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Crítica: «Géminis» («Gemini Man», Ang Lee, 2019)

A mediados de los 90, casi nadie hubiera esperado que Ang Lee acabaría dirigiendo una película de ciencia-ficción y acción al servicio de Will Smith. Lo cierto es que, durante unos cuantos años, el cineasta taiwanés estuvo asociado con exquisitos films adultos, muy notables por sus interpretaciones, como Sentido y sensibilidad (1995) o La tormenta de hielo (1997).

En todo caso, pronto acreditó que era un realizador todoterreno. Su primer largometraje, Manos que empujan (1991), incluía el tai chi en su argumento. Luego sorprendió a todos con el seudo-wéstern Cabalga con el diablo (1999) y, especialmente, con Tigre y dragón (2000), un espectacular wuxia en el que demostró su habilidad para el diseño de escenas de acción.

Desde entonces, no es raro ver a Ang Lee a cargo de films de gran carga tecnológica, como Hulk (2003), una película de superhéroes voluntariamente aburrida (precedente de tantas otras, por desgracia), la insólita La vida de Pi (2012), o ahora este Géminis, donde Will Smith se enfrenta a una versión joven de sí mismo gracias a la magia digital.

Géminis se plantea como un film de acción trepidante. Si a ello le añadimos el auto-antagonismo del protagonista, lo cierto es que no queda muy lejos de aquel thriller tan desvergonzado y divertido que fue Cara a cara (John Woo, 1997). Sin embargo, pese a que la cinta de Ang Lee contiene un puñado de notables secuencias de acción (a destacar la que involucra una motocicleta), en realidad acaba siendo un film más calmado, o mejor dicho, menos furioso de lo que cabría esperar en una historia sobre un experto en ejecuciones enfrentado a sí mismo.

Will Smith pasa por un momento extraño de su carrera. Aquí trata de combinar su faceta de estrella de acción con las capacidades dramáticas que le acercaron al Oscar en alguna oportunidad. A pesar de los tiros y las explosiones, Géminis trata sobre un tipo descontento con su vida. Un tipo que, además, intenta aconsejar a su versión joven que no siga su mismo camino (algo con lo que, en mayor o menor medida, todos hemos fantaseado alguna vez).

El equilibrio entre los buenos sentimientos y las armas automáticas no llega a resultar totalmente satisfactorio, y Géminis acaba siendo una cinta más fría de que lo sería deseable. Quizá la vanguardia tecnológica que se despliega en la puesta en escena ‒con ese impecable 3D y una imagen de altísima definición‒ hace que algunos espectadores de la vieja escuela nos de la impresión de estar viendo otra cosa distinta a una película: una especie de vídeo lujoso, tan tangible y realista que, paradójicamente, dificulta la inmersión en un relato ficticio. Por otro lado, los excesos dramáticos de la versión juvenil de Will Smith pueden generar más cansancio que emoción.

Cuando Géminis concluye, uno no sabe muy bien qué tipo de largometraje ha visto. Sin duda, no resulta una experiencia desagradable, y a ratos, impresiona por su aspecto visual. Sin embargo, quizá se echa de menos un poco más de diversión delirante a la hora de narrar una historia tan descabellada e insensata.

Sinopsis

Géminis es una película de acción y suspense protagonizada por Will Smith en el papel de Henry Brogan, un asesino de elite que se ve súbitamente señalado y perseguido por un joven y misterioso agente que parece ser capaz de predecir hasta el último de sus movimientos.

Como indica su visionario director, el dos veces galardonado con el Oscar de Hollywood Ang Lee, «No estamos simplemente haciendo algo bueno, estamos descubriendo algo nuevo, un nuevo concepto de cinematografía. Dentro de quinientos años echarán la vista atrás y dirán ‘Mira, durante los primeros cien años de cinematografía, hicieron eso…’ Es como las películas mudas, el sonido, el color. ¡Hemos atravesado todas esas etapas! Esto es otra dimensión». Una dimensión en la que Will Smith no solo interpreta al protagonista, el sicario de cincuenta y un años que se jubila, Henry Brogan, sino también -a través de una revolucionaria nueva tecnología- también al antagonista, una versión de sí mismo de 23 años de edad, Junior, que persigue y libra batallas con su personificación más madura en tres continentes distintos, en una serie de secuencias de acción que cuestionará todo lo que cualquier espectador ha visto hasta la fecha: un mismo actor, interpretando a dos personajes que luchan mano a mano, en una experiencia cinematográfica especialmente revolucionaria.

Esta nueva dimensión es una cortesía de Jerry Bruckheimer y la productora Skydance, de David Ellison, los arquitectos de algunas de las mayores y más exitosas películas de Hollywood de las cinco últimas décadas, que han unido fuerzas para redefinir, una vez más, lo que puede experimentar el público ante una gran pantalla.

