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«¿Qué sucedió entonces?» («Quatermass and the Pit», 1967), de Roy Ward Baker

La productora Hammer Films adaptó al cine la teleserie Quatermass and the Pit en 1967 (en España, esta película recibió el infame título de ¿Qué sucedió entonces?). Esta vez, encargó a Nigel Kneale la redacción del guión, escogiendo al barbudo actor escocés Andrew Keir para el papel protagonista (el quinto en encarnar al científico Quatermass).

Si la versión televisiva original se ha descrito a menudo como uno de los mejores seriales producidos por la BBC, la adaptación de la Hammer fue asimismo una de sus más impactantes películas de terror hasta la fecha, aun cuando el guión constituía una simplificación del original televisivo en el que, eso sí, se hizo un esfuerzo por salvar algunas de sus más palmarias implausibilidades científicas.

Las excavaciones efectuadas bajo una estación del metro londinense llevan al hallazgo de huesos fosilizados de un hombre primitivo junto a lo que parece ser una bomba o misil sin explosionar. El paleontólogo Dr. Roney (James Donald) colabora con el especialista en ingeniería espacial Quatermass y su ayudante Barbara Judd (Barbara Shelley) para resolver el misterio. Cuando los operarios empiezan a experimentar serias perturbaciones mentales y se producen fenómenos de poltergeist, Quatermass empieza a sospechar que se encuentran ante los restos de una antigua nave espacial alienígena de millones de años de antigüedad. Sospecha que se confirma al encontrar en su casco los restos de unas criaturas insectoides. Descubren, además, que la zona registra una larga historia en este tipo de fenómenos.

Por una afortunada coincidencia, un colega del doctor ha desarrollado un prototipo de optoencefalógrafo, un artefacto que puede proyectar los pensamientos en una pantalla de televisión.

A través de la mente de Judd, averiguan dos cosas: que los marcianos, extintos hace miles de años, utilizando avanzadas técnicas desarrollaron la inteligencia en los cerebros de nuestros antepasados con el propósito de colonizar nuestro planeta y huir de un Marte moribundo; y que esos mismos marcianos sacrificaban a aquellos de entre su propia especie que se alejaban de lo estimado como normal. El aspecto insectoide y cornudo de los marcianos se convirtió así en una imagen enraizada en nuestro inconsciente asociada con el Mal mientras que los sacrificios raciales entraron en nuestro folclore europeo como la leyenda de la Cacería Salvaje.

El serial original fue emitido en directo, como ya comenté en otro artículo. Contaba con tambaleantes escenarios y micrófonos que irrumpían indiscretamente en escena. Sin embargo, su poder evocador resultó más eficaz, en su momento, que en esta adaptación cinematográfica, rodada diez años más tarde. Aun así, sin tener esto en cuenta, la película resulta bastante interesante y representa la aproximación más pura de Kneale a la ciencia-ficción: una deconstrucción fascinante e inolvidable de la historia natural, la genética (todos somos parcialmente marcianos) y lo que comúnmente denominamos «sobrenatural».

Eran temas que, aunque no nuevos en la ciencia-ficción literaria, sí lo eran para su vertiente cinematográfica. Un año más tarde, con mucho más dinero a su disposición, Stanley Kubrick utilizaría ideas semejantes como base de su 2001: Una Odisea del Espacio. No obstante, la visión que ambos autores tenían del mismo concepto no podía ser más diferente.

En 2001, habiendo puesto a los simios en el comienzo de una nueva escalera evolutiva, la inteligencia alienígena se retira, sin dudar que, en un momento u otro, llegaremos a la Luna primero, a Júpiter y las estrellas después, para luego guiarnos al siguiente paso en nuestra evolución galáctica. En cambio, en el atávico enfoque de Kneale, el interés de los extraterrestres en nuestro avance hacia la inteligencia era mucho más concreto y banal: conseguir esclavos útiles.

En contraste con el estilo minimalista del monolito negro que Kubrick presentó en su estilizada película, la nave que nos muestra Kneale es un ejemplo de algo que podríamos llamar «tecnología gótica», un vehículo que sirve de ataúd a cadáveres extraterrestres. En el centro de la visión de Kneale no se encuentra un feto resplandeciente, sino grandes insectoides desecados. Y en lugar de liderar a la humanidad hacia sus más grandes logros, desde la invención de todo tipo de herramientas a la exploración del espacio y hasta las profundidades de nuestra conciencia individual y colectiva, los malévolos extraterrestres de Kneale son los responsables de nuestros peores impulsos.

Todo lo cual nos lleva a concluir que Quatermass and the Pit, y por extensión todas las aventuras de Quatermass y la propia obra de Kneale, se encuentran en la oscura intersección de dos géneros: la ciencia-ficción, con su creencia fundamental en la improbabilidad de la existencia del ser humano en un universo cuya fría lógica bien podría destruirnos sin malicia alguna; y el terror, asociado a la revelación de la auténtica naturaleza del universo. Un universo corrompido, que condena a la humanidad a la ignorancia, la locura, la esclavitud o la muerte.

Aunque la complejidad de esos conceptos exigía una producción más lujosa, la Hammer y su director Roy Ward Baker consiguieron realizar una historia relativamente satisfactoria con un presupuesto ajustado y apoyándose en la fuerza de las ideas de Kneale. La creciente sensación de histeria y la casi imparable naturaleza de las criaturas marcianas –o quizá sus fantasmas– ofrecen un ejemplo perfecto de cómo ir acumulando tensión narrativa. El talento de Kneale influyó a generaciones de guionistas desde el estreno de la cinta.

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¿Qué sucedió entonces? (Quatermass and the Pit, 1967), de Roy Ward Baker

Quatermass (The Quatermass Conclusion, 1979), de Piers Haggard

Copyright del artículo © Manuel Rodríguez Yagüe. Publicado previamente en Un universo de ciencia ficción y editado en Cualia con permiso del autor. Reservados todos los derechos.

Manuel Rodríguez Yagüe

Manuel Rodríguez Yagüe

Como divulgador, Manuel Rodríguez Yagüe ha seguido una amplia trayectoria en distintas publicaciones digitales, relacionadas con temas tan diversos como los viajes ("De viajes, tesoros y aventuras"), el cómic ("Un universo de viñetas"), la ciencia-ficción ("Un universo de ciencia ficción") y las ciencias y humanidades ("Saber si ocupa lugar"). Colabora en el podcast "Los Retronautas".