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Crítica: «La Liga de la Justicia de Zack Snyder» («Zack Snyder’s Justice League», 2021)

Muchas películas de superhéroes tienen una personalidad asamblearia. Viéndolas, uno tiene la impresión de que el nombre del director es solo un trámite, y que a la hora de completar el trabajo, han delegado las decisiones en un comité que vota cada detalle a mano alzada.

No sé si es una exageración, pero citaría bastantes títulos que me convencen de ello. En Liga de la Justicia (2017) esta sensación de collage estaba justificada por las circunstancias. Tras numerosas rescrituras del guión, Zack Snyder emprendió el rodaje. En determinado momento de la post-producción, la muerte de su hija apartó al director del proyecto. Y ahí entró en escena Joss Whedon, quien modificó bastante el producto final ‒con más humor y menos metraje‒ por indicación directa de los ejecutivos de Warner Bros.

El montaje final pareció más o menos agradable, dependiendo del grado de exigencia de cada espectador. Por un lado, aquello se nos ofrecía como una colección de estampas promocionales, con planos que recordaban viñetas o salvapantallas, y por otro, casi hacía falta un flotador para librarse del maremoto digital. No obstante, si uno perdonaba esa apariencia de videojuego con ínfulas, Liga de la Justicia podía despertar simpatía e incluso interés, a pesar de sus muy evidentes defectos.

En medio de la sequía de estrenos impuesta por el coronavirus, Warner Bros decidió en 2020 que no era mala idea atender a los fans que pedían el montaje original de Snyder, esta vez sin los añadidos de Whedon. Una inversión de setenta millones de dólares hizo realidad ese lavado de cara, y el largometraje resultante fue estrenado por HBO Max en marzo de 2021.

Entiende uno que este nuevo espectáculo digital es mejor que la película de 2017, sobre todo porque la historia está mejor desarrollada. Lógico, dado que Snyder alarga la función para que dure 242 minutos: un metraje digno de una miniserie, pero sin grandes variaciones con respecto a la trama original.

Sin embargo, aun gustándome más que la cinta de 2017, esta Liga de la Justicia de 2021 mantiene varios de los inconvenientes de su predecesora. Para aquellos nostálgicos que creen que la sobredosis de CGI se ha convertido en una forma de tortura, la mala noticia es que, en este caso, el exceso digital es casi perturbador.

Por otra parte, en lugar de hacer fácil lo difícil, Snyder pertenece a esa tribu de cineastas que plantea encuadres y describe valores de plano tal y como lo haría un creativo publicitario. Es decir, conduciendo nuestra mirada hacia el efectismo y el happy meal.

Con esa misma filosofía, la música de Junkie XL cobra aquí importancia, no desde el punto de vista de la melodía ‒algo que sí cuidó Danny Elfman en 2017‒, sino como remache de las secuencias que va acumulando Snyder: atornilladas con volúmenes sonoros, resonancias atronadoras y percusiones que sirven de signo de puntuación en el montaje.

Todo se retroalimenta. La puesta en escena es solemne, lóbrega, incluso pretenciosa, pero está articulada de forma conveniente. De hecho, si uno se acostumbra a ese estilo ‒o mejor aún, si uno tiene quince años y entiende las leyes que operan tras el cine actual‒ estas cuatro horas de Snyderverso se pueden consumir con comodidad. Toca aceptar, pues, las reglas del juego, aunque no siempre nos hagan felices. La otra opción, claro, es pasar de largo, bajando la vista y sin quejarse demasiado.

La Liga de la Justicia de Zack Snyder consolida un nuevo subgénero: el montaje del director. Versiones alternativas, siempre larguísimas, que dan dos o tres vueltas alrededor del mismo sol. Luego viene lo de compararlas con el primer montaje, y reconocer las partes que se volvieron a rodar, pero eso es más adelante, cuando ya las hemos digerido.

También es una película muy ilustrativa para comprender cómo Snyder maneja su talento ‒ojo, porque es un profesional con mucho oficio e ingenio visual‒ al servicio de una demanda de placer inmediata. Conoce los estímulos sociales del entorno, sabe lo que le pide su audiencia objetiva, e incluso cómo respira ese público detrás de la cortina.

Por lo demás, en este paso evolutivo entre la estética del cine y la del videojuego, el director tiene la cortesía de contar con un reparto apropiado. La Liga de la Justicia ‒Batman (Ben Affleck), Superman (Henry Cavill), Wonder Woman (Gal Gadot), Ciborg (Ray Fisher), Aquaman (Jason Momoa) y Flash (Ezra Miller)‒ está encarnada de forma precisa, y aunque uno esperaría bastante más de los villanos digitales de la función ‒Darkseid (Ray Porter) y Steppenwolf (Ciarán Hinds)‒, tampoco suponen un gran problema.