«Lo que estamos haciendo aquí no se había hecho nunca con anterioridad», dice Will Smith. «Cuando vi la primera prueba [la que montan los cineastas como prueba del concepto], fue una experiencia desasosegante. Era impresionante, ese… era yo. Estaba observando una versión mía, tal y como era a los 23 años, perfecta, como si alguien hubiese eliminado todos los defectos. Era, no sé cómo decirlo… ‘¡vaya!’… o sea… cuando te explican el concepto, es una idea que suena muy bien, ¿no? Pero cuando lo ves, es una experiencia cinematográfica asombrosa. Cuando lo ves, te atrapa. De pronto te das cuenta, ‘Así que eso es clonar'».

En Géminis, Smith, en colaboración con Ang Lee, generalmente reconocido como uno de los mejores directores de actores que ha conocido la industria cinematográfica, ha producido no una, sino dos interpretaciones que se encuentran entre lo más brillante de una carrera que le ha hecho merecedor de estar entre lo más granado de la profesión durante cuatro décadas, y lo que queda aún por venir. En esta película hay dos personajes con tal profundidad, conflicto interno y agresividad externa que el actor afirma que en el pasado, sencillamente, no habría sido capaz de interpretarlos. Ciertamente, nadie, salvo Smith, podría hacer a esos papeles la justicia que les hace en esta película. Como indica Lee, hablando sobre un par de interpretaciones existenciales y explosivas a partes iguales, «Tengo la impresión de que he descubierto a un nuevo Will Smith».

Lo que hace que la intervención dual de Smith en la película sea aún más impresionante, es que ninguno de los papeles le ofrece un refugio en el que ocultarse. Que es exactamente lo que los cineastas querían que pasara. «Básicamente la película es todo lo implacable que puede ser una película»., dice el Supervisor de WETA Digital Guy Williams. «Optamos por una configuración extraordinariamente difícil, porque sabíamos que nos daría los mejores resultados. Nuestra postura en esta cuestión es que no queremos tener que escondernos. No queríamos ‘escurrir el bulto’, no queríamos escatimar esfuerzos que restringieran la libertad de rodaje, para que los efectos visuales fuesen más sencillos. Queríamos un compromiso al 100 por cien, poniendo toda la carne en el asador, con un resultado que fueran incuestionable. Teníamos que hacer creer al público [que había dos Will Smith en la pantalla simultáneamente] durante todo el metraje de la película».

Para los actores, el proceso supuso nada menos que tener que aprender a actuar de nuevo, sentándose en la sala de proyecciones construida al efecto para ver las tomas de prueba y dar con la manera de solucionar los niveles de complejidad añadida y autenticidad que este tipo de rodaje captaba. Esto significó que tuvieron que renunciar al maquillaje tradicional, puesto que las cámaras captaban las imágenes con tal nitidez que reflejaban las reacciones de la piel que normalmente quedarían cubiertas por la base de maquillaje.

«Me encantó, porque fue una experiencia estupenda enfrentarse a algo, especialmente en una película de gran presupuesto, como mujer, que es totalmente diferente de lo que habrías hecho habitualmente», dice Mary Elizabeth Winstead, hablando sobre esta nueva forma de trabajar. «Normalmente, lo que se hace es ¡Ponle todo el maquillaje encima! ¡Tápala con todo eso!’ Pero esta vez ha sido todo muy íntimo, puro. No hay ningún tipo de simulación en todo el proceso. Todo tiene que ser muy real. Eso tenía una gran importancia para Ang, que no se pudiese apreciar ningún artificio en ningún lugar. No quería ver maquillaje sobre la piel. No quería que hubiese ninguna barrera entre los actores y el público. Y para mí, eso significó pasar menos tiempo por la mañana [en el sillón del maquillador], cosa que no me importó, claro».

«He puesto en esta película todo lo que he ido aprendiendo a lo largo de los años», dice Lee sobre el etos que ha impulsado la película, a la que tiene la impresión de haber tenido que dedicar más de tres décadas, desde Tigre y Dragón hasta Brokeback Mountain y La Vida de Pi, entre muchas otras, para ser capaz de entender cómo filmarla. «Es muy emocionante. Me he dado cuenta de que a más de 100 fotogramas por segundo es donde realmente eres libre». Y además, aunque no sea por otra cosa, «cuando acabemos con la película, acabaré teniendo un avatar perfecto de 23 años de mi persona», sonríe Smith, ante las posibilidades que se agolpan en su mente. «¡Es una pasada! Podré hacer películas con una versión mía de 23 años..».

Copyright del artículo © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

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Vicente Díaz

Vicente Díaz

Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Europea de Madrid, ha desarrollado su carrera profesional como periodista y crítico de cine en distintos medios. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic y la cultura pop. Es coautor de los libros "2001: Una Odisea del Espacio. El libro del 50 aniversario", "La diligencia. El libro del 80 aniversario" y "El universo de Howard Hawks".