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«Astro Boy» (2009), de Dave Bowers

Astro Boy es uno de los grandes clásicos del manga y el anime. Fue creado por Osamu Tezuka, el padre de ese estilo tan característico del manga reconocible por sus personajes adolescentes de grandes ojos. Su obra ha alcanzado el estatus de legendaria entre los aficionados al cómic japonés gracias a títulos como Kimba el león blanco o Black Jack, pero fue probablemente Astro Boy su creación más popular. Por otra parte, el propio Tezuka ejerció durante un tiempo labores de director de anime y sus cómics han servido de base para películas como Space Firebird 2772 (1980), Único (1981) o Metropolis (2001).

Astro Boy, el manga original, nació en 1951 con el título Tetsuwan Atomu (que se podría traducir como El Poderoso Átomo) y sus aventuras se serializaron hasta 1968. Su fama le llevó a protagonizar una serie de animación para la televisión que se emitió desde 1963 a 1966. Cuando la NBC adaptó la serie al inglés, se le bautizó como Astro Boy, un nombre que a su vez sería adoptado por sucesivas versiones japonesas.

Tanto el manga como el anime contaban la historia del androide Astro Boy, creado inicialmente por el Dr. Tenma para reemplazar a su fallecido hijo, pero al que luego rechazó. Más tarde, el profesor Elefun adopta al robot y fabrica para él toda una familia androide. Las aventuras de Astro Boy narraban sus peripecias superheroicas para defender la Tierra de diversas amenazas.

Entre 1980 y 1981, la serie de anime fue resucitada en la forma de 52 episodios bajo el título El nuevo Astro Boy, y simplemente como Astro Boy (2003-2004) por otros 50 episodios más. A lo largo de los años, se fueron estrenando películas de Astro Boy que no eran sino refritos de episodios televisivos… hasta 2009, cuando, por fin, más de medio siglo después de su creación, los seguidores del personaje pudieron dar la bienvenida a su auténtica primera película.

En el futuro, la Humanidad vive en Metro City, una ciudad que flota sobre la supuestamente abandonada superficie de la Tierra. La utilización de robots se ha convertido en algo tan general y cotidiano que se los considera algo desechable. Toby, el joven hijo del profesor Tenma, idea un plan para colarse en la demostración que su inventor padre va a realizar presentando a su nuevo robot Pacificador. Allí, el presidente Stone, que está en campaña para su reelección jugando la baza de una posible guerra contra la superficie, exige que el núcleo de Energía Azul que alimenta al Pacificador sea sustituido por la peligrosa Energía Roja Negativa. El gran robot siembra entonces el caos y Toby muere antes de que aquél pueda ser finalmente desconectado.

Abrumado por la pena, el doctor Tenma construye un androide alimentado por la Energía Azul, cuya apariencia no sólo es indistinguible de la de Toby, sino que lo programa con sus recuerdos. Pero cuando el robot empieza a mostrar el deseo de divertirse, el Dr. Tenma se siente decepcionado: tiene la memoria de su hijo, pero no su personalidad. El nuevo Toby mecánico, entretanto, descubre que tiene habilidades extraordinarias, como unos cohetes en sus pies que le permiten volar, y una tremenda fuerza física. Sin embargo, sus vuelos llaman la atención del presidente Stone y los militares, que se proponen capturarlo. En uno de esos intentos, Toby queda inconsciente y cae a la superficie.

Allí es encontrado por niños huérfanos y viejos robots desechados de Metro City. Los muchachos bautizan al androide como Astro, aunque éste no les revela que en realidad su naturaleza no es humana. Se pone de parte de los robots que son obligados a luchar como gladiadores para diversión de humanos y luego pasa a enfrentarse al presidente Stone, que reactiva el Pacificador utilizando, de nuevo, la Energía Roja Negativa.

Astro Boy, la película, es un producto de la compañía con base en Hong Kong Imagi Animation, que un par de años antes había producido el anime Los inmortales: En busca de la venganza (2007) y la cuarta película de las Tortugas Ninja, esta vez en animación por ordenador (2007). Las labores de dirección fueron otorgadas a Dave Bowers, un británico que se había labrado su propio camino en el mundo de la animación desde que empezara en 1988 como animador básico en ¿Quién engañó a Roger Rabbitt? hasta debutar como director un año antes con Ratónpolis (2006).

La película propuso varios cambios respecto a la historia del manga y el anime que suscitaron no poca polémica entre los seguidores del personaje. En la historia original, el Dr. Tenma, equivalente futurista del Dr. Frankenstein, reconstruye a su hijo Toby después de que éste muera en un accidente de coche. Además, el inventor tiene un sesgo mucho más cruel en el cómic y la serie televisiva, culminando su rechazo a Astroboy en la venta de éste al circo del despiadado Hamegg.

