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«Farscape» (1999-2003), de Rockne S. O’Bannon

Series como las dos primeras de Star Trek o Babylon 5 fueron pioneras de un tipo de ciencia-ficción televisiva basada en los personajes tanto o más que en la peripecia de que se tratara cada semana. En el cambio se siglo, apareció un nuevo programa que iba más allá de las anteriores a la hora de presentar personajes de gran empaque y complejas relaciones entre ellos. De hecho, la teleserie australiana Farscape combina con habilidad el desarrollo de caracteres con intenso drama, humor extravagante y algunos de los efectos visuales más espectaculares vistos en la televisión hasta ese momento. Calificada como la primera serie de ciencia-ficción verdaderamente adulta, Farscape demostró su capacidad de fascinación atrayendo a una legión de leales y activos fans.

La presentación que abría los episodios durante el primer año de Farscape dejaba muy clara la premisa de la serie: «Mi nombre es John Crichton. Soy astronauta. Fui alcanzado por una onda de radiación y salí despedido a través de un agujero negro… Ahora estoy perdido en algún lugar distante del universo, en una nave, una nave viva llena de extrañas formas extraterrestres…¡Mayday! ¡Mayday! Escuchen por favor, ¿Me oye alguien? Me persigue un loco comandante militar que puede hacer todo lo que yo no puedo. Sólo busco el camino de regreso a casa».

Esta idea, aparentemente sencilla, en la que un humano es lanzado al meollo de una galaxia alienígena bullente de vida, partió de la imaginación del creador de la serie, Rockne O’Bannon. Éste, que había escrito el guión para la película Alien Nación (1988) y creó SeaQuest DSV para la NBC, empezó a trabajar en lo que se convertiría en Farscape tras un encuentro con Brian Henson, quien había asumido la dirección de Jim Henson Company tras la muerte de su famoso padre. En aquel momento, estaba interesado en embarcarse en un estilo más adulto, en el que incorporar el uso de sus sofisticados animatrones y demostrar su capacidad para combinar éstos con las imágenes generadas por ordenador creando sofisticados efectos especiales. O’Bannon se puso a trabajar en ese nuevo programa, entonces titulado Space Chase (Persecución Espacial) y, una vez esbozado el marco de la acción, los personajes y el hilo principal de la historia, él y Henson empezaron a buscar alguna cadena interesada en comprar la serie.

Inicialmente, ésta resultó ser la Fox, que encargó a los creadores cuatro guiones en 1997. O’Bannon llamó entonces a David Kemper, con quien había trabajado en SeaQuest DSV . Pero, finalmente, la Fox y otras cadenas a las que se ofreció la serie, decidieron no contratarla. Pasaron un par de años sin resultados y Henson, O’Bannon y Kemper se dedicaron a otras cosas. Pero no abandonaron del todo el proyecto. Creían en su potencial y no estaban dispuestos a tirar la toalla definitivamente. Entonces entra en escena Sci-Fi Channel (hoy SyFy).

La cadena, fundada en 1992, había sobrevivido a base de reposiciones de viejas series de ciencia-ficción. Pero en 1999 empezó a producir nuevos episodios de Sliders, una serie que compró a la Fox tras tres temporadas. Rod Perth, entonces presidente de Sci-Fi, estaba buscando una serie inédita y poco convencional que pudiera servir de bandera para la nueva etapa de la cadena. Leyó un par de los guiones que O’Bannon y Henson le habían enviado y les llamó para firmar un acuerdo. Sci-Fi compraría una temporada de la serie. Farscape vería por fin la luz.

Había, sin embargo, un problema de marketing a tener en cuenta. La Jim Henson Company era famosa en el mundo entero no solo por su creatividad y originalidad, sino, más concretamente, por los Teleñecos y películas de orientación familiar como Cristal oscuro o Laberinto . Pero en esta ocasión, se trataba de lanzar un programa adulto. Había que hacer entender al público que sólo porque en la serie aparecieran animatrones creados y manejados por especialistas de la Jim Henson Company, no se trataba de un programa para niños ni tenía nada que ver con Barrio Sésamo o los Teleñecos . Y no era tarea fácil, porque en todo el arte y los dibujos de diseño que se habían utilizado para promocionar la serie figuraba la leyenda: From the Jim Henson Company . No fue hasta que empezó a emitirse la serie cuando los espectadores descubrieron por ellos mismos la originalidad del programa y su carácter adulto.

Por motivos financieros y creativos, Farscape fue rodada en Australia y producida desde Sydney (aunque la sede de la emisora se encontraba a caballo entre Los Ángeles y Nueva York y la de la Jim Henson Company contaba con representación en Los Ángeles y Londres). Asimismo, fueron actores locales los que encarnaron a los personajes principales… a excepción del protagonista, para el cual se escogió a Ben Browder. Norteamericano graduado en la prestigiosa Royal Central School of Speech & Drama londinense y conocido gracias a su participación en la serie Cinco en la familia, obtuvo el papel del protagonista, John Crichton, un tipo «normal» que se encuentra de repente involucrado en un conflicto galáctico en compañía de unos pintorescos alienígenas.

Conforme se desarrollaba la producción en Australia, O’Bannon y Kemper se encontraron con que ese país-continente podía estar lejos, pero desde luego no carecía de actores y creativos de talento que ayudaron a dar forma a un nuevo y original mundo de ficción. El hecho de el único norteamericano fuese Browder mientras que el resto del personal, delante y detrás de las cámaras, fuera australiano, ayudó a darle a Farscape un toque diferente y fresco que lo alejaba de la ciencia-ficción hasta el momento vista en la televisión.

