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Entrevista con Tha y Joan Tharrats

Un cliente se queja en un restaurante de que hay una mosca en su sopa. Un sibilino (jamás olvidaré su expresión, es lo único que llegamos a ver) camarero se inclina solícito frente a la mesa e, indicando el plato de sopa con sonrisa despiadada, reglamenta: “No se preocupe, señor. ¿Ve esa araña que se desliza por el borde del plato? Enseguida se ocupará de ella”.

Este chiste gráfico era uno solo de los muchísimos y para mí desternillantes que trufaban la página titulada «La Habichuela» en varios volúmenes retapados de la mítica revista TBO que mi madre me compró en El Corte Inglés de Barcelona, calculo que hacia un día de 1978 o 1979. Yo debía de tener 7 u 8 años y, antes que con La Familia Ulises o con, lo reconozco, las páginas deliciosamente estilizadas de Coll, me descoyuntaba de la risa y no podía dejar de repasar una vez y otra los cientos de chistes, tanto literarios como gráficos, que se abigarraban en dicha hilarante sección. Los firmaban Tha, T.P. Bigart, Sirvent y Mir.

Pues, joder, ahora mismo tengo enfrente a Tha y T.P. Bigart. ¿Cabe mayor ilusión en esta absurda vida?

Tha (en la vida real August) y Joan Tharrats (en la ficción El Guionista Antes Conocido Como T.P. Bigart) son hermanos y vecinos “de toda la vida” del barrio barcelonés de Gràcia, muy distintos entre sí de apariencia y talante. Entre otras diferencias, se cuentan sus vocaciones complementarias: Tha toca el piano en su reputado grupo de jazz August Tharrats Trio; Joan escribe guiones de comedia para TV.

Tha tiene un aire de artista loco; por expresión facial, mirada excéntrica, gestualidad prorrumpida y prominencia dental, parece Robert Crumb camuflado con una melena del Príncipe Valiente. Joan es como el hermano mayor responsable (aunque creo que en realidad es el menor), parece el protagonista de alguna comedia teenager crecido de golpe, por obra y gracia de algún desquiciado argumento ochentero, y endosado con el farragoso deber de llevar a su despistado hermano sano y salvo a casa: te mide con ganas de cantar las cuarenta pero cierto apocamiento de miras tímidas se lo impide, lleva un freno de comunicabilidad en el alma, quién sabe si el verdadero motor de su genio.

Estos dos señores con pinta de chiflados peligrosos (podrían aparecer sin ninguna disonancia en el reparto de secundarios de la próxima película de los hermanos Coen o protagonizar Revenge of the Nerds: 30 Years Later ) son para mí dos héroes absolutos. Les quiero sin conocerles, les adoro, les idolatro. Han hecho más por la cultura catalana que Lluís Llach o Ventura Pons. Han aportado más inteligencia y maravilla al mundo que ningún artista en Barcelona. Han hecho derramar más lágrimas dichosas, quizá, que ningún otro autor de cómic en España.

Me considero un absoluto privilegiado. No soy digno de estar frente a ellos. Me siento feliz y siento que la vida te otorga algunas recompensas que deniegan su sinsentido. ¿Qué hago yo frente a los autores que me hacían llorar de risa hace treinta años?

Pues en principio, entrevistarles por la aparición de Todo es posible (Ediciones Glénat), compendio de historietas a todo color que realizaron en su día para el semanario El Jueves y que remozaron para su edición en tapa dura. Pero a partir de ahí, la charla puede derivar en cualquier dirección. Nuestra conversación se desarrolla en lengua catalana, así que pido disculpas de antemano si alguna expresión traducida suena forzada, resulta poco convincente o tiene regusto a calzador.

Vuestro tándem es casi tan longevo como vuestra relación biológica.

Tha: En realidad, nuestra unión artística fue casual. Mi hermano, de entrada, no tenía previsto ni ser guionista.

