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«Next» (2007), de Lee Tamahori

Las narraciones de ciencia ficción de Philip K. Dick han resultado tener una aceptación sorprendentemente buena en el medio cinematográfico. Dick, entre cuya obra se cuentan novelas como El hombre en el castillo (1962), Los tres estigmas de Palmer Eldritch (1965), ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1968), Ubik (1969), Fluyan mis Lágrimas, dijo el policía (1974), A Scanner Darkly (1977) o Valis, imaginaba futuros en los que se ponía en entredicho la realidad y la identidad personal. El típico protagonista de Dick descubría en el curso de su peripecia que su realidad era una ilusión o una alucinación causada por las drogas, o que era un duplicado androide sin saberlo.

En el cine, las novelas o relatos de Dick han servido de base para películas como Blade Runner (1982), Desafío total (1990), Asesinos cibernéticos (1995), Infiltrado (2001), Minority Report (2002), Paycheck (2003), A Scanner Darkly (2006), Destino oculto (2011), Total Recall (2012) o Radio Free Albemuth (2014); en televisión, podemos mencionar El hombre en el castillo (2015-2019) o la antología Electric Dreams (2017). Aquellos que sólo se hayan aproximado a la obra de Dick a través de sus adaptaciones cinematográficas, es probable que se hayan hecho la idea –errónea– de que sus relatos están dominados por la acción, las persecuciones y los tiroteos. Es el caso de Next, un vehículo para el lucimiento de un Nicolas Cage ya en periodo de decadencia.

Cris Johnson (Nicolas Cage) es un mago de segunda fila que tiene un espectáculo de poco lustre en un casino de Las Vegas. Lo que el público no sabe es que su talento es auténtico: tiene la capacidad de “ver” en su mente lo que va a suceder dos minutos en el futuro, un don que utiliza para ganar dinero en las mesas de juego de la ciudad, aunque siempre en cantidades moderadas para no llamar la atención. Sin embargo, la agente del FBI, Callie Ferris (Julianne Moore) sí se ha fijado en él y está convencida de que tiene unos poderes precognitivos que les podrían ayudar a localizar a unos terroristas que han introducido un explosivo nuclear en el país.

Mientras Ferris trata de convencer a sus escépticos superiores, Cris acude a su cita diaria en un café. Desde hace algún tiempo, tiene la vision de una chica a la que conocerá en ese local un día no determinado a las 9:07 de la mañana. Por fin, llega ese momento y la muchacha resulta ser Elizabeth Cooper (Jessica Biel), a la que Cris salva de una situación incómoda con su novio acosador. Elizabeth accede a llevarlo en su coche (a esas alturas Cris es consciente de que el FBI lo está persiguiendo para reclutarlo, algo que él no desea de ninguna manera ya que eso lo pondría en peligro) y de camino se detienen en la reserva india en la que ella trabaja como profesora. Ambos inician un romance justo cuando las cosas se complican porque la agente Ferris está más decidida que nunca a chantajear a Cris para que colabore y, por otra parte, los terroristas, conocedores también de su poder, están dispuestos a eliminarlo para que no revele su paradero.

Next está basado en el cuento de Dick titulado “El hombre dorado” (1954), cuya acción se ambienta en un futuro en el que un duo de agentes gubernamentales tiene la misión de localizar y erradicar a mutantes con poderes peligrosos. Uno de ellos es Cris, que tiene la piel dorada. En el curso de su interrogatorio, se descubre que puede ver el futuro. También utiliza sus habilidades para seducir a la agente femenina, dejándola embarazada al final de la historia.

Como puede verse, Next se parece bien poco a “El hombre dorado”. Ya no hay ambientación futurista; los mutantes no existen y Cris es tan solo un mago con poderes de clarividencia; tampoco tiene ya el protagonista la piel dorada ni su habilidad para seducir mentalmente –Elizabeth se pregunta en un momento dado si Cris ha utilizado sus poderes para manipularla, pero no hay pistas que sugieran tal cosa–. Y como sucedió con otras adaptaciones de obras de Dick, sobre todo Desafío total y Paycheck, Next ha transformado el cuento original en una historia de acción aun cuando, como apuntaba al principio, no la hay en aquél (Por cierto, que uno de los tres guionistas involucrados en este proyecto, Gary Goldman, ya había escrito años atrás Desafío total).