Uno de los desafíos para O’Bannon y Kemper consistió en encontrar a otros guionistas que se alejaran de los tópicos archiconocidos y que fueran capaces de aislarse de la influencia de la omnipresente Star Trek. De entre todos los miles de historias que habían absorbido en su vida como lectores o espectadores, ambos trataron de ofrecer algo a la audiencia que resultara diferente y sorprendente.

Farscape elevó la premisa de una tripulación multiétnica a bordo de una enorme nave, ideada originalmente por Gene Roddenberry para Star Trek, a un nuevo nivel. De hecho, Moya, la astronave de Farscape, es una forma de vida inteligente, dedicada a servir a su tripulación, aunque en ocasiones decida actuar por su cuenta sin que nadie pueda hacer nada por evitarlo. Su único medio de comunicación con la tripulación es el Piloto, un ser altamente especializado que se halla física y psíquicamente unido a Moya y con la que guarda una empatía especial. La parte superior del Piloto, dotada de múltiples brazos, opera los controles e interactúa con la tripulación; el resto consiste en una red de tentáculos neurales que llegan hasta lo más profundo de Moya. El propósito vital del Piloto es el servicio a los miembros de la tripulación pero su primera lealtad siempre será con Moya cuando surja un conflicto entre aquellos y ésta.

El concepto de la nave viviente no era completamente nueva en la ciencia-ficción televisiva. Ya se había presentado en la canadiense Lexx y en Babylon 5, en la que los Vorlons utilizaban naves vivas. Pero la idea alcanza una más interesante concreción en Farscape, en parte gracias a la fascinante relación simbiótica entre Moya y el Piloto, y en parte porque Moya tiene más personalidad que Lexx o las naves Vorlon. A diferencia de Lexx, Moya es un ser totalmente pacífico (y desarmado), mientras que aquélla es una fuerza destructora de inigualable poder. De hecho, Moya es un ser alienígena en el más amplio sentido de la palabra: su forma, su inteligencia y sentimientos son inaprensibles para el resto de especies (excepto el Piloto, claro).

Curiosamente, a pesar de ser tan «alienígena», Moya es un personaje con el que los espectadores pueden simpatizar. Se la interpreta a veces como una gran madre preocupada por sus «niños» (la tripulación) y que se siente responsable de su seguridad; además, una parte de la primera temporada se centra en el hecho de que Moya queda embarazada, comportándose erráticamente y dando por fin a luz otra pequeña nave, Talyn, por la que siente un gran afecto. Ésta, sin embargo, nace dotada de armas, producto de un experimento genético perverso que trataba de obtener este tipo de hibridación. El propio Talyn y sus desequilibrios emocionales se convertirá, más adelante, en un personaje de tanto peso como Moya.

En el primer episodio, tres prisioneros (D’Argo, Zhaan y el anfibio Rygel) tratan de escapar de su cautiverio y huir a bordo de Moya, que hasta ese momento había servido como nave prisión de los Pacificadores, una belicosa raza humanoide que trata de alcanzar la supremacía en la galaxia. De repente, en mitad de la persecución, el joven astronauta Crichton se materializa inadvertidamente a través de un agujero de gusano abierto en las cercanías de la Tierra durante un vuelo experimental de su transbordador. La confusión resultante provoca un accidente en el que muere el hermano del capitán pacificador al mando, Crais (Lani John Tupu). Los prisioneros, ahora libres, suben a Crichton a bordo de Moya y escapan de la pelea a la velocidad de la luz, arrastrando con ellos a la oficial pacificadora Aeryn Sun.

Farscape es principalmente una serie coral puesto que en muchos aspectos todos los personajes tienen la misma importancia. Sin embargo, Crichton, en su calidad de humano de finales del siglo XX, es el nexo de unión de los espectadores con la historia. No tiene idea de dónde está, cómo llegó allí o de la forma de regresar a la Tierra. Esa identificación de la audiencia con el personaje es la razón de que la serie haya mantenido su popularidad durante tanto tiempo.

Una vez a bordo de Moya, sus nuevos compañeros le inyectan unos nanomicrobios traductores para que pueda comprender y expresarse en cualquier lenguaje alienígena, pero ello no le impide sentirse confundido y asustado. Sus nuevos compañeros le parecen demasiado alienígenas para su humano cerebro y se pasa la mayor parte de esta primera temporada simplemente tratando de conservar la vida. El humor socarrón y autoparódico se convertirá en su defensa ante la nueva situación y sus continuas referencias a la cultura popular humana (cine, música, objetos domésticos cotidianos, marcas comerciales o la propia ciencia-ficción…) desconcertarán a sus amigos al tiempo que hacen sonreír con complicidad a los espectadores.

A semejanza de Buck Rogers (en especial la serie televisiva sobre ése personaje producida por Glen Larson en 1979), Crichton es un pez fuera del agua. Ambos héroes se ven transportados al espacio profundo en su propia astronave sólo para verse rodeados por extraños alienígenas. Uno y otro trataban de aferrarse a lo que ya conocían sobre la historia y cultura de la Tierra como recurso para mantener la cordura en un entorno exótico y a menudo hostil. El resultado, claro, es que nadie a su alrededor entendía las referencias, giros y comentarios con que a menudo salpicaban sus frases.

Así, en el episodio en dos partes, Heridas autoinfligidas, Crichton responde a las quejas de un personaje sobre las condiciones a bordo de una Moya víctima de un sabotaje y aparentemente moribunda con un sarcasmo: «¡Bienvenido a la nave de la Federación SS Raja del Culo!». La mayor parte del capítulo Ángel vengador (del cual volveremos a hablar más adelante) transcurre en el interior de la mente de un John Crichton en coma, ofreciéndonos un vistazo a sus pensamientos, los cuales consisten principalmente en un mosaico de referencias a la cultura popular norteamericana, desde Marilyn Monroe a Forrest Gump, de ¿Quién Engañó a Roger Rabbit? hasta los dibujos animados de la Warner, pasando, claro, por el capitán Kirk de Star Trek.

