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Crítica: «Godzilla vs. Kong» (Adam Wingard, 2021)

Hay varias maneras de tomarse esta película. Si se ve como una muestra de ese cine-videojuego actual, se puede pasar un mal rato: exceso de efectos digitales (no mejores que los de, por ejemplo, ese King Kong de Peter Jackson que a lo tonto ya tiene más de 15 años) y cámara virtual mareante y poca imagen real a la que agarrarse. La forma más sana de disfrutar de este producto es darse cuenta de que, pese a tanto ordenador, Godzilla vs. Kong no deja de ser en realidad un divertimento infantil-juvenil, no muy distinto del que entretenía a nuestros padres o incluso a nuestros abuelos en tebeos y novelitas.

En la película aparecen un montón de intérpretes, la mayoría de gran atractivo físico y talentosos. Casi todos sobran, ya que no son más que relleno para dar un respiro a los monstruos, las verdaderas estrellas, pero resulta especialmente curiosa la participación del sueco Alexander Skarsgård, quien hiciera del Rey de los Monos en La leyenda de Tarzán (2016) fallido pero estimable intento de resucitar para el cine a un personaje poco apropiado para estos tiempos. En cierta ocasión, Edgar Rice Burroughs llevó a Tarzán al mundo subterráneo de Pellucidar en la novela-crossover Tarzán en el centro de la Tierra, donde le enfrentó a los peligros y las bestias insólitas de esa gigantesca caverna con sol propio y maravillas sin fin. Pues bien, en Godzilla vs. Kong, tenemos a Alexander Skarsgård encabezando una expedición a una copia descarada de Pellucidar, lugar de origen de todos los monstruos gigantes. Un viaje en el que Kong ejerce de guía a la fuerza.

Lejos queda la seriedad de Godzilla (2014), segundo intento estadounidense de apropiarse del más japonés de los titanes e inicio del denominado «Monsterverse», una serie de películas que reinventan el bestiario de la Toho para la audiencia gaijin. En las tres películas americanas sobre Godzilla (el ridículo y divertidísimo no-Godzilla de Roland Emmerich, la citada cinta del 2014 y su secuela de 2019 Godzilla: Rey de los monstruos) nos ha quedado claro que, si bien ninguno de esos títulos es un absoluto desastre, el dinosaurio mutante radiactivo es una criatura 100% japonesa que no se sabe hacer bien en otros países. La prueba es que, mientras el Godzilla americano ha tenido una acogida tibia, los aficionados se han entusiasmado con el estreno en 2016 de Shin Godzilla, magnífica puesta al día de los planteamientos del Godzilla original que ya se ha convertido en un título de culto.

Si el «Monsterverse» ha seguido adelante se debe principalmente por lo mucho que gustó Kong: Skull Island (2017) reinvención de la legendaria criatura sin especial relación con el Kong original ni con el japonés que se enfrentara al lagarto en King Kong contra Godzilla (1962), simpático film infantil/juvenil que, admitámoslo, no está entre los mejores títulos de ninguno de las dos criaturas gigantes. Skull Island sorprendía por casar con éxito el estilo visual del cine-videojuego con el espíritu del buen cine de aventuras fantásticas de antaño, todo ello mezclado con fetichismo de la guerra de Vietnam, con humor, terror y sentido de la maravilla. No tenía el poderío sentimental del King Kong clásico, pero tampoco lo buscaba, y quizá por ese mimo aplicado al mero objetivo de entretener, el director Jordan Vogt-Roberts logró crear algo poco frecuente en estos tiempos: una película comercial con personalidad y que no se borra al instante de la memoria.

No es de extrañar, visto lo visto, que la que se presenta como entrega final del «Monsterverse» (la buena taquilla podría cambiar esto) sea, principalmente, un Kong 2. Desde la primera e insólita escena (heredera de El show de Truman), quede claro que el héroe (superhéroe, incluso) de la función va a ser el Rey de Skull Island. Godzilla aparece mucho menos, y se le retrata como amenaza, no como co-protagonista. Los humanos pululan luciendo palmito por la película, pero poco importan en realidad (la subtrama protagonizada por Millie Bobby Brown podría desaparecer del montaje final sin que se notara en el resultado final). Todo el film trata sobre las aventuras de Kong como víctima, cautivo, explorador, rey, guerrero y cómo se enfrenta a una serie de sorpresas que no lo son tanto para el aficionado de toda la vida a las kaiju eiga.

Ahora que Superman no sonríe y que para a Batman le suceda algo medianamente fantástico hay que justificarlo con una introducción aburrida de hora y pico, Godzilla vs. Kong se agradece por su desvergonzado guion, cercano a la ciencia ficción japonesa de los 60 y los 70 donde todo puede pasar y los ingenios tecnológicos casi mágicos conviven con monstruos antediluvianos y amenazas planetarias. Por ejemplo, y sin entrar en grandes spoilers, en determinado momento, Godzilla excava un pozo al centro de la Tierra en pocos minutos con su aliento radiactivo. De ese tipo de diversión hablamos; cine de sesión doble matinal en la sala del barrio, pero con presupuesto holgado y, qué le vamos a hacer, sobredosis digital.

Es más que probable que los pequeños de la casa disfruten más de Godzilla vs. Kong que sus padres, como debe ser, y que piensen que es lo último de lo último. Poco sospechan que este enfrentamiento comenzó en los años 30, poco después del estreno de King Kong, con uno de esos proyectos de Willis O’Brien que nunca llegaron a realizarse. En este caso se trató de King Kong vs. Prometheus, donde el mono debería enfrentarse a un gigantesco golem creado por el doctor Frankenstein. Por cosas de la industria, el proyecto acabaría en manos de la Toho, y de él derivarían finalmente dos películas, la citada King Kong contra Godzilla Frankenstein Conquers the World (1965).

Edgar Rice Burroughs, Willis O’Brien… La energía del viejo pulp no se destruye, sino que se transforma.

Sinopsis

Las leyendas chocan en Godzilla vs. Kong cuando estos míticos adversarios se dan cita en un titánico combate para todas las edades, mientras el destino del mundo pende de un hilo. Kong y sus protectores se embarcan en una peligrosa misión para encontrar su verdadero hogar, y van acompañados de Jia, una joven huérfana con la que ha creado un vínculo muy especial. Pero de repente se cruzan con un Godzilla enfurecido, que va dejando a su paso una estela de destrucción en todo el mundo. El épico choque entre ambos Titanes, instigado por fuerzas invisibles, solo es el comienzo del misterio que se esconde en las profundidades de la Tierra.

Durante décadas, los titanes cinematográficos Godzilla y Kong han tenido sus propias aventuras en la pantalla… hasta ahora. Godzilla vs. Kong es una película donde se desarrollan acontecimientos de tamaño monstruoso, con sentimientos, humor y grandes dosis de acción para trascender el género. Esta eterna rivalidad alimenta una aventura épica que tiene lugar por todo el mundo para que estas dos fuerzas de la naturaleza, más poderosas que nunca, se enfrenten cara a cara y puño a puño en tierra y mar en una batalla para restablecer el equilibrio en la Tierra.

El director Adam Wingard afirma: Godzilla y Kong disfrutan de un increíble legado en el cine. En un principio, los veíamos como monstruos de Oriente y Occidente donde Godzilla asaltaba Tokio y Kong aterrizaba en Nueva York, de la mano del hombre. Pero no importa cómo los veamos, ambos son iconos del cine que hacen las delicias del público de todo el mundo”.

Y de todas las edades. “Recuerdo que cuando era niño, mis amigos y yo discutíamos sobre quién ganaría en una pelea, Kong o Godzilla”, dice riendo Wingard. “En realidad, dirigir esta película fue la excusa perfecta para volver a visitar todas las películas de Godzilla y Kong en orden cronológico; fue lo primero que hice cuando empecé a hablar con Legendary sobre la posibilidad de hacer esta película. Y eso influyó mucho en el enfoque general que le di a esta película. Para empezar, Godzilla pasó de ser el malo a ser el bueno y después otra vez el malo. Creo que eso es lo bueno de la evolución de Godzilla y Kong, y lo que hace que las historias que contamos sobre ellos sigan siendo nuevas y atractivas”.

El guión es obra de Eric Pearson y Max Borenstein, basado en una historia de Terry Rossio, Michael Dougherty y Zach Shields. Borenstein afirma: “Cuando empecé a trabajar en la primera película de Godzilla de Legendary-Warner Bros. Godzilla hace 10 años, y en Kong: La Isla Calavera pocos años después, el Monsterverse era solo un proyecto en ciernes. Cuatro películas y una década después, reunir a nuestros Titanes en un enfrentamiento que le da un nuevo significado a la palabra épica ha sido como ver a nuestros hijos graduarse en la Universidad de Mayhem”.

Rossio comenta: “Fue un honor que me confiaran a estos dos personajes icónicos del cine mundial y poder diseñar una película que los uniera. La historia del cine salta por los aires cuando estos dos gigantes que pueblan nuestra conciencia colectiva se enfrentan entre sí. Siempre supimos que tenía que haber espectáculo, pero felicitamos a los ejecutivos y productores de Legendary, que se tomaron su tiempo en desarrollar la historia trabajando con varios guionistas. Querían asegurarse de que la película presentara relaciones de carácter personal, temas universales y la máxima autenticidad”.

El rodaje de Godzilla vs. Kong se desarrolló en Hawai, EE.UU. y en Queensland, Australia. Ambos escenarios se transformaron para dar vida a los decorados realistas y fantásticos de la historia que van de batallas en mar y tierra a una impresionante Tierra Hueca que podría estar en el origen mismo de los Titanes. El equipo creativo de Wingard incluía al director de fotografía Ben Seresin, el montador Josh Schaeffer y al supervisor de efectos visuales John “DJ” Desjardins, junto con los diseñadores de producción Tom Hammock y Owen Paterson y la diseñadora de vestuario Ann Foley.

Los diseñadores empezaron en Hawai, en la isla de Oahu, donde utilizaron la naturaleza selvática de la región para recrear el desconocido biodomo de la Isla Calavera en el Océano Pacífico, donde residen Kong y Jia, y que observan una legión de investigadores y científicos de Monarch. El Centro de Convenciones de Hawai sirvió para recrear diversos interiores tanto de Monarch como de APEX. Entre otras localizaciones de la zona que se utilizaron para el rodaje están Lanai Lookout, Kapolei Stages, Sand Island State Park y otras en la capital del estado de Honolulu y de toda la isla.

El barco USS Missouri Memorial situado en Pearl Harbor y una parte del aeropuerto de Kalaekoa sirvió para recrear el portaaviones en el que viaja Kong por el mar y que le lleva a su nuevo hogar. Este sitio sirvió para rodar una secuencia fundamental de la historia que surgió tal y como explica Wingard: “Nos preguntamos: ‘¿Dónde no hemos visto luchar a estos personajes?’ Los hemos visto pelear en la ciudad, en la jungla… en todo tipo de entornos. Pero vimos que no los habíamos visto en una batalla en el mar”.

“Rodar en Hawai fue fantástico”, afirma Hammock. “A veces puede resultar un poco loco porque el clima fluctúa y nunca se sabe lo que va a hacer el volcán. Cuando estábamos buscando localizaciones para la película el volcán empezó a hacer erupción y la lava cubrió un montón de sitios de los que nos habíamos enamorado. Así que allí siempre estás a merced de los elementos”.

Después, el equipo se trasladó a la Gold Coast australiana donde buscaron localizaciones, así como construcciones que recrearan el puente del barco de transporte, un depósito de agua al aire libre, los puestos de avanzada de Monarch y el puesto de control de la misión, los «exteriores» de la Antártida, las bulliciosas calles de Hong Kong, la cabina del APEX Heli-Craft y la gigantesca Tierra Hueca.

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Vicente Díaz

Vicente Díaz

Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Europea de Madrid, ha desarrollado su carrera profesional como periodista y crítico de cine en distintos medios. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic y la cultura pop. Es coautor de los libros "2001: Una Odisea del Espacio. El libro del 50 aniversario" (2018), "El universo de Howard Hawks" (2018), "La diligencia. El libro del 80 aniversario" (2019), "Con la muerte en los talones. El libro del 60 aniversario" (2019) y "Alien. El 8º pasajero. El libro del 40 aniversario" (2019).