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«Conan el Conquistador» (1974-1979), de Roy Thomas, Gil Kane y John Buscema

En 1974, Marvel empezó a publicar su línea de cómics trimestrales de 48 páginas Giant Size. Los primeros fueron Giant-Size Superstars (mayo de 1974, protagonizado por los Cuatro Fantásticos), Giant-Size Super-Heroes (junio, con Spiderman), Giant-Size Chillers (junio, Drácula) y Giant-Size Creatures (julio, Hombre Lobo). Para el verano, Marvel reemplazó esos títulos genéricos por otros que se derivaban de las colecciones individuales, como Giant-Size Avengers, Giant-Size Defenders, Giant-Size Spiderman… y Giant Size Conan. En este último caso, su número uno (septiembre de 1974) presentó una adaptación de la novela de Robert E. Howard, La hora del dragón (la única que escribió sobre el personaje. El resto fueron relatos cortos) por Roy Thomas, Gil Kane y Tom Sutton.

De sus 50 páginas, las primeras veinticinco adaptaban la primera parte del libro de Howard, dedicando el resto a reimprimir un primerizo episodio de Conan el Bárbaro dibujado por Barry Smith, un par de artículos y un mapa del mundo hiborio. En los tres números siguientes (el 5 fue una reedición de los números 14 y 15 de la serie mensual), se continuó la historia para concluir en los números 8 y 10 de La Espada Salvaje de Conan. Toda esa saga se conoce como “Conan el Conquistador”, una de las más largas del personaje.

La acción transcurre unos años después de que Conan haya conquistado el trono de Aquilonia. Tres conspiradores del vecino y poderoso reino de Nemedia se conjuran con el brujo Orestes para resucitar, a partir de su momia, a Xaltotun, un hechicero del antiguo y perverso reino de Aquerón. Tras conseguir mediante brujería hacerse con el trono de Nemedia, lanzan un ataque militar contra Aquilonia y, de nuevo mediante la magia negra de Xaltotun, dejan fuera de combate a Conan y aplastan su ejército. Conan emprende entonces un largo peregrinaje que le llevará a enfrentarse a diversas criaturas, hechizos, reencuentros con viejos amigos y enemigos, retomar su papel de pirata e internarse en los templos de Estigia para hacerse con el objeto mágico que pueda neutralizar la magia de Xaltotun y recuperar así su reino. Es, además, la aventura en la que conoce a Zenobia, que más adelante se convertirá en su esposa y reina de Aquilonia.

“La hora del dragón” fue también la obra con la que Gil Kane satisfizo su deseo de dibujar al personaje de Howard. Él mismo era un gran aficionado al género de la espada y brujería desde antes de que Marvel comprara los derechos de Conan, y no sólo apoyó desde el comienzo el proyecto de Thomas de adaptar el personaje al cómic, sino que en 1974 creó su propia novela gráfica con un héroe similar, Blackmark, y en 1983 convertiría al superhéroe de la DC Atom en una suerte de cruce entre Conan y John Carter en el entorno de un mundo diminuto en el corazón de Sudamérica. Parecía el reemplazo ideal para Barry Smith cuando éste dejó la colección mensual por primera vez y, así, se hizo cargo de los números 17 y 18 de la misma. Pero su ritmo de trabajo y necesidades económicas impidieron que esa relación tuviera continuidad.

No puede extrañar por tanto que, cuando llegó el momento de lanzar una colección trimestral de Conan, Thomas pensara en Kane para ocuparse del dibujo. John Buscema ya era muy popular por entonces, pero estaba tremendamente atareado con la serie mensual y la reciente Espada Salvaje de Conan. El estilo de Kane era enérgico y teatral, con sus figuras adoptando siempre unas poses forzadas pero efectivas. Tenía facilidad para imaginar viñetas con composiciones interesantes, ofrecía una narrativa muy ágil y no tenía miedo a introducir escorzos arriesgados. Por desgracia y aunque a muchos fans les encanta el Conan de Kane (yo mismo creo que “El tesoro de Tranicos”, parcialmente dibujado por él para La Espada Salvaje de Conan es sobresaliente), creo que este no es uno de sus mejores trabajos. Los fondos están muy descuidados y el mundo hiborio queda, en consecuencia, desdibujado y empobrecido: Belverus, la capital de Tarantia, parece un castillo de segunda clase, los entornos en los que tienen lugar las batallas o los viajes de los personajes apenas están bosquejados…

Tampoco los entintadores supieron comprender los lápices de Kane, y ni Tom Sutton ni Frank Springer hacen un trabajo memorable con ellos. Yong Montano (uno de los entintadores filipinos que tanto abundaron por Marvel en los setenta y al que se pudo ver sobre todo en sus magacines de terror en blanco y negro) le presta algo más de solidez y textura en el último capítulo de la saga que dibujó Kane, “Corsarios contra Estigia” (ya para La Espada Salvaje de Conan). Las dos últimas entregas las dibujaron John Buscema y el equipo de entintadores de La Tribu encabezados por Tony de Zúñiga.

Dos secuelas a esta historia aparecieron años después. En el King-Size Annual nº 4 (1978), Conan devolvía a Tarascus a la capital de Nemedia a cambio de que le entregara a Zenobia. Allí, una vez más, era víctima de una traición que le convertía en prisionero y le obligaba a luchar contra una suerte de minotauro en un laberinto. Finalmente, rescata a Zenobia (después de que ésta, a su vez, lo salve de nuevo a él) y le pide matrimonio ante la aclamación general de sus tropas.

Un año después, en “La prometida del conquistador” (King-Size Annual nº 5, 1979), se celebraría el matrimonio no sin las esperadas conspiraciones, brujerías y peleas contra un monstruo suplantador de Zenobia. Ambas historias fueron competentemente guionizadas por Roy Thomas y dibujadas por Buscema y Chan con su pericia habitual.

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Copyright del artículo © Manuel Rodríguez Yagüe. Descubