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«JLA: Tierra 2» (2000), de Grant Morrison y Frank Quitely

A mediados de los noventa y desviándose de la poco acertada política de diversificación que había experimentado la línea de cómics de la Liga de la Justicia (con spinoffs como la Justice League Europe, Extreme Justice o Justice League Task Force) y que estaba registrando unas cifras de ventas muy pobres, DC decide recuperar el concepto original y reunir a los principales héroes en un solo título. Así lo hicieron Mark Waid y Fabian Nicieza en la miniserie Liga de la Justicia: Pesadilla de una noche de verano (septiembre de 1996) y poco después, en 1997, se lanzó una nueva colección titulada JLA, escrita por Grant Morrison y dibujada por Howard Porter.

Al principio hubo ciertas dudas sobre la idoneidad de poner a Morrison al frente de la serie ya que se había ganado una reputación de guionista poco convencional gracias a sus peculiares versiones de Animal Man, Kid Eternity o La Patrulla Condenada. Pero el escocés supo adaptarse y moderó sus excentricidades para adoptar un perfil más clásico, aunque sin renunciar a las ideas originales y actualizando conceptos e historias inspiradas en la Edad de Plata con un enfoque posmoderno.

Y así, el renacimiento de la Liga de la Justicia funcionó aún mejor de lo esperado; tanto, de hecho, que otros autores se animaron a abordar proyectos puntuales relacionados con el grupo aprovechando la buena racha que estaba atravesando. Por eso pareció natural que, terminando ya su etapa al frente de la colección, el propio Morrison tuviera la oportunidad de escribir su propio proyecto al margen del título mensual. Dado que Howard Porter estaba aún ocupado dibujando éste, Morrison pensó en Frank Quitely, con quien ya habíacolaborado en la miniserie Flex Mentallo (1996) para el sello Vértigo. Fue JLA: Tierra 2 el cómic en el que su asociación se consolidó y que alcanzó a un público más amplio. A partir de este momento, el dúo MorrisonQuitely pasaría a colaborar regularmente y figurar entre los grandes equipos artísticos del cómic norteamericano de los 2000 junto a Jeph Loeb y Tim Sale o Mark Millar y Bryan Hitch.

El argumento de Tierra 2 está ambientado en el marco de la primera parte de la etapa de Morrison en la JLA. Aún no había aparecido el Superman azul ni se había ampliado el grupo original; Kyle Rayner era el Green Lantern de turno y Aquaman había perdido la mano. No fueron aquellos años de gloria para DC, pero Morrison sí consiguió insuflar nuevas energías en la colección regular a base de introducir conceptos nuevos o reciclar antiguos, como es el caso aquí, donde el guionista decide explorar una región de la mitología de la JLA que no había tocado en la colección mensual: el Sindicato de Crimen.

En buena medida, el Universo DC es el responsable de la reputación que se ha ganado a pulso el género de superhéroes de ser una dimensión confusa y mayormente inescrutable para los no muy iniciados. Y buen ejemplo de ello lo encontramos en el concepto de Tierras Alternativas, profusamente utilizado por DC en el pasado y que aparentemente había quedado eliminado tras el gran esfuerzo editorial que a tal fin había supuesto Crisis en Tierras Infinitas (1985). Pero el embrollo multidimensional no tardaría en recuperarse por parte de guionistas y editores nostálgicos que lo consideraban una buena herramienta narrativa o una solución facilona para los agujeros de guión en los que incurrían aquí y allá.

Originalmente, Tierra 3 había sido un mundo alternativo al nuestro –o el de la Liga de la Justicia– dominado por el Sindicato del Crimen, organización que debutó en el número 29 (agosto de 1964) de la colección y que estaba compuesta por versiones alternativas pero malvadas de los héroes de aquél grupo y cuyos miembros prominentes son Ultraman, Owlman y Superwoman. Dado que esa Tierra 3 había sido eliminada por el reinicio del Universo DC que supuso la mencionada Crisis en Tierras Infinitas, esta historia de Morrison suponía la reintroducción del Sindicato del Crimen, bautizando esta vez como Tierra 2 como su base de operaciones. Para añadir más confusión a la mezcla, los lectores que se subieron al carro del Universo DC con la línea Nuevos 52, se encontraron con que el Sindicato del Crimen estaba localizado en Tierra 3, algo que se confirma también en la la Guía del Multiverso del propio Morrison.

Por tanto y para terminar con este tema, lo mejor que puede hacer quien quiera aproximarse a JLA: Tierra 2 y no sea un experto en la irregular y siempre cambiante continuidad del Universo DC al albur del último reinicio del mismo tras un bajón en las ventas, es ignorar todas esas absurdas contradicciones y centrarse en la historia y los personajes en lugar de en el contexto.

El cómic se abre con una nave que se estrella en un campo de Kansas y de la que emerge Lex Luthor. Mientras tanto, la JLA está atareada tratando de salvar un avión de línea regular en apuros que apareció de la nada y cuyos pasajeros resultan estar todos muertos en sus asientos. Aún más extraño: sus corazones están en el lado derecho de sus pechos (descubrimiento que hace Wonder Woman de alguna forma no explicada, ya que no tiene visión de rayos X).

Pensando que Luthor puede tener algo que ver, Superman, Wonder Woman, el Detective Marciano y Green Lantern acuden al rascacielos del millonario en busca de información y lo encuentran actuando de una forma bastante inusual, subiendo los sueldos y dando vacaciones a su secretaria. Resulta que es el Luthor provinente de un universo alternativo compuesto de antimateria y cuya Tierra está dominada por el mencionado Sindicato del Crimen. En ese mundo, Luthor es el principal y único héroe, siempre en lucha contras las versiones malvadas de la Liga pero sin conseguir jamás vencerlos definitivamente.

A pesar de las reticencias de Batman, la Liga, ofendida porque unos dobles suyos torturen a un planeta entero, viaja a Tierra 2 para derrotarlos y hacer de ese mundo un lugar mejor. Pero por exigencias del equilibrio cósmico, la presencia de la JLA en Tierra 2 propicia que el Sindicato del Crimen acabe en Tierra Uno, donde siembra el caos.

Tratándose de una novela gráfica autocontenida de menos de cien páginas, Morrison no se permite ninguno de sus característicos desvaríos y va directo al grano: en la sexta plancha ya aparece la Liga, en la 28 viajan a Tierra 2 y rápidamente ponen contra las cuerdas al Sindicato del Crimen y empiezan a transformar el mundo. Con todo e incluyendo una dosis adecuada de giros y sorpresas y discurriendo a buen ritmo, el guion no se antoja atropellado ni denso. Quienes conozcan a Morrison por alguna otra de sus obras más espesas no encontrarán aquí su habitual estilo e ideas alocadas. JLA: Tierra 2 es uno de sus cómics “austeros”, un tebeo de superhéroes muy clásico y accesible (aunque sin renunciar, eso sí a algunos ramalazos políticamente incorrectos e iconoclastas).

Morrison evita que la aventura se convierta en una simple excusa para organizar una pelea entre los superhéroes y sus contrapartidas (aunque alguien podría argumentar que la ausencia de un duelo entre Superman y Ultraman supone una decepción) y tampoco siente la necesidad de utilizar a todos los miembros de la Liga en cada una de sus intervenciones. Así, en la escena de apertura, Superman, el Detective Marciano, Wonder Woman, Flash y Green Lantern evitan que un avión se estrelle sin que participen en la hazaña Aquaman o Batman. Algo similar ocurre cuando la Liga viaja a Tierra 2: Aquaman y el Detective Marciano se quedan en Tierra 1, el primero por sus responsabilidades como monarca de Atlantis y el otro como protector del mundo durante la ausencia de sus compañeros. Morrison acierta, por tanto, al plantear la estrategia de la Liga en base a sus capacidades concretas para cada misión y no en términos de simple superioridad numérica o poder bruto.

Además de la acción propiamente dicha, resulta interesante la representación de Tierra 2 como un lugar dominado por la corrupción y el mal y en el que personajes conocidos muestran su cara más oscura. La principal aerolínea es KKK (anagrama del Ku Klux Klan), los billetes de un dólar exhiben la efigie de Benedict Arnold (un traidor a la causa revolucionaria durante la Guerra de la Independiencia americana); Lois Lane es la identidad secreta de Superwoman, una agresiva dominatrix que disfruta sometiendo con juegos sadomasoquistas a Jimmy Olsen; el Jefe de Policía Gordon es un corrupto e incluso el comisario Thomas Wayne, que parece ser el único honrado de Gotham City se revela al final como un sádico…

Morrison y Quitely salpican el cómic de toques de humor –la mayoría negro y con diversos grados de acidez y surrealismo– que alivia algo el tono épico de una historia en la que se decidirá el destino de dos mundos. En una página–viñeta, Green Lantern envuelve toda la luna en dos enormes manos generadas por su anillo con el fin de atrapar al Sindicato del Crimen. Unas pocas páginas después, volvemos a ver esas manos con un aspecto todavía más ridículo. Hacia el final del cómic, Superwoman, acorralada y sola, extrae sus últimas gotas de arrogancia y ofrece al Detective Marciano sustituir a Ultraman como amante y gobernar el mundo a su lado. Estoico como siempre, el Detective le responde: “Somos de especies diferentes”, a lo que ella replica: “Me gusta probar de todo. Todos lo saben”, haciendo pucheros con los labios y poniendo ojitos amorosos.

Pueden señalarse también algunas debilidades fundamentales en esta historia. La primera es que Morrison escribe en ese estilo cinematográfico tan en voga por entonces y en virtud del cual la historia se cuenta íntegramente a base de diálogos y dibujos, prescindiendo de globos de pensamiento o cuadros de texto. Entiendo que es mucho más sencillo escribir los guiones de esta forma que teniendo que añadiendo capas a la narración y cuando esa técnica funciona facilita una lectura fácil y fluida. Pero también se corre el riesgo de caer en la superficialidad. Apenas hay un momento íntimo o personal en todo el cómic, sobre todo porque los autores no nos muestran lo que piensan o sienten de verdad los personajes. Hay alguna excepción, como cuando Batman se encuentra con la todavía viva versión de su padre en Tierra 2, u otra escena en la que Owlman (la contrapartida malvada de Batman) se enfrenta con sus demonios personales. Pero en general, los personajes van de un lado para otro haciendo sus heroicidades o maldades sin transmitir auténtica emoción. (También cabe la posibilidad de que la culpa no sea tanto de ese estilo cinemático como de la propia historia de Morrison).

La otra pega de JLA: Tierra 2 está relacionada con la propia base sobre la que Morrison ha construido su historia. Los héroes descubren que limpiar esa Tierra alternativa no sólo no es fácil, sino imposible. Porque mientras que en su propio mundo siempre triunfa el Bien, en Tierra 2 lo hace siempre el Mal, por mucho que se intente que las cosas discurran de otro modo. Lo que acaba resolviendo la crisis entre las dos Tierras no es tanto la intervención de la JLA como la propia inercia moral –buena o perversa– de sus respectivos universos y contra la que ningún héroe puede hacer nada. La verdad, me parece una premisa un tanto estúpida y tampoco ayuda el que los héroes se den cuenta de que están sujetos a ella porque eso los convierte en meras marionetas de una especie de fuerza cósmica que siempre los hará ganar en su propio mundo.