De hecho, Next se parece tan poco a “El hombre dorado” que es mejor verla y comentarla como si fuera una historia original. Y es que hay poco aquí que nos recuerde a una obra característica de Philip K. Dick, como la realidad falsa,  las confusiones o engaños sobre la identidad o las dudas y paranoias alrededor de lo que es real y lo que no. Es más, la mayor parte del argumento parece un popurrí de elementos plagiados de otras películas entonces recientes: el protagonista con poderes auténticos que se oculta tras la fachada artística de un mago lo habíamos visto en El ilusionista (2006) y El truco final (2006); la trama sobre alguien con conocimiento sobre el futuro que viaja en el tiempo para detener una amenaza terrorista, salvando de paso a la chica, es similar a lo que aparecía en Deja vu (2006).

Next estuvo dirigida por el neozelandés Lee Tamahori, un profesional que empezó siendo muy prometedor pero cuya irregular filmografía nunca acabó de confirmar su potencial, oscilando entre lo interesante y lo mediocre. Su título de debut,“Guerreros de antaño (1994), una mirada a la vida de los maories modernos en entornos urbanos, es un clásico del cine de su país. Después, Tamahori ha ido desarrollando una carrera en la que se cuentan títulos como el confuso film de género negro Mulholland Falls (1996), la sólida película de aventuras El desafío (1997), un thriller banal como La hora de la araña (2001), la eficaz Muere otro día (2002) para la franquicia de James Bond y la universalmente ridiculizada xXx 2: Estado de emergencia (2005). Cuando lo hace bien (las escenas de acción de Muere otro día, por ejemplo, se cuentan entre las mejores del Bond de los noventa y dos mil), Tamahori puede ofrecer momentos muy emocionantes; cuando no, le sale xXx.

En el caso de Next, el director coreografía una excelente secuencia en la que Cris huye de sus perseguidores colina abajo utilizando sus poderes predictivos para evitar una avalancha de carromatos y troncos y rescatando a la agente Ferris de morir aplastada por un coche. El comienzo de la película también es prometedor, con esa escena en el Casino en la que Cris se sirve de sus capacidades para esquivar la seguridad del local escondiéndose a simple vista. Está dirigida con mucho pulso y ritmo, si bien la premisa ya había sido utilizada en la escena de la huida con la Precog de Minority Report. Sin embargo, la subsiguiente persecución en coche no funciona igual de bien debido a la confusa superposición entre lo que está ocurriendo en el presente y lo que Cris predice que va a suceder.

Esto es algo en lo que tropieza continuamente el director. Hay varias escenas que acaban culminando en la revelación de que lo que se acaba que ver no ha sucedido sino que era una “visión” de Cris, retrocediendo acto seguido a un punto temporal anterior para retomar la trama desde allí. Estos flashes de premonición podrían haberse ejecutado mejor porque, pretendiendo ser innovadores, terminan por hacer que el espectador se sienta engañado y que lo que se está haciendo sea rellenar metraje. Además, la sorpresa por este recurso se acaba pronto y si nunca se introduce algún tipo de pista visual sobre si lo que está apareciendo en pantalla es real o no, el espectador acabará distanciándose del protagonista.

Una vez planteada la intrigante premisa en la primera media hora, Next fracasa en el resto de su metraje a la hora de sostener el interés o aportar algo verdaderamente interesante. De hecho, tras exprimir y agotar el cuento de Dick, hay poco que diferencia a la película de otros thrillers con protagonistas clarividentes como Los ojos de Laura Mars (1978), Agente oculto (1990), Asesino del más allá (1995), Dentro de mis sueños (1999) o Premonición (2000). Hay algunos momentos rescatables durante los minutos en los que Cris y Elizabeth están rodeados en el hotel y el FBI trata de burlar los dos minutos de visión futura del primero para atraparlo y que dan una pista de por dónde podría haber discurrido el guión para explotar todas las posibilidades de la premisa; pero el resto de la trama va siguiendo un camino predecible, uniendo escenas en las que Cris va siguiendo las pistas que le llevarán al paradero de los terroristas.