El humor, a veces negro, a veces exuberante, fue una parte integral de la serie, pero siempre integrado como parte del drama y la acción, no como un fin en sí mismo, y a menudo articulado a través de las frases de Crichton en momentos de extrema tensión o sus diálogos con otros personajes alienígenas, que a menudo dan lugar a hilarantes malentendidos.

He comentado que la identificación de los espectadores con Cricthon fue clave en el éxito de la serie, pero no lo fue menos la dinámica que se creó entre los personajes, todos ellos con instintos no ya diferentes, sino a veces opuestas. Así, por un lado, tenemos al grande y poderoso Ka D’Argo (Anthony Simcoe), con sus característicos tatuajes y tentáculos faciales; es un guerrero luxano, una criatura violenta, valiente e impulsiva por naturaleza, educación y experiencia vital. Por otro, Pa’u Zotoh Zhaan (Virginia Hey), de aspecto igualmente humanoide (aunque con una bella piel azul intenso), una pacífica sacerdotisa delviana de 812 años de edad. Zhaan, sin embargo, es en muchos sentidos más alienígena que D’Argo, puesto que su naturaleza es vegetal. Consagrada a la vida espiritual y al cultivo de su tranquilidad interior, Zhaan es la figura opuesta de D’Argo, aunque muchas de sus diferencias están asociadas a estereotipos de género (ella es femenina y pacífica mientras que él es el típico macho fuerte y agresivo).

Por otro lado, esa diferenciación no es tan simple como puede parecer en un análisis superficial. Porque D’Argo es un guerrero con corazón de oro, un ser emocional que se preocupa genuinamente por sus seres queridos y que gracias al contacto con el resto de sus compañeros –y especialmente la influencia balsámica de Zhaan– conseguirá suavizar su carácter. Y, en cambio, Zhaan oculta una versión violenta de sí misma, imbuida de odio y violencia, procedente de sus días previos al sacerdocio. De hecho, aunque ambos fueron hechos prisioneros acusados de asesinato, resulta que D’Argo no mató a su mujer Lo’Lann, mientras que Zhaan sí asesinó a su amante por considerar su ambición un peligro para la comunidad delviana.

La oficial Aeryn Sun (Claudia Black) es una sebácea, una especie similar a la humana en su apariencia exterior aunque con ciertas particularidades fisiológicas que se descubren a lo largo de la serie. En el primer episodio, Aeryn es una piloto de la élite guerrera de los Pacificadores que trataba de sofocar el motín de los convictos y recuperar el control de Moya. Al ser hecha ella misma prisionera durante un corto periodo de tiempo, cuando trata de regresar a las filas de su unidad es declarada «contaminada» por haber tenido demasiado contacto con los rebeldes y puesta ella misma en caza y captura. Traicionada y sin hogar, se ve obligada a unirse a aquellos a quienes antes perseguía.

Si D’Argo y Zhaan son como caras de la misma moneda, lo mismo puede decirse de Crichton y Aeryn, aunque en este caso el reparto de roles según género es menos convencional. Aeryn está adiestrada para una vida de disciplina y combate, mientras que Crichton es más sensible y tiene un sentido del humor del que carece completamente aquélla. Sin embargo, como ocurría en el caso de D’Argo y Zhaan, ambos tienden a influir uno sobre el otro.

A medida que la serie avance, los dos acabarán desarrollando una clara tensión sexual, culminada en uno de los últimos episodios de la primera temporada, Una reacción humana, si bien la experiencia queda algo desvirtuada por cuanto en ese momento se encuentran en una especie de realidad virtual modelada por científicos alienígenas. Para la tercera temporada, la relación Crichton–Aeryn se hará explícita, convirtiéndose en uno de los subargumentos principales de la serie.

Si la dinámica entre ambos personajes sugiere que, después de todo, Aeryn no es tan alienígena, lo cierto es que todos los extraterrestres a bordo de Moya cuentan con características sospechosamente humanas, con la posible excepción del Piloto y de la propia Moya (aunque el primero va mostrando reacciones y emociones cada vez más identificables a medida que avanza la historia). Es el caso del quinto miembro de la tripulación, el anfibio Rygel XVI, un entrañable canalla que se las arregla continuamente para meter en problemas al resto de sus compañeros gracias a su comportamiento egoísta, codicioso y carente de cualquier escrúpulo, aunque también es cierto que cuando más se le necesita, cumple con su trabajo.

Rygel es el antiguo Dominante del Imperio Hyneriano, antaño gobernante de más de 600.000 millones de súbditos, pero que fue depuesto por su propio hermano, quien lo envió preso a los Pacificadores. Su insaciable apetito le impulsa a comer con frecuencia y alimentar, de paso, su tendencia a eructar y expeler ventosidades (cuyo gas hace que las voces de los que están alrededor cambien a un hilarante tono en los momentos menos oportunos). Corrupto y venal, siempre está maquinando para sacar un beneficio de las difíciles situaciones en las que el grupo acaba metido. Con todo, es un hábil negociador y diplomático, cualidades muy valiosas en más de una ocasión.

Buena parte del argumento principal de la serie en su primera temporada derivaba de los intentos de los Pacificadores, liderados por el capitán Crais, para capturar a Moya y su tripulación. Para escapar a la persecución, los protagonistas se trasladan a los Territorios Inexplorados, decisión que, aunque les da un respiro, también los deja completamente perdidos. La acción vendrá entonces impulsada por los intentos de cada uno de los personajes por hallar el camino a sus diferentes hogares, encontrándose por el camino a multitud de razas alienígenas y nunca despistando del todo a los Pacificadores.

Los seguidores de la serie, que estaban empezando a sentirse cómodos con el extraño mundo de Farscape, reaccionaron con sorpresa e incluso nerviosismo hacia el final de la primera temporada. Los guionistas estaban lanzando una señal clara: no iban a ajustarse a ninguna fórmula conocida y, de hecho, su intención era precisamente descolocar a los fans. A lo largo de la vida de la serie, se irían presentando nuevos personajes protagonistas mientras que otros morían.

Así, al grupo inicial se unirá en los últimos episodios de esta temporada Stark (Paul Goddard), un esclavo Banik rescatado de su cautividad en una base pacificadora. Trastornado por las torturas que sufrió durante su largo confinamiento, Stark comienza haciendo apariciones ocasionales, pero pasa a jugar un papel relevante en la segunda temporada, cuando resulta aparentemente muerto al ser sus átomos dispersados por el espacio. Más tarde, sin embargo, se descubre que es capaz de reconstruirse, puesto que se trata de un ser de energía que usa su apariencia humana como mero contenedor. También se nos informará de que es un Stykera, alguien que experimenta una especial afinidad por los moribundos, cuyo sufrimiento puede sentir desde largas distancias. Stark se convierte en una especie de inseparable y leal compañero de Zhaan, pero su errático comportamiento y fluctuante cordura siempre lo hicieron problemático, abandonando el grupo en la tercera temporada.

Igualmente equívoca (y también incorporada al final de la primera temporada) era la esbelta Chiana (Gigi Edgley) una joven nebari combinación de pícara callejera, prostituta, artista y ladrona. Siendo una exiliada de su propio pueblo y una fugitiva de los Pacificadores, no podía encajar mejor en un grupo de parias como los que habitan en Moya, si bien es más joven e inmadura que el resto. Entre otras cosas, Chiana equilibra el reparto, estableciendo un extraño lazo con Rygel en el mismo sentido que Crichton se relaciona con Aeryn o D’Argo con Zhaan.

https://youtu.be/54ykMYnznI0ç

Durante la segunda temporada, Chiana y D’Argo inician una tórrida relación sexual que termina abruptamente al comienzo de la tercera, cuando la primera (en parte impulsada por su temor a un compromiso más profundo) comienza otra relación con el hijo mestizo (de luxano y sebáceo) de D’Argo, Jothee (Matt Newton), ilustrando con ello que, efectivamente, Farscape estaba dispuesta a ir donde ninguna otra serie de ciencia-ficción hubiera llegado jamás. La cuestionable moral de Chiana añadirá un grado extra de complejidad a una serie cuyos personajes, por otra parte, no podían estar más lejos de los parámetros establecidos por Star Trek.

El renovado impulso que Farscape cobró al final de la primera temporada tuvo no sólo que ver con la adición de dos nuevos miembros a la tripulación, sino con un nuevo enemigo, el diabólico Scorpius (Wayne Pygram) –si bien Crais continuó jugando un papel en los desvelos de los fugitivos protagonistas. El elegante Crais era un villano complejo cuyo tormento, derivado de la muerte de su hermano y las frustraciones escondidas en su propio pasado, podía entender el espectador. Ese lazo tenue de empatía era sin embargo imposible con Scorpius, de aspecto repulsivo y personalidad cruel. De raza mestiza (medio Scarran y medio Sebáceo) la suya es una combinación problemática dado que ambas especies tienen necesidades biológicas incompatibles. Por ejemplo, a los Scarrans les gusta el calor, mientras que a los Sebáceos los mata; ello obliga a Scorpius a llevar insertado en su cerebro un regulador termal que mantiene su propia fisiología en equilibrio. Tal artilugio le mantiene con vida, pero al mismo tiempo y precisamente por ello, constituye su talón de Aquiles.

Como villano, Scorpius reúne cierto número de tópicos inspirados en la tradición clásica del género. Por ejemplo, es el inventor de la Silla Aurora, un diabólico artefacto que extrae con intenso dolor los recuerdos de aquellos que se sientan en ella. Esta silla remite a textos clásicos como 1984 o La naranja mecánica entre otros.

Scorpius, que ejerce de oficial militar para los Pacificadores, parece totalmente malvado y unidimensional, impulsado exclusivamente por el deseo de dominar y convertir en arma la tecnología que permite crear y mantener abiertos agujeros de gusano a través del espacio. Ello le convierte en el implacable perseguidor de Crichton, puesto que la mente de éste contiene en su inconsciente tal conocimiento implantado allí por una antigua especie, los Ancianos.

La primera temporada se remató con un sorprendente final en el que D’Argo y Crichton terminan flotando por el espacio, indefensos, sobre la destruida base militar de Scorpius; Crais ha caído en desgracia pero ha conseguido huir con la nave hijo de Moya, Talyn.

A estas alturas, todas las claves de la serie estaban ya sobre la mesa. El aficionado no sabía qué esperar de cada nuevo episodio, puesto que su tono y temática tenían una variedad amplísima: desde la comedia del absurdo hasta la tragedia, de historias sobre el heroísmo y el sacrificio a otras románticas, visitas a alejados restaurantes en planetas desérticos, mundos dedicados al comercio o al placer, inesperados regresos a la Tierra (ya fuera falsa o auténtica)… y todo ello adornado por grotescos alienígenas de las más variadas formas y capacidades, batallas espaciales, persecuciones e intrigas. Pero esa acción no hacía sino servir de soporte al desarrollo de los personajes. Poco a poco, éstos evolucionaron y de ser completos desconocidos que apenas se aguantaban los unos a los otros, acabaron crearon fuertes vínculos entre ellos. Aeryn y Crichton se convirtieron en amantes, una relación seria pero llena de altibajos e imprevisibles complicaciones; D’Argo conseguía controlar su furia y descubriría que su hijo aún estaba vivo; Rygel probaría ocasionalmente que su codiciosa y prepotente personalidad albergaba destellos de heroísmo y buen corazón hacia unos compañeros a los que había empezado despreciando….