Quizá es que Morrison quería hacer de esta obra una de sus bromas subversivas del género superheroico (como lo habían sido Animal Man o Flex Mentallo), torpedeando la asunción generalizada de que el mundo del comic book es una metáfora del real. Si preguntamos a un sintecho o a la víctima de alguna brutal dictadura si creen que el Bien siempre triunfa, ¿qué van a contestar? ¿Triunfó el bien porque se derrotó a los nazis o lo hizo el mal porque murieron millones antes de que fueran eliminados?

Aunque entre los aficionados al cómic guionistas como Grant Morrison, Mark Waid, Alan Moore y otros en la misma línea son considerados como titanes literarios que han elevado la calidad conceptual del medio, no puedo evitar a veces y con determinadas obras la sensación de que han pasado demasiado tiempo leyendo cómics y han perdido la perspectiva, han olvidado que los superhéroes no existen y que la mejor forma de abordarlos es como símbolos y sustitutos del mundo real en lugar de tratar de introducir los problemas del mundo real en sus mitologías y diseccionar hasta el cansancio lo que significa ser un superhéroe.

La caracterización y diferenciación entre personajes en JLA: Tierra 2 son más bien escasos pero hay toques interesantes, como la extravagante versión de Power Ring (el Green Lantern malvado, cuyo anillo parlanchín molesta y confunde a todos los que le rodean y a él mismo sin que lo pueda hacer callar); o Johnny Quick (la contrapartida de Flash), un adicto que potencia sus poderes con una droga suministrada personalmente por el Presidente de los Estados Unidos. Por su parte, Alexander Luthor tiene una personalidad similar a la de Lex –arrogante y altanero– pero puesta al servicio del Bien, lo cual aporta un interesante contraste.

El dibujo de Frank Quitely es excelente en todos los aspectos: diseño de personajes, ambientación, narrativa, sentido del tiempo y el espacio en cada escena… No hay ni una sola plancha mediocre en todo el cómic e igual que ocurre con el guión, Quitely sabe sacar provecho del formato de 96 páginas y mejor calidad de reproducción que le permite recrearse en viñetas grandes, atmosféricas o que incluso se extienden a lo largo de dos páginas.

Es cierto que no son pocos los que consideran el estilo de Quitely como un gusto adquirido y que no es del agrado de todo el mundo. La principal queja de sus detractores suele ser el aspecto algo “hinchado” de sus personajes, la androginia de sus mujeres y un cierto feísmo general. Pero no se le puede negar su limpieza, elegancia, meticulosidad y sentido del realismo a la hora de dibujar la tecnología. Algunas escenas típicas de Morrison, están espléndidamente llevadas al papel, como la imagen de Tierra 2 alzándose por el horizonte de Tierra 1; o la primera aparición de la JLA dirigiéndose a salvar al avión. Además, su estilo sintoniza perfectamente con la atmósfera de perversidad y decadencia que impregna la obra.

Como resumen final y dadas las expectativas que generó JLA: Tierra 2 (un formato de lujo, un dibujante muy competente y un guionista de prestigio que había escrito historias realmente originales en la colección regular), se antoja una novela gráfica algo ligera y poco ambiciosa en cuanto a contenido. Con todo, ofrece una aventura muy entretenida que puede clasificarse como una de las más interesantes y épicas del canon de la Liga de la Justicia.

Copyright del artículo © Manuel Rodríguez Yagüe. Descubre otros artículos sobre cine, cómic y literatura de anticipación en nuestra sección Fantaciencia. Publicado previamente en Un universo de ciencia ficción, y editado en Cualia con permiso del autor. Reservados todos los derechos.

Manuel Rodríguez Yagüe

Manuel Rodríguez Yagüe

Como divulgador, Manuel Rodríguez Yagüe ha seguido una amplia trayectoria en distintas publicaciones digitales, relacionadas con temas tan diversos como los viajes ("De viajes, tesoros y aventuras"), el cómic ("Un universo de viñetas"), la ciencia-ficción ("Un universo de ciencia ficción") y las ciencias y humanidades ("Saber si ocupa lugar"). Colabora en el podcast "Los Retronautas".