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Crítica: «Muerte en el Nilo» (Kenneth Branagh, 2022)

Para los seguidores de Agatha Christie, Muerte en el Nilo (1937) es una de sus novelas más logradas. No solo por su ambientación exótica, sino por el modo en que Poirot, ese expolicía belga, bajito, elegante y de estómago delicado, resuelve un crimen en el que se entremezclan el amor y la codicia. Se trata de un buen libro que nos atrapa hasta en el último detalle, aunque no cambie la vida de nadie y se limite a cumplir la doble promesa que siempre hizo doña Agatha: intrigar al lector y poner a prueba su ingenio.

En esta adaptación cinematográfica, Kenneth Branagh regresa al territorio de Hércules Poirot por segunda vez, tras Asesinato en el Orient Express (2017). La película nos cuenta, poco más o menos, que la gente de vida fácil sabe cómo complicar el destino. El resto viene solo. Es algo que, en el universo de Christie, tiene todo el sentido. Al fin y al cabo, las novelas de Poirot nos llevan a una realidad paralela: suntuosa, cordial, refinada, brillante, y por supuesto, llena de giros y peligrosísima.

La trama principal del libro se respeta en pantalla, pero los cambios son numerosos y significativos, sobre todo en lo que se refiere a los personajes. Hay algunos que desaparecen y otros se muestran como una fusión de los caracteres que inventó Christie. Yendo a lo esencial, reconocemos en la película al trío que protagoniza la novela: la heredera Linnet Ridgeway-Doyle (Gal Gadot), su novio, Simon Doyle (Armie Hammer) y la antigua prometida de Simon, Jacqueline (Emma Mackey).

El resto del reparto, mulrirracial y compacto, trata de contentar al público británico y al estadounidense. Por ejemplo, aquí reconocemos al dúo cómico que formaron, allá por los ochenta, Jennifer Saunders y Dawn French. Sophie Okonedo y Letitia Wright dan vida a una cantante de blues y a su sobrina y manager (nada que ver con la novela). Annette Bening interpreta a una pintora muy quisquillosa, de buena posición social, que sobreprotege a su hijo Bouc (Tom Bateman), buen amigo de Poirot. Con menor oportunidad de lucimiento, Russell Brand encarna al aristócrata y médico Linus Windlesham.

El mejor modo de disfrutar de un libro de Agatha Christie consiste en imaginar una lista de sospechosos. Lo mismo nos anima a hacer Branagh, que narra con soltura una historia al viejo estilo, modernizada aquí y allá con ingredientes woke, pero sin perder un clasicismo autoconsciente.

Al fin y al cabo, el público objetivo de la cinta somos los más veteranos de la sala, acostumbrados a disfrutar con personajes que se tratan de usted, mantienen diálogos con substancia y saben manejar los cubiertos en la mesa.

Aunque traicione levemente lo que Christie escribió a propósito de Poirot y su crucero por el Nilo, me encanta ese preámbulo en blanco y negro, donde el personaje es un joven soldado de la Primera Guerra Mundial. Habrá quien considere que el detective no necesita esa profundidad dramática ni esas motivaciones, pero hay que reconocer que la idea de Branagh no es mala y está bien contada. De hecho, toda la película está filmada con dinamismo, competencia y buen gusto.

Como ven, Muerte en el Nilo tiene casi todo lo que uno espera en este tipo de producciones: un reparto luminoso, escapismo elegante, cadáveres exquisitos y un sólido trabajo de dirección artística. Echo en falta, eso sí, un poco más de esa ironía y de esa gracia que Agatha Christie maneja primorosamente en sus libros.

Sinopsis

Basada en la novela de 1937 de Agatha Christie, Muerte en el Nilo es un fascinante thriller de misterio dirigido por Kenneth Branagh sobre el caos emocional y las consecuencias letales que provocan los amores obsesivos. Las vacaciones egipcias del detective belga Hércules Poirot a bordo de un glamuoroso barco de vapor se convierten en la aterradora búsqueda de un asesino cuando la idílica luna de miel de una pareja perfecta se ve truncada de la forma más trágica. La aventura se desarrolla en un paisaje de leyenda con maravillosas vistas al desierto y a las majestuosas pirámides de Giza. Se trata de un cuento de pasión desenfrenada y celos destructivos protagonizada por un grupo de personajes cosmopolitas impecablemente vestidos. Los impactantes giros y dilemas de la historia dejarán al público preguntándose qué ha ocurrido hasta el estremecedor desenlace final.

«La componente sexual de la historia original de Agatha Christie es tremendamente potente, y los personajes se ven arrastrados por la lujuria, la pasión y los celos. Y esas obsesiones sexuales son tan peligrosas que en última instancia acabarán en un asesinato», dice Branagh. «Es el libro más inquietante de Agatha Christie. Debajo del barniz de sofisticación, sensualidad, glamour y romance, la escritora nos deja ver un mundo frágil, peligroso y perturbador».

Los realizadores tuvieron el privilegio de contar con dos familiares de la famosa escritora, Matthew Prichard y James Prichard del Agatha Christie Estate. Ambos se implicaron en la producción y sus aportaciones tuvieron un valor incalculable a la hora de comprender la opinión personal de la escritora sobre este libro en concreto. «En gran medida, sus libros tienen tanto éxito porque la componente humana siempre está ahí y eso representa una gran ventaja para nosotros», afirma Branagh. «No es una escritora que se limite a contarnos cómo se resuelven todos esos acertijos ingeniosos, escribe sobre personas reales».

