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«Battlestar Galactica» (2004-2009): Política en un mundo impredecible

Tras los atentados del 11-S, la televisión funcionó como un instrumento catártico que contribuyó a facilitar –si se puede llamar así– el periodo de duelo individual y nacional por aquellos acontecimientos. Junto a los obvios maratones informativos cubriendo el suceso, vinieron dramas, documentales y debates que ayudaron a digerir la tragedia. Bastante después de que aquellas imágenes hubieran quedado impresas a fuego en la memoria particular y colectiva, la televisión continuó reciclando aquella imaginería, pasando por alto el contexto político e histórico que, en último, término llevó a los atentados.

A pesar de que la televisión norteamericana prefirió ignorar cualquier análisis mínimamente crítico de los acontecimientos, debemos reconocer la influencia que esta atención al espectáculo y la imagen más que a la sustancia y la narrativa tuvieron sobre la programación regular que siguió a aquella fecha. Algunos críticos han hablado de «televisión de acontecimientos», o televisión diseñada para competir por las cifras de audiencia en el momento de producirse algún hecho social o político relevante.

El terreno de la ciencia-ficción televisiva tampoco fue ajeno a las consecuencias que sobre el medio tuvo el 11-S, y series como Héroes, Star Trek: Enterprise y especialmente Battlestar Galactica (BSG) hicieron en sus historias claras alusiones a los ataques terroristas de esa fecha, o la ruptura social provocada por la política norteamericana en Guantánamo y la Guerra contra el Terror, desde la Patriot Act a la invasión de Afganistán e Irak, pasando por los maltratos a internos de la prisión de Abhu Ghraib.

BSG, además de satisfacer la fascinación de los espectadores por el espectáculo gracias a sus magníficos efectos especiales, también supo abordar aspectos incómodos de todos aquellos hechos posteriores al 11-S.

En el episodio que abre la primera temporada, 33 (18 de octubre de 2004), los corredores de la nave se han convertido en improvisados santuarios, dedicados a los seres queridos desaparecidos en los ataques a las Doce Colonias a raíz del ataque nuclear Cylon. ello remite directamente a las miles de fotos y mensajes que se colgaron en el lugar donde se colapsaron las Torres Gemelas de Nueva York.

En el episodio de la tercera temporada Precipicio (6 de octubre de 2006), los humanos dejados atrás en Nueva Caprica utilizan tácticas guerrilleras y atentados suicidas con bomba contra los Cylones y sus colaboradores. La forma en que se muestran estas acciones obliga a los espectadores a simpatizar con aquellos que en nuestro mundo consideramos terroristas, poniendo a prueba nuestras concepciones del bien y el mal, lo civilizado y lo bárbaro.

De hecho, la intención de los Cylones no es mala, y no pretenden masacrar a los humanos, pero son incapaces de comprender la idiosincrasia humana, fuertemente individualista y celosa de su libertad. Así, una ocupación que pretendía «educar» en la civilización y la convivencia, acaba transformándose en un estado policial cada vez más cruel. Los humanos, por su parte, se dividen en dos bandos: por un lado, los colaboracionistas, ya sea por convicción o por necesidad; por otro, los rebeldes liderados por el coronel Tigh y Sam Anders, que empiezan a perder la claridad ética cuando recurren a terroristas suicidas. Ningún bando tiene completamente la razón y ningún bando está completamente equivocado.

Toda esta situación remitía directamente a la ocupación norteamericana de Irak y el complejo y resbaladizo panorama que encontraron –y crearon– en ese país.

Como reconocimiento a la osadía de la serie y su aproximación realista dentro de un marco de ciencia-ficción a problemas contemporáneos, en marzo de 2009, Naciones Unidas organizó un debate en el que intervinieron los productores, guionistas y reparto de la serie junto a comisarios de esa organización, para reflexionar junto a alumnos de las escuelas públicas de Nueva York sobre temas como los derechos humanos, el diseño de políticas, el terrorismo, el destino de los niños durante los tiempos de guerra y la intersección entre fe religiosa y política. Nada mal para una serie de TV de un género tan poco apreciado por muchos como la ciencia-ficción.

Las maquinaciones de la política democrática y el circo mediático que a menudo la rodea es otro de los temas centrales de la serie. Para una población, la de la Flota, que no supera la de una ciudad pequeña, las ruedas de prensa de Laura Roslin apuntan a una presencia desproporcionada de los medios de comunicación. El episodio Día colonial (10 de enero de 2005) se abre con el extracto de una emisión del Servicio de Noticias de la Flota, un programa de debates titulado The Colonial Gang. El formato de dos comentaristas políticamente enfrentados, discutiendo, es una parodia de algo muy familiar en la televisión y radio norteamericanas. Incluso el título es una referencia directa al programa político de la CNN The Capital Gang, en antena durante los años noventa.

La idea de que tanta energía y recursos de una Flota en continua amenaza de extinción se dediquen a objetivos tan triviales parecería atentar contra la credibilidad de la historia. Y, sin embargo, a lo largo de todo ese episodio (Tom Zarek, Laura Roslin y Gaius Baltar dan entrevistas en el ficticio programa) se establece un claro paralelismo con las elecciones propias de nuestro mundo, satirizando de paso la naturaleza superficial, forzada y maliciosa de los debates en este tipo de shows, y lo inadecuados que resultan para realizar un análisis serio de un programa político. De hecho, este es el primer paso en la carrera electoral que llevará a Gaius Baltar a asumir su desastroso periodo presidencial.

Volvamos, precisamente, con Gaius Baltar, quien tras el desesperado rescate de los humanos de Nueva Caprica por parte de la Galáctica, acaba en manos de los Cylones. Éstos, sin embargo, lo devuelven a los oficiales de la Flota humana como parte de un trato e inmediatamente se organiza un juicio para condenarle por rendir Nueva Caprica a los Cylones y firmar órdenes de ejecución de insurgentes humanos.

Aunque Baltar cometió graves equivocaciones, el espectador sabe que no tuvo más remedio que someterse a los deseos de los Cylones para salvar a la Humanidad, y que se vio forzado a punta de pistola, literalmente, a firmar esas órdenes. A estas alturas, aquel genio científico atractivo y arrogante ya ha quedado sepultado por capas y capas de tormento, remordimiento y locura, magníficamente interpretado por James Callis.

El juicio de Baltar es otro de los clímax de la serie («Cruce», 18 de marzo de 2007), un punto de inflexión que marca a varios personajes, como Lee Adama / Apollo, que deja la carrera militar para servir como odiado abogado del antiguo científico.

Inesperadamente y gracias al buen hacer de Lee, el juicio termina con la absolución de su defendido. Esa será para el científico el fin de una etapa y el comienzo de la siguiente: líder de un culto religioso, obligado a esconderse de unas víctimas que no olvidan su papel de Judas en Nueva Caprica.

Una vez tras otra, a lo largo de toda la serie, Baltar consigue sobrevivir a las circunstancias más adversas hasta el punto de que él mismo comienza a creerse, como constantemente le repite en su mente su ilusoria Caprica Seis, un instrumento de Dios.

La tercera temporada terminó con más preguntas que respuestas. (Atención: espóiler): ¿Cómo sobrevivió Starbuck a la explosión de su nave? ¿Conoce realmente el camino a la Tierra? ¿Están programados los cinco Cylons secretos para traicionar a la raza humana? ¿O como el modelo 8, Sharon Agathon, una máquina que actúa contra su programación, tienen libre albedrío? ¿Encontrarán humanos y Cylons humanoides una forma de vivir en paz, o continuará la batalla incluso a las puertas de la Tierra?

Tras muchos giros y sorpresas, BSG llegó a la cuarta y última temporada, centrada en el concepto de Salvación, y por fin, el hallazgo de la Tierra.

Cuando los primeros colonos aterrizan en las llanuras de África, Adama bautiza a este mundo que han hallado como Tierra, en recuerdo del legendario planeta durante tanto tiempo buscado y que hallaron en la temporada anterior… solo para encontrarse con un mundo arrasado por una guerra nuclear y que, en una perversa inversión, resulta ser el planeta madre de los Cylons originales.

Los habitantes nativos de la nueva Tierra apenas han alcanzado los rudimentos de la civilización, pero su evolución los ha hecho biológicamente compatibles con los humanos de las Colonias.

La serie termina con un epílogo situado en la moderna Times Square, en Nueva York, cuando dos «ángeles», Caprica Seis y Gaius Baltar, reflexionan sobre el ciclo de violencia y guerra entre hombres y máquinas, y se preguntan si podría suceder de nuevo, dada nuestra dependencia de la tecnología en el mundo moderno.

La revelación de que todo lo visto en las cuatro temporadas anteriores sucedió hace 150.000 años y que la pequeña Hera, híbrido de humano y Cylon, sirvió como Eva del moderno Homo sapiens, es una revelación interesante e inesperada, dado que la ciencia-ficción suele especular más sobre el futuro que sobre el pasado. (Fin del espóiler)

Artículos de la serie:

Galáctica, estrella de combate (Battlestar Galactica, 1978-1979)

Galáctica, estrella de combate (Battlestar Galactica, 2004-2009)

Battlestar Galactica (2004-2009): Concepción visual y diseño de producción

Battlestar Galactica (2004-2009): Un acercamiento realista a la ciencia-ficción

Battlestar Galactica (2004-2009): El desarrollo de los personajes

Battlestar Galactica (2004-2009): ¿Qué nos hace humanos?

Battlestar Galactica (2004-2009): Cultos religiosos en el espacio exterior

Battlestar Galactica (2004-2009): Ética, moral y supervivencia

Battlestar Galactica (2004-2009): Política en un mundo impredecible

Battlestar Galactica (2004-2009): Las secuelas

Copyright del artículo © Manuel Rodríguez Yagüe. Publicado previamente en Un universo de ciencia ficción y editado en Cualia con permiso del autor. Reservados todos los derechos.

Manuel Rodríguez Yagüe

Manuel Rodríguez Yagüe

Como divulgador, Manuel Rodríguez Yagüe ha seguido una amplia trayectoria en distintas publicaciones digitales, relacionadas con temas tan diversos como los viajes ("De viajes, tesoros y aventuras"), el cómic ("Un universo de viñetas"), la ciencia-ficción ("Un universo de ciencia ficción") y las ciencias y humanidades ("Saber si ocupa lugar"). Colabora en el podcast "Los Retronautas".