fin de su peripecia, aparece una cierta desconexión emocional con el espectador. Las dos mitades de la película (la peligrosa aventura río abajo y la experiencia de los supervivientes atrapados en la casa) nunca llegan a fusionarse satisfactoriamente en un todo armónico y siempre se tiene la sensación de que pertenecen a películas diferentes.

La idea de que las criaturas de A ciegas no puedan verse si no se quiere morir es original, pero problemática desde el punto de vista narrativo. Esta aproximación lovecraftiana a la amenaza (los seres que imaginaba H.P. Lovecraft eran indescriptibles porque la mente humana no los podía asimilar) por una parte, le permite al director jugar con ciertos momentos para poner en tensión al espectador: cualquier sonido o sombra pueden anunciar la presencia de una de esas criaturas, o algo tan cotidiano como levantar una persiana pasa a ser un movimiento potencialmente letal en este nuevo mundo. En esas circunstancias extremas, incluso las cosas más inocuas adoptan un perfil ominoso. Asimismo, es muy interesante ver cómo los personajes se adaptan a una vida en la que no pueden salir de casa con los ojos abiertos.

Pero claro, dado que las criaturas no pueden aparecer en pantalla, el espectador se ve obligado a imaginarlas. Y sí, hay quien pensará que la imaginación puede crear horrores mucho más sobrecogedores que cualquier departamento de efectos especiales y agradecerá que jamás llegue a materializarse la amenaza, pero muchos otros lo encontrarán frustrante. Se supone que esos seres muestran a sus víctimas sus peores temores pero como no se nos enseña nada, ni las criaturas ni lo que ocurre en la mente de los humanos que las ven, resulta difícil imaginar qué podría ser tan malo como para empujarlos al suicidio. Bier utiliza los diálogos y el sonido para tratar de sugerir la maldad sin mostrarla. Sin embargo, al menos en mi opinión, no termina de conseguirlo.

Igualmente y relacionado con lo anterior, habrá no pocos espectadores que encuentren insatisfactoria la absoluta falta de explicaciones acerca de lo que ésta ocurriendo. De hecho, hay menos información sobre los seres que en Un lugar tranquilo, donde al menos aparecían al final las criaturas. En A ciegas lo único que se ve son hojas empujadas por una presencia invisible, movimientos imprecisos en el exterior de los edificios o entre los árboles y gente que experimenta visiones de algo, aunque nunca dicen de qué se trata exactamente o de dónde proceden. Así que nadie espere que en algún momento la película ofrezca la menor explicación acerca de lo que causó la catástrofe, la naturaleza de las supuestas criaturas y cómo éstas afectan exactamente a quien las ve.

Sandra Bullock hace un trabajo dramático muy notable que saca provecho del amplio espectro de emociones y situaciones que ha de atravesar su personaje. Le da a Malorie un carácter taciturno y amargado pero su fuerza y determinación ante la horrible situación en la que se ve inmersa hace que el espectador valore el realismo de esta mujer heroica en su justa medida y se ponga de su lado. El resto del reparto tiene mucho menos que hacer y sus personajes nunca llegan a estar bien definidos ni desarrollados. Destaca, por supuesto, John Malkovich, que interpreta con su habitual carisma a un hombre cínico cuyas intenciones siempre están poco claras. Travente Rhodes, que encarna a Tom, acaba siendo una suerte de coprotagonista durante parte de la película y aunque su sólida presencia y templado carácter combina bien con el de Malorie, siempre al borde del abismo, tampoco resulta particularmente memorable.

Quizá el principal problema de A ciegas, como se habrá podido ya deducir de mis anteriores comentarios, resida no tanto en la propia película como en el momento de su aparición. Al haberse estrenado poco tiempo después de Un lugar tranquilo, una cinta más directa, visceral y comercial, es inevitable hacer comparaciones. Para entonces y como he apuntado, ni siquiera la premisa resultaba original. Y, sin embargo, A ciegas, la novela, se escribió años antes de Un lugar tranquilo. Sin duda, si se hubiera estrenado antes, habría obtenido mayor reconocimiento e impacto.

Al final, A ciegas no es Un lugar tranquilo, pero no porque falle al tratar de imitarlo sino porque ofrece una aproximación más introspectiva y matizada a una premisa similar. La película nos ofrece una historia intensa, evocativa, con buenas interpretaciones y escenas impactantes que mezclan thriller, terror y drama.

Copyright del artículo © Manuel Rodríguez Yagüe. Descubre otros artículos sobre cine, cómic y literatura de anticipación en nuestra sección Fantaciencia. Publicado previamente en Un universo de ciencia ficción, y editado en Cualia con permiso del autor. Reservados todos los derechos.

Manuel Rodríguez Yagüe

Como divulgador, Manuel Rodríguez Yagüe ha seguido una amplia trayectoria en distintas publicaciones digitales, relacionadas con temas tan diversos como los viajes ("De viajes, tesoros y aventuras"), el cómic ("Un universo de viñetas"), la ciencia-ficción ("Un universo de ciencia ficción") y las ciencias y humanidades ("Saber si ocupa lugar"). Colabora en el podcast "Los Retronautas".