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Crítica: ‘El reino del planeta de los simios’ (2024)

Si rebobinamos hasta 1968, cuando llegó a las pantallas El planeta de los simios, de Franklin J. Schaffner, nos encontraremos con un fenómeno que impactó como un misil en la cultura pop y que, inevitablemente, generó toda una saga de películas y productos derivados, en la que se incluyen varias producciones recientes, a modo de reinicio o precuela.

En este sentido, lo que plantea Wes Ball en El reino del planeta de los simios puede ser entendido como un capítulo muy cercano a lo que nos contaba la cinta del 68.

El gobierno de César, el héroe de las películas anteriores, ya forma parte de la historia lejana, casi como una leyenda envuelta en un halo apocalíptico. Ahora los humanos viven ya en un estado primitivo, como hordas prehistóricas. Por su parte, los simios obedecen a un tirano sin compasión, Próximus César (Kevin Durand), cuyos delirios de grandeza son equiparables a su intuición.

Como anticipo de los amables chimpancés que conocimos en la cinta de Franklin J. Schaffner, nos encontramos con una colonia de simios, el Clan del Águila, que practica la cetrería. Uno de sus integrantes, el joven Noa (Owen Teague), será quien protagonice esta aventura junto al sabio orangután Raka (Peter Macon) y una humana que no ha perdido ni la inteligencia ni la capacidad de hablar, Mae (Freya Allan).

Por supuesto, si este nuevo largometraje funciona, es evidente que el ciclo puede prolongarse sin problemas, aportando nuevos títulos a la franquicia. En este caso, con la ayuda de un reparto muy competente ‒oculto tras la apariencia digital de los simios‒, Ball nos introduce en un momento peliagudo de la saga, en el que el mundo de los primates parece condenado a repetir los mismos errores que ya cometieron los humanos.

Uno puede mirar atrás y encajar muchos momentos con la película de 1968 ‒incluso suenan aquí algunos pasajes de aquella inolvidable partitura de Jerrry Goldsmith‒. Sabiendo a estas alturas de la vida que lo que no es tradición es plagio, se agradece que Ball tenga ese respeto casi reverencial por la cinta donde todo empezó.

No es necesario buscar pretextos para disfrutar de El reino del planeta de los simios. La trama se mueve en un universo del que ya conocemos todas las claves, así que basta con dejarse llevar.

La calidad técnica de los efectos visuales es un placer impagable, precisamente porque, al poco de comenzar el metraje, olvidamos que los simios están hechos de píxeles, y dejamos que nos conmuevan con gestos de infinita desolación, o que nos inquieten como si fueran un peligro real.

Lo más gratificante es que te encuentras con un relato fluido, con pasajes cargados de emoción, en el que te embarcas desde que comienza hasta que se encienden las luces de la sala.

En definitiva, aunque en mi particular museo del cine el primer film de la saga siga en un pedestal, y pese a que no hablemos aquí de una obra maestra, Ball ha hecho un buen trabajo: sólido, entretenido y vibrante.

Sinopsis

El director Wes Ball insufla nueva vida a la franquicia épica y global ambientada en varias generaciones del futuro tras el reinado de César, donde los simios son la especie dominante que vive en armonía y los seres humanos han quedado reducidos a vivir en la sombra. Mientras un nuevo y tiránico líder simio construye su imperio, un joven simio emprende un angustioso periplo que le llevará a cuestionarse todo lo que sabe sobre el pasado y a tomar decisiones que definirán el futuro de simios y humanos por igual.

20th Century Studios se propuso revivir la popularísima franquicia El planeta de los simios en 2011 con El origen del planeta de los simios, dirigida por Rupert Wyatt, que recaudó más de 480 millones de dólares en las taquillas de todo el mundo. El amanecer del planeta de los simios, dirigida por Matt Reeves, se estrenó tres años después, en 2014, recaudando más de 710 millones de dólares en todo el mundo. La guerra del planeta de los simios, también dirigida por Reeves, le siguió en 2017 y recaudó más de 490 millones de dólares en todo el mundo.

Las tres películas utilizaron tecnología de captura de movimiento de interpretaciones de última generación para dar vida a los simios y cada una de ellas fue nominada al Oscar® al mejor logro en efectos visuales.

20th Century Studios estaba deseando continuar con la popular franquicia tras el éxito de la trilogía El planeta de los simios, que comenzó con un virus simio creado por el hombre que se propagó por todo el mundo y continúa mostrando la desaparición de la humanidad y el surgimiento de la especie de los simios, todo a través de los ojos de César. Pero, ante todo, cualquier historia nueva debe ser fresca, presentar personajes totalmente nuevos y crear una nueva era para El planeta de los simios.