Desde el principio, Farscape contó con un tono visual exótico, mucho más sofisticado que el de otras series de ciencia-ficción contemporáneas. El diseño de los alienígenas y los fondos, la plasmación del espacio exterior, la paleta de colores… todo contribuyó a hacer de esta serie una obra técnicamente superior a todas sus predecesoras. Rygel, por ejemplo, era un personaje de aspecto anfibio para el que existían dos versiones: una compleja marioneta que podía integrarse con los actores en el plató manejada mediante un joystick y un cable multiaxial; y una versión completamente digital a la que se recurría para las escenas en las que aparecía flotando sobre su hovertrono (el personaje, riéndose de su propia condición, exclamaba en un episodio que él «no era la marioneta de nadie»). Los montadores tuvieron buen cuidado de no unir dos escenas en las que aparecieran ambas versiones para que así los espectadores no se dieran cuenta de las diferencias entre una y otra. El Piloto de Moya, el otro protagonista «artificial», era un gran animatrón completamente electrónico y con una amplia gama de expresiones faciales.

No era raro que los actores interpretaran varios papeles con y sin maquillaje. «Una de las ventajas de tener tantos personajes invitados con mucho maquillaje encima es que cuando encontrabas un actor de gran talento, no tenías que tacharlo de la lista sólo porque hubiera aparecido ya una vez en la serie», afirmó O’Bannon. «Podías usarlos una y otra vez, ya fuera con maquillaje alienígena de otro personaje, o sin él». Los fans parecían receptivos a los continuos cambios de reparto .

Al final del primer año, todo el equipo involucrado en la creación y desarrollo de Farscape había encontrado su propio y particular estilo… que resultó sintonizar con el de muchos aficionados. La serie se convirtió en el programa más visto de Sci-Fi Channel y un éxito en otros países, como Inglaterra o Canadá. Y ello a pesar del maltrato al que la cadena sometería la serie periódicamente. Por nombrar solo un ejemplo, los cuatro últimos episodios de la primera temporada se emitieron cuatro meses después del precedente, hiatos que a veces se producían sin explicación ni aviso alguno a mitad de temporada.

Los fans, que se denominaban a sí mismos Scapers, inundaron Internet, publicando mensajes y comentarios en sus foros o creando páginas web sobre la serie. Curiosamente, Farscape no se había emitido aún en Australia, por lo que Internet se convirtió en el único nexo de comunicación entre quienes hacían Farscape y aquellos que la veían y disfrutaban en ese país. Actores y guionistas visitaban con frecuencia esos activos rincones de la web leyendo, escribiendo y chateando. Surgieron convenciones y encuentros no oficiales, y no pasó mucho tiempo antes de que se anunciara la primera convención oficial, que obtendría cadencia anual con sede en California. Farscape atrajo también la atención de la crítica, recibiendo elogios generalizados.

No había duda de que habría una segunda temporada, para la que se utilizó casi todo el equipo de producción original. Y digo casi porque O’Bannon decidió retirarse de la serie, aunque reteniendo el puesto algo nebuloso de «consultor ejecutivo». David Kemper, dirigiendo ahora el show y viajando continuamente entre Los Ángeles y Sydney, supo crear una atmósfera en la que florecía la creatividad y en la que las aportaciones de todo el mundo eran bien recibidas. Había un espíritu de invención, de descubrimiento. A diferencia de otras series de ciencia-ficción épica, aquí no había un universo cuidadosamente planificado en el que todos los acontecimientos hubieran sido pensados desde el comienzo. Los cineastas disfrutaban de su completa libertad para ir creando sobre la marcha.

Dos de los principales guionistas/productores, Richard Manning (bien conocido entre los trekkies) y Justin Monjo (sin experiencia previa en la ciencia-ficción), aportaron su propia y particular visión al universo de Farscape, plasmada en la pantalla por un equipo de directores australianos que consiguieron que cada episodio pareciera un pequeño film. Animal Logic, una compañía que ya había trabajado en Matrix, se hizo cargo de los efectos visuales.

Mientras que en la primera temporada habíamos visto a Crichton acomodándose paulatinamente a su nueva vida, en la segunda lo vemos descender –literalmente– a los infiernos de la locura. Comienza a experimentar desconcertantes y vívidas alucinaciones de Scorpius que, a la postre, resultan ser producto de un chip que el villano le insertó en su cerebro con el fin de extraer toda la información referente a los agujeros de gusano. Ello no hace sino sumirlo en una demencia cada vez más acusada en la que sostiene conversaciones con el Scorpius «virtual» que anida en su cerebro recreando ambientaciones de antiguas películas.

Al final de la segunda temporada, Crais, convertido en el piloto y único miembro de la tripulación de Talyn, ha experimentado una positiva transformación, en parte gracias a su íntima relación con la joven nave. Así, en la frenética aventura en tres partes Mentirosos, pistolas y dinero, al final de la segunda temporada, Crais y Talyn llegan al rescate de Moya y su tripulación, atrapados en una situación aparentemente desesperada tras intentar robar un Almacén de las Sombras. Crais pasa a formar parte del bando de los buenos, aunque estará condenado a un trágico final al término de la tercera temporada.

