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El Planeta de los Simios: Terror en el Planeta de los Simios (1974)

En los setenta presté una atención extrema a ciertas cosas, que por aquellos años yo consideraba indispensables. Una de ellas fue la serie de televisión El Planeta de los Simios (1974), cuya emisión me pareció un acontecimiento fabuloso. Un hito en toda regla.

Varias décadas después, he descubierto que aquel era un producto tirando a mediocre, así que supongo que mi entusiasmo infantil, sincero pero equivocado, tenía que ver con el estreno televisivo del film protagonizado por Charlton Heston, cuyo pase en el espacio Sábado Cine ‒atención, veteranos de la E.G.B.‒ despertó en muchos de nosotros una contagiosa simiomanía.

Por las fechas en que se lanzó en nuestro país aquella teleserie, se colaron en los kioscos unos tebeos de cubiertas impactantes. Distribuidos por Ediciones Vértice, esos cómics lucían un título con gancho, El Planeta de los Monos, pero lo mejor, créanme, eran sus portadas, protagonizadas por unos gorilas terribles, armados hasta los dientes, que prometían una violencia y un horror de los que nos protegía la etiqueta «Revista para adultos». Y esta advertencia, créanme, era toda una invitación a leer algo prohibido. Algo que, en el fondo, estaba reservado a lectores con los nervios bien templados.

Es difícil aceptar el paso del tiempo, pero se hace más llevadero con unas dosis de nostalgia. Para administrarla como es debido, el imponente tomo que nos ocupa integra las primeras entregas de aquella serie de tebeos, concretamente los que aparecieron en Planet of the Apes Magazine a partir de agosto de 1974.

Aunque todos los guiones pertenecen a Doug Moench, el trabajo artístico se lo reparten Mike Ploog ‒pupilo de Will Eisner, curtido en Warren Publishing, cocreador de Ghost Rider, y además, artífice de la mayoría de las planchas de este volumen‒, Frank ChiarmonteTom SuttonHerb Trimpe ‒el dibujante por excelencia de La Masa‒ y Virgil Redondo.

Que detrás de un trabajo resuelto de forma tan atractiva esté un guionista como Moench responde a la lógica. Lejos de seguir fielmente las tramas de la saga cinematográfica, se toma la libertad de crear nuevos personajes, sumergiéndolos en peripecias trepidantes, propias de la ciencia-ficción más lisérgica, y con un subtexto sociopolítico inevitable en los setenta.

Los valores dominantes de aquella década no son los de ésta, así que es necesario que el lector abra este cómic teniendo claros los principios que Moench defiende, sobre todo al tratar temas como el racismo o la discriminación, que en los setenta exigían una denuncia mucho más específica (aunque hoy no hayan sido superados). Por lo demás, la caracterización de buena parte de los personajes responde a ese mismo contexto histórico.

Para el lector actual, eso supone un interés añadido, como si estas viñetas encapsularan la esencia de aquellos tiempos. Como ya dije, la nostalgia hace que te agarres a estos recuerdos y que los disfrutes a fondo.

Épico, a ratos siniestro, repleto de fantasía, y sobre todo, sumamente entretenido, «Terror en el Planeta de los Simios» ‒el arco argumental que comenzó en agosto de 1974‒ es, con toda seguridad, el más aplaudido de la serie.

Para que nuestra felicidad sea completa, el tomo que recopiló estos tebeos en 2017 (BOOM! Studios / Panini) se enriquece con un prólogo de Rich Handley y con una espléndida galería de portadas, obra de Bob LarkinMalcolm McNeill y Gray Morrow.

Sinopsis

Los legendarios cómics de los años setenta producidos por Marvel que adaptaban El Planeta de los Simios. Este volumen incluye la primera línea argumental creada específicamente para los cómics y titulada Terror en el Planeta de los Simios.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © Boom! Studios, Panini Cómics. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como "Cuadernos Hispanoamericanos", "Album Letras-Artes" y "Scherzo".
Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte).
Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos. Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.