En fin, se mire por donde se mire, cuando una película se perfila como un evento, reaccionamos por estímulos condicionados. Es algo inevitable, y quizá no convenga reflexionar demasiado sobre ello a la hora de valorar una producción como ésta. El movimiento #ReleasetheSnyderCut, tan activo en redes sociales, aún determina la simpatía que genera este largometraje, y sobre todo, le impide a uno ser demasiado exigente con un tipo como Snyder, aún marcado por la tragedia.

Bienvenidos sean los elogios que ahora recibe, y ojalá esta gratitud de sus admiradores le sirva para retomar la energía que mostró, a mi modo de ver con mayor acierto, al inicio de su carrera.

Sinopsis

La Tierra está en el punto de mira de la peor y más malvada fuerza alienígena que haya habido jamás, un enemigo antiguo que se aprovecha de la vulnerabilidad resultante de la muerte del hijo de Krypton. Para que la humanidad tenga alguna posibilidad de supervivencia, Batman y Wonder Woman tienen que convencer a sus compañeros metahumanos (Ciborg, Aquaman y Flash) para que se unan y luchen en defensa de la humanidad.

La historia, que comienza poco después de que viéramos a Bruce y Diana separar sus caminos, narra la nueva conexión entre estos dos personajes, que no siempre ven el mismo camino hacia el objetivo que comparten. Pero tienen una misma motivación: actuar, de acuerdo con el sacrificio que hizo Superman, para encontrar rápidamente un terreno común que les permita enfrentarse a Steppenwolf, un guerrero de dos metros y medio de altura del mundo de pesadilla de Apokolips. Busca el poder para conquistar el mundo y transformarlo para él. No es un villano normal, y es necesaria una fuerza extraordinaria para derrotarle.

Zack Snyder dice: «Simplemente la idea de unir a la Liga de la Justicia en el mismo campo de juego, entrando en el paisaje cinemático como equipo y embarcándonos en una extraordinaria aventura… ese simple concepto era inspirador».

En la película, la pérdida de Superman, la pérdida de la esperanza, es el catalizador para que todo lo que sucede, en ambos lados. Pero hay poco tiempo para lamentarse, y aún menos tiempo para tomar medidas. La Tierra es vulnerable, y está a punto para el ataque debido a ese vacío. Y como el héroe que defendía la esperanza y la justicia ya no está, los componentes de la Liga deben unirse para combatir por el mundo al que él había salvado.

Para formar la Liga, la historia nos remonta a los confines de la Tierra y más allá: desde la arenosa Gotham hasta Central City, desde la populosa París hasta las remotas tierras heladas de Islandia, desde Themyscira hasta Atlantis, y desde la animada Metrópolis hasta la serenidad de Smallville. Si Bruce y Diana consiguen reclutar a los otros para esta extraordinaria batalla en la que todos sus mundos están en peligro, se unirán para formar el mayor equipo de superhéroes del universo de DC.

El hecho de que Bruce Wayne ayude a los demás es un reflejo del aspecto de sí mismo que intenta ocultar, pero que está en el núcleo de su personalidad y de su popularidad. Ben Affleck, que también ha sido productor ejecutivo de la película, interpreta por tercera vez el personaje que sirve como puente, según cree el actor, entre humanos y metahumanos. Ahora Batman tendrá que tender un puente entre héroes, él mismo incluido.

«Batman sigue resonando porque por una parte es un superhéroe, pero por la otra es como nosotros», dice Ben Affleck. «Se siente vulnerable; sangra si le produces un corte. Es una persona real por dentro y, sin embargo, es ‘súper’. Hay todo tipo de contradicciones en ello, lo cual hace que sea interesante contar la historia».

Los cómics de Batman, continúa, «son historias de misterio en su raíz. Misterios sobre el yo, sobre el carácter y la identidad, así como sobre el misterio que son y que, en cierta medida, seguirán siendo los humanos para sí mismos».

Gal Gadot, que apenas había terminado de filmar Wonder Woman cuando comenzó Liga de la Justicia, encontró que era fácil volver al personaje, pero no estaba preparada para la alegría de ver a la Liga unida.

«Usar mi traje me pareció lo más normal porque lo había estado haciendo durante seis meses antes», afirma Gadot. «Pero ver a todos los demás vistiendo sus propios trajes fue maravilloso. Recuerdo los tres primeros días, miraba a todos los hombres y a mí misma con ese vestuario, y no hacía más que reír porque me parecía surrealista. ¡Tantos superhéroes juntos! Fue realmente genial rodar esta película».

