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«Terminator: Las crónicas de Sarah Connor» (2008-2009), de Josh Friedman

Algunas de las mejores y peores series de televisión han tenido su origen en la gran pantalla: Stargate, El Planeta de los Simios, La Fuga de Logan, Los Inmortales, Beyond Westworld, Starman, Blade … o la que ahora nos ocupa, Terminator: Las crónicas de Sarah Connor.

Teniendo a su Terminator por excelencia, Arnold Schwarzenegger, ocupado en otros proyectos, los productores Andrew Vajna y Mario Kassar dirigieron su atención a la pequeña pantalla. En 2002, C2 Pictures junto al guionista Josh Friedman (responsable de la versión de 2005 de La Guerra de los Mundos), comenzaron a desarrollar una serie de televisión basada en las películas del ciborg asesino del futuro. La idea de Friedman era que la historia arrancara varios años después de los acontecimientos narrados en Terminator 2 y que se centrara en el personaje de Sarah Connor.

El episodio piloto, escrito por Friedman y dirigido por David Nutter, fue rodado en 2006. Unos días antes de que la serie fuera adquirida por la cadena Fox en 2007, la productora C2 se disolvió y los derechos de Terminator fueron vendidos a Halcyon Company (Vajna y Kassar siguieron en el proyecto como productores). Halcyon había sido constituida con el propósito específico de hacerse con todos los derechos de

Terminator, y para cuando Terminator: Las Crónicas de Sarah Connor se estrenó el 13 de enero de 2008, una cuarta película de la franquicia ya estaba en preproducción.

En una entrevista concedida en 2007, Friedman explicó la relación de la serie televisiva con las películas, puesto que lo que se narraba en aquella parecía estar en clara contradicción con Terminator 3: «Creo que lo que ocurre con T3 es, obviamente, que no estaba Sarah Connor, y eso era algo con lo que los aficionados nunca estuvieron satisfechos… Así que casi pienso en esta serie como T3. Para mí, ocupa su lugar. Pero también podría ser una línea temporal alternativa. Conozco a mucha gente muy preocupada por la continuidad, el canon y todo eso».

La acción del episodio piloto comienza en 1999. Sarah Connor (Lena Headey) es una fugitiva buscada por el FBI por su participación en el asalto a Cyberdyne y su supuesto asesinato de Miles Dyson (hechos narrados en T2). Mientras ella y John (Thomas Dekker) viven protegidos por identidades falsas en Nuevo Mexico,

un Terminator que se hace pasar por un profesor en el instituto de John abre fuego en mitad de la clase a la que él asiste. En el último momento, le salva la vida su compañera Cameron (Summer Glau), quien resulta ser un Terminator bueno cuya misión es protegerle –su nombre es un claro homenaje al hoy mundialmente famoso creador de ese universo–. Cameron ayuda a los Connor a escapar del Terminator llamado Cromartie con la ayuda de un dispositivo de desplazamiento temporal que les permite saltar ocho años al futuro, a septiembre de 2007.

Friedman tuvo la inteligencia suficiente como para entender que a la hora de plantear una serie de televisión era necesario ampliar y enriquecer el concepto central que animaba a Terminator: la persecución. Las dos películas de Cameron eran básicamente frenéticas persecuciones repletas de tiroteos y explosiones, excelentemente bien dirigidas, pero cuya repetición semana tras semana, episodio tras episodio, resultaría repetitivo y aburrido.

La clave estaba pues en desarrollar otros hilos argumentales, compaginar la acción con el drama personal y los momentos reflexivos. Y el formato televisivo era ideal para ello al disponer de la amplitud temporal suficiente como para poder desarrollar a los personajes a lo largo de toda la temporada, explorar sus sentimientos y relaciones en toda una serie de diversas situaciones.

La acción se desarrolla en tres frentes. En primer lugar, por supuesto, la permanente huida del implacable Terminator Cromartie, cuyo objetivo es asesinar a John Connor. En segundo lugar, los intentos de Sarah de esquivar la persecución del FBI por crímenes que no cometió. Y en tercer lugar, la autoimpuesta misión de la propia Sarah de acabar con Skynet antes de que tome conciencia de sí misma y se haga con el control del planeta. En la serie se desarrolla de forma alternativa respecto a T2 la historia del surgimiento de Skynet. Conocemos de esta forma su origen como simple juego de ajedrez y su desarrollo como parte de un programa de inteligencia artificial por una empresa diferente a Skynet.

Aprendemos también que los visitantes del futuro son más abundantes de lo que se creía. Hay Terminators trabajando de incógnito para acumular coltán (con el que se construirán en el futuro los endoesqueletos de los robots); o asesinar a miembros de la resistencia humana que viajaron en el tiempo con el fin de averiguar el verdadero origen de Skynet e impedir la cadena de acontecimientos que darán como resultado el deprimente futuro del que provienen.

Junto a la acción, el verdadero peso de la serie recae sobre los personajes, algunos rescatados de las películas y otros completamente nuevos. La genialidad de Friedman fue ir añadiendo capas a todos esos personajes, veteranos o recién llegados, al tiempo que nos descubría detalles sobre su pasado que ayudaban a comprender su carácter y motivaciones.

Así, tenemos en primer lugar a Sarah, tratando de conciliar su papel de madre con el de feroz protectora, obligada a tomar decisiones dolorosas tanto para ella como para John e incluso otros personajes con cuyas vidas tropieza, soportando la angustia que le da la certeza de su próxima muerte.

John, por su parte, intenta sin éxito y cada vez con más cinismo y menos esperanza, comenzar una nueva vida allí donde su permanente huida les lleva a establecerse. Incapaz de llevar la vida normal de un adolescente, sin amigos ni seres queridos aparte de su madre, vive el drama de no poder conectar con los sentimientos de ésta.

El personaje de Derek Reese (Brian Austin Greene), hermano de Kyle y por tanto tío de John, introduce un elemento adicional de tensión y fatalidad. Es un guerrero que ha visto lo que nos aguarda en el futuro y su violenta y amarga aproximación a los problemas va incluso más allá que la de Sarah. Es una nueva figura de autoridad que interfiere en la relación exclusiva que hasta ese momento habían tenido Sarah y John.

El flemático y tenaz agente del FBI James Ellison (Richard T. Jones) simboliza al hombre corriente, ignorante de lo que está por venir. Comienza persiguiendo a Sarah Connor por asesinato, pero sus pesquisas no hacen sino desconcertarle. Poco a poco va tomando conciencia de la verdad: que hay robots extraordinariamente sofisticados entre nosotros con un propósito nada tranquilizador. Sus creencias religiosas, su carrera y su sentido del bien y del mal se tambalean ante la evidencia revelada por sus investigaciones.

Y, por último, el fascinante robot femenino Cameron, interpretado por una sobresaliente Summer Glau. Dotado de una inteligencia artificial fría y lógica, nos hace ver lo absurdo de nuestro mundo e incluso la inconsistencia y fragilidad de nuestra condición humana. Pero, al mismo tiempo, trata de adaptarse a ella, imitando hábitos, lenguaje y, en último término, lo que parecen ser sentimientos y sensibilidad, pero desconectados de cualquier sentido moral.

La serie explora temas fascinantes: ¿Hasta qué punto podemos cambiar el futuro modificando el pasado? ¿Es aceptable el asesinato de una persona inocente si ello salva a millones? ¿Y si no estamos totalmente seguros de ello? ¿Asumiremos el riesgo? Y, por omisión, ¿podemos dejar morir a alguien si nuestra intervención pone en peligro nuestra vital misión? ¿Puede una inteligencia artificial evolucionar por sí misma hasta alcanzar autoconciencia e incluso sentimientos? ¿En qué se diferencian entonces de nosotros? ¿Cuál será su relación con el ser humano? ¿Es posible la auténtica inteligencia en ausencia de empatía? ¿Hasta dónde debe llegar el sacrificio personal? ¿Qué es el alma? ¿Podemos mantener nuestras creencias religiosas enfrentados a lo que parece una total ausencia de Dios?

