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«Lorna» (1980-2011), de Alfonso Azpiri

En los agitados, fascinantes y algo vulgares años de la Transición, España no sólo se abría a los sueños políticos, sino que revolucionaba sus hormonas. Durante aquel periodo, surgió aquella vorágine del “destape”. Así, tras décadas de represión sexual, los españoles se lanzaron a consumir películas “para adultos”, revistas en las que la ropa no tenía cabida y cómics picantones, donde las viñetas eróticas convivían con joyas de la ciencia-ficción, la fantasía y el terror de aquella época, en una desconcertante pero rica amalgama.

Una de aquellas revistas era Mastia, donde nació, en junio de 80, esa émula de Barbarella (Jean-Claude Forest, 1962-1964) llamada Lorna, una creación del gran dibujante e ilustrador madrileño Alfonso Azpiri (1947-2017) y del guionista Carlos Sainz Cidoncha (1939-2018).

La profesora Lorna, una rubia científica-aventurera cuya misión nunca nos queda clara, protagonizaba por entonces historias enmarcadas en un ambiente de ciencia-ficción, pero en clave erótico-festiva, con un humor tontorrón y castizo no muy alejado del cine de Pajares y Esteso.

Para hacerse a la idea del tono de aquellos tebeos, en la primera historieta se nos narraba cómo Lorna se construía un robot (Matías, posteriormente rebautizado como Arnold) que venía a ser un primo cercano de C3PO, pero armado con un eficiente vibrador.

Hay que aclarar que, aunque los desnudos y el sexo eran omnipresentes en Lorna y su robot, nunca se llegaba a los terrenos de la pornografía. Alfonso Azpiri siempre fue muy cuidadoso respecto al sexo demasiado explícito, y apostó siempre por el erotismo.

En los primeros cómics de Lorna, Azpiri ya demostraba ser un excelente dibujante, aunque aquellas historietas todavía no gozaban del refinamiento y las exuberantes acuarelas que hicieron célebre al artista madrileño en años posteriores.

Tras sus legendarios trabajos de los años 80, como MOTReflejosPesadillas o las portadas para los videojuegos españoles de la época, Lorna regresó, precisamente, como protagonista de un juego de ordenador creado por Topo Soft (1990). Aquel resurgimiento tuvo otro punto de interés: una frustrada serie animada para la televisión.

Mouse Club (1996) nos devolvía a la curvilínea rubia en una serie de historias cortas e independientes, de alto contenido erótico y con bastante acción. No todas eran humorísticas: tal es el caso de La puerta, un breve y onírico cómic mudo en el que se combinaban a la perfección el erotismo más intenso, el terror y los dibujos y colores de un Azpiri en estado de gracia, quien también ejercía aquí de guionista.

Lorna también participó en un crossover con otra rubia, Bethlehem Steele, un personaje de encargo para la revista Penthouse Comix.

Decidido a añadir más enjundia a las aventuras de Lorna, más allá de los desnudos y los escarceos intergalácticos, el siguiente cómic, Leviatán (1998), metía de lleno a la aventurera ‒para sorpresa de propios y extraños‒ en una versión futurista de Moby Dick. Los dibujos a toda página de la colosal bestia marina, en un mar embravecido y rodeado de rayos de tormenta, están dotados de un impresionante lirismo. Por supuesto, los fans de la protagonista no fueron desatendidos en este cómic, ya que la heroína nunca se queda sin excusas para perder su escueta vestimenta.

Si bien Lorna nunca abandonó esa facultad para el nudismo voluntario o involuntario, en los cómics sucesivos disminuyó progresivamente su actividad erótica para protagonizar aventuras más enfocadas a la fantaciencia de la vieja escuela. Así sucede en El Arka (Norma Editorial, 2001), El Cementerio de Marfil Rojo (Planeta DeAgostini, con guión del cineasta Miguel Ángel Vivas) y en la trilogía formada por El ojo de Dart-An-Gor (2003), Sombras perdidas (2005) y Las torres negras (2006).

Retomando personajes de esa trilogía, Rescate (2011), la última aventura de Lorna, destaca por ser el primer cómic en el que Lorna no mantiene relaciones sexuales en ningún momento, si bien sigue mostrándose como Azpiri la trajo al mundo en casi todas las viñetas. Se trata de una historieta de aventuras y ciencia-ficción en la que Lorna y sus compañeros intentan rescatar a un buen amigo perdido en un lejano asteroide, acosado por peligrosos quirópteros amantes de la oscuridad, no muy alejados de las criaturas de Pitch Black (David Twohy, 2000).

Viajando en una nave de recorrido preprogramado por una largamente desaparecida civilización alienígena, Lorna inicia en Rescate un viaje sin ruta ni destino claro, encontrándose por el camino con una desconcertante sorpresa referente a su propio pasado.

Por las fechas en que se publicó este tebeo, los posibles proyectos de un nuevo videojuego y una serie de animación prometían más Lorna en distintos formatos. Por desgracia, Azpiri falleció en 2017, y eso nos deja sin futuras aventuras en cómic de la sensual heroína. En todo caso, su encanto retro siempre mantendrá cálido el corazón de tantos fans que la han tenido, y la seguirán teniendo, como imperecedero amor platónico de tinta, acuarela y papel.

Álex de la Iglesia escribe un prólogo para Lorna

«Qué vueltas da la vida –escribe Álex de la Iglesia–. Alfonso Azpiri, un dibujante y un amigo delicioso. Una persona admirada y querida. Uno de esos pocos tipos de los que te sientes orgulloso de decir: ‘Le conozco, somos amigos’.

