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Cuto (1935-1975), de Jesús Blasco

Cuto es a la tradición de la historieta española lo que Tintin o  Spirou son a la francobelga. En España, el tebeo de este perfil ‒el protagonizado por un chaval aventurero, metido en mil complicaciones‒ lleva el nombre de Cuto, y créanme, ya va siendo hora de que las nuevas generaciones lo tengan en cuenta.

¿A quien se le ocurrió crear a este personaje? Pues a un maestro de la viñeta, Jesús Blasco (1919-1995), que pronto se acostumbró a compartir el taller de dibujo y la propia firma con sus más eficaces colaboradores: sus propios hermanos, Adriano y Alejandro.

Las primeras peripecias de Cuto parecen seriales en blanco y negro, proyectados en alguna sesión matinal de los años cuarenta o cincuenta. Si aún queda algo parecido a la inocencia , el lector podrá hallarlo en estos cómics, publicados desde 1940, dentro de las páginas de la revista Chicos, y dotados de un encanto y un sentido de la maravilla que ‒entiéndase en el mejor sentido‒ son propios de otra época.

La prehistoria del tebeo nos recuerda que Cuto nació en 1935, integrando una pandilla disneyana dentro de la serie «Cuto, Gurripato y camarilla», en la revista Boliche. Pero es su etapa en Chicos la que alcanzó cimas artísticas muy elevadas a partir de la historia que inaugura la serie, «El pequeño policía» (números 143 a 158 de Chicos, 1940-1941).

Sin duda, todas estas creaciones de Blasco son producto de su tiempo, y ese es uno de los atractivos de su relectura, que nos permite ponernos en la piel de los lectores que recibieron por vez primera las hazañas de Cuto. Cuando el escritor Javier Pérez Andújar se refiere a la chavalería de aquellos años, los llama «chicos de tambor y trompeta», y no se me ocurre mejor manera de imaginar a todos los críos que devoraron estas historietas en sus primeras ediciones.

Uno se los imagina encorvados ante cómics como estos, fijándose en los detalles de cada viñeta, preguntándose cómo lograría el bueno de Cuto escapar de este o aquel peligro.

Blasco era un genio, de ello no hay duda. Pero como todos los genios, trabajó sin descanso hasta refinar su estilo. Eso es algo que advertimos con claridad: de un relato a otro, va imponiéndose un trazo soberano, cada vez más realista y elegante, conjuntando a la perfección la comicidad y ese clasicismo que Blasco heredó de Harold FosterMilton Caniff y Alex Raymond (Antes de la guerra, su referente habían sido los tebeos de Floyd Gottfredson para la compañía Disney).

Al mismo ritmo que su creador mejoró sus cualidades, Cuto fue madurando, y pasó de ser un niño curioso y atrevido a convertirse en un joven intrépido e inteligente.

Jesús Blasco y sus hermanos, con los que siempre trabajó en equipo, no fueron unos historietistas al uso, sino unos artistas geniales que, a lo largo de su carrera, acumularon innumerables aciertos.

Sin embargo, no podemos decir que hoy en día los hermanos Blasco tengan el reconocimiento que merecen entre los lectores más jóvenes. En una época en la que el cómic ya ha alcanzado la aprobación que le corresponde en el ámbito académico, y en la que tantas franquicias triunfan a nivel industrial, se da la paradoja de que Cuto, una de las cimas del tebeo español, aún debe ser reivindicada en nuestro país.

Entre mis historietas preferidas de Cuto, se encuentra «El castillo del terror» (1944). No obstante, el plato fuerte es una aventura clásica, magistralmente realizada, que ya ha entrado en la leyenda del cómic español. Me refiero, por supuesto, a «Tragedia en Oriente» (números 343 a 383 de Chicos, 7-03-1945 / 28-04-1946). Se trata de una obra sensacional, en cuyas viñetas, se adivina la ya citada influencia de Raymond o de Caniff ‒en mayor medida la del primero‒ y una ambición narrativa que, por supuesto, abrió nuevos horizontes a los hermanos Blasco.

Las de Cuto son aventuras escapistas, en las que vuela libremente la imaginación, y aunque es cierto que podemos adivinar un subtexto en Tragedia en Oriente ‒mucho se ha hablado sobre sus oblicuas alusiones a la Segunda Guerra Mundial y a nuestra Guerra Civil‒, lo cierto es que todo este periodo del personaje (los años cuarenta) rezuma entusiasmo juvenil, emoción y sentido de la maravilla.

Sin duda, nos hallamos ante un tebeo imprescindible para quienes, interesados en la evolución del tebeo español, quieran reencontrarse con un personaje que ocupa un lugar de honor en la historia del noveno arte.