Joan Tharrats: No, yo quería acabar Microbiología, concretamente. Siempre he dicho que he estado en el mundo de las ideas. A partir de mi primera colaboración en el TBO, pensé que aquello de guionizar me interesaba. Pero nunca he prescindido de otros mundos de las ideas, como la Psicología. En este sentido, August y yo también trabajamos juntos porque hemos compartidos muchos momentos juntos.

Tha: Es por afinidades. Hacia 1976 yo ya trabajaba en el TBO y él estaba haciendo un estudio sobre los papiones en cautiverio en el Zoo de Barcelona. O sea, que la historieta sobre ese animal mítico llamado Kolofón que cierra este álbum tiene su base científica…

Tha: Sí, en el álbum todo es serio… (Risas)

J.T.: Estuve dos años yendo al Zoológico. Los animales siempre han sido una fuente de inspiración y detonante de historias.

Tha: Entonces, un día me dijo que tenía una idea, un gag . Me lo explica y me hizo gracia. Así que lo dibujé. Y me hizo mucha gracia poner mi nombre junto al suyo. Mira qué bien. Tiempo después, me dijo que tenía otra idea. Y me di cuenta de que podía gustar en la editorial como guionista.

Joan, yo siempre fui un fan a muerte de T.P. Bigart, y jamás he conseguido averiguar de dónde sacaste ese pseudónimo. ¿Me lo puedes explicar?

J.T.: Era una manera de firmar. Para no poner Tharrats: como él ya era Tha, añadir Tharrats hubiera creado alguna confusión. De hecho, esa confusión a veces aún se da: ése es un problema que tenemos. Así que me inventé el nombre de Bigart, y le añadí las iniciales T. y P., por Tharrats y Pasqual, que es mi segundo apellido. Hasta que decidí dejarlo correr.

¿Cuándo decidiste terminar con el pseudónimo e incluir tu verdadero nombre?

J.T.: Hostia, para eso, tendría que ir a Google.

Tha: No, yo te lo digo: 1988. Como yo firmo, me acuerdo perfectamente. A mí me encanta ese pseudónimo: sonaba a sesudo psicólogo checo.

Tha: En Francia salió una vez una crítica de un tipo comentando uno de nuestros álbumes, en la que escribía: “Los guiones están a cargo esta vez de un tal Joan Tharrats, que por suerte mantiene el mismo nivel de T.P. Bigart”. Bueno, lo triste hubiera sido que hubiera escrito “Se nota que ya no se ocupa de los guiones T.P. Bigart”…

J.T.: “…el cambio no ha favorecido…”

Y tú, Tha, ¿cómo empezaste a publicar?

Tha: Si él fue de rebote, yo empecé a los 15 años. Yo leía el Patufet en casa. Y empezó a salir una sección donde salían los dibujantes de la revista. Yo tenía 15 años y me parecía que aquellos autores, que para mí eran maestros venerables, debían de tener una edad considerable. Y de repente sale un autor, el Jaume, con 16 años. “Coño. ¿Cómo es posible?”, pensé yo. Y claro, ahí se me cayeron los mitos. ¿Cómo podía tener aquel autor 16 años? Y como yo tenía ganas de dibujar, pensé: “¿Sabes qué? Me presento”. Y fui con mi madre a la redacción del Patufet. Recuerdo que estaba el Pere Olivé, fue mi primer contacto…

El gran Pere Olivé: ha estado en todos los sitios vitales de la historia del cómic español…

Tha: Pues le gustó mucho lo que yo hacía: “¿Por qué no me traes tres páginas?”. “¿En serio?”. “Sí, sí, sí”. Y así entré.

Tenía que hacer los deberes de Matemáticas y después las páginas del Patufet. Y más adelante, me dijeron: “Oye, en Matarratos buscan humoristas”. Y fui allí: de seis dibujos, a lo mejor me cogían uno.

Y así seguí. Entré en Bruguera, donde estuve un año y medio pasando a tinta: el Mortadelo , el Zipi y Zape , el Doctor Cataplasma y, sobre todo, al Raf: el Sir Tim O’Theo , el Don Pelmazo …

Impresionante Raf.