Y, para colmo, todo se remata con un giro tan torpe y sobado (Atención: espóilers) como que todo lo que hemos visto en la segunda mitad de la película no era más que una larga visión precognitiva de Cris. No es extraño que muchos espectadores se sintieran estafados. (Fin del espóiler).

Además, abundan los agujeros de guión: los terroristas, de origen europeo, no parecen tener ideología o causa alguna que defender; sólo intervienen porque la trama necesita de un enemigo que la ponga en marcha. Nunca averiguamos cómo obtienen tanta información de Cris y sus movimientos, o por qué creen que éste puede frustrar sus planes cuando incluso los mandos superiores del FBI piensan que la agente Callis está malgastando tiempo y recursos con él. Aún peor, quedar en evidencia matando a Cris y cruzando su camino con el de decenas de agentes del FBI no parece el mejor modo de mantenerse en la sombra. Tampoco está nada claro por qué es tan crucial la ayuda de Cris a la hora de “ver” una detonación nuclear inminente ya que el artefacto podría estar en cualquier lugar del país y un margen tan breve de tiempo como dos minutos no serviría para localizar y desactivar el explosivo. Teniendo en cuenta la cantidad de operativos que están asignados a perseguir y capturar a un mago de segunda en Las Vegas, cabe preguntarse si queda alguien en el FBI haciendo algo más realista para neutralizar una amenaza de tales dimensiones. Por no hablar de la conveniente ruptura de la “regla de los dos minutos” cuando se trata de Elizabeth y sobre lo que no se da explicación alguna.

Ni siquiera resulta creíble la forzada relación sentimental que el guión establece entre Cris y Elizabeth. Nicolas Cage y Jessica Biel no tienen ni pizca de química cuando aparecen juntos en pantalla. En parte, el problema reside en haber seleccionado a Biel, una actriz sexy y de gran belleza física que hasta entonces había explotado sus atributos en películas como Blade: Trinity (2004) o Stealth: La amenaza invisible (2005), donde destacaba por sus interpretaciones de mujeres intensas, duras y atléticas. Sin embargo, en Next se requería a una actriz con un aspecto más corriente que pudiera ganarse el afecto del público transmitiendo timidez o indefensión, algo que está más allá de las capacidades de Biel.

En cuanto a Nicolas Cage, se deja llevar haciendo de sí mismo y Julianne Moore se limita a mantener una actitud odiosa durante toda la historia.

En el mejor de los casos, Next es una película que puede ofrecer una moderada dosis de entretenimiento al espectador poco exigente pero que para el aficionado a la ciencia ficción –no digamos ya a los amantes de la obra de Dick– resultará insatisfactorio y frustrante no sólo por traicionar el espíritu de sus ficciones sino por fracasar estrepitosamente a la hora de explotar la interesante premisa inicial. De no haber sido por los nombres de los actores implicados y el dinero gastado en la producción, Next habría terminado saliendo directamente en DVD.

Copyright del artículo © Manuel Rodríguez Yagüe. Descubre otros artículos sobre cine, cómic y literatura de anticipación en nuestra sección Fantaciencia. Publicado previamente en Un universo de ciencia ficción, y editado en Cualia con permiso del autor. Reservados todos los derechos.

Manuel Rodríguez Yagüe

Manuel Rodríguez Yagüe

Como divulgador, Manuel Rodríguez Yagüe ha seguido una amplia trayectoria en distintas publicaciones digitales, relacionadas con temas tan diversos como los viajes ("De viajes, tesoros y aventuras"), el cómic ("Un universo de viñetas"), la ciencia-ficción ("Un universo de ciencia ficción") y las ciencias y humanidades ("Saber si ocupa lugar"). Colabora en el podcast "Los Retronautas".