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«Kingdom Come» (1996), de Alex Ross y Mark Waid

Es muy grato buscar cómics así. Están ahí, en la estantería de los clásicos, esperando el día en que un lector los descubra, o ese momento en que volverán a atraer a los más veteranos, tras el señuelo de una nueva portada. Se le coge gusto a sus primeras páginas, y sin importar cuántas veces los hayamos leído, uno acaba disfrutándolos de nuevo hasta el final.

Kingdom Come pertenece a esa categoría. De hecho, es un tebeo de culto desde que salió al mercado en 1996.

Los cuatro números de esta miniserie (mayo-agosto de 1996), escritos por Alex Ross y Mark Waid, y pintados a gouache por el primero, son una demostración de poderío narrativo. Y no solo por su excelente guión, sino por ese portentoso dominio de la acuarela que Ross demuestra en cuanto se le concede una oportunidad.

Nos hallamos ante un relato de épica crepuscular, en el que Superman, Wonder Woman y el resto de la Liga de la Justicia son veteranos que han aceptado pasar a un segundo plano, e incluso a la vida civil, mientras que los supervillanos ocupan el lugar de los vigilantes.

El enfrentamiento entre los superhumanos de ambas facciones es inevitable, y dos inteligencias –la de Bruce Wayne y la de Lex Luthor– compiten a la hora de diseñar una estrategia que lleve a unos o a otros hasta la victoria.

En buena medida, Alex Ross repite con DC la misma jugada creativa que le llevó a triunfar con Marvels en 1994, centrada en personajes de la otra gran empresa que rige los destinos del cómic norteamericano, Marvel.

Obviamente, el tema de fondo es muy similar al de dos obras de Alan MooreWatchmen (1986–1987) y la que se considera su obra perdida, Twilight of the Superheroes. No obstante, aunque es tentador pensar en posibles influencias, sabemos que Ross concibió la idea siendo un adolescente, a comienzos de los ochenta.

Dado que Kingdom Come se asienta en el futuro pero involucra a figuras con un pasado muy específico, los editores quisieron que Mark Waid, profundo conocedor del panteón DC, estuviera ligado a tan ambicioso proyecto.

Evitando cualquier apunte de maniqueísmo, la obra plantea un contraste entre los viejos héroes y esos metahumanos de moral más que difusa, que adquieren protagonismo en lo que parecen los prolegómenos de un apocalipsis global.

El retiro de Superman y la caída del mundo en el caos son los primeros hitos de una trama que va creciendo en dimensiones, y que acaba enfrentando a un enorme catálogo de personajes. En cierto modo, este es uno de esos cómics que pueden leerse como una suerte de Quién es quién en el universo DC.

Otro acierto es la inclusión de una persona común, el pastor Norman McCay, como testigo. Su punto de vista permite que acontecimientos extraordinarios y temas profundos –la redención, el perdón…– sean vistos por el lector sin que se pierda un ápice de verosimilitud.

Y ya que hablamos de realismo, conviene resaltar que esta es una obra de arte ejecutada por un pintor realista, Ross, que por esos caprichos que tiene el arte ha elegido a los superhéroes como su tema predilecto.

Sinopsis

Superman se ha retirado, y sin su influencia, el mundo ha aceptado a una nueva generación de héroes encabezados por Magog que recurren a la violencia y a la barbarie para impartir su particular visión de la justicia. No obstante, la amenaza de un futuro apocalíptico fuerza el regreso del Hombre de Acero… y el choque con los recién llegados será inevitable.

En 1996, el guionista Mark Waid y el dibujante Alex Ross asombraron al mundo con Kingdom Come, un Otros Mundos que sirvió como alegoría de la situación que vivía el género superheróico y que se convirtió en un clásico instantáneo. Ahora, ECC Ediciones presenta esta edición integral que incluye las cuatro entregas de la miniserie original y numerosos extras.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © DC Comics, ECC. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como "Cuadernos Hispanoamericanos", "Album Letras-Artes" y "Scherzo".
Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte).
Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos. Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.