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«Alabanza de la lentitud», de Lamberto Maffei

Las fuerzas desplegadas en el ámbito de la tercera cultura ‒esa corriente, apadrinada por John Brockman, que concilia ciencias y humanidades‒ han dado lugar a un buen puñado de obras en las que el mestizaje de saberes logra seducir a todo tipo de lectores.

¿Es Alabanza de la lentitud un breviario filosófico o un ensayo científico? No creo que haga falta precisar la definición. Lo importante es que, pese a su brevedad, este libro condensa una serie de ideas tan brillantes como oportunas. Quien las expresa es el doctor Lamberto Maffei (Grosseto, 1936), que fue director del Instituto de Neurociencias del CNR hasta 2008, y que luego ha ejercido como presidente de otra institución de enorme prestigio, la Academia Linceana (Accademia Nazionale dei Lincei), con sede en el Palacio Corsini, en el Trastévere romano.

Sin adoptar un tono retórico ni exagerar la nostalgia, Maffei analiza esta época que nos ha tocado en suerte: sobreinformada, vertiginosa, infantil, hiperactiva, acuciante y más bien superficial.

Hoy en día es imposible elogiar el pensamiento profundo, la calma reflexiva o la paciencia en las decisiones sin parecer anticuado frente a esos nativos digitales que prefieren un tuit al mejor de los ensayos.

Por suerte para una minoría de la que seguramente usted forma parte, se da la circunstancia de que los estudios sobre el cerebro dan la razón a quienes consideramos poco saludable ese circuito de carreras en el que se ha convertido la vida actual. Con esta idea en mente, Maffei critica la celeridad de una existencia hipertecnologizada, y nos recuerda que la felicidad a largo plazo y la sabiduría no se encuentran ni en la multitarea ni en los fugaces likes de las redes sociales.

Como profundo conocedor de la interacción entre la naturaleza y la cultura, el autor se centra en una serie de conceptos esenciales: el conocimiento, el razonamiento, la argumentación y la experiencia. Gracias a los avances neurocientíficos, sabemos que la plasticidad cerebral se acentúa con los estímulos ambientales, y dado que esos estímulos son ahora tan fragmentarios como triviales y compulsivos, el lector puede imaginarse por qué senda discurre la sociedad moderna. De hecho, así lo demuestra este magnífico libro, escrito a contracorriente de lo que dicta la moda impuesta por el coleccionismo de gadgets y por la apresurada adicción a internet.

Maffei intuye el proceso evolutivo que propiciará este nuevo escenario tecnológico, no sólo en nuestro pensamiento y nuestro lenguaje. Asimismo, entiende que la multiplicación infinita de estímulos nos va conduciendo hacia un mundo en el que la bulimia consumista ‒y la tramposa moral que parte de ese principio‒ sustituye al humanismo o al racionalismo escéptico.

En nuestras manos está oponernos a esa deriva, y como punto de partida, este libro ofrece claves sumamente valiosas y reveladoras.

Sinopsis

Si hay un signo de los tiempos actuales, sobre todo desde la irrupción en todos los ámbitos de la “era digital” presidida por internet y el teléfono móvil, esta es la inmediatez, el deseo cada vez mayor y más apremiante de la solución instantánea para saltar a otra cosa. Repartida nuestra atención entre cada vez más requerimientos urgentes, no es raro acabar albergando una sensación de angustia o de frustración. Y es que el cerebro es una máquina lenta, aunque útil si se acierta a hacerla funcionar. A caballo entre la neurociencia y las humanidades, Lamberto Maffei reivindica en esta Alabanza de la lentitud las ventajas y beneficios de una existencia más pausada que recupere el gusto por el detenimiento y por el aprecio del tiempo, y rompe una lanza a favor de la palabra, de la escritura, de la lectura y de la asimilación, así como por una civilización en la que prevalezcan la reflexión y el “pensamiento lento”.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

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Guzmán Urrero

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como "Cuadernos Hispanoamericanos", "Album Letras-Artes" y "Scherzo".
Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte).
Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos. Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.