Abundan las ideas interesantes y los momentos para recordar. En el quinto episodio, «Gambito de reina» (11 de febrero de 2008), un prometedor interés romántico para Sarah, el ingeniero Andy, presenta su computadora, el Turco, a un torneo de ajedrez para inteligencias artificiales. Si el Turco gana, es más que probable que acabe convirtiéndose en Skynet vía su adquisición por los militares, así que Cameron no dudará en asesinar a Andy. Finalmente, el Turco pierde, pero Andy muere igualmente a manos de quien menos se podía esperar…

«Lo que él vio» (3 de marzo de 2008), el último episodio de la primera temporada se abre con un flashback en el que vemos a un joven Derek Reese y su hermano Kyle jugando en su jardín en lo que resulta ser el Día del Juicio Final (que en la serie ocurre el 21 de abril de 2011). En el presente, un adulto Derek lleva a John el día de su cumpleaños a visitar ese parque, con esos mismos muchachos jugando a la pelota: John tiene, por fin, la oportunidad de ver a su padre –aunque de niño–. Mientras tanto, el agente Ellison dirige un asalto al motel donde se esconde el Terminator Cromartie. En una impactante secuencia acompañada de la apocalíptica canción de Johnny Cash When the Man Comes Around, Cromartie masacra a todo el escuadrón de agentes, dejando sólo a Ellison con vida.

El casting se prolongó durante dieciséis semanas, un plazo inusualmente largo para la televisión. La actriz británica Lena Headey (hoy más conocida por su participación en Juego de Tronos ) fue seleccionada para encarnar a Sarah. Headey no había visto las películas de Terminator, pero asimiló perfectamente su papel, consiguiendo una intensa interpretación en la que equilibraba su belleza, su papel de madre angustiada y su faceta de endurecida guerrera. Thomas Dekker interpretaría a su hijo adolescente John, un joven alienado al que desasosiega no sólo su presente, sino la certeza de un futuro que no desea.

Mención especial merece, ya lo hemos dicho, la interpretación de Summer Glau del Terminator Cameron. A pesar de su fisonomía esbelta, casi élfica, resulta un androide convincente y asesino incluso cuando se enfrenta a hombres considerablemente más grandes que ella. Con el fin de aproximarse al espíritu de la máquina, hubo de eliminar de su interpretación hábitos tan humanos como los giros espontáneos de la cabeza, el parpadeo o la gestualidad desenvuelta. Y hay que decir que salió más que airosa del desafío.

Los productores consiguieron asimismo respetar el apartado estético que tan brillantemente había concebido James Cameron para sus películas. Los robots fueron ligeramente modificados para hacerlos más verosímiles en sus movimientos. Los maquillajes prostéticos y las animaciones digitales se dosificaron por razones económicas, pero ello contribuyó a no dejar que la serie se convirtiera en un mero escaparate de efectos especiales y, en cambio, apoyarla en los personajes. En el sexto episodio, «Dragones y Mazmorras» (18 de febrero de 2008), a pesar del magro presupuesto propio de una serie televisiva, los productores consiguieron recrear con acierto el futuro postapocalíptico de edificios en ruinas, montañas de escombros y escondrijos subterráneos. Las escenas de acción están bien planteadas y ejecutadas, sin artificiosos saltos con cables, optando por las peleas realistas a pie de calle.