Ese arco argumental es indicativo de la tendencia de Farscape a crecer cinematográficamente conforme avanzaba la serie. De hecho, este triplete de episodios, que incluyen espectaculares batallas, es en realidad parte de una secuencia de cinco capítulos que incluye el emocionante final de la segunda temporada, Matame, Dicotomía y su resolución al comienzo de la tercera. Aunque terminar una temporada con una situación desesperada y llena de suspense hacía tiempo que ya era un cliché, en esta ocasión tal recurso resulta especialmente efectivo: Aeryn muere, el resto de los personajes se preparan para separarse y perseguir cada cual su propio destino, Scorpius consigue su ansiado chip con la tecnología que le dará un poder inmenso y, en el último plano de la temporada, vemos a Crichton atado a una camilla, gritando, con su cerebro dañado y con el único cirujano que podría ayudarle asesinado por Scorpius.

El tema central de la tercer año de Farscape queda bien resumido en el título del primero de sus episodios: Temporada de muerte . Los fans asistieron sorprendidos a la muerte de Zhaan como consecuencia del letal desgaste que sufre para revivir a Aeryn; Crais, que se unió al equipo para impedir que Scorpius se hiciera con la tecnología de gusano, se sacrificaba para salvar al resto; Crichton seguía experimentando alucinaciones a pesar de habérsele extraído el chip –aunque consigue cierto control sobre ellas–; y, para complicar aún más las cosas, se introduce un clon suyo que alberga los mismos sentimientos hacia Aeryn.

El tema del clon –que obligó a Ben Browder a hacer doblete en la serie, interpretando a dos personajes iguales…pero diferentes– es un buen ejemplo de la heterodoxa aproximación de Farscape a la ciencia-ficción. Los guionistas –algunos de ellos responsables de episodios diversos de varias de las series de la franquicia Star Trek–, estaban decididos a crear historias diferentes a las habituales en el género. El tema del clon era una vieja idea ensayada ya en Star Trek, pero en lugar de limitarse a lo conocido, en el episodio Cómeme desdoblaron al protagonista en dos Crichton reales e idénticos, diferenciables sólo por el color de la camiseta que visten. Uno, el de la camiseta verde, se queda a bordo de Moya con parte de la tripulación, mientras que el otro (apodado, para distinguirlo, «Talyn John» y con la camiseta negra), se une a Crais y Aeryn a bordo de Talyn.

Desde ese momento, las experiencias de ambos grupos divergen. «Talyn John» inicia una tórrida relación sentimental con Aeryn mientras lucha por mantener la tecnología de agujero de gusano alejada de los Scarrans.

Cuando Carleton Eastlake (cuya experiencia como guionista y/o productor en el campo de la ciencia-ficción televisiva abarcaba desde V hasta Star Trek: Voyager pasando por La Tierra:Conflicto Final o SeaQuest ) se unió al equipo de Farscape para colaborar en un arco de diez episodios, se quedó sorprendido por el frenético ritmo de producción. Sus responsables tenían que sacar adelante un episodio semanal coordinando el trabajo de tres oficinas localizadas en tres continentes. Las reuniones de productores, montadores y guionistas no eran las que él estaba acostumbrado en Hollywood. La mayoría de esas reuniones tenían lugar sobre la marcha en Sydney. «En la mayoría de los programas de Hollywood, acudes a alguna oficina en la que te pasas incontables horas en salas de reuniones con aire acondicionado, analizando y fragmentando las historias», dice Carleton Eastlake. «Farscape era un poco diferente».

Una típica reunión contaría con la asistencia de los productores David Kemper y Richard Manning, los guionistas Justin Monjo y Lily Taylor. Lo que era diferente es que estas reuniones tenían lugar en el BMW de Kemper, «conduciendo por la izquierda a velocidad de vértigo, yendo como locos desde el departamento de efectos especiales al estudio del compositor musical y luego a los estudios», bromea Eastlake. «David, que tiene una increíble capacidad multitarea, manejaba dos teléfonos móviles que recibían llamadas de Los Ángeles, Londres y Nueva York mientras todos proponíamos ideas y engullíamos nuestro almuerzo. En resumen, que había un asombroso parecido entre nuestras reuniones de guión y, digamos, un típico consejo de guerra entre los personajes de Farscape (…) Había una razón por la que los personajes de Farscape siempre se encontraban en movimiento y botando por entre agujeros de gusano por toda la galaxia y sólo muy de vez en cuando visitando su hogar o una imitación del mismo: era autobiográfico».

Eastlake fue contratado con un único propósito. David Kemper pensaba que había llegado el momento de que Crichton muriera o, más exactamente, el doble de Crichton que viajaba junto a Aeryn y Crais a bordo de Talyn. Como se cuenta en el episodio en dos partes Posibilidades infinitas, John y el Anciano (que adopta la forma física de Jack, el padre de Crichton), llegan al planeta en el que, en un capítulo anterior, la mecánico Furlow había conseguido acceso a la tecnología de agujeros de gusano, con el fin de evitar que venda tal sabiduría a los Scarrans. Al llegar al planeta se dan cuenta de que un destructor Scarran se dirige hacia allí y Jack diseña un arma capaz de destruir esa nave mientras John lucha con el clon neural de Scorpius.

Cuando Furlow mata al Anciano y traiciona a Aeryn y John, éste logra completar el artilugio de Jack y lanzarlo contra el destructor, pero en el proceso recibe una dosis letal de radiación. Victorioso pero moribundo, regresa a Talyn para morir en los brazos de Aeryn, que quedará profundamente afectada por la experiencia. Fue una historia frenética rematada por un final conmovedor, magníficamente interpretado por Ben Browder y Claudia Black.

«Mi principal –y única– contribución a la mitología de la serie fue la manera en que los agujeros de gusano podían ser utilizados como arma», recuerda Eastlake. «Habían ido apareciendo ominosas referencias a ello desde el principio, pero nadie había dispuesto del tiempo para sentarse e imaginar los detalles. Así que reflexioné sobre ello y tuve la idea de que el control sobre los agujeros de gusano implica que, además de su obvio valor como medio de saltar tras las líneas enemigas, podrían ser usados el arma definitiva, destructora de soles. ¡Fue una idea muy sencilla de vender!».