Tha: Impresionante.

Ahora que lo dices, tiene sentido lo de tu apego a Raf. Estilísticamente, hay cierta afiliación con tu obra: ese trazo largo, de líneas verticales…

Tha: Hombre, a mí era el que más me gustaba. Era el que tenía más nervio. Me hacían también pasar a tinta el Mortadelo y era como Disney, muy redondeado y controlado. La primera página que me hicieron entintar en Bruguera fue una putada, porque me tocó El Doctor Cataplasma. Era trazo Disney en papel satinado…

Otro genio…

Pero intenta pasarlo a tinta. Sufrí mucho con aquello. En cambio, el Raf y el Segura eran más nerviosos de trazo, más gestuales. Y una vez iba a pasar unos Pelmazos a pincel, y me acuerdo que me dijeron: “No, no, pásalos a plumilla porque saldrán con una cara que no tiene el personaje”.

Y después llegué al TBO.

La sección de «La Habichuela», ese maravilloso cajón de sastre de chistes y apostillas –que luego continuaríais en El Jueves bajo el título de «Quatricomía-4», pero más rebajado–, con moscas y arañas dialogando demencias, la empezasteis vosotros dos con Sirvent y Paco Mir, ¿verdad?

J.T.: Fue una propuesta nuestra al TBO.

Tha: Allí estaban los dibujantes de toda la vida y estábamos nosotros, que éramos de otra generación: había como un desfase. Y se nos ocurrió que por qué no podíamos hacer nuestro rollo. Así que hablamos con el Director y le propusimos realizar una página “más de ahora”.

Erais realmente jóvenes.

J.T.: Éramos jóvenes y no había nada. Luchar en aquella industria era como gritar en el desierto.

Tha: O ibas al TBO o a Bruguera. No es como ahora, que está la Escuela Joso, que hay editoriales, fanzines, concursos, mil historias. Entonces no había nada. La suerte es que cada semana podíamos entregar: eso nos aportó una profesionalidad. Y luego me tocó ir a la mili. Durante esa época teníamos un divertimento Joan y yo: yo hacía la mili en Canarias, y desde allí le enviaba dibujos por la cara. Yo dibujaba lo que me daba la gana y luego él le añadía algún gag de texto.

J.T.: Y lo interesante era conseguir que los lectores no supieran que el dibujo estaba hecho antes que el guión, claro.

¿Qué hacía Mir entonces?

Tha: Mir estaba estudiando teatro.

J.T.: Él venía de Bellas Artes. Recuerdo que cuando estábamos con «La Habichuela», los dos dijimos: “Yo haré teatro”. Luego yo no lo hice y él sí…

Tha: Y mira, funda El Tricicle.

J.T.: La etapa de «La Habichuela» se recogió después en cuatro álbumes bajo el título El Habichuelo.

Más tarde recuerdo haberos visto también con Alfons López, en la revista Más Madera.

Tha: Y en Cul de Sac. Allí ya éramos un equipo de gente con bastantes afinidades. Fue una época guapa.

Lo sorprendente de Joan Tharrats es que parece una máquina inagotable de ideas.

Tha: ¡Exacto! Comienza a hacer gags y gags y terminan formando una buena historia. Si yo escribiera guiones, me gustaría hacer lo que él hace. En la revista El Papus, por ejemplo, estuve medio año haciéndome yo los guiones (aunque también trabajé con Ivà). Pero cuando trabajé con mi hermano, pensé que, si era mejor guionista, que los haga él. Simplemente por cuestión de calidad.

J.T.: De hecho, yo también he trabajado con otros dibujantes, pero quien más jugo le ha sacado siempre a las historias ha sido August. Así que siempre que hemos podido, trabajamos juntos.

Y casi siempre desde la trinchera del humor absurdo.