Historietas de Cuto

«Cuto, Gurripato y camarilla» (Boliche, 1935)

«El pequeño policía» (Chicos, nº 143-158, 1940)

«Cuto deportista» (Almanaque Chicos, 1941)

«El secuestro» (Almanaque Chicos, 1942)

«Sin rumbo» (Chicos, nº 161-202, 1941-1942)

«El pájaro azul (Cuto héroe del aire)» (Chicos, 1942)

«El mundo perdido» (Chicos, nº 206-267, 1942-1943)

«Granujas y caballos» (Almanaque Chicos, 1943)

«El castillo del terror» (Almanaque Chicos, 1944)

«Cuto en una del Oeste» (Almanaque Chicos, 1946).

«Tragedia en Oriente» (Chicos, nº 343-383, 1945-1946)

«En los dominios de los sioux» (Chicos, nº 385-448, 1946-1947)

«El lago de la muerte» (Almanaque Chicos, 1947)

«El caso de los muchachos desaparecidos» (Chicos, nº 469-491, 1948).

«Cuto en Nápoles» (Almanaque Chicos, 1948)

«El junco de Sing» (Almanaque Chicos, 1949)

«Hombres muertos en la isla» (Chicos, nº 532-556, 1949-1950)

«El secuestro» (Almanaque Chicos, 1950)

«Estrella negra» (Chicos, segunda época, nº 1-38, nº 1950-1951).

«La herencia misteriosa» (Boy, 1953, historieta inacabada)

«Hampa mundial Inc.» (Jornal do Cuto, 1973 / Chito, 1974, historieta inacabada).

«Pesadilla» (Chito, 1974)

«SOS… Petróleo!» (Jornal do Cuto, nº 111, 1975)

Sinopsis

En los años cuarenta, Cuto fue el héroe de todos los muchachos de la primera posguerra española: un poderoso ensueño de aventura, viajes, descaro, acción a destajo y mucho atrevimiento, viñeta tras viñeta. En el semanario Chicos, Cuto era el chico del momento en pandilla con sus lectores. Cuto corre, Cuto nada, Cuto conduce cochazos, Cuto pilota aviones al ritmo que le dio un joven e inspiradísimo Jesús Blasco (Los guerrilleros) de poco más de veinte años.

Con Cuto, el genial dibujante se hizo espacio en la revista con un auténtico alarde de recursos, una dinámica exhibición de atrevidos planos y perspectivas. «El pequeño policía», «¡Sin rumbo…!», «Cuto deportista», «El mundo perdido», «El secuestro» y «El pájaro azul» fueron sus primeras aventuras.  Nació como personaje de cartoonist y creció progresivamente realista, a la medida de cada nuevo reto. Cuto llegó para quedarse. Hoy su principal aventura es gráfica. Una fiesta visual.

En el segundo tomo de la edición de ECC, Cuto sigue con sus aficiones detectivescas, mientras se mete en mil berenjenales por parajes muy diversos y… ¡todo tipo de géneros! En las dos primeras historietas aquí presentadas, Granujas y caballos (1944) y El castillo del terror (1945), nos encontramos todavía con el pequeño pilluelo de trazo humorístico que conocimos en el volumen 1, pero los fondos son progresivamente más realistas y Jesús Blasco sigue en vena, experimentando perspectivas y nuevos recursos gráficos. El salto definitivo se da en Tragedia en Oriente (1945- 1946), una historia bélica en la que Cuto ya tiene mucho de adolescente y su dibujante ha alcanzado la madurez creativa. La presente edición incluye cinco relatos de ese período que contribuyeron a la consolidación del personaje, además de un pequeño flashback con la publicación de la historieta realista La escuadrilla de la muerte (1941): comparar sus combates aéreos con los de Tragedia en Oriente da fe de la sorprendente evolución de Jesús Blasco en tan solo cuatro años.

Cuto volumen 1 ESP || FECHA PUBLICACIÓN EN ESPAÑA: Mayo de 2018 || GUIÓN: Hermanos Blasco || DIBUJO: Hermanos Blasco || FORMATO: Cartoné, 208 págs. Blanco y negro. 

Cuto volumen 2 ESP || FECHA PUBLICACIÓN EN ESPAÑA: Diciembre de 2018 || GUIÓN: Hermanos Blasco || DIBUJO: Hermanos Blasco || FORMATO: Cartoné, 176 págs. Blanco y negro. 

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © ECC Cómics. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como "Cuadernos Hispanoamericanos", "Album Letras-Artes" y "Scherzo".
Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte).
Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos. Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.