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Crítica: «María Antonieta» (Sofia Coppola, 2006)

Hasta esta María Antonieta, la carrera de Sofia Coppola como directora estaba formada por dos películas quizá discutibles, pero indudablemente interesantes y que le han proporcionado ese estatus de «directora de culto», siempre cercano a la peligrosa clasificación de «director de moda».

Antes de esto la hijísima había perpetrado todo tipo de horrores como actriz, siendo trágicamente famosa su participación en El Padrino III, pero también había atentado contra la sensibilidad del espectador como guionista del segmento de Historias de Nueva York dirigido por su padre, titulado Life without Zoe y protagonizado por una odiosa cría que se lo pasaba muy bien siendo rica. Era algo así como meterse en la mente de cualquier niña de papá forrada. Uno intentaba sin éxito verle el toque irónico, la moraleja o la mínima justificación para tan angustiosa experiencia cinematográfica.

Al comienzo de María Antonieta se tiene la impresión de que la película va a tener un argumento o un mínimo discurso cinematográfico, aunque sea el de comedia-drama juvenil ambientado en Versalles.

A la guapa austriaca le privan de sus amigas y su perrito y la meten en una casa enorme donde hay distintas costumbres a las que le cuesta amoldarse. Bien, tenemos eso, además de otras cosas como la presión que sufre la pobre chavala por no quedarse embarazada de un marido poco interesado en otra cosa que no sea la caza, alguna información sobre el papel de Francia en la rebelión que llevó a la independencia de las colonias inglesas norteamericanas y el acto final de compromiso con su deber que la lleva quedarse junto a su esposo esperando una muerte segura.

Cualquiera de estos temas servirían para dotar de interés y cierta complejidad a un personaje históricamente proclamado como el icono de la vacuidad y el parasitismo, pero a la Coppola parece que todo esto le da igual y que lo que le mola es sacar guapa a la Dunst y babear ante los excesos barrocos del decadente mamoneo de la corte, ventilándose los temas sustanciosos en un puñado de escenas que juntas no llegan ni a los diez minutos, así que al final el personaje es tan complejo como el interpretado por Anne Hathaway en Princesa por sorpresa.

El espectador asiste a interminables y repetitivas secuencias en las que Maria Antonieta elige zapatos, devora exóticas vituallas, se pone hasta arriba en fiestas y asiste a la puesta de sol con sus amigos guays al son de algún tema musical de Radio 3, todo esto mientras el patio de butacas espera a que la película empiece de una puñetera vez.

Bueno, miento, hay gente que considera que esta es una buena película, e incluso a mí me cuesta pensar que todo ese canto de amor a los cerebros vacíos y a la pose como motor vital no esconda algún subtexto que se me haya escapado. Quizá es que la película es una alegoría sobre la admiración de la cultura popular de hoy en día a mentecatas como Paris Hilton o Kim Kardashian, que acaparan la atención de los medios mientras en el mundo real pasan cosas realmente graves (en la película sólo vemos al pueblo-populacho en la última escena), o quizá sea un reflejo de la huida hacia el nihilismo de una joven desarraigada, o una justificación de las ejecuciones públicas, viendo lo odiosos que resultan todos los personajes.

No voy a decir yo que Sofia Coppola no tenga ninguna de estas intenciones, pero poco importan cuando uno lleva ya hora y media viendo las mismas imágenes de textura publicitaria (se alternan el estilo «anuncio de BMW» con el clásico «anuncio de colonia») sin que la cosa vaya a ningún lado. En ese momento, dejan de interesar los posibles subtextos y lo único que se desea ‒dentro de la ficción‒ es que le corten pronto a la pija su preciosa cabecita rubia, momento al que nunca asistimos, para más inri.

Los defensores de la película (que mucho sospecho son fans fatales de Lost in Translation que no quieren aceptar que su amada directora haya puesto este huevo de Fabergé tan hueco) nos dicen que se trata de una obra de exuberante belleza visual y arriesgada por su enfoque posmoderno de un personaje tan clásico.

Pues sí, es bonita de ver, la Coppola es un hacha a la hora de retratar a sus actrices (no olvidemos su agradable aportación al videoclip calentorro con su trabajo para los White Stripes con aquella Kate Moss pole-dancer), pero lo de meter canciones y actitudes modernas en un contexto histórico pretérito no tiene nada de novedoso, y al menos en Plunkett y Macleane o Destino de caballero pasaban cosas.

Así pues, Maria Antonieta tiene más pinta de ser un resurgimiento de aquella niña rica que escribió un cuento de hadas basándose en sí misma en Historias de Nueva York que un intento de sofisticación de un género tan desgastado por las fórmulas como es el biopic.

Sinopsis

Prometida al rey Luis XVI (Jason Schwartzman), la ingenua María Antonieta (Kirsten Dunst) es arrojada a la edad de 14 años a la opulenta corte francesa, plagada de conspiraciones y escándalos. Sola, sin guía y desorientada en un mundo peligroso, la joven María Antonieta se rebela contra la aislada atmósfera de Versalles y, en el proceso, se convierte en la reina más incomprendida de Francia.

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Vicente Díaz

Vicente Díaz

Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Europea de Madrid, ha desarrollado su carrera profesional como periodista y crítico de cine en distintos medios. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic y la cultura pop. Es coautor de los libros "2001: Una Odisea del Espacio. El libro del 50 aniversario" (2018), "El universo de Howard Hawks" (2018), "La diligencia. El libro del 80 aniversario" (2019), "Con la muerte en los talones. El libro del 60 aniversario" (2019) y "Alien. El 8º pasajero. El libro del 40 aniversario" (2019).