J.T.: Yo pienso que el absurdo tiene la ventaja de que puedes criticar la lógica. Le puedes sacar sus contradicciones a la lógica. Cuando yo estudiaba, quería hacer Filosofía, sólo para cargarme la Lógica. No lo conseguí. Desistí de ese tema. Pero sí me abracé al absurdo, porque puedes poner en cuestión la lógica y hablar de lógica con absurdidad. Se puede criticar un tema hablando de otro: es más por el mismo precio.

Tha: Muchas veces nos dicen que hacemos humor surrealista. No, no. A mí el humor surrealista no me interesa. El Surrealismo es lo de Dalí: de una granada sale un elefante y del elefante… Será el Dalí, pero a mí eso no me interesa. En cambio, el absurdo tiene una lógica matemática.

Bueno, lo alucinante es que sois vosotros como autores quienes encontráis y exponéis esa lógica.

Tha: Nosotros mostramos una chica volando sobre un elefante y esa imagen te desencadena una historia lógica. O la de la Convención Mundial de Napoleones.

J.T.: Claro, si no se puede justificar la imagen, entonces no nos interesa. La gente se pierde.

¿Por qué el arte del Absurdo se valora mucho menos que géneros establecidos más convencionales como el drama o el costumbrismo?

J.T.: Yo creo que es un poco una cuestión de país. En Inglaterra eso no pasa tanto.

Tha: Es como cuando haces una caricatura de alguien y se enfada alegando: “¡Yo no soy así!”.

J.T.: Si uno explica una historia romántica sobre una chica que está volando sobre un elefante, de entrada ya sorprende más.

¿Pero por qué la supuesta seriedad del género de la obra acaba influyendo en la seriedad con que es recibida ésta?

J.T.: Si haces drama siempre pareces más interesante que si haces comedia, que se interpreta como una tontería. Eso pasa en todas partes. En televisión, por ejemplo, una TV movie que sea comedia cuesta muchísimo venderla: en cambio, si propones un dramón de un inmigrante que va en patera y tiene Sida, te lo compran enseguida.

Tha: Y si no, ya tenemos que irnos al extremo opuesto: al humor de Los Morancos, que es lo que tiene tirada. Que son grandes artistas Los Morancos, cierto: son gente con talento, pero que…

Yo soy muy fan de Los Morancos.

Tha: ¡Son muy buenos! Pero saben ir sobre seguro a resortes que harán reír por el camino más fácil.

El absurdo requiere un recorrido de decodificación más largo para el espectador o lector.

Tha: No somos intelectuales, pero sí metemos un poquito más de “nivel” en algunas cosas. Introducimos referencias que el lector debe compartir para poder entender algunos contenidos, o de lo contrario se perderá ciertos gags . Es como los Monthy Python.

Dejáis unos hilos sueltos que el lector puede seguir si quiere, pero no los servís masticados.

J.T.: Lo bueno del absurdo es que puedes hablar de algo con ironía, y al mismo tiempo meterte contigo mismo. Es una metástasis de la intención inicial. Eso es bueno, ¿no? Pero si haces ironía, a la gente a veces le cuesta más pillar las sutilezas.

¿Alguna vez os habéis encontrado con el dilema de tener que rebajar un poco o de sobreexplicar vuestro gag por miedo a que el común de la gente no lo pille?

J.T.: Sí, claro, dentro del conjunto, uno intenta hacer su trabajo lo más asequible posible. Eso no quiere decir tonto: quiere decir asequible. Hasta he llegado a pensar guiones “imposibles”, que nadie entendería. Así que nuestros trabajos están pensados para que los pueda leer todo el mundo.

Tha: Pero también trabajamos diferentes niveles de lectura, pequeños detalles en el fondo de las viñetas que si se quiere se perciben y si no, no son esenciales para el hilo principal. Hostia, Joan creo que es el único guionista de la historia de España que sólo ha hecho humor, ¿no?

J.T.: Bueno, pero humor es drama: el humor es un drama que además tiene el añadido de la narrativa humorística.

Tha: Es más fuerte que el drama. Y nos sale así. No nos saldría Hamlet.

Tha, si ahora tú escribieras guiones en solitario, ¿también serían de humor?

