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Dark (2017-2020), de Baran bo Odar y Jantje Friese

Con tantas series emitidas en múltiples plataformas todos los meses, cada vez es más difícil decidir en qué producción invertir nuestro siempre escaso tiempo. Las propias plataformas se encargan de, algoritmos mediante, tratar de entender nuestros patrones de ocio y redirigirnos a lo que nos podría interesar –o les interesa a ellas–. Pero con todo, habida cuenta de la cantidad de novedades y el continuo bombardeo de comentaristas hiperexcitados en las redes sociales, resulta fácil pasar por alto series verdaderamente originales. Es el caso de Dark, un thriller alemán de ciencia ficción con toques sobrenaturales creado por el director y guionista Baran bo Odar (quien dirigió todos los episodios) y su esposa Jantje Friese, una serie injusta e inadecuadamente comparada con otra de Netflix mucho más publicitada, Stranger Things.

Como había hecho Stranger Things, Dark empieza con un tono claramente terrorífico a partir de la desaparición de un niño en una tranquila población donde nunca pasa nada. Al cabo de unos cuantos episodios, sin embargo, quedan claras las diferencias entre ambos productos porque la segunda decide centrarse en la ciencia ficción con un formato sin concesiones que mezcla el thriller y el drama familiar, haciendo hincapié en el sustrato intelectual, filosófico y religioso del viaje en el tiempo.

Tratar de explicar el argumento de Dark es como intentar comprender qué fue primero, si el huevo o la gallina. Hay tantos personajes, versiones de los mismos en diferentes épocas y relaciones entre ellos, que hacer un desarrollo coherente del argumento por escrito es un ejercicio fútil: aquellos que conozcan la serie lo encontrarán superfluo y aburrido y quienes no, sólo serviría para confundirles sin darles una idea de lo que es verdaderamente esta serie.

Valga decir que la acción se sitúa en 2019, en una pequeña y soñolienta población alemana llamada Winden, situada en una zona muy boscosa y en cuyas cercanías se encuentra una central nuclear construida en los años cincuenta y que está a punto de ser puesta fuera de servicio. La desaparición de un niño ha supuesto un auténtico shock del que la comunidad no se ha recuperado, cuando un segundo muchacho, Mikkel, se esfuma también una noche en el bosque mientras huye junto a sus hermanos y algunos amigos de unos extraños ruidos provenientes de una cueva. Al mismo tiempo, se producen otros extraños sucesos: un hombre misterioso con aspecto de vagabundo aparece en el pueblo; otro que se suicidó meses atrás dejó escrita una nota con instrucciones para que sólo ahora, en una fecha y hora muy concretas, se abra; una oscilación en la energía de la planta antecede a una lluvia masiva de pájaros muertos…

A partir de aquí, se suceden los misterios alrededor de la desaparición de los niños y el papel que en ello jugó la central nuclear o el personal a su servicio. Misterios que irán aclarándose sólo para revelarse parte de una gran conspiración transtemporal en la que se enfrentan dos fuerzas: una que trata de mantener el status quo y otra que está decidida a romper el bucle temporal en el que se hallan atrapados los habitantes de Winden y que siempre termina en 2019, con una explosión apocalíptica de la central nuclear. La acción –y varios de los personajes– viajarán, utilizando portales naturales o máquinas, entre varios años clave de ese bucle: 1921, 1953, 1986, 2019 y 2053, donde tendrán oportunidad de conocer las versiones pasadas y futuras de sí mismos y de otros vecinos que desempeñan un papel clave en ese conflicto secreto y cuyas familias están unidas por un laberinto de secretos, mentiras y manipulaciones externas.

Dark es una historia descarnada y abrumadoramente complicada que aborda cuestiones tan profundas como la naturaleza del tiempo, el destino y los sutiles lazos que conectan pasado, presente y futuro. La primera temporada es probablemente la mejor de las tres de las que consta la serie. Se suceden los giros, la sucesión de misterios y extraños personajes y acontecimientos, la sensación de que, tras todos los detalles y sucesos, hay una gran y sorprendente historia… Cada episodio finaliza con un cliffhanger que obliga a ver el siguiente episodio hasta completar los diez de que consta la temporada.

La segunda temporada estira las diferentes tramas en tantas direcciones y durante tanto tiempo que el espectador casual empieza a sentirse confundido y apabullado, una sensación que aumenta todavía más en la tercera temporada, cuando a los diferentes tiempos incluidos en el bucle se añade un universo paralelo donde los acontecimientos y las vidas de los personajes que ya conocíamos han transcurrido de forma diferente.

Pese a carecer de la exposición mediática que recibieron por la misma época, por ejemplo, Black Mirror o Stranger Things, Dark se ha convertido por méritos propios en una serie de culto. Eso sí, su peculiar estructura y complejidad argumental no la hace apta para cualquier espectador.

En primer lugar, hay muchos personajes. Y no sólo eso, sino que los conocemos en diferentes momentos de su pasado e incluso su futuro. Solamente esto ya supone un desafío para quienes sólo busquen una ficción sencilla, lineal y poco exigente. Además, ninguno de estos personajes encaja limpiamente en una clasificación de “héroe” o “villano” sino que, como en el mundo real, la historia nos recuerda que el bien y el mal reside en cada uno de nosotros. Es interesante cómo los guionistas jugaron a confrontar a los espectadores con los prejuicios y valoraciones que se habían formado sobre esos personajes, haciendo evolucionar a éstos conforme la trama avanzaba hasta el punto de que el espectador ya no es capaz de decidir quién está en lo cierto y quién no, quien milita en el bando correcto y quién en el equivocado, y, por tanto, puede empatizar con todos en un momento u otro.

Personajes, además, que tienen personalidades complejas y que están muy bien integrados en la historia, ofreciendo ésta una completa visión de su origen y evolución a lo largo de las décadas; personajes humanos cuyas emociones resultan comprensibles y bien reflejadas. Y cuando uno piensa que ya los ha calado, los guionistas los embarcan en un nuevo arco que los pone del revés.

En segundo lugar, tenemos la propia historia. Dark es una de las series con la trama más intricada de toda la historia de la televisión. Sin embargo, está tan bien expuesta y perfectamente planificada que sorprende continuamente lo bien engarzados que están todos los detalles, aunque para descubrir su función y conexión entre ellos haya que esperar una temporada entera. En un momento u otro –o continuamente en algunos casos– el espectador puede sentirse abrumado, confundido y perdido, pero el suspense, el misterio, el drama familiar y la inminente amenaza que pende sobre el pueblo, le animan a seguir adelante. Los giros y sorpresas están bien encajados en la historia, con el adecuado grado de dramatismo sin caer en el ridículo. No hay escenas superfluas o desperdiciadas y cada diálogo tiene su importancia y cumple un papel en lo que está por venir.

Uno de los obstáculos a los que se tuvieron que enfrentar los guionistas fue el siempre espinoso tema del viaje en el tiempo. Y es que, admitámoslo, es muy difícil abordar la cuestión con un grado razonable de lógica, esquivando las paradojas y sin recurrir a trampas o soluciones peregrinas. A menudo, las ficciones que adoptan el viaje temporal como motor narrativo corren el riesgo de perder la lógica y caer en el absurdo y la incoherencia. Pero Dark sale mucho mejor airosa de lo que podría haberse pensado, aunque a costa de complicar inmensamente la trama. La serie utiliza el viaje temporal no sólo como herramienta narrativa sino como metáfora del enfrentamiento de uno mismo con su pasado y su probable futuro con el fin de crecer y evolucionar (y, quizá, morir).

Además de los viajes en el tiempo que conectan épocas y personajes, el núcleo de la serie está compuesto por los dramas familiares. La historia entrelaza los destinos de cuatro familias a lo largo de varias décadas del pasado, presente y futuro, conectándolas en un gran bucle coherente formado por sacrificios, secretos, mentiras, tragedias, traiciones y amor. Y dado el reducido tamaño de Winden, todos los personajes están estrechamente relacionados unos con otros, lo que añade un nivel particularmente intenso de carga emotiva. Por ejemplo, la madre de Jonas, el principal personaje, tiene un affaire con el jefe de policía, cuya esposa es la directora del instituto al que acuden todos los niños del pueblo; y su hija es de quien está enamorado Jonas. De primeras, todo parece un poco incestuoso y forzado, pero conforme se van desenvolviendo los acontecimientos y descubriendo el misterio del bucle, todas esas relaciones resultan cumplir un propósito.

Hasta dónde estarías dispuesto a llegar para salvar a tus seres queridos es la pregunta que aflora una y otra vez en las tres temporadas de la serie. Cada familia tiene sus problemas y conflictos, desde la pérdida y el duelo a los trastornos generados por el sexo en sus diversas formas o las cargas heredadas del pasado. Todos los personajes forman parte de una compleja red multigeneracional que los acaba conectando a diferentes y sorprendentes niveles. Quien crea que tiene superada esta asignatura tras completar Juego de Tronos, por ejemplo, encontrará en Dark un verdadero desafío.

Intercalados entre los dramas familiares y los viajes en el tiempo, Dark inserta una apreciable dosis de reflexiones filosóficas con las que desafiar nuestra mente, cuestionar nuestras propias creencias y aportar una nueva perspectiva sobre el Tiempo y el Universo. La historia interpreta el Tiempo como una especie de divinidad y una de las ambiciones de varios personajes es crear un mundo sin ese Tiempo que esclaviza a los humanos, misión a la que se entregan con el celo de auténticos creyentes (las referencias religiosas son abundantes, como esa “Biblia” que es el libro que escribió el relojero visionario Tannhauser, los nombres de Adán y Noe para dos personajes centrales, la presencia ominosa del cuadro “La Caída de los Condenados”, de Rubens…)

Los guionistas utilizan un recurso de la ciencia ficción como es el viaje en el tiempo para ofrecer un punto de vista diferente que cuestiona el significado tradicional de la fe, la familia, los lazos de sangre y el propio tiempo; y plantea preguntas sobre la dicotomía libre albedrío-predestinación. ¿Podemos cambiar nuestro destino? ¿Existe siquiera el destino? ¿Podemos liberarnos de las cadenas del tiempo? ¿Cambiar el futuro? ¿Están nuestros actos determinados por la mano invisible del tiempo? ¿Cómo afectan decisiones aparentemente insignificantes y a las que no prestamos atención al devenir de la vida propia y ajena? Son todas ellas cuestiones profundas sobre las que meditar, aunque jamás vayamos a encontrar respuesta para ellas. Pero además y en el contexto de la serie, sirven para explorar temas como el amor, el sacrificio, el dolor, la ambición… todo aquello que, en fin, nos hace humanos.

Un apartado en el que hay que hacer especial hincapié es el del reparto, algo nada baladí en una serie que nos muestra a un amplio reparto de personajes en diferentes momentos del tiempo separados décadas y en dos realidades alternativas distintas. El responsable de elegir a los actores hizo un trabajo sobresaliente dado que no resulta nada complicado para el espectador identificar, por ejemplo, las versiones jóvenes de los personajes adultos o viceversa. Por ejemplo, el aspecto y caracterización del actor que interpreta al Jonas del futuro es perfectamente coherente con el del presente; y lo mismo puede decirse, entre otros, del joven y rebelde Ulrich y sus versiones maduras. A diferencia de otras series y películas, no hubo que recurrir aquí a la solución fácil de utilizar, por ejemplo, un peinado característico que permita identificar al personaje tanto de joven como de adulto o anciano, sino que se ha elegido a actores que comparten ciertos rasgos físicos. Lo cual nos demuestra que no se trata siempre de elegir a grandes actores para este o aquel papel, sino al actor adecuado para el papel ideal.

Dark envuelve el brillante trabajo de guión, caracterización e interpretación con un estilo visual muy particular en el que destacan su fotografía e iluminación. El siniestro bosque que rodea Winden, a menudo mostrado mediante tomas aéreas con drones, ofrece un excelente contexto para construir una espesa atmósfera de claustrofobia y amenaza siempre presente pero oculta. También la inquietante caverna transmite sensación de peligro (aunque con el avance de la historia acaba convirtiéndose en un “simple” corredor que conecta tres épocas diferentes). Sin duda, esa ambientación tan alejada de la habitual en las series norteamericanas y el excelente trabajo de fotografía contribuyen a añadir densidad visual al suspense de la trama. El uso de filtros para cada época del bucle ayuda a diferenciar con precisión y sin más ayuda que la visual en qué momento se localiza una acción concreta.

Otro ingrediente que contribuye de forma esencial a que al espectador le inunde esa sensación mixta de melancolía e inquietud por una amenaza indefinida, es la banda sonora compuesta por el australiano afincado en Islandia Ben Frost, una mezcla de música electrónica e instrumentos de cuerda (junto a un soundtrack diverso pero también muy adecuado).

Para muchos, Dark es la historia definitiva sobre viajes temporales. Se trata de una serie compleja pero brillantemente producida, con unos actores poco conocidos por estos lares, pero cuyo desempeño oscila entre lo eficaz y lo sobresaliente, una factura visual y sonora distintivas y en perfecta sintonía con la historia. Es ciencia ficción dura e intelectual que ofrece una interesante interpretación del viaje temporal, sus paradojas y sus consecuencias sobre la vida y el propio Tiempo.

Pero también, ya lo he apuntado, contiene muchos elementos que la hacen poco recomendable para un sector nada despreciable del público. Es extraña, inquietante, cruda, un tanto deprimente y muy exigente en términos de atención y paciencia. Los múltiples viajes en el tiempo que acometen diferentes personajes y la enrevesada maraña familiar en la que están envueltos todos ellos requieren a veces detenerse, pensar o incluso tomar apuntes. Si quieres tener alguna oportunidad de entender todo este extraño puzzle, no puedes estar mirando mientras tanto el móvil, haciendo la cena o conversando con el cónyuge. Y aun así, no serán pocos los que abandonen, desesperados, al poco de comenzar la tercera y última temporada, donde se hace casi imposible seguir una trama que se desarrolla en diferentes épocas de dos mundos paralelos, con distintas versiones de los mismos personajes viajando a lo largo de sus respectivos bucles y de una a otra realidad.

Además, y aun cuando no paran de suceder cosas y aportarse información, el ritmo es lento y no hay escenas de acción al estilo tradicional ni efectos especiales que de vez en cuando sacudan al espectador o le alivien del esfuerzo que supone mantener la atención fijada en los detalles y los diálogos de cada pasaje.

Dark es, por tanto, una serie difícil de recomendar sin reservas porque sus mismas virtudes pueden ser problemas para según qué tipo de espectadores o en función del tipo de expectativas con que se acerquen a ella. Para averiguarlo, lo mejor es dedicar un poco de tiempo a intentar penetrar en su oscuro universo y probar con los primeros episodios. Si no consiguen enganchar, el resto de la serie no lo hará.

Copyright del artículo © Manuel Rodríguez Yagüe. Descubre otros artículos sobre cine, cómic y literatura de anticipación en nuestra sección Fantaciencia. Publicado previamente en Un universo de ciencia ficción, y editado en Cualia con permiso del autor. Reservados todos los derechos.

Manuel Rodríguez Yagüe

Como divulgador, Manuel Rodríguez Yagüe ha seguido una amplia trayectoria en distintas publicaciones digitales, relacionadas con temas tan diversos como los viajes ("De viajes, tesoros y aventuras"), el cómic ("Un universo de viñetas"), la ciencia-ficción ("Un universo de ciencia ficción") y las ciencias y humanidades ("Saber si ocupa lugar"). Colabora en el podcast "Los Retronautas".