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Las 16 mejores películas de terror del siglo XXI

No, no voy a hablar de las ya muy populares o reconocidísimas de sobras (Insidious y cualquier cosa que toque el genial James Wan, El orfanato, la trilogía de The Human Centipede o la original recuperación del formato serial films que significó Saw, la reciente y estupenda It Follows…), sino de aquellas joyas más desconocidas o ignoradas, a veces injustamente maltratadas por la crítica (muy dispar siempre a la hora de juzgar los filmes de horror) o manjar reservado a fans acérrimos del género. En suma, aquellos filmes inesperados que te garantizarán una noche repleta de escalofríos…

1. Ginger Snaps (2000), de John Fawcett

El canadiense cocreador de la serie Orphan Black nos dio a todos una agradable sorpresa con esta fábula que aúna licantropía y menstruación con un olor a verdad desarmante. Emily Perkins y Katharine Isabelle están perfectas en la piel cambiante de estas dos hermanas adolescentes que deben lidiar con la mordedura de un  hombre lobo y sus efectos. Aunque personalmente no desdeño los acercamientos clasicistas al tema (The Wolfman de Joe Johnston con Benicio del Toro me encantó, con toda su anticuada parafernalia escénica), Ginger Snaps es otra cosa… un filme que enamora y llama a su continuo visionado como un aullido irresistible.

2. Das Weisse Rauschen (2001), de Hans Weingartner

Nunca he visto una película donde se retrate con tanta crudeza, verismo y horror la enfermedad de la esquizofrenia. Antes de ser una estrella mundial, Daniel Brühl protagonizó esta película independiente alemana que no necesita de grandes efectismos para hacernos creer que cualquiera de nosotros puede volverse loco y ser nuestro peor enemigo. No apta para personas asustadizas de lo real.

3. Jeepers Creepers (2001), de Victor Salva

Victor Salva fue un pederasta convicto por haber abusado sexualmente del menor de doce años que protagonizó su primera película Clownhouse. Francis Ford Coppola no solamente fue a visitarle a prisión para animarle a centrarse en su carrera, sino que le produjo años más tarde este largometraje de monstruo en la América Profunda que aterroriza a dos hermanos (Gina Philips y Justin Long, quienes nunca vieron su amenaza en el rodaje antes de enfrentarse a ella, lo que garantizó algunos sustos genuinos). Una película repleta de atmósfera malsana y talento genuino tras las cámaras.

4. The Eye (2002), de los Pang Brothers

Justo antes de que Hollywood se volviese loco haciendo malas adaptaciones de buenas películas asiáticas de horror (The Ring de Gore Verbinski podría ser la excepción), los hermanos honkongneses Oxide Chun y Danny nos regalaron esta historia sin aristas, prácticamente perfecta, sobre una joven que tras un transplante de córnea empieza a ver cosas raras y muyyy aterradoras. Pude asistir a su circense estreno en el Festival de Cannes y puedo afirmar que nunca vi un espectáculo sensorial tan absolutamente apabullante en el terreno del susto continuo.

5. Alta tensión (Haut Tension, 2003), de Alexandre Aja

El parisino Aja es uno de los directores más dotados del cine de terror actual. Antes de homenajear a Wes Craven con su estimable revisitación de Las colinas tienen ojos, perpetrar esa maravillosa travesura que fue su Piraña 3D y meterse en esa tontería que ha sido Horns, con 25 añitos manufacturó este casi insoportable (por la tensión a la que alude el título) persecución de psicópata tras dos amigas que sufrirán lo suyo antes del abracadábrico giro final, que solamente satisfará a los adictos irredentos del terror. Toda una experiencia.

6. Los renegados del diablo (The Devil’s Rejects, 2005), de Rob Zombie

Personalmente, creo que Rob Zombie es el mejor director de terror que hoy existe. O al menos el más auteur de todos ellos. Hay algo en su manera de rodar que no es objetivamente explicable: sus fotogramas transpiran el Mal. Aún no logro dilucidar cómo coloca la cámara en su Halloween para lograr transmitir tanto miedo y cualquiera de sus películas, por irregulares que sean, merecen ser vistas. En Los renegados del Diablo creó su propia The Texas Chain Saw Massacre con esta familia de asesinos que logran a veces la empatía de los espectadores (siempre a pesar de éstos, claro) y de paso recupera a grandes actores de carácter como William Forsythe o el gran Geoffrey Lewis, secundario de casi todas las de Clint Eastwood y papá de la mórbida Juliette.

7. Bug (2006), de William Friedkin

Friedkin ya pasó a la Historia con su El exorcista (1973). Pero inteligentemente y tras un largo período perdido en proyectos tan tontos como Jade (1995) o directamente ridículos como The Hunted (2003), en la última década ha vuelto a encontrar su voz propia aliándose con el dramaturgo Tracy Letts y transitando los caminos más libres del cine independiente: su segundo fruto juntos es casi una obra maestra (la impresionante Killer Joe), pero con Bug ya nos dejó el cuerpo destrozado gracias a esta paranoia sobre una invasión de bichos que sólo están en la cabeza del protagonista. Para rascarse incómodo toda la maldita hora y cuarenta y dos minutos que dura la película.

8. Venganza macabra (The Killing Gene, 2007), de Tom Shankland

Acabo de descubrir esta gema escondida que simplemente me decidí a ver por la simpatía que me transmite su trío protagonista: la Karen Black de nuestros tiempos, Melissa George (la oponente de la serie Alias), la turbia Selma Blair y Stellan Skarsgård, el Profesor Selvig más propenso a enseñar el pene que jamás hallarán en todo el Universo Marvel. Sueco tenía que ser.

The Killing Gene no solamente está rodada con pasmosa habilidad y atención al detalle (su metraje se pasa… rodando), sino que comete ese pecado tan pocas veces admisible en el cine comercial: no toma al espectador por imbécil, descartando clichés y atreviéndose a meterse en temas poco aceptables en la industria. Seguiremos con pasión a esta pareja de policías poco fiables que persiguen a la víctima de una violación, transformada en serial killer para demostrar que el sentimiento de la supervivencia está por encima de cualquier emoción amorosa. Atención a un jovencísimo Tom Hardy haciendo ya méritos. Una gozada para los que gusten de filmes que aúnan el thriller policial con lo sobrenatural, en la vertiente que instauró el clásico Corazón satánico / El corazón del ángel (Angel Heart).

9. Sé quién me mató (I know who killed me, 2007), de Chris Sivertson

El desprecio unánime que esta película causó sólo se puede explicar por la tirria que la gente le tiene a Lindsay Lohan, una flor marchita que la cámara ama en este título reminiscente de los primeros trabajos de Brian de Palma. A mí me pareció un filme absolutamente fascinante y no me canso de mirarlo, porque además su paleta de colores obsesionada con el azul y el rojo lo convierten en un placer visual continuo. La trama que plantea es morbosa y absorbente, con unos giros de suspenso dignos del mejor Rod Serling. Un hermoso viaje para los ojos que un amigo mío definió como “un David Lynch para cine de teenagers”, en el mejor sentido posible de la acepción.

10. Acoso del más allá / Arresto domiciliario (100 Feet, 2008) de Eric Red

Otro demente habemus: en el año 2000, en un acceso de locura, el director Eric Red arrastró con su jeep otro carro y terminó atropellando varios viandantes y empotrándose contra un establecimiento, matando a dos personas en el trayecto de su ciega espiral. Luego se bajó tranquilamente de su jeep y trató de degollarse a sí mismo con un cristal roto, mientras musitaba que no merecía vivir. Pero sobrevivió y nunca fue a la cárcel por sus acciones.

El guionista del clásico The Hitcher volvió a escribir y dirigir tras ese arrebato homicida, ocho años después… El resultado es 100 Feet, una serie B perfecta, protagonizada por Famke Janssen, la Jean Grey de X-Men. La sinopsis resulta inmejorable: una mujer acusada de matar a su esposo sale de prisión para ser confinada en arresto domiciliario, siendo portadora de una tobillera que le impide sobrepasar los “100 pies” de radio que justamente mide su casa. Ella había proclamado en su defensa que mató a su pareja porque era víctima de terribles maltratos por parte de él: el problema vendrá cuando el espíritu del esposo maltratador (quien para más inri es Michael Paré) también habite la casa y decida proseguir abusando físicamente de su esposa, obligada por la ley a no huir…

Una cinta sencilla y efectiva para sentir muchos escalofríos, sobre todo si se conocen los antecedentes criminales de su director.

11. The Eclipse (2009), de Conor McPherson

Algo más suave para variar: The Eclipse es una hermosa historia de fantasmas que tiene lugar en un pequeño pueblo irlandés que alberga una feria literaria. Además de desarrollar un bonito y realista romance entre una escritora de terror y un aficionado a la literatura, el filme propone uno de los pocos papeles protagonistas del desaprovechado actor Ciarán Hinds (fue Julio César en la serie Roma), quien está deslumbrante en su interpretación de este viudo tranquilo y lector voraz que empieza a ser testigo de sucesos inauditos… Una cinta sencilla y delicada para ver en compañía de la pareja que amas.

12. Secretos ocultos / La masacre de Town Creek (Town Creek, 2009), de Joel Schumacher

Está claro que Schumacher es capaz de lo mejor (Un día de furia, Asesinato en 8 mm., Batman y Robin) y lo peor (Bad Company, Trespass). Ya parece en franca decadencia, pero su mirada irónica y homoerótica a cualquier género dio también unos sorprendentes buenos frutos en esta pequeña película de terror sobre experimentos nazis en el marco del Gótico Americano. Imágenes espeluznantes (el caballo en llamas) y tres machos alfa juntos que seguramente hicieron las delicias estéticas del director (nada menos que Henry ‘Superman’ Cavill, Dominic ‘Prison Break’ Purcell y Michael ‘Shame’ Fassbender) contribuyen a pergeñar un rara avis que algún día alguien rescatará por lo inesperado y ambicioso en sus claves de género.

13. La huérfana (The Orphan, 2009), de Jaume Collet-Serra

La mejor película hollywodiense realizada por este talentoso cineasta catalán, cuya mayor cualidad artística es no tener ningún complejo a la hora de acometer los más diversos proyectos: si hay un título que yo recomendaría para pasar dos horas de diversión terrorífica absoluta es La huérfana. No sólo funciona como un reloj en su engranaje de diabólico suspenso, sino que además cuenta con el final sorpresa más (valga la redundancia) sorprendente y a la vez verosímil que he visto en toda la última década.

14. Anarchy: La noche de las bestias (The Purge: Anarchy, 2014), de James DeMonaco

La primera de la saga tenía una premisa cojonuda pero era mediocre. Sin embargo, con esta segunda entrega, DeMonaco se reivindica con la mejor recreación del espíritu de John Carpenter que ha florecido últimamente: la primera hora real de estas 12 horas para sobrevivir es una gozada de atmósfera ominosa y un estímulo absoluto del afán fantasioso que habita en todos nosotros. Y Frank Grillo por fin me convence, sufriendo con esforzada entrega en ese personaje que parece un músico descartado de las filas de Duran Duran buscando su razón de ser.

15. La cabaña en el bosque (The Cabin in the Woods, 2015), de Drew Goddard

Al César lo que es del César. Nunca fui muy fan de Joss Whedon, pero hay que reconocer que en clave de lectura metalingüística, él y John Hyams (Universal Soldier: Regeneration) son los dos cineastas que más sombra le hacen a Tarantino.

Su reescritura del subgénero del body count en complicidad con Drew Goddard es absolutamente brillante: sólo empezar la película plantando su título sobre un congelado de dos científicos anodinos desplazándose en un coche eléctrico por un vulgar pasillo ya implica tener unos cojones bien gordos.

La peli aporta varias ingeniosas vueltas de tuerca a los clichés de Viernes 13 y demás mitos del slasher, alcanzando insospechadas proporciones cósmicas, y está plagada de imágenes maravillosas. Un hito del cine.

16. Bone Tomahawk (2015), de S. Craig Zahler

Siempre me han apasionado las mezclas del western con otros géneros: desde The Valley of Gwangi (1969), que metía dinosaurios entre vaqueros comandados por el gran James Franciscus, hasta la infravalorada Cowboys & Aliens, que hubiera sido un clásico instantáneo de haber salido en los años 80, me excita mucho esa reinvención de la tradición del Oeste en busca de otros horizontes sensoriales.

Bone Tomahawk triunfa en su quizá excesivamente moroso periplo del western crepuscular al más crepuscular aún género gore, insuflando veracidad a una increíble historia de tribus apartadas y casi extraterrestres con ritos caníbales incluidos. Y lo hace además con las mejores cartas: ¿quién no quiere ver una película del Oeste protagonizada por Kurt Russell? Si además le acompañan Patrick Wilson y Richard Jenkins, “esto es bien”.

A mí me carga un poco esa necesidad que tiene el director de demostrar que es el más listo de la clase (Tarantino también ha hecho mucho daño en ese apartado), insertando diálogos absolutamente inapropiados en personajes que ya había pintado a la perfección sin abandonar los principios del naturalismo y que sólo satisfacen a estudiantes de cine que también se creen los más listos de la clase. Pero una vez aterrizamos en el festín de terror y sangre con que corona la travesía de sus protagonistas… la verdad, no tengo nada que objetar a la felicidad que nos imbuye.

Y si alguno de esos títulos no te convencen, siempre lo puedes canjear por The Midnight Meat Train (2008), obra del desquiciado y virtuoso japonés Ryuhei Kitamura adaptando al no menos desquiciado y virtuoso británico Clive Barker

¡La única película que me gusta con Bradley Cooper de protagonista!

Copyright del artículo © Hernán Migoya. Publicado previamente en Utero.Pe con licencia CC.

Hernán Migoya

Hernán Migoya

Hernán Migoya es novelista, guionista de cómics, periodista y director de cine. Posee una de las carreras más originales y corrosivas del panorama artístico español. Ha obtenido el Premio al Mejor Guión del Salón Internacional del Cómic de Barcelona, y su obra ha sido editada en Estados Unidos, Francia y Alemania. Asimismo, ha colaborado con numerosos medios de la prensa española, como "El Mundo", "Rock de Lux", "Primera Línea", etc. Vive autoexiliado en Perú.
(Avatar © David Campos)