«Wonder Woman es la mejor guerrera», declara Gadot. «Tiene una fuerza increíble, pero al mismo tiempo puede ser muy humana. Se preocupa mucho por las personas y lo único que desea es hacer del mundo un lugar mejor, porque ve el mundo como algo muy especial. La vida es muy complicada y nos olvidamos de las cosas simples, pero ella siempre las recuerda: amor, esperanza, hacer el bien en el mundo. Y creo que eso es algo a lo que todos pueden aspirar «.

Ezra Miller es un fanático desde hace mucho tiempo de los cómics, tanto de los personajes como de la física que hay tras ellos. «Flash es un científico en el sentido de que un científico estudia el orden natural de las cosas, hace observaciones y realiza experimentos», explica Miller. «Pero Barry está interesado en la mecánica cuántica porque literalmente se la está encontrando de frente».

Victor Stone fue una vez quarterback universitario en la Universidad de Gotham City, pero un terrible accidente casi le costó la vida. Su padre, el científico Silas Stone, salvó a su hijo, pero a un precio. Ahora medio hombre, mitad máquina, Víctor pasa sus días y noches intentando comprender las nuevas partes biomecánicas de su cuerpo que lo tienen conectado con todo. Tan bien está conectado que sabe que Bruce y Diana le están buscando casi antes que ellos.

«Ciborg se convirtió en la tecnología que se utilizó para reconstruirlo», explica Ray Fisher, que interpreta al metahumano recién creado. «La tecnología que utilizó su padre era alienígena y le proporcionó superhabilidades. Tiene una superfuerza. Puede volar. Puede interactuar con cualquier cosa tecnológica. Tiene mundos de información a su disposición, no solo de nuestra galaxia sino también de otros universos. Pero todo es bastante nuevo, por lo que lucha con eso. Hace que se nos plantee la siguiente pregunta: «¿En qué medida debes permitirte a ti mismo estar encerrado en la idea de quién y qué eres?».

Explicando al personaje que interpreta, Aquaman, Jason Momoa dice: «Es el heredero del trono de la Atlántida, pero aún no es el rey». Así que, como siempre, está entre varios mundos. Pero aquí, en los confines de la tierra, tiene un propósito. Arthur es un buen hombre, ayuda a las personas que realmente lo necesitan y ha encontrado un lugar donde lo aceptan y lo respetan. Puede quitarse su ‘máscara’ aquí».

Al igual que Wonder Woman es una semidiosa, la herencia de mitad atlante de Aquaman le otorga una cualidad mítica y antigua que, en su caso, se ve reforzada por su comprensión intuitiva de los vastos y aún en gran parte inexplorados océanos de la Tierra y de los misterios que pueden contener. Pero, mientras que Diana creció en medio de historias elocidad de natación excepcional y la capacidad de respirar tanto en tierra como bajo el agua.

Jeremy Irons regresa como el indispensable Alfred Pennyworth, sin el cual sería difícil ser Bruce Wayne y casi imposible ser Batman. «¿No quisiéramos todos un Alfred?», postula Irons. «No se queja, mantiene los vehículos en funcionamiento, cocina un poco, es un buen consejero y tiene una influencia tranquilizadora. No es un superhéroe, pero de alguna manera creo que podría ser considerado como un héroe, quizás sin el prefijo súper.

El otro socio de Batman en la lucha contra el crimen es el comisario de policía de Gotham City, Jim Gordon. J.K. Simmons interpreta el papel, y admite sin problemas: «Ser parte de este mundo, unirse al universo de DC, es un verdadero placer para un actor. Y hacer de Jim Gordon es un honor».

Para estos héroes, acorralar a las fuerzas extraordinarias que van contra ellos no será tarea fácil; tendrán que recurrir a sus poderes individuales, y trabajar juntos para combinar sus muchas y diversas fortalezas, mientras se enfrentan a un enemigo en ascenso en los rincones más lejanos del globo y más allá.

Es un esfuerzo hercúleo para los personajes, y no menos para los muchos actores y equipo técnico teniendo en cuenta la escala de la producción. Sin embargo, de acuerdo con Affleck, el tono optimista y la alegre camaradería que impregnaba el rodaje estaba a los pies de Zack Snyder. «Zack tiene mucha energía, entusiasmo y pasión. Estuvo en un 100 por ciento dedicado al trabajo todos los días, y tiene esa energía infantil que hace que se sienta emocionado al trabajar, lo que hace que no sienta tanto que se trata de un trabajo «.

Zack Snyder afirma: «Es realmente genial disponer de actores tan increíbles para cada papel. Como cada una de las actuaciones es muy buena, las escenas tienen un alto nivel y los personajes que conocemos de las páginas de cómics se sienten como personajes muy reales».