Prueba del total eclecticismo de Farscape fue que, inmediatamente después de la trágica conclusión de Posibilidades infinitas, los fans se encontraron, en el siguiente episodio, Angel vengador, con un enloquecido homenaje a los dibujos animados de la Warner. Tras caer en coma, el Crichton superviviente a bordo de Moya, se sumerge en un mundo habitado por versiones Warner de él mismo y Scorpius adoptando los papeles del Coyote y el Correcaminos o Bugs Bunny y Elmer. La idea provino de David Kemper, que, tras estudiar los clásicos cortos del mítico estudio, escribió los segmentos animados con antelación para que un especialista australiano los pudiera dibujar y, a continuación, insertarlos en las secuencias con actores reales. Angel vengador fue uno de los capítulos más atrevidos de toda la serie –y más caros–, confirmando la reputación de Farscape como la serie que iba a donde ninguna otra había estado antes. Ahora bien, ¿podrían los guionistas mantener la tensión dramática y la credibilidad en los siguientes episodios?

Mientras tanto, Rockne O’Bannon había ido distanciándose y dejando que los guionistas impulsaran la serie siguiendo sus propios instintos. «Reescribí muchos de los guiones en la primera y segunda temporadas, pero para la tercera, sólo había ya tres episodios que quería firmar: Aeryn encontrando a su madre; la reunión del John superviviente con Aeryn; y la muerte de Crais y la destrucción del experimento de agujero de gusano orquestado por Scorpius«.

De la misma forma que la adición de la sexy y provocativa Chiana había añadido un toque picante al tono de la serie además de servir de reclamo a los espectadores más jóvenes, al comienzo de la tercera temporada, el variopinto grupo recluta a un nuevo miembro. Joolushko Tunay Fento Hovalis (Jool para abreviar, interpretada por Tammy MacIntosh) pertenece a la raza de los Interion, estrechamente relacionada con los humanos. Su atractivo físico se convierte en motivo de fricción entre ella y Chiana, aunque su hostilidad mutua se explica también por sus diferentes orígenes sociales. A diferencia de Chiana, educada en las calles, Jool ha tenido una vida privilegiada y ha asistido a las mejores escuelas. Como resultado, es una persona caprichosa, malcriada, pretenciosa y (especialmente al principio) insufriblemente arrogante y egocéntrica. Sin embargo, también es extraordinariamente inteligente y culta, atributos que le permitirán ayudar al grupo cuando se requiera su ayuda. Su educación es, pues, especialmente valiosa en tanto en cuanto puede sustituir a Zhaan como responsable médico del grupo cuando ésta muere en el episodio Heridas autoinfligidas.

Jool dejará la tripulación al comienzo de la cuarta temporada para trabajar como arqueóloga en un yacimiento que resultará tener una importancia capital más avanzada la serie. Su puesto es ocupado por Sikozu Svala Shanti Sugaysi Shanu (Raelee Hill), miembro de la especie Kalish, sojuzgada como esclavos por los Scarrans, que los utiliza como administradores de su imperio. Sikozu incorpora a la historia cierto número de interesantes rasgos mentales y físicos que vuelven a demostrar la habilidad de la serie para mantener su interés aun cuando los personajes cambien.

La valiente Sikozu resulta ser un personaje mucho más fascinante que Jool, especialmente cuando, con la temporada avanzada, revela que es un miembro genéticamente modificado de la resistencia Kalish, capaz de emitir una radiación que mata a los por otra parte casi indestructibles Scarrans. La cuarta temporada vería también la incorporación de otro personaje, Utu–Noranti Protalong (Melissa Jaffer), una anciana de tres ojos y aspecto de bruja del planeta Trask. Noranti aporta una considerable dosis de humor gracias a sus detestables habilidades culinarias, escasa higiene y burdas maneras, aunque su sabiduría con las hierbas y sustancias contribuirá a sacar de apuros al grupo más de una vez.

El gran mosaico político galáctico, dominado por la Guerra Fría (cada vez más caliente) entre Scarrans y Pacificadores, fue el motor argumental de la cuarta temporada, con Crichton y sus amigos involuntariamente situados en el centro de la intriga mientras trataban de detener la escalada de tensión entre ambos bandos. A través de un agujero de gusano, John regresaba a la Tierra acompañado de sus alienígenas amigos para verse convertidos en celebridades mundiales y objeto de deseo de políticos poco escrupulosos; Aeryn, aún tratando de ordenar sus sentimientos hacia Crichton, revelaba que estaba embarazada… De hecho, una parte considerable del cuarto año trataba sobre los problemas de Aeryn para replantear su relación con el Crichton superviviente habida cuenta de los recuerdos que atesoraba del tiempo pasado en Talyn con el otro Crichton.

La cuarta temporada vería también la rehabilitación parcial de Scorpius, que llega a convertirse, a regañadientes de todos los demás, en un miembro de la tripulación de Moya, demostrando la extraordinaria flexibilidad e impredecibilidad de los guionistas de Farscape.

Precisamente, uno de los momentos cumbre de esta etapa es el arco argumental en tres episodios Estamos tan jodidos, en el que el grupo trata de rescatar a Scorpius del cautiverio de los Scarrans. Y es que para entonces los aficionados ya habían comprendido que las motivaciones aparentemente ególatras, codiciosas y diabólicas de Scorpius obedecían a su deseo de evitar que los crueles Scarran se convirtieran en el principal imperio de la galaxia; tal y como se nos muestra en un magnífico episodio, su odio a los Scarran deriva del maltrato que sufrió a sus manos durante la niñez por el mero hecho de ser un mestizo.

Así, el cuarto año de Farscape constó de una mezcla de episodios independientes y otros que se ensartaban en una continuidad orientada hacia un gran y dramático final en el Crichton y sus amigos se ven obligados a dar un paso desesperado y meterse en la boca del lobo. Finalmente, después de que John cerrara el agujero de gusano que conducía a la Tierra, Scarrans, Pacificadores y Scorpius parecían llegar a una relativa paz. Los últimos minutos de la temporada nos mostraban a John y Aeryn flotando pacíficamente en el mar, cerca de Moya, a bordo de un bote en un mundo aparentemente tranquilo. Justo cuando John le propone matrimonio a Aeryn, aparece repentinamente una nave y los desintegraba en mil pedazos…. Continuará… . De nuevo, los fans se quedaron con la boca abierta.

Aunque el Sci-Fi Channel, ya en la tercera temporada, había encargado la cuarta y la quinta, la cadena se había reservado el derecho de cambiar de opinión respecto a esa última… y lo ejerció. A pesar del continuo éxito entre los críticos, múltiples premios Saturn e incluso una nominación a los Emmy para el diseñador de vestuario Terry Ryan, el programa llegó de esta forma, en marzo de 2003, a un abrupto e inesperado final.

Las cifras de audiencia se habían estancado e incluso descendido. Stargate SG–1, ahora emitido por el propio Sci-Fi Channel, atraía más espectadores. Además, Farscape era una serie especialmente cara. La cadena ofreció a O’Bannon la posibilidad de continuar con una temporada corta de diez episodios, pero el productor se negó, enfadando de paso a los ejecutivos.

Los fans, enfurecidos y dispuestos a no quedarse sin el final que merecían, se lanzaron a la acción. Sabían de la cancelación desde septiembre de 2002, cuando David Kemper expuso la situación en un foro de internet. El ciberespacio echó chispas cuando los Scapers, en cuestión de horas, reaccionaron masivamente tratando de mantener viva a su serie favorita. Recaudaron dinero, escribieron cartas y emails, colocaron anuncios en revistas… incluso la CNN dedicó un reportaje a la apasionada campaña.

Nadie se rindió, ni los fans ni los creadores de Farscape. Semejante revuelo y dedicación por parte de todos los involucrados le permitieron a Brian Henson encontrar apoyo financiero en Europa para producir una miniserie de cuatro horas con un presupuesto de 20 millones de dólares que permitiera poner un digno punto y final a la serie. Y así, en octubre de 2004, dieciocho meses después de su cancelación, Farscape regresó como Las guerras pacificadoras, emitidas en el Sci-Fi Channel, paradójicamente el mismo canal que le había dado carpetazo.

Las cifras de audiencia fueron buenas, alrededor de seis millones de espectadores, pero no mayores que las que el programa había registrado durante su última temporada, por lo que se puede concluir que la miniserie no atrajo a una masa sustancial de nuevos aficionados.

Las guerras pacificadoras fue un testamento a la pasión y fidelidad que suscitó la serie. Todo el reparto de la cuarta temporada y algunos actores de las anteriores así como y la mayor parte del equipo creativo accedió a participar en el rodaje de una historia escrita por O’Bannon y Kemper a partir de las ideas que ambos barajaron para el nunca rodado quinto año.

Aunque el final de la última temporada nos había mostrado cómo John y Aeryn morían tras ser reducidos a trocitos, usando tecnología alienígena sus compañeros se las ingenian para reconstruirlos y devolverlos a la vida solo para encontrarse, ahora más que nunca, envueltos en la guerra entre Scarrans y Pacificadores.

Los sacrificios son terribles (Jool muere durante un bombardeo nuclear y D’Argo pierde la vida en la batalla final), pero John consigue, desatando el poder de la tecnología de agujero de gusano, obligar a las aterrorizadas partes en conflicto a negociar la paz. Él y Aeryn, casados por fin entre combate y combate, y su hijo, bautizado D’Argo y nacido en mitad de un desesperado asedio, terminan la peripecia dispuestos a disfrutar de una bien ganada paz. Aunque Crichton ya no podrá nunca regresar a la Tierra, ha encontrado un nuevo hogar entre las estrellas.

Y ese fue el final… por ahora. Desde entonces han aparecido novelas, comic-books y ha circulado un continuo rumor sobre la inminente y nunca concretada realización de webisodes en la página de Sci-Fi Channel. Pero la serie, aunque todavía muy viva en el recuerdo de todos los que la vieron y quienes participaron en ella, parecía tener pocas posibilidades de regresar –al menos en la forma y con los actores originales–. Y he aquí que recientemente el guionista Justin Monjo afirma que ha terminado el guión de una película de Farscape que sería dirigida por Brian Henson. ¿Ocurrirá algo parecido a lo que ya sucedió con Firefly y Serenity ? ¿O acabará siendo otro jarro de agua fría para los fans?

Mientras tanto, para todos aquellos que les guste la ciencia-ficción de aventuras, con un reparto de interesantes personajes, abundantes dosis de originalidad hasta rozar lo estrafalario y no poco humor en absoluto inofensivo, que le dediquen algo de tiempo a visionar Farscape. No perderán el tiempo.

Copyright del artículo © Manuel Rodríguez Yagüe. Publicado previamente en Un universo de ciencia ficción y editado en Cualia con permiso del autor. Reservados todos los derechos.

Manuel Rodríguez Yagüe

Manuel Rodríguez Yagüe

Como divulgador, Manuel Rodríguez Yagüe ha seguido una amplia trayectoria en distintas publicaciones digitales, relacionadas con temas tan diversos como los viajes ("De viajes, tesoros y aventuras"), el cómic ("Un universo de viñetas"), la ciencia-ficción ("Un universo de ciencia ficción") y las ciencias y humanidades ("Saber si ocupa lugar"). Colabora en el podcast "Los Retronautas".