En la película, en cambio, la personalidad y los actos del científico se suavizan mientras que Hamegg se reinventa como un personaje más similar al Fagin de Oliver Twist (1838), un recolector de huérfanos a los que alimenta y cobija sólo para utilizarlos en su propio beneficio. También a diferencia del cómic, el doctor Elefun juega un papel secundario como simple ayudante del Dr. Tenma. El argumento de un niño robot rechazado por su progenitor y tratando de encontrar el camino a casa y las destrucciones públicas de robots como entretenimiento parecen ser algo más que una mera coincidencia con A.I: Inteligencia Artificial (2001).

En la pantalla, Astro Boy parece algunas veces rebosante de florituras técnicas y otras inocentemente simplón. Imagi realizó un admirable esfuerzo gráfico –los personajes parecen cuidadosamente coloreados por un aerógrafo y los fondos son impresionantes‒. La animación por ordenador le da a todo un aspecto vivo y exuberante, y el equipo técnico disfrutó obviamente con varias de las secuencias, como aquella en la que Astro Boy aprende a volar; o cuando los militares le persiguen por los cielos de la ciudad y tratan de capturarlo; o las batallas en la arena de los Juegos Robóticos.

El problema es que el espectador acaba disfrutando más de la pulida estética de la película que de su historia, reducida a una serie de tópicos simplistas e ideas recicladas. El grueso del argumento está construido a base de unir retales de otras películas: quejumbrosos huérfanos abandonados, malvados militares, máquinas representadas como una minoría reprimida, energías buenas contra malas, el chico que es incapaz de decirle a sus amigos la verdad por temor a sufrir su rechazo… Tenemos también a una predecible serie de robots que ejercen de secundarios cómicos y que en una película normal de animación estarían representados por animales: una papelera robótica que actúa como un perro, un criado robótico, una pareja de limpiadores robóticos de ventanas y un trio de ineptos revolucionarios robóticos. Nada nuevo.

Sí resulta más sorprendente encontrar en una película «familiar» –detestable eufemismo que sustituye a «infantil»– la presencia de un personaje como el Presidente, quien trata de encontrar una excusa con la que comenzar una guerra que garantice su reelección, y que constituía una nada sutil caricatura de George W. Bush. Pero claro, además de que llegó tres años tarde para surtir el efecto satírico que pretendía, uno se pregunta qué sentido tiene incluir ese guiño en una película claramente destinada a los más jóvenes.

Astro Boy ha disfrutado de cierto aprecio entre los fans más estúpidamente ortodoxos por cosas tales como mencionar las Tres Leyes de la Robótica de Asimov, pero en general el mundo en el que se ambienta la acción es simplón y poco trabajado. La gente que vive en la ciudad flotante tiene miedo del mundo de la superficie, mientras que el trabajo robótico está tan normalizado que es desechable. Resulta difícil de creer que alguien construiría una ciudad para escapar de la superficie y no hacer cosas tan consecuentemente obvias como, no ya vigilar qué está ocurriendo bajo sus pies, sino simplemente saber si está habitado (especialmente teniendo en cuenta que el Presidente quiere iniciar una guerra contra la superficie). Es más, si Metro City considera a los robots como algo tan fácil de obtener que no es necesario ni reciclar y que nadie baja a la superficie para trabajar en las minas, ¿de dónde procede entonces todo el metal necesario para construir los nuevos ejemplares? Las mismas incongruencias lógicas dominan el mundo de la superficie: si sólo está habitado por huérfanos… ¿dónde están sus padres?

En resumen, una película que obvia los elementos potencialmente más trágicos del perfil del personaje y su mundo para asegurarse la atención de una audiencia infantil. Una decisión que demostró ser errónea si nos atenemos a los resultados económicos: la película no consiguió recaudar ni siquiera su coste y llevó al cierre de los estudios americanos de Imagi. Si eres adulto, podría interesarte verla por su bella estética y el dinamismo de sus escenas de acción, pero seguramente no por su argumento. Tan entretenida como intrascendente.

Copyright del artículo © Manuel Rodríguez Yagüe. Publicado previamente en Un universo de ciencia ficción y editado en Cualia con permiso del autor. Reservados todos los derechos.

Manuel Rodríguez Yagüe

Como divulgador, Manuel Rodríguez Yagüe ha seguido una amplia trayectoria en distintas publicaciones digitales, relacionadas con temas tan diversos como los viajes ("De viajes, tesoros y aventuras"), el cómic ("Un universo de viñetas"), la ciencia-ficción ("Un universo de ciencia ficción") y las ciencias y humanidades ("Saber si ocupa lugar"). Colabora en el podcast "Los Retronautas".