Aunque esa primera temporada debería haber contado con trece episodios, fue recortada a nueve a causa de la huelga del Sindicato de Guionistas. Su primera entrega, emitida tras un partido de clasificación de la Liga Nacional de Fútbol, fue seguida por 18 millones de personas. Su traslado a la parrilla del lunes por la noche tuvo como consecuencia una fuerte caída hasta los 8 millones de telespectadores, todavía una más que satisfactoria cifra para asegurar su continuación, sobre todo teniendo en cuenta que es casi imprescindible haber visto las dos primeras películas para poder entender la historia.

Así, la segunda temporada (ya con los habituales 22 episodios) debutó el 8 de septiembre de 2008, continuando los esfuerzos de los Connor por encontrar y destruir la incipiente Skynet. Pero también se añaden nuevas intrigas. Tras sufrir un atentado que malogra su chip, Cameron empieza a experimentar desconcertantes y peligrosos cambios de comportamiento. Su antigua programación, dirigida al asesinato de John Connor, intenta salir a la superficie, como también la parte de su inteligencia artificial extraída de una auténtica mujer del futuro. Además de todo esto, su continua curiosidad hacia el comportamiento humano la va acercando sutil pero decididamente hacia el mundo de las emociones, buscando amigos y desarrollando una peculiar relación con John.

Éste, por su parte, se hace adulto y trata de reafirmar su independencia distanciándose de su madre y tomando sus propias decisiones, acertadas en algunas ocasiones y equivocadas otras. Inicia una relación con una compañera del instituto, Riley que pondrá en peligro la vida de ambos. Sarah, preocupada por el deterioro de la relación con su hijo, busca ayuda profesional. Y el agente Ellison deja el FBI para aceptar la oferta de trabajo de una misteriosa mujer, Catherine Weaver (Shirley Manson) al frente de una poderosa corporación que intenta hacerse con el secreto de los robots asesinos. En un giro sorprendente de la historia, descubrimos que hay un sofisticado y manipulador Terminator T–1001 manipulando los peones tras las bambalinas.

Derek, por su parte, descubre que Jesse (Stephanie Jacobsen), su pareja sentimental en el futuro, ha huido de esa convulsionada y violenta época hacia nuestro presente. Su llegada despierta antiguos sentimientos y reaviva una relación que siempre fue complicada.

Josh Friedman siempre insistió en que no dejaría que Las crónicas de Sarah Connor se convirtiera en una especie de Terminator de la semana, pero lo cierto es que a veces parecía que el portal temporal desde el futuro se había convertido en una estación de metro en hora punta, con tantos Terminators y guerreros de la resistencia viajando hacia el pasado que la fuerza del concepto, inevitablemente, se diluyó.

El episodio de la segunda temporada «Complicaciones» (17 de noviembre de 2008) es una clara muestra de ello: Jesse, secuestra a Charles Fischer, un hombre que según ella es un traidor que trabaja para Skynet. Derek no tiene recuerdos de ese individuo a pesar que de Jesse insiste en que Fischer lo torturó (¿torturará?) en el futuro. ¿Ha cambiado Derek con sus acciones el futuro, con el resultado de que él mismo y Jesse provienen en realidad de líneas temporales diferentes? ¿Al morir Fischer, cambian realmente la línea temporal en la que se encuentran? El final del episodio es tan impactante como ambiguo.

«Hombre hecho a sí mismo» (1 de diciembre de 2008) es un episodio relativamente independiente de la continuidad interna que revela cómo pasa Cameron sus noches mientras los demás duermen: investigando en la biblioteca local. Durante sus estudios, se encuentra con la foto de un hombre al que reconoce como un Terminator T-888. Reuniendo documentos e indicios, averigua que fue enviado para asesinar al gobernador de California en 2010 (una curiosa broma teniendo en cuenta quién ostentaba el auténtico cargo en aquel momento). Una avería en la máquina temporal lo envía a la tercera década del siglo XX, donde se fabrica la identidad del despiadado hombre de negocios Myron Stark al tiempo que se deshace de sus oponentes para asegurarse la propiedad del edificio en el que el gobernador pronunciará un discurso en el futuro. La intriga se intercala con detalles de la relación que Cameron ha establecido con el bibliotecario.

