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Las revistas de historietas: Editora Valenciana

La tercera de las escuelas de autores humorísticos que alcanza su plenitud durante los años cincuenta ‒además de TBO y Bruguera‒ está formada por el grupo de dibujantes de las revistas de Editora Valenciana, principalmente Jaimito y Pumby. A lo largo de una producción que abarca varias décadas estas cabeceras reúnen una serie de características que las diferencian de otras propuestas similares.

Rasgos comunes a todas las revistas de Valenciana son el desarrollo de un humor amable, inofensivo, y en la gran mayoría de los casos, con una ausencia total de violencia y una base cómica más centrada en el absurdo chocante que en una interpretación paródica de la realidad.

Es un sentido del humor heredero del practicado en las décadas prebélicas, con características rastreables en creadores del primer tercio de siglo tanto españoles como extranjeros. Los trabajos de esta escuela representan, tanto por sus características gráficas como por la preferencia por el humor blanco, la continuación sin rupturas de una línea que arranca de principios del siglo XX en publicaciones como TBO; madura en los años treinta en las páginas de muy diversos semanarios, con Pocholo (1930) a la cabeza —donde Cabrero Arnal, Jaime Tomás y Arturo Moreno son sus principales figuras—; y culmina con la labor de estos artistas, que en las décadas siguientes llevan un paso más adelante los presupuestos estéticos y argumentales de esta forma de entender lo humorístico en la historieta infantil.

Practicantes de una comicidad inocente, los autores valencianos utilizan convenciones más propias del dibujo realista que del cómico —profundidad de campo, perspectivas, variedad de enfoques— con unos resultados muchas veces excelentes, compartidos por todo el equipo de colaboradores. Preocupados por la composición de la viñeta tanto como por lograr la máxima expresividad con el mínimo de líneas, siempre dentro de unos cánones clásicos que no suelen caer en lo grotesco, su trazo resulta más acabado de lo que es norma en esta clase de historietas, y en ocasiones resulta por eso mismo algo estático. Pocos entre ellos se inclinan por el gag visual tan practicado por los autores de Bruguera, primando siempre en sus obras la creación de un clima inofensivamente falto de lógica que busca provocar antes la sonrisa que la carcajada.

Imagen 1. El veterano semanario ‘Jaimito’ celebra su nº 1.000. Portada de José Palop. 

Hacia 1950 la estabilidad conseguida por Jaimito es completa. Su nómina de autores está casi del todo consolidada, sin que a lo largo de esta década y la siguiente se experimenten en el semanario cambios significativos en su contenido. Destaca entre los colaboradores habituales Rafael Catalá «Karpa», de estilo limpio y elegante en sus equilibradas composiciones tanto de viñeta como de página. Sus mejores logros se centran en la aventuras del personaje que da título a la revista, protagonista de episodios suavemente aventureros en los que frecuenta todos los lugares comunes del imaginario infantil del momento. Alterna su labor en esta serie con Jesús Liceras, autor decisivo en las publicaciones de Valenciana en las que deja una obra extensa difundida a lo largo de treinta años. Trabaja casi siempre con guiones ajenos a los que ilumina con un trazo depurado, con ricas descripciones gráficas del entorno en que se mueven sus personajes, a la busca siempre de la definición gráfica de cada objeto. Ese interés por el detalle y la ambientación define el tipo de historieta que practica, en el que la peripecia personal o la pura comicidad ceden frente a su interés en la creación de creíbles mundos fantásticos.

José Palop es otro de los colaboradores de Jaimito presente en sus páginas desde los inicios de la publicación; durante años trabaja en historietas breves, de dos o tres tiras a lo sumo, en cuyo domino se revela un maestro. Esta capacidad de síntesis para narrar una anécdota en el menor espacio posible es uno de los rasgos más atractivos de su obra; la desarrolla en personajes decisivos, no exentos de cierta crítica social ni de una comicidad que tiende al absurdo: cabe recordar creaciones como Bartolo, as de los vagos, Robertín el niño millonario —tal vez su creación más satírica— o Robinson Pérez, donde el limitado escenario de un islote desierto ofrece al autor ocasión de derivar hacia un surrealismo que constituye su especialidad.

Como Palop, también José Sanchís comienza su dilatada carrera en las páginas de Jaimito. Creador de historietas dinámicas y festivas, desbordantes de humor vitalista y extraordinaria imaginación, su máxima creación son las aventuras del gato Pumby publicadas en la revista homónima durante décadas. En ellas logra Sanchís una de las cumbres del cómic fantástico español, en páginas de ambiente onírico a través de las que se visitan todos los escenarios de la aventura clásica en un entorno en el que los límites entre lo real y lo imaginario se revelan difusos.

Pumby, historieta modélica, es una invitación constante al disfrute, a la libertad, a un mundo en el que las reglas de la lógica dejan de ejercer su tiranía sustituidas por un verdadero festín de alegres prodigios. El niño al que van destinadas así sabe entenderlo y les muestra su preferencia durante muchos años.

Imagen 2. Pumby, fantasía en libertad para el lector más infantil. Portada de José Sanchís.

Junto a Jaimito es precisamente la revista Pumby, difundida desde 1954 a 1981, la que proporciona estabilidad económica a las ediciones de Valenciana especialmente cuando a partir de los primeros sesenta los cuadernos de aventuras comiencen a desaparecer. Además de los autores mencionados, firmas como las de Celedonio Frejo «Nin», Joaquín Carbó, Arturo Rojas, Soriano Izquierdo, Antonio Edo «Edgar» o Serafín Rojo son habituales en sus páginas, coloristas, sencillas, dirigidas a los lectores incipientes.

A las niñas se ofrece específicamente otra longeva publicación de la casa, Mariló (1950), una especie de Jaimito en femenino, excelentemente realizado y en cuyo favor hay que señalar la general ausencia de ideología, tan abundante en otras cabeceras destinadas a las jovencitas como Florita (1949), que desde Barcelona edita Germán Plaza.

Con la progresiva pérdida de inocencia que a partir de mediados de los sesenta sufre el lector medio, los presupuestos que inspiran al grupo de autores aglutinado en torno a las publicaciones de Valenciana van quedando desfasados hasta entrar en franco declive al finalizar los años setenta, cuando las revistas de Valenciana sufren una crisis semejante a la experimentada por los títulos de otras grandes empresas, que en poco tiempo va a traducirse en la desaparición definitiva de los semanarios de humor.

Tentados por el éxito que en mayor o menor medida acompaña a Bruguera, Buigas o Valenciana, otros empresarios intentan emular su fortuna creando productos semejantes, sin llegar a representar una verdadera competencia. El veterano Marco, especializado en el público de menor poder adquisitivo, recupera en 1952 su semanario prebélico La Risa convirtiéndolo en revista de personajes e historietas cómicas.

Aparecida durante más de diez años, destacan entre sus colaboradores el infatigable Martínez Osete, que compagina su labor aquí con la incesante realización de cuadernos de aventuras, y el humorista José Castillo, dueño de un estilo grotesco y expresivo. Germán Plaza, editor de éxitos masivos como las novelas de El Coyote, lanza el semanario de humor Nicolás (1948-1955) imitando la fórmula Bruguera que tanto éxito ha proporcionado a la firma (y que esta ha tomado a su vez de publicaciones argentinas como Rico Tipo).

Mayor interés presentan otros títulos de Plaza: Yumbo (1953), rescate de una cabecera del periodo republicano que acoge en esta segunda vida historietas dedicadas al lector más infantil, con autores como García Lorente, Salvador Mestres, Julio Ribera o Antonio Ayné, creador del ingenuo superhéroe El Conejito Atómico; o la breve y excelente Pinocho (1957), donde dibujantes como Gustavo Martz Schmidt, Jorge Gin o Miguel Ripoll componen sugestivas páginas.

Capítulos anteriores

Cap. 1 La historieta española de 1951 a 1970

Cap. 2 Los cuadernos de aventuras en España

Cap. 3 Los cuadernos de aventuras de Bruguera

Cap. 4 Los cuadernos de aventuras de Ediciones Toray y la Editorial Valenciana

Cap. 5 Los cuadernos de aventuras de la editorial Rollán

Cap. 6 La editorial Maga y la evolución de los cuadernos de aventuras

Cap. 7 Las revistas de historietas: el caso del ‘TBO’

Cap. 8 Las revistas de historietas: la escuela Bruguera

Capítulos siguientes

Cap. 10 ‘El Coyote’, ‘El Capitán Trueno Extra’ y otras revistas de aventuras

Cap. 11 La historieta española entre 1966 y 1970. Perplejidades y mutaciones

Copyright del artículo ‘La historieta española de 1951 a 1970’ © Pedro Porcel. Publicado previamente en ‘Arbor’, nº 187, con licencia CC y editado en ‘Cualia’ con permiso del autor. Reservados todos los derechos.

Pedro Porcel

Historiador de mitografías urbanas, lleva más de cuatro décadas navegando por los extensos mares de la cultura de masas. Siempre sin salir de tales aguas, ha dirigido editoriales, colaborado en diversos medios de prensa, impartido conferencias y seminarios universitarios, comisariado exposiciones, ejercido de documentalista en programas televisivos y escrito libros, con el propósito de cartografiar el territorio infinito de la ficción popular.
Ha firmado en solitario libros como ‘Clásicos en Jauja’, premio Romano Calizzi al mejor estudio teórico, ‘Tragados por el abismo’, la historieta de aventuras en España que le valdría el XXXV Premio Diario de Avisos, o ‘Superhombres Ibéricos’. Coautor de 'Karpa' y de 'Historia del tebeo valenciano', sus colaboraciones se extienden a muchos otros títulos, entre ellos ‘Bolsilibro & Cinema Bis’, ‘La bestia en la pantalla: Aleister Crowley y el cine fantástico’, las antologías sobre el cine fantástico español, británico e italiano editadas por la revista 'Quatermass', o los libros publicados por Cinefanía Cine Pulp, Shock TV, Monstruos y Weird Western. Revistas heterodoxas como '2000 maníacos', la argentina 'Cineficción' o 'Mondo Brutto' son otros tantos lugares donde ha encontrado acomodo duradero y confortable. Durante más de seis años su refugio en la red ha sido la página 'El Desván del Abuelito'.
Biografía e imagen © Desfiladero Ediciones.

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