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La vida secreta de las palabras: «Fucsia»

Para empezar, reconozcamos este color es detestado por muchas personas. Sin ir más lejos, pintar de color fucsia las paredes de una habitación puede parecer el colmo de la extravagancia, y quizá por ello, mencionar esta posibilidad cromática puede originar más de una bronca.

No obstante, la palabra fucsia tiene mucho interés, pues nació de una investigación científica muy notable. En este sentido, proporciona una primera remesa de datos el Diccionario enciclopédico de la lengua castellana (París, Garnier Hermanos, 1895), de Elías Zerolo, donde la voz se explica del siguiente modo: «Tipo de la tribu de las fucsiáceas que comprende más de cincuenta especies conocidas». La información biológica, como se ve, resulta escasa y tirando a exótica, pero eficaz. Además, nos pone en la pista de Leonardo Fuchs, a quien don Elías describe como origen del vocablo de marras, aparte de médico y botánico alemán originario de Suiza.

De momento, aún no hallamos referencias a coloración alguna. A la vista está que en tiempos de Zerolo, no había otro matiz en ese género de plantas nombrado a partir de un apellido prestigioso. Pero lo cierto es que las flores de esta familia lucen un llamativo color rosa oscuro o violáceo, y eso no podía pasar desapercibido en modo alguno. Para precisar los matices de ese catálogo de arbustos, Aniceto de Pagés, en el Gran diccionario de la lengua castellana (de Autoridades), con ejemplos de buenos escritores antiguos y modernos (Barcelona, Fomento Comercial del Libro, c. 1914), explicó que las plantas de Fuchs disponen de «ramos lampiños, hojas ovales, agudas y denticuladas, y flores de color rojo oscuro, colgantes de pedúnculos largos, cáliz cilíndrico con cuatro lóbulos y corola de cuatro pétalos. Es planta de adorno procedente de América meridional».

Gracias a otros científicos, también sabemos que hay un centenar de especies de fucsia y que éstas proliferan en Iberoamérica, Nueva Zelanda y Tahití. En la vigésima edición del Diccionario de la lengua española (Madrid, Espasa Calpe, 1984) la Real Academia Española reproduce, en líneas generales, lo dicho por Pagés. Pero incluye un matiz que ya esperábamos con interés: «Aplícase a lo que tiene el color de la flor de esta planta». Así, al involucrar el colorido en la ficha etimológica, adquiere vigor la acepción más divulgada. Y es que en realidad, muchos hablantes identifican el fucsia con una tonalidad o un pigmento, pero son más escasos quienes lo mencionan con rigor botánico.

De las definiciones escrutadas, la de Santiago García-Castañón es, con todos los cuidados del caso, una de las que resultan clarificadoras: «Género de plantas de ramas lampiñas, hojas ovaladas y flores de vivos colores; existen de este género más de sesenta especies, la mayoría originarias de América. Fue descrita por primera vez por el viajero francés Charles Plumier, quien le dio este nombre en 1693 en honor del físico y botánico alemán Leonhard Fuchs (1501-1566). Se llama también así al color vivo, especie de rosa fuerte, que tienen algunas especies» (Diccionario de epónimos del español, Gijón, Ediciones Trea, 2001).

En cuanto a su poder colorante, remitimos a lo dicho en el Diccionario de la Real Academia Española de 1985, donde, con un sesgo más bien propio de la química, queda descrita una substancia poderosa, la fucsina, cuyo análisis de componentes revela esta receta: «Materia colorante sólida que resulta de la acción del ácido arsénico u otras substancias sobre la anilina. Se emplea en laboratorios biológicos y en la industria, para teñir de rojo obscuro fibras, tejidos, papel, pieles, etc., para colorar los vinos y para otras aplicaciones».

Desde luego, podríamos meditar sobre la idoneidad ornamental de tales usos. Pero ya se sabe que el gusto, o la falta de él, no ha de entrometerse en este asunto de las etimologías.

Imagen superior: Pixabay.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Esta es una versión expandida de un artículo que escribí, con el seudónimo «Arturo Montenegro», en el Centro Virtual Cervantes, portal en la red creado y mantenido por el Instituto Cervantes para contribuir a la difusión de la lengua española y las culturas hispánicas. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como "Cuadernos Hispanoamericanos", "Album Letras-Artes" y "Scherzo".
Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte).
Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos. Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.