La serie obtuvo magníficas críticas e índices de audiencia en sus primeros episodios. Pero Fox marcó su destino al interrumpir la emisión de la segunda temporada durante dos meses para reanudarla a continuación los viernes por la noche, un horario considerablemente peor. El último episodio se emitió en abril de 2009: en su final, John Connor salta hacia adelante en el tiempo, hasta un futuro alternativo en el que ningún miembro de la resistencia lo conoce. Era un giro radical que daba por finiquitado buena parte de las temporadas anteriores y abría nuevas posibilidades.

Pero el 18 de mayo de 2008, a pesar de las protestas de los muchos seguidores, Fox canceló oficialmente la serie. Es probable que más que las cifras de audiencia tuviera que ver en tal decisión el hecho de que tan sólo tres días después se estrenaría en los cines la cuarta película de la franquicia, Terminator: Salvation y que la productora no quisiera dos continuidades diferentes conviviendo dentro de la misma franquicia.

Pero Las crónicas de Sarah Connor, no sólo mantenía un gran número de fans, sino que éste no ha hecho sino aumentar. Su inteligente aproximación a los temas del viaje en el tiempo y la inteligencia artificial no van a pasar de moda fácilmente. La primera temporada es sin duda la más consistente, algo esperable dada su relativa brevedad. Pero la segunda es más ambiciosa, si bien en ocasiones pierde el foco. Al comienzo, Lena Headey proyecta la dureza y determinación de Sarah Connor de forma contundente, pero sin su inestabilidad mental. En la segunda temporada, sin embargo, su interpretación se calcifica en una amargura continua y un gesto triste y torturado. Thomas Dekker sigue cumpliendo bien su papel de adolescente angustiado pero, aunque no es culpa suya, difícilmente podemos ver en él nada que indique al carismático líder de la resistencia en el que supuestamente se convertirá. Las mejores interpretaciones, no obstante, corren a cargo de los secundarios, especialmente Summer Glau y Garret Dillahunt.

El tema del robot que quiere convertirse en humano es uno de los tópicos de la ciencia ficción (véase, por ejemplo, Data, de Star Trek: La nueva generación), pero Glau recorta el aspecto más sentimental de aquél e interpreta a su robot con insolencia y cortante humor. Dillahunt, por su parte, tiene la difícil misión –culminada con éxito– de encarnar a dos máquinas completamente diferentes: por un lado, el imparable y mortal Cromartie, y por otro el curioso y amistoso John Henry.

En el episodio «La mano del demonio» (25 de febrero de 2008), quizá el mejor de la primera temporada, un convaleciente Derek Reese deja bien claro que desconfía de un Terminator como Cameron e insiste para que se marche, llegando incluso a amenazarla. Pero en la escena final, cuando acude a la habitación de Cameron atraído por el sonido de la música y la contempla absorta ejecutando delicados pasos de baile clásico, no puede evitar llorar ante su belleza. Es, sin duda, uno de los momentos más intensos de toda la franquicia Terminator y una de las razones por las que cualquier aficionado a la ciencia ficción no debería perderse esta serie.

Copyright del artículo © Manuel Rodríguez Yagüe. Descubre otros artículos sobre cine, cómic y literatura de anticipación en nuestra sección Fantaciencia. Publicado previamente en Un universo de ciencia ficción, y editado en Cualia con permiso del autor. Reservados todos los derechos.

Manuel Rodríguez Yagüe

Manuel Rodríguez Yagüe

Como divulgador, Manuel Rodríguez Yagüe ha seguido una amplia trayectoria en distintas publicaciones digitales, relacionadas con temas tan diversos como los viajes ("De viajes, tesoros y aventuras"), el cómic ("Un universo de viñetas"), la ciencia-ficción ("Un universo de ciencia ficción") y las ciencias y humanidades ("Saber si ocupa lugar"). Colabora en el podcast "Los Retronautas".