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«Rock the Kasbah» (Barry Levinson, 2015)

Aunque uno no sea un fan entregado de Bill Murray, es casi indiscutible que hablamos de un actor sin igual. Nadie es como Murray, ni siquiera su magnífico hermano Brian Doyle-Murray.

El protagonista de Rock the Kasbah ha tenido la suerte de sobrevivir a otros cómicos famosos de los 80, tanto física como profesionalmente. Y lo ha hecho reciclando su carrera y transformándose en una figura importante dentro del panorama del cine independiente o “de prestigio”. Sus colaboraciones con Sofia CoppolaWes Anderson o Jim Jarmusch han permitido que le lluevan los halagos de la cinefilia seria y de la crítica, que solían calificarle como insufrible caricato cuando trabajaba con Ivan Reitman o Frank Oz.

Lo más curioso de todo es que esta transición se ha producido sin que Bill Murray haya cambiado de estilo interpretativo. Sus peculiares gestos minimalistas, su voz socarrona y su carismático aspecto de estar de vuelta de todo siguen siendo los mismos que entonces.

Rock the Kasbah es, básicamente, un vehículo para el lucimiento de Murray. El papel protagonista parece hecho a su medida: un fracasado mánager musical, algo pícaro, que consigue un dudoso bolo para una de su representadas ‒y también secretaria‒ nada menos que en las glamourosas tierras de Afganistán, para animar a las tropas.

Aunque la película derive posteriormente en un homenaje al valor de las mujeres que se enfrentan a la represión en países como éste, lo cierto es que el pilar fundamental de Rock the Kasbah es ver a Bill Murray enfrentándose a todo tipo de alarmantes desventuras y comprobar cómo reacciona ante el estrés.

No sabemos si el retrato que se ofrece de Afganistán es fiel a la realidad, pero todos sospechamos que no es el lugar más cómodo para ir a hacer turismo, y esa sensación sí que es bien transmitida por el veterano director Barry Levinson, un todoterreno de la industria

En torno a Murray, el film cuenta en su reparto con Bruce Willis en el papel de un rudo mercenario, Kate Hudson encarnando a una muy inteligente prostituta y la adorable Zooey Deschanel como sufrida cantante, embarcada en una pesadillesca gira.

Rock the Kasbah no es una comedia que busque la carcajada, pero sí la sonrisa. No se mueve por los terrenos del absurdo, sino en un entorno más o menos creíble.

Eso sí, que nadie espere escuchar la famosa canción que da título a la película. Los responsables no pudieron hacerse con los derechos.

Sinopsis

En Afganistán, una mujer pastún se cuela en una cueva para ver el programa de televisión Afghan Star (Estrella afgana). En la oficina californiana del representante de talentos Richie Vance (ya en la cincuentena), su ayudante Ronnie (en la treintena) lo insta a cumplir su promesa de permitirle cantar su propia música. Esa noche, Ronnie actúa para un grupo de pilotos de la Armada. A sugerencia de un suboficial, Richie consigue una gira de la USO por Afganistán. Richie va a ver a su hija Dree (de 9 años) para darle la noticia pero, como no se le permite entrar en su casa, se ve obligado a hacerlo a través de la ventana de la habitación de la pequeña.

En el vuelo, Ronnie se pone nerviosa de pensar en ir a una zona de guerra, así que Richie trata de convencerla de que eso le permitirá darle un impulso a su carrera.

Por inverosímil que pueda sonar esa situación, lo cierto es que el guionista Mitch Glazer se inspiró en hechos reales. Afghan Star es un verdadero fenómeno, el programa de televisión más popular del país. Ken Auletta escribió sobre este acontecimiento de la cultura popular en un artículo reciente de la revista New Yorker: «Cada jueves por la noche, aproximadamente la tercera parte de los 30 millones de habitantes de Afganistán se reúnen ante sus televisores para verlo. En zonas rurales en las que no hay electricidad, la gente llena generadores con gasolina y conecta sus televisores a baterías de coche». Hubo incluso una concursante pastún en el programa que, como Salima en Rock the Kashbah, se encontró en el centro de un conflicto entre las tradiciones ancestrales y el mundo moderno.