El rodaje de Muerte en el Nilo arrancó en septiembre de 2019 y tuvo lugar en los escenarios y platós de Longcross Studios a las afueras de Londres, así como en varias localizaciones exteriores del Reino Unido. La película se rodó siguiendo el orden cronológico de la historia en varias semanas de cinco días. Los sábados, el director y productor Kenneth Branagh ensayaba en privado con el reparto. El rodaje terminó en diciembre de 2019.

La película fue un reencuentro entre Branagh y muchos miembros del excelente equipo creativo con el que colaboró en Asesinato en el Orient Express. Este equipo incluye al director de fotografía Haris Zambarloukos (Artemis Fowl, Cenicienta); al diseñador de producción Jim Clay (Hijos de los hombres, Love Actually); al compositor Patrick Doyle (Thor: Ragnarok, Macbeth); al supervisor de efectos especiales David Watkins (Animales fantásticos y dónde encontrarlos, Guerra Mundial Z); y al supervisor de efectos visuales George Murphy (Forrest Gump). El diseñador de vestuario Paco Delgado (Los Miserables, La chica danesa) se incorporó al equipo junto con la montadora Una Ni Dhonghaile (El Gordo y el Flaco, The Crown).

Desde el primer día, los realizadores se dieron cuenta de que era un gran privilegio poder trasladar a los espectadores de cine a lugares exóticos gracias a la imaginación de Agatha Christie, y nunca dieron por sentado que necesitaban recrear esa energía y esa emoción en la pantalla. Como resultado, Muerte en el Nilo se rodó en una película de 65 mm y se ofrecerá en 70 mm en las salas de cine, un tipo de realización cinematográfica muy inmersivo y que es especialmente adecuado para una película con un gran reparto coral.

El diseñador de producción Jim Clay quiso utilizar el mayor número posible de sets físicos. El rodaje comenzó en el parque acuático de los Cotswolds, donde se construyó un mercado de especias egipcio con los lagos de Cleveland haciendo las veces del Nilo. Después, el equipo se trasladó a los Longcross Studios y al Plató 1, donde se habían recreado partes del Cataract Hotel de Asuán. En ese hotel, situado en el desierto de Nubia a orillas del Nilo, es donde Agatha Christie empezó a escribir Muerte en el Nilo. Los realizadores habían visitado el verdadero hotel al principio de la preproducción y trabajaron incansablemente para diseñar el enorme set que transmitiera toda la grandeza perdida y el glamour necesarios para un escenario tan significativo.

La recreación del gran templo de Abu Simbel, las cuatro estatuas antiguas de Ramsés II que se conservan a día de hoy en Asuán, Egipto, fue otro proyecto que implicó un gran trabajo de construcción. Abu Simbel es uno de los lugares que visitan los invitados a la boda mientras navegan por el Nilo. Clay y su equipo recrearon el complejo formado por los dos templos en un plató de Longcross Studios. Los realizadores habían visitado el templo original cuando buscaban localizaciones en Egipto y Marruecos. Tomaron medidas y un sinfín de fotos que después utilizaron para crear un scan digital a escala.

Pero entre todos estos sets extraordinarios, la construcción más majestuosa fue sin duda el S.S. Karnak, el enorme y lujoso barco de vapor con ruedas laterales, con toques orientales e interiores exquisitos, construido en el Skidpad de Longcross. Branagh quería que el barco resultara amenazante y parecido a un tiburón mientras navegaba por las peligrosas aguas del Nilo. Clay y su equipo investigaron la flota de Thomas Cook, que tenía tres o cuatro barcos funcionando en ese momento; tomaron elementos de cada uno y posteriormente diseñaron los suyos propios.

En un principio, los realizadores planearon construir un barco de vapor de verdad y botarlo en un lago lo suficientemente grande y ancho como para parecerse al Nilo, pero al final decidieron construir una estructura especial para albergar el barco. Gracias a esta estructura, el barco podía utilizarse para diferentes tomas y, al mismo tiempo, permitía la creación digital de agua. El gran plató modular, que se bautizó con el nombre de «superestructura», se construyó al final de una vía férrea (la misma vía férrea utilizada en Asesinato en el Orient Express). Serious Stages construyó el plató que medía 116 x 48 metros, y que se encarga de los escenarios del Festival de Glastonbury.

El súper escenario se diseñó teniendo en cuenta los requisitos de iluminación de Zambarloukos. Tenía una rejilla de iluminación personalizada y pantallas retroiluminadas que se alineaban en el perímetro del set y proporcionaban luz ambiental para recrear el sol egipcio, y también permitía pasar rápidamente a la pantalla azul cuando fuera necesario, todo con el toque en un iPad. «El hecho de que no tuviéramos agua alrededor del barco significaba que podíamos trabajar todos los días con mucha mayor facilidad», dice riendo Clay.

El deslumbrante vestuario de Muerte en el Nilo es obra de Paco Delgado, nominado al Oscar®, y representa su primera colaboración con el director y productor Kenneth Branagh. El diseñador de vestuario se sintió inmediatamente atraído por el deseo de Branagh de aportar un toque de modernidad a la época. «Ken quería un enfoque de época muy elegante y más contemporáneo, en lugar de una simple reproducción», dice Delgado.

Para Delgado, no se trataba de reproducir la jerarquía social de la década de 1930… quería que el público sintiera que estos personajes son reflejos mucho más cercanos de ellos mismos. El diseñador de vestuario investigó la época y eligió formas y diseños, colores, patrones e ideas, teniendo siempre en mente la visión de Branagh. «No hemos intentado hacer una película contemporánea, pero buscamos los elementos que resultaran más atractivos en un contexto contemporáneo», explica el diseñador.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © The Estate of Agatha Christie, 20th Century Studios. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Colaborador de "La Lectura", revista cultural de "El Mundo". Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como "Cuadernos Hispanoamericanos", "Álbum Letras-Artes" y "Scherzo".
Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte).
Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos. Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.

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