Y de pronto nos vemos enfrascados en un asunto tenebroso. Alguien me dice: ‘¿Has leído lo de Azpiri en el periódico? Dice que le has copiado el personaje de Lorna en tu serie [Plutón BRB Nero, 2008-2009]. Qué fuerte’. Lo primero que pensé es que mi amigo había leído mal. Busqué el periódico, lo leí. Nada más terminar la última línea, sabía qué había pasado.

Estaba claro que ni él lo había dicho, ni siquiera pensado, y es más: nadie de su entorno lo había hecho. Ya tenía yo experiencia en estos temas, una experiencia acumulada de años. Era cosa de los gacetilleros de baja estofa, esos amigos incansables de lo retorcido y lo escabroso, del mal rollo para vender papel amarillo (ahora se frotarán las manos: ‘¡Mira lo que ha dicho!’. Lo sacarán de contexto y volverán a intentar hundirme. Evidentemente, no son todos. Solo unos pocos, quizá, pero hacen más ruido que un ejército de orcos). Inmediatamente llamé a Azpiri. Me dijo exactamente lo que me imaginaba: también a él se lo habían contado, y no había visto la serie.

A partir de esta triste historia, Alfonso y yo volvimos a estar unidos, y, fíjate, ahora que ha pasado el tiempo y seguimos tan amigos, pensé: me apetece escribir sobre él, decir algo sobre Alfonso, porque nuestra amistad nunca se vio manchada por la opinión de terceros. Ni la de él, ni la mía, y cuando lees algo publicado, aunque sea en un periodicucho, hasta mi madre se lo cree a pies juntillas.

Yo no me basé en Lorna para escribir el personaje. Y ni siquiera el nombre surgió de ahí. No fue un homenaje. Pero podría haberlo sido. Te aseguro, Alfonso, que no me hubiera importado que así hubiera sido. Es más, para mí, sería un orgullo. Lorna me puso cachondísimo cuando la leí. Todos los cómics de Azpiri, desde la mítica Trinca, me han enganchado como la droga más pura. Ah, la juventud que anda ahora enganchada al manga quizá no conozca Trinca, pero era una de las mejores cosas que me han pasado en la vida. Así de claro. Ahora ya, tristemente, no se lleva eso de “revistas de cómics”. En 1984, en Cimoc, en Zona 84, en tantas otras, pude disfrutar de los trazos curvos, de las formas obscenas de las mujeres de Azpiri. Y Lorna, Dios, es la mejor de todas ellas. Lorna, con sus tetas imposibles, su pelo envolvente como una tormenta de humo, sus líneas suaves y contundentes. Lorna, esa mujer siempre soñada, tan cerca y tan lejos.

Apareció, como Nadiuska, en la revista Mastia, con su robot lascivo. Cuántas veces he asociado el olor de una mujer al olor de las páginas de un tebeo, o de una revista. De hecho, creo que los tebeos y las mujeres son las dos únicas entidades susceptibles de ser poseídas que me inspiran una inquietud olfativa. Lorna huele a papel cuché, huele a nuevo, huele a álbum caro, huele a lujo.

Azpiri sabe hacerlo. Sabe lo que queremos. Sabe qué es lo que se oculta en lo más profundo de nuestros cerebros. Azpiri no lo esconde como otros cobardes. Nos lo muestra, nos regala sus sueños, sus deseos. Gracias a Alfonso tenemos una mujer que nunca existirá en carne y hueso, ni falta que hace, porque ninguna llegará a poseer las curvas con su trazo de tinta china. Gracias, Alfonso, por hacernos felices. Gracias por ser tan honesto. Gracias por tu trabajo, que solo me provoca admiración y respeto. Y sobre todo, gracias por dibujar a las mujeres tan rematadamente bien, Dios, porque me ponen como una moto.» (Álex de la Iglesia)

Álbumes y tomos recopilatorios

Lorna y su robot (1981)

Las nuevas aventuras de Lorna y su robot (1984)

Druuna, Lorna Mouse Club (1996)

Leviatán (1998)

El arka (2001)

El ojo de Dart-An-Gor (2003)

Sombras perdidas (2005)

Las torres negras (2006)

Lorna. Edición integral (Planeta 2009)

El cementerio de marfil rojo (2010)

Rescate (2011)

Copyright del artículo © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

Copyright de las imágenes y de la nota editorial © Alfonso Azpiri. Planeta DeAgostini Cómics. Reservados todos los derechos.

Vicente Díaz

Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Europea de Madrid, ha desarrollado su carrera profesional como periodista y crítico de cine en distintos medios. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic y la cultura pop. Es coautor de los libros "2001: Una Odisea del Espacio. El libro del 50 aniversario" (2018), "El universo de Howard Hawks" (2018), "La diligencia. El libro del 80 aniversario" (2019), "Con la muerte en los talones. El libro del 60 aniversario" (2019), "Alien. El 8º pasajero. El libro del 40 aniversario" (2019), "Psicosis. El libro del 60 aniversario" (2020), "Pasión de los fuertes. El libro del 75 aniversario" (2021), "El doctor Frankenstein. El libro del 90 aniversario" (2021), "El Halcón Maltés. El libro del 80 aniversario" (2021) y "El hombre lobo. El libro del 80 aniversario" (2022). En solitario, ha escrito "El cine de ciencia ficción" (2022).