Glazer lo plantea en los siguientes términos: «La idea de que hubiera un programa tipo American Idol, por el que, incluso en un país destrozado, la gente se reuniera para verlo y votar, a través de sus móviles, a sus artistas favoritos… Me pareció que sería algo con lo que los espectadores de todo el mundo se podrían identificar». Glazer, que pasó los primeros años de su carrera como escritor trabajando para revistas como Rolling StoneVanity FairCrawdaddy y otras muchas publicaciones, estaba muy familiarizado con personajes como el protagonista del filme.

Richie, explica Glazer, «se basa en mis muchos años como periodista de rock. Es una especie de representante de rock de los 70 venido a menos, que contó con talentos medianos. Pero no podía tratarse de una comedia sin más. Tenía que tener corazón y profundidad… A Richie lo mueve el dinero. Pero entonces, a lo largo de la película, al ir encariñándose con Salima, y hacerse una idea del mundo en el que vive la joven, acaba haciendo lo correcto y consigue que aflore lo mejor de sí mismo».

El guión estuvo listo muy rápido, según recuerda Glazer. «Se lo di a Billy un viernes, me llamó al día siguiente y me dijo ‘cuenta conmigo’, y eso fue hace seis años y medio, y aquí estamos ahora, en un tejado de Marrakech».

Sin embargo, no fue nada fácil convencer a los estudios para que financiaran el proyecto. Glazer y el productor Steve Bing llevaron el guión a toda una serie de posibles financieros, que no eran capaces de captar la idea de una comedia ambientada en Afganistán. Pero el proyecto acabó encontrando una productora interesada en QED, la compañía independiente de producción, financiación y ventas de películas fundada por Bill Block, como refugio para cineastas comerciales que trabajaran fuera de las convenciones habituales de los grandes estudios. En estrecha colaboración con Glazer y Bing, Block preparó una presentación del proyecto, vendió los derechos internacionales por todo el mundo y fichó a Barry Levinson para que la dirigiera. El resto del reparto no tardaría en apuntarse también al proyecto.

La elección de Salima era especialmente importante, y Levinson y su equipo de producción encontraron a la actriz perfecta para el papel en Leem Lubany, una actriz palestina que había protagonizado Omar, un filme palestino nominado al Óscar en la categoría de «mejor película de habla no inglesa».

En la película, Salima canta cuatro temas de Yusuf Islam (más conocido como Cat Stevens), que ingresó en 2014 en el Salón de la Fama del rock and roll. Yusuf Islam se negó en un primer momento a permitir que los productores utilizaran sus canciones en el guión, pero Glazer volvió a abordarlo antes de que comenzara el rodaje de la película y le explicó: «Creo que esta película consigue lo mismo que intentas conseguir tú con tu música. Es un caballo de Troya. El exterior de Rock the Kasbah es una gran comedia divertida de Bill Murray. Pero en el fondo contiene un mensaje de tolerancia y esas cualidades universales que son comunes para todos: amor por su familia, música y humor. Y me contestó por correo electrónico diciendo: ‘Vale, usad las canciones’».

Copyright del artículo © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © QED International, Shangri-La Entertainment, Venture Forth, Open Road Films. Cortesía de Sony Pictures Releasing España. Reservados todos los derechos.

Vicente Díaz

Vicente Díaz

Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Europea de Madrid, ha desarrollado su carrera profesional como periodista y crítico de cine en distintos medios. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic y la cultura pop. Es coautor de los libros "2001: Una Odisea del Espacio. El libro del 50 aniversario" (2018), "El universo de Howard Hawks" (2018), "La diligencia. El libro del 80 aniversario" (2019), "Con la muerte en los talones. El libro del 60 aniversario" (2019) y "Alien. El 8º pasajero. El libro del 40 aniversario" (2019).