Tha: Sí, porque es mi manera de enfocar las cosas.

Como digo, una de las cosas que más me admira de Joan Tharrats es la enorme cantidad de buenas ideas que introduce en cada página.

Tha: A veces me preocupa que la gente no capte eso: mi hermano no hace guiones de “situación, desarrollo y arco final”, sino que expone muchas ideas. En una página de Todo es posible igual hay cuatro historias juntas. Y con temas muy diferentes.

Una de las historias de Todo es posible gira alrededor de una idea absolutamente magistral: la de los jugadores de ajedrez que juegan sólo con el tablero, sin piezas, memorizando la teórica posición de éstas. Esa premisa da para una película, Stanislaw Lem hubiera escrito una novela entera con ella ¡y tú te la despachas en unas viñetas!

J.T.: Cada historia de dos páginas creo que se podría alargar hasta diez veces más.

Tha: Un guionista me explicó que leyendo los guiones de Joan alucinaba, porque él para explicar lo mismo que mi hermano explicaba en una página, necesitaría treinta.

¿Pero por qué ese aluvión de ideas constantes?

J.T.: Es un estilo de vida. Si hiciésemos horario de oficina, mal iríamos. Pero voy en el metro, se me ocurre una idea y la apunto. Siempre voy por ahí pensando cosas, anotándolas. Y nadie te dice cuándo tienes que hacer las cosas: tú las haces por iniciativa propia.

Tha: Y yo estoy enamorado del dibujo. Yo no soy dibujante de 9 a 13.00 horas, o de 16.00 a 19.00. Ahora no estoy dibujando, pero soy dibujante. Me fijo en las cosas, igual me interesa aquella puerta, o la camisa que llevas…

…Lo dudo. (Risas)

Tha: Dibujar es una manera de ser. Me preguntan: “Hostias, ¿trabajas el domingo?”. No es que trabaje el domingo. Es que me gusta hacerlo.

¿Tu vida podría girar solamente en torno al dibujo?

Tha: Y en torno al jazz . Son las dos cosas. Las dos cosas son apasionantes y putas a la vez. Yo soy músico y dibujante. No dibujante de cómics: dibujante. Y Joan siempre dice que trabaja en el mundo de las ideas, más que considerarse guionista. Pero lo que sí es curioso de mi hermano es que él no es lector de cómics.

J.T.: Me gusta más hacerlos que leerlos. De pequeño leía sólo el Zipi y Zape . Después sí me interesaba Bretécher, el Lauzier, Víctor de la Fuente en cuanto al dibujo… Pero no es que haya tenido nunca una gran colección de cómic.

Tha: Yo tampoco. Me interesa el cómic como medio de expresión, poder explicar historias mediante el dibujo, pero no soy un gran entendido de todos los cómics que se hacen.

Joan, ¿qué diferencias ves entre tu trabajo para los cómics y tus guiones para programas de TV, como alguna serie de TV3 en la que has estado involucrado?

J.T.: La gran ventaja del cómic es que eres tú mismo. Somos mi hermano y yo, y ya está. En la tele somos mucha gente: si no eres tú el realizador, muchas veces piensas que habrías hecho el producto de forma diferente. En el cine pasa lo mismo. Es un trabajo en equipo y se tiene que entender así. En el cómic, para bien o para mal, estás tú solo: y eso reconforta de una manera impresionante. Incluso cuando recibes quejas. El cómic en este sentido es uno de los medios más interesantes que existe. Como escribir cuentos.

¿Te ha interesado alguna vez dirigir un rodaje?

J.T.: Sí, pero es una cosa que vas dejando de lado porque surgen otras inquietudes. Pero de hecho ya me han propuesto ser productor ejecutivo de una serie creada por mí. Ya llegará. A veces interesa más estar contento con una cosa que no tiene tanta repercusión, pero que es más tuya, que trabajar en un proyecto…

Tha: …que se diluye por el camino.

J.T.: Pero las inquietudes siempre están.

