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Crítica: «Los renegados del Diablo» (Rob Zombie, 2005)

El debut de Rob Zombie en el mundo del cine, La casa de los 1000 cadáveres, fue lo que cabía esperar de este extraño personaje, un delirio multirreferencial en el que cabían homenajes a sus obsesiones personales: monstruos clásicos, terror setentero, fenómenos de feria, pin-ups, satanismo y mucha ironía. Los manierismos de sus videoclips estaban presentes, como era de temer, y la historia desvariaba progresivamente PERO…

Ese PERO es lo que ha convertido al film en una pieza de culto, y contiene un puñado de escenas en las que Robert Cummings demostraba una mano firme para crear tensión y mal rollo, además de talento para escribir diálogos para el recuerdo, sin olvidar la presencia de unos asesinos de lo más carismático, en especial ese Capitán Spaulding encarnado por Sid Haig que ya se ha convertido en todo un icono para el aficionado.

Si La casa de los 1000 cadáveres se resentía de un abuso de insertos de distintos formatos cinematográficos a lo Oliver Stone, no deja de ser irónico que Los renegados del Diablo sea lo que debió ser en su momento Asesinos Natos si la hubiera dirigido su creador «legítimo».

Esta extraña secuela tiene poco que ver en tono y puesta en escena con la opera prima de Zombie, ya que se trata de un ultraviolento thriller de carretera, militantemente setentero y tan cercano a La última casa a la izquierda como a las obras más polvorientas de Sam Peckinpah o Arthur Penn. Por supuesto, la aproximación a los clásicos de estos dos maestros es meramente estética, carente del contenido emocional, político o poético de aquellas obras capitales, pero aun así Los renegados del Diablo es una película completamente personal y atípica en una cinematografía tan ñoña como la actual.

El principal objetivo de Rob Zombie es despertar a una bestia que lleva siendo apaciguada durante décadas, poner en pantalla lo que ya no se ve (y él mismo como espectador quiere ver), hacer uso (abusivo) de su libertad como lo hacen los dementes miembros de la familia Firefly, menos chistosos y bastante más terroríficos que en la anterior entrega. Un reparto plagado de estrellas trash hará las delicias del fanzinero más recalcitrante, y un festival de depravación exenta de moralina redentora provocará los vómitos de los bienpensantes. Pero no cabe duda que Rob Zombie, ya con su segunda película, es un tipo a tener en cuenta y, posiblemente, un nuevo francotirador de los que hacen tanta falta para que esto del cine no se anquilose.

Por cierto, como ejercicio opcional, el freak de pro puede comparar las estructuras argumentales de Los renegados del Diablo y El imperio contraataca. Encontrará más de una coincidencia, incluyendo un Lando Calrissian versión pimp.

Sinopsis

Una redada policial dirigida por el sheriff Wydell (William Forsythe) sorprende al clan de asesinos psicópatas Firefly en su guarida. Otis (Bill Moseley) y Baby (Sheri Moon Zombie) logran escapar a tiros, reuniéndose más tarde con el Capitán Spaulding (Sid Haig). El trío se lanza a una sangrienta huida llena de torturas y asesinatos, mientras son perseguidos por otros homicidas desquiciados como son Wydell y sus cazarrecompensas.

Copyright del artículo © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

Vicente Díaz

Vicente Díaz

Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Europea de Madrid, ha desarrollado su carrera profesional como periodista y crítico de cine en distintos medios. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic y la cultura pop. Es coautor de los libros "2001: Una Odisea del Espacio. El libro del 50 aniversario" (2018), "El universo de Howard Hawks" (2018), "La diligencia. El libro del 80 aniversario" (2019), "Con la muerte en los talones. El libro del 60 aniversario" (2019) y "Alien. El 8º pasajero. El libro del 40 aniversario" (2019).