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Crítica: «Spider-Man: No Way Home» (Jon Watts, 2021)

Nos hemos habituado a una serie de anglicismos que retornan cada vez que Marvel lanza una nueva producción de superhéroes. Sobre todo, tres de ellos: fan service (detalles para divertir a los seguidores más fieles), spoiler (destripe, espóiler, o como decíamos en tiempos más inocentes: «contar el final») y hype (en español: expectación).

Estos tres elementos han sido empleados con mucha astucia a la hora de publicitar cada nueva entrega de la franquicia. Por definición, estas superproducciones están diseñadas para agradar a los fans (supongo que como todo el cine que se ha hecho y se hará), para revelar sorpresas que no conviene contar (algo que ya sabía el maestro Hitchcock) y para generar grandes expectativas.

Aun siendo una buena película, en el caso de Spider-Man: No Way Home esos tres factores invitan a reflexionar sobre la deriva que está tomando este género comercial. Que quede entre nosotros: lo del fan service me recuerda a esos periodistas y escritores que comparten sus escritos en las redes sociales, y modifican su estilo o sus opiniones en cuanto mil tuiteros les marcan otro camino. En el cine, ir a favor de las modas ha sido siempre lo habitual, pero me gustaría creer que aún es posible un cine comercial con personalidad propia.

¿Y qué decir del hype? Cada vez que oigo esa palabra en inglés, siento que el público actual no hubiera sobrevivido en aquellos tiempos en los que una producción americana podía tardar meses (¡o más de un año!) en llegar a nuestras pantallas.

En cuanto a la razonable advertencia de no destripar las sorpresas, creo que en Spider-Man: No Way Home se convierte en un rasgo que quizá sea contraproducente a largo plazo. Me explicaré (aunque sé que solo me entenderán los lectores más veteranos). ¿Se imaginan que para disfrutar cumplidamente de Terminator2 hubiéramos tenido que ver otras siete películas aparte de Terminator? Este es un recurso que nos aproxima a los crossovers televisivos y al multiverso de los tebeos, pero no sé si el cine resistirá con la misma facilidad este aluvión de referencias cruzadas, sobre todo cuando pasen unos cuantos años. Supongo que sí, pero añoro esos tiempos en que las historias no eran tan porosas y arborescentes.

En cualquier caso, les recomiendo que hagan sus deberes: para pasarlo como es debido a la hora de ver esta película, conviene recordar los films de Spider-Man interpretados por Tobey Maguire y por Andrew Garfield, más las dos películas previas protagonizadas por Tom Holland, dando por supuesto que uno también tiene en la memoria el resto de las películas y teleseries de Marvel. El suma y sigue se completa con dos escenas post-créditos que terminan de reunir a los últimos invitados a la fiesta.

Al hilo de lo que acabo de decir, el film de Jon Watts quiere abarcar tanto que más vale apreciarlo a dos niveles. Por un lado, como artefacto referencial y nostálgico (Prepárense para ver muchas caras conocidas… y también envejecidas). Y por otro, como aventura juvenil.

Sobre lo primero, les confieso que la vorágine de personajes antiguos y recientes puede resultar magnética, y acaso entrañable, pero al final, siento que, de forma inevitable, este «quién es quién» de secundarios y cameos dispersa mi atención. En esos momentos, la historia comienza a escabullirse por las grietas, y el efecto se limita a un reencuentro feliz con este o aquel actor.

No es algo molesto, por supuesto que no, pero tampoco estoy seguro de que el conjunto mantenga el equilibrio del mismo modo en que lo hacía en su más directo precedente: Spider-Man: Un nuevo universo (2018), donde también se aprovechaban las posibilidades del multiverso.

Sin embargo, cuando volvemos a lo que de verdad vertebra el film ‒las alegrías y penurias del trío formado por Holland, Zendaya y Batalon‒, la película adquiere el tono luminoso y agradable que ya comprobamos en las dos anteriores entregas.

Por lo demás, el despliegue de efectos visuales funciona tan bien como el reparto, en lo que viene a ser una nueva demostración de músculo por parte de Marvel. Como cinta familiar, tampoco hay nada que reprocharle a este Spider-Man: No Way Home, diseñada a conciencia para reventar la taquilla.

Sinopsis

Por primera vez en la historia cinematográfica de Spider-Man la identidad de nuestro héroe de barrio de 17 años es revelada al mundo entero, poniendo en el ojo público su vida y la de sus seres queridos. Las amenazas y caos que persiguen a Spider-Man le cuestan a Peter, MJ y Ned (a los que la prensa apoda como sus cómplices) su entrada en la universidad. Incapaz de quedarse de brazos cruzados viendo cómo les arrebatan su sueño a sus amigos, Peter le pide a Doctor Extraño que restaure su secreto. Doctor Extraño, que lleva sobre los hombros el peso de la decisión que acabó con la vida del mentor de Peter (Tony Stark), es conmovido por su petición y acepta ayudarle.

Cuando Doctor Extraño empieza a lanzar el hechizo, Peter se da cuenta de que también hará que MJ, Ned, May y Happy olviden que es Spider-Man, por lo que decide cambiar los parámetros para que todo vuelva a ser como antes de que Mysterio revelase su identidad. Es entonces cuando destapa sin darse cuenta la caja de Pandora y empiezan a aparecer personas de todos los universos que conocen su identidad secreta. Doctor Extraño consigue contener el hechizo antes de que un número infinito de visitantes consigan atravesar, pero desafortunadamente para Peter, los que sí lo consiguen son sus enemigos de otros universos. Peter deberá entonces enfrentarse a los peores villanos con los que Spider-Man haya luchado en cada universo mientras intenta proteger su futuro con MJ y Ned. En esta poderosa culminación de la historia original de Peter Parker, veremos cómo los héroes de verdad hacen duros sacrificios diariamente para ayudar a los demás.

La culminación de la trilogía de Homecoming ha sido un proceso muy emotivo para todo el equipo de rodaje desde el principio. Es el último año de instituto de Peter Parker y todas las miradas están puestas en él. Estaba claro que No Way Home sería el capítulo final en esta historia sobre la llegada a la adultez de Peter. “En Capitán América: Civil War Stark le pregunta a ver si es Spider-Boy. En las películas anteriores Peter sí que ha sido Spider-Boy, pero en esta se convierte en Spider-Man” dice Tom Holland, quien retoma el papel de Peter Parker en esta nueva película. “Se hace mayor, da un paso adelante y toma sus propias decisiones como un Vengador con todas las letras”.

“Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Son unas palabras que han sido más que un lema, son un rito de iniciación, una llamada a la acción y marcan el final de la infancia, algo que hemos podido ver en los cómics, la serie de televisión, la trilogía dirigida por Sam Raimi, las dos películas de The Amazing Spider-Man dirigidas por Marc Webb y en todo el Universo cinematográfico de Marvel (MCU por sus siglas en inglés). En Homecoming y Lejos de casa Peter hace algún sacrificio para hacer lo correcto, pero en esas películas sigue protegido por su identidad secreta. En No Way Home tendrá que tomar decisiones mucho más complejas, ya que la vida de Peter y Spider-Man se acaban uniendo. “Peter siempre intenta hacer lo correcto” dice Jon Watts, que vuelve a sentarse en la silla de director en Spider-Man: No Way Home. “Aunque no siempre es fácil saber qué es lo correcto, y Peter es capaz de convencerse de que ‘lo correcto’ es lo que le viene bien a él. Está dividido entre lo que quiere en el presente y dónde le está llevando el destino. A veces hay situaciones que parecen muy claras pero que acaban siendo mucho más complejas”.

Peter nunca lo ha tenido tan complicado como ahora para averiguar qué es lo correcto. “No Way Home empieza justo donde acaba Lejos de casa, que es lo que siempre hemos querido hacer con una historia” comenta el productor Kevin Feige. “Y aquí por fin lo hemos conseguido, aunque a Peter no le van tan bien las cosas. Está empezando su último año de instituto y todo es un caos, el punto opuesto en el que le encontramos en Homecoming”.

El diseñador de producción Darren Gilford siente que lo único mejor que trabajar en una película de Spider-Man es trabajar en una de Spider-Man y Doctor Extraño. “Me emocioné mucho cuando Jon me contó que Benedict iba a estar en esta película” confiesa Darren. “Soy un gran seguidor y amigo de Charlie Wood, que es el diseñador de las películas de Doctor Extraño y Los Vengadores. Trabajé para Charlie hace años, así que ha sido muy emocionante retomar donde él lo dejó”.

El trabajo del coordinador de escenas peligrosas, George Cottle, empezó con las escenas de Tom Holland. “Tom es el que ha determinado el ritmo de la película y del día de rodaje” dice Cottle. “Todas las mañanas llegaba muy motivado, saludando a todo el mundo y preparado para todo. Jon Watts y él han aportado un 110% todos los días. Cuando ves toda esa energía y pasión te hace querer darlo todo”.

También ha sido complicado para la supervisora de efectos visuales, Kelly Port, traer a la vida a los míticos villanos: Doctor Octopus, Duende Verde, Electro, Hombre de Arena y Lagarto. El espectador conoce a los personajes, por lo que ya tiene una idea preconcebida de cómo es su apariencia y cómo se tienen que mover. Por otro lado, la tecnología ha avanzado enormemente desde la primera película de Spider-Man en 2002. “Mucha de la tecnología digital de las películas de Raimi y Webb ya no se utiliza, por lo que tuvimos que empezar de cero” comenta Kelly.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

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Guzmán Urrero

Guzmán Urrero

Colaborador de "La Lectura", revista cultural de "El Mundo". Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como "Cuadernos Hispanoamericanos", "Album Letras-Artes" y "Scherzo".
Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte).
Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos. Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.