¿Y alguna vez has reciclado alguna de esos millones de ideas que has diseminado en tus cómics para aprovecharla en cine o TV?

J.T.: No. Yo siempre parto de cero. Cuando me planteo un proyecto, cojo un folio en blanco y me largo al Bar Zürich de Plaza Cataluña. Dalí dijo que el centro del universo era la estación de Perpiñán: para mí, el centro del universo es el Zürich.

Ah, ¿sí? ¿Y viviendo en Gràcia te vas al Zürich?

J.T.: Sí. Nadie lo entiende.

¿Y te sientes cómodo allí, entre tanto turista y ajetreo?

J.T.: Sí, porque me evado. No voy a ver qué me encuentro, qué puedo aprovechar para mis ideas. No, no. Yo allá estoy como dentro de una burbuja.

Tha: Yo eso no podría. Tengo que trabajar en casa. Una vez tuve que ir a El Jueves a hacer unos dibujos allá en la redacción y lo pasé fatal.

Todo es posible es una selección de las mejores páginas que publicasteis durante años en la revista El Jueves. ¿Las páginas se han reproducido tal cual?

Tha: La gracia que tiene el álbum es que las páginas están mucho más acabadas: he terminado la trama, algún sombreado, añadido detalles… mejorado el dibujo.

Es como un Director’s Cut

Tha: Exactamente, es como si fuera la versión definitiva de la obra.

¿Habéis dejado fuera muchas páginas de la serie?

Tha: Hemos seleccionado muchas, sí: creo que hemos escogido las mejores en cuanto a guión y dibujo, sinceramente. Ten en cuenta que hacíamos una a la semana. Buscábamos también un cierto equilibrio de temas: si hay diez historias de amor y desamor, sólo hemos salvado tres; si hay diez de historias con elefantes (¿?), lo mismo.

¿Qué diferencia de concepto artístico y humorístico encontráis entre vuestra recopilación anterior, el increíble, demencial Absurdus Delirium, y este Todo es posible?

Joan Tharrats: A nivel de guión, básicamente la diferencia podría ser la misma que entre un cuento y una novela. Absurdus Delirium eran historias cortas, pero Todo es posible, siendo también breves, son cuentos ya pensados con una narrativa añadida que siempre está explicando algo. En cada viñeta hay un texto que explica algo, más un gag visual que lo refuerza o complementa. Absurdus Delirium eran momentos, fragmentos de historias que se explican por sí mismas, no necesitaban un apoyo de texto extra.

En Todo es posible esa voz narrativa funciona como un contrapunto a lo dibujado. ¿Por qué creasteis esa combinación?

J.T.: Es una manera de explicar más cosas en menos páginas. Cuando tienes un apoyo de texto, es como el off de las películas, donde puedes explicar cosas que no te permite la acción continuada. En Todo es posible nos podemos recrear más.

Tha: Y a mí, el hecho de tener un texto de apoyo junto a la parte gráfica, recurso con el que nunca había trabajado, me permitió plasmar la historieta en un tipo de páginas diferentes. Usé papel tintado; trabajé con acuarela pero en color opaco, cosa que no había hecho nunca; con lápiz de color; y al ser el papel marrón jugué como si fuera pastel. Le daba a todo un aire de cuento.

Absurdus Delirium también recogía páginas realizadas directamente para la revista francesa Fluide Glacial, algunas inéditas en España. Joan, ¿las guionizabas en francés?

J.T.: No. Alguna vez sí hicimos algo en francés. Pero esto lo escribía en catalán.

Tha: Yo les enviaba el texto a Francia, allí lo traducían y después yo lo rotulaba.

¿Y enviabais los textos en catalán?

J.T.: No, en castellano. Aunque alguna frase ya la poníamos directamente en francés.

Lo pregunto porque uno de los elementos vitales de vuestro humor es el juego con el lenguaje. Supongo que eso debía de crear más de una dificultad a la hora de traducir el texto.

Tha: Siempre que había alguna expresión coloquial, les añadía una nota al margen. Un “¿Qué pasa, tío?” requería por ejemplo que les agregara una nota explicando que “tío” no se refiere a la nomenclatura familiar, y les intentaba incluir el equivalente francés. Ellos lo traducían todo y me enviaban el resultado por fax, porque les exigía rotularlo yo.

¿Cómo veis de salud estas revistas humorísticas donde habéis trabajado tantos años?

Tha: El Fluide Glacial ha bajado mucho. Ha pasado como con El Jueves: había grandes autores antes, y ahora ha llegado esta nueva hornada de gente que… ni son buenos ni malos.

¿Os veis un poco desplazados por esa nueva generación?

Tha: Ahora hace una temporada que no trabajamos juntos precisamente por eso.

J.T.: Pero yo creo que no es un problema de autores. Es un problema de indefinición editorial, de no saber exactamente qué quieren. Es como en la tele: se ven obligados a captar unas audiencias y no saben si mantener la que tienen o buscar otra, y al final se quedan en un espacio intermedio, indefinido. Creo que en Fluide Glacial pasó un poco eso.

Tha: Incluso he leído una entrevista con el Larcenet diciendo que piensa dejar la revista, porque cada vez se parece más al Spirou. No hay el compromiso social que había antes. Antes estaban el Gotlib, la Bretécher, el Maëster lo dejó… Nosotros hace tiempo que no hacemos nada para ellos. Les presentamos una idea y nos dijeron que no estaba en la línea. Y les respondí: “¿Qué línea, si hace veinte años que trabajo aquí? ¿Me vas a explicar tú ahora cómo tenemos que hacer Absurdus Delirium?”. Teníamos que aguantar la neura de cada nuevo director que llegaba y, al final, lo dejamos correr. Lo que no íbamos a hacer era intentar adivinar qué querían.

J.T.: Si te dan una explicación coherente, me parece una actitud válida. Pero si ellos mismos no se sabían explicar…

Estáis además trabajando en un medio peligroso, en el sentido de que las revistas de cómic suelen aferrarse a la proyección de sus personajes populares como cabeza de buque, y vosotros, que yo recuerde, nunca habéis tenido personajes fijos.

Tha: La serie Ciclo XXI para El Jueves sí contaba con personajes recurrentes.

J.T.: Pero tampoco había un personaje que titulara la serie.

Tha: Cuando hacíamos Absurdus Delirium, el editor me decía: “Es que lo que haces tú… qué lástima…”. Porque él creía que yo debía dibujar historietas largas con personaje fijo. Y no historietas cortas sin personaje fijo. Pero en esa época empezó a publicar Boucq sus historietas sueltas, semejantes a las nuestras. Y resulta que gustaban. Entonces, ¿qué me están explicando?

Quizá lo más desconcertante de tu dibujo, Tha, es que se basa en un estilo realista: contrapones al género humorístico un grafismo no caricaturesco o distorsionado. En ese sentido, hay que reconocer que eras un rara avis entre los autores de El Jueves. Incluso diría que, si no fuera por algún contraste visual con elementos disparatados, uno no se da cuenta de que tiene entre manos un cómic de humor hasta que lo empieza a leer.

Tha: Pero es que en las películas de Jack Lemmon, el tío está haciendo comedia, pero su actuación es realista. ¡Lo que pasa es que lo que está ocurriendo en pantalla es divertido!

Y los elementos que maneja ese tipo de comedia son cotidianos.

Tha: Y las grandes comedias de Billy Wilder son historias normales y verosímiles: no por ser comedias los actores tienen que saltar y hacer el burro. Con este mismo estilo he ilustrado novelas como Drácula o Frankenstein.

¿Tu evolución gráfica siempre ha ido por libre, nunca se ha visto influida por razones editoriales?

Tha: No. Hombre, cuando estaba en el TBO dibujaba un estilo muy influido por la escuela franco belga, más en la línea de Franquin. Pero ya empezaba a evolucionar hacia aquí y eso me creaba dudas: “Madre mía. ¿Quieres decir?”. Me hacían dudar, porque estaba empezando. Pero siempre tuve claro que en el fondo debía dibujar lo que yo sentía. Y siempre he dibujado así porque es lo que siento. Hay dibujantes que sí tienen varios estilos. Yo no.

¿Queda mucho material vuestro por reeditar?

Tha: Queda el «¡Qué gente!» de El Jueves. Lo editó El Jueves muy mal editado. Y hay 40 páginas inéditas en álbum. El Ciclo XXI , que nos publicaron dos libros fatal, dejando 60 inéditas en álbum, también.

J.T.: Hay cosas, sí.

Tha: La lástima es que el formato del álbum venda tan mal hoy día. Porque es un formato muy bonito. Una pena. Moebius ha vendido 3.000 ejemplares de su último álbum en Francia, no te lo pierdas. Bueno, ha vendido un millón de ejemplares del álbum de la serie XIII que dibujó con guión de Van Hamme, pero el mismo Moebius hace su álbum personal y vende 3.000. Si a él le pasa eso, ¿qué podemos esperar nosotros?

¿Habéis pensado alguna vez en crear historias largas? Pienso en el formato Novela Gráfica que tan de moda está ahora…

Tha: Es una idea que tenemos a largo plazo.

J.T.: Está presente. Pero nunca nos hemos puesto aún. Debería ser un momento en el que alguien nos lo proponga.

Tha: A mí me encantaría hacer un libro de 100 páginas. Pero eso para mí supone una tarea espectacular. Una implicación de un mínimo de dos años en esta historia. Requiere una gran inversión. La única ventaja es que ahora hay un público para el cómic, ya no está tan mal visto. Ya hay cómics en librerías generalistas. Eso está muy bien.

Entonces, ¿qué estáis haciendo en estos momentos?

Tha: Yo estoy acabando un libro sobre las canciones de la Billie Holiday. Es para una colección de la que ya se han editado varios volúmenes con diversos ilustradores: uno sobre Chet Baker, otro sobre Tete Montoliu… Lo edita Disc Medi. Incluyen dos CDs y un cómic de 60 páginas.

En vez de hacer la biografía de la Billie, he escogido canciones suyas y las estoy ilustrando. Me han dado libertad absoluta. Las canciones son absolutamente vigentes: “mi marido me pega, no me quiere…”. Desgraciadamente, eso está pasando hoy día.

De hecho, el maltrato es una de las grandes fuentes de inspiración de las letras de blues y de cualquier copla que se precie.

Tha: Tú ves que la Billie Holiday ya cantaba eso en los años 30 y hoy a una chavala de Mataró le puede pasar lo mismo. Ahí está la gracia. El libro está enfocado hacia ese aspecto vigente.

¿Y tú, Joan?

J.T.: Yo estoy haciendo una tira diaria en el diario Avui. Y estoy coordinando una serie que he creado para TV3. Es una sitcom. Estoy escribiendo ahora los guiones. Entramos a grabar en agosto. Y sigo con mis clases en la Facultad de Comunicación de la Universidad Ramon Llull.

Tha: Y tenemos un nuevo proyecto en común…

J.T.: …pero del que no podemos decir nada, porque da mala suerte.

Entrevista publicada por Hernán Migoya el 14 de julio de 2008 en la web de Ediciones Glénat.

Copyright del artículo © Hernán Migoya. Previamente publicado en Comicsario, un blog para la fenecida editorial Glénat España. Reservados todos los derechos.

Hernán Migoya

Hernán Migoya

Hernán Migoya es novelista, guionista de cómics, periodista y director de cine. Posee una de las carreras más originales y corrosivas del panorama artístico español. Ha obtenido el Premio al Mejor Guión del Salón Internacional del Cómic de Barcelona, y su obra ha sido editada en Estados Unidos, Francia y Alemania. Asimismo, ha colaborado con numerosos medios de la prensa española, como "El Mundo", "Rock de Lux", "Primera Línea", etc. Vive autoexiliado en Perú.
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