De niño, al director Wes Ball le regalaron un vídeo en VHS de El planeta de los simios de 1968, película protagonizada por Charlton Heston, que vio una y otra vez durante años. “Parecía una epopeya histórica», dice. “Este astronauta que viajaba en el tiempo cayó en un mundo que parecía algo medieval, poblado por unos simios y fue uno de mis primeros contactos con la ciencia ficción. La revelación que ocurre al final era una idea alucinante que desencadenó mi fascinación por el fin del mundo”.

Fue en 2019 cuando le preguntaron por primera vez a Ball sobre la posibilidad de revivir la icónica franquicia, pero al principio no se mostró interesado. “La verdad es que al principio dije ‘de ninguna manera’”, reconoce Ball. “¿Cómo continúas con las últimas tres películas? No me interesaba contar las aventuras del hijo de César, aunque había una gran historia que contar. Al mismo tiempo, no quería abandonar lo que Matt Reeves y Rupert Wyatt habían creado en la trilogía de César. Lo que habían hecho era una auténtica hazaña cinematográfica”.

“En cuanto a la historia, la gente se identifica con estas películas porque tienen conceptos de ciencia ficción y abordan cuestiones relacionadas con la humanidad”, continúa diciendo Ball. “Abordan temas como la clase y la raza, lo que significa ser humano y nos permiten mirar, analizar e identificar cuestiones profundas sobre nosotros mismos. Son un espejo de la sociedad y nos obligan a mirar los problemas que enfrentamos como seres humanos a través de la lente de este mundo de fantasía”.

Sin embargo, una semana después, una idea tomó forma en la mente de Ball. Fue un concepto que le entusiasmó inmediatamente que tenía lugar cientos de años después de la muerte de César al final de La guerra del planeta de los simios” y era una historia con un tono diferente… más bien una aventura. “Era la historia de un simio joven e ingenuo que no sabe nada del mundo exterior, un mundo en el que César se ha convertido en una leyenda”, explica Ball. “Si las tres últimas películas eran simios en su edad de piedra, ahora están entrando en su edad de bronce. Estamos empezando a ver cómo se desarrollan culturas dentro de diferentes clanes. Vemos lo que le ha pasado al mundo que quedó atrás, lo que se ha erosionado ante la ausencia de humanidad”.

Después de exponer la idea a los ejecutivos de 20th Century Studios, Ball se reunió con Rick Jaffa y Amanda Silver, que habían concebido la trilogía de César y escrito el guion de Avatar: El sentido del agua y que se convertirían en los productores de la nueva película. “Nos sentamos en una gran mesa redonda”, recuerda Ball. “Había creado algunos bocetos y presenté mi visión con enorme pasión. Y pude ver cierto brillo en los ojos de Rick y Amanda. Al final de la presentación dijeron: ‘¡Vamos a empezar ya!’”

El rodaje de El reino del planeta de los simios tuvo lugar de noviembre de 2022 a junio de 2023, en localizaciones de Nueva Gales del Sur, Australia.

Al visualizar el aspecto de la película, la escala de los decorados fue clave para Ball y exigió la construcción de sets de gran tamaño. El director quería que la mayor parte de la acción se desarrollara en escenarios físicos en mundos físicos, pero comprendió que algunas escenas iban a requerir fondos creados digitalmente. “En estas películas transportamos al público a un mundo que no existe”, explica el director. “Por supuesto, hay muchos efectos visuales y extensiones, pero todo se desarrolla en un lugar real que proporciona a los actores algo que les permite reaccionar”.

La tecnología utilizada para dar vida a los simios se logró mediante tecnología de captura de movimiento de interpretaciones, cortesía de las mentes pensantes de Wētā FX. La compañía de efectos visuales del realizador Peter Jackson, con sede en Nueva Zelanda, había trabajado en las tres películas anteriores y desempeñó un papel fundamental en El reino del planeta de los simios. Su tarea consistía en convertir a actores humanos en simios digitales y ayudar a crear un mundo que está a unos cientos de años en el futuro a partir de cualquier cosa que el público hubiera visto antes.

Los actores llevaban trajes mocap con marcadores y puntos en la cara, que venían equipados con una batería grande y una cámara facial.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © 20th Century Studios, Fox Studios Australia, Oddball Entertainment, Jason T. Reed Productions. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Colaborador de "La Lectura", revista cultural de "El Mundo". Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como "Cuadernos Hispanoamericanos", "Álbum Letras-Artes" y "Scherzo".
Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte).
Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos. Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.

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