Para ayudar a definir el aspecto de los personajes al dar el salto del papel a la pantalla, el diseñador de vestuario Michael Wilkinson tuvo nuevamente la oportunidad de aportar profundidad y dimensión a ilustraciones conocidas en todo el mundo.

Wilkinson relata: «Usamos programas de renderizado en 3D para crear las ilustraciones de mis diseños, y también usamos tecnologías digitales en 3D durante nuestro proceso de fabricación. Escaneamos a nuestros actores para poder aplicar los diseños directamente sobre ellos, ya sea como maniquíes de tamaño completo o en el ordenador, y utilizamos impresoras 3D para fabricar elementos y moldes de disfraces elaborados. Hicimos moldes de determinados elementos del vestuario en uretano, que descubrimos que puede ser muy rígido o muy suave, dependiendo de la parte del traje para la que se usa. Insertamos los elementos de uretano en una tela de base elástica, por lo que creamos un nuevo tipo de tela sobre la que se puede pintar una variedad de colores y texturas. Todo estaba más o menos esculpido de la cabeza a los pies «.

Antes hacían falta siete especialistas, pero ahora, gracias a los avances en la tecnología, especialmente los brazos robóticos de alta velocidad desarrollados para su uso en la industria automotriz, se reduce significativamente el esfuerzo. El supervisor de efectos especiales Mark Holt aseguró a los actores que los robots no solo eran seguros, sino que en realidad eran más seguros que sus homólogos humanos; de hecho, se utiliza el mismo software que se usa para cirugía robótica.

«En los viejos tiempos, hacíamos un equipo a medida para cada trabajo», admite Holt. «Ahora podemos usar estos robots, literalmente llamados Safe Robot, que son tan precisos que pueden repetir un movimiento cada vez dentro de una tolerancia de 0,2 milímetros».

Para Batman, cuya riqueza es su superpotencia, sus armas incluyen una flota de vehículos de alta potencia, y uno de los mejores en su arsenal es el Batmóvil. El vehículo se ha ganado su reputación como el depredador principal en las calles de mala muerte de Gotham City. Las imponentes capacidades de defensa del automóvil, respaldadas por las tecnologías adecuadas de Wayne Industries, se han combinado con lo último en armamento encubierto de grado militar, ocultación y sistemas de protección activa. Impulsado por un prototipo híbrido inigualable de tecnologías de rendimiento militar y civil, se ha estimado que alcanza velocidades de hasta 330 kilómetros por hora.

«Una de mis escenas favoritas fue cuando salté sobre el Batmóvil: ¡eso fue muy fuerte!», dice Jason Momoa sonriendo. «Me decía mí mismo: ¡no puedo creer que esté navegando en el Batmóvil ahora mismo!»

La última máquina de Batman, el Knightcrawler eléctrico híbrido, esencialmente un tanque de cuatro patas, fue diseñado específicamente para navegar a través de terrenos estrechos, oscuros e impredecibles, y se encuentra entre los vehículos más avanzados de la flota de vehículos de Batman. Puede abordar casi cualquier topografía; sin embargo, cuando las bandas de rodamiento del tanque llegan a su límite, son los apéndices mecánicos de funcionamiento independiente los que le permiten realizar maniobras que son un reto a la gravedad como escalar paredes verticales. Además, está equipado con un arsenal completo de armas, desde un lanzador de misiles delantero a cohetes traseros y más.

Aunque buena parte de la máquina se hizo en postproducción, se construyó un esqueleto práctico para los especialistas. Cada versión del Knightcrawler tenía un marco de acero hecho de una plantilla, con una «piel» de revestimiento de aluminio y un interior hecho de una espuma en panal llamada F-Board. Estos tableros proporcionaban ligereza y resistencia a la vez. En el centro había un asiento para Batman, y a cada lado había puertas de ala de gaviota que se podían abrir cuando era necesario. Se agregaron luces y otros aditamentos, y después se montó todo en un robot pesado que podía mover una tonelada de carga a unos asombrosos dos metros por segundo.

Sin embargo, cuando tu archienemigo está escondido en la mitad del mundo, también necesitas una forma de transportar tus armas, junto con tus compañeros superhéroes. El vehículo más grande en el arsenal móvil de Batman, el Flying Fox, es un avión híbrido con la capacidad de un bombardero y la maniobrabilidad de un caza a reacción. Alcanzando velocidades de casi 1.600 kilómetros por hora, con una altitud de ataque de hasta 15.000 metros, también tiene capacidades de despegue y aterrizaje vertical (VTOL). El Flying Fox consta de tres niveles de gran escala e incluso puede llevar dentro el Batmóvil recientemente aumentado.

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Guzmán Urrero

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como "Cuadernos Hispanoamericanos", "Album Letras-Artes" y "Scherzo".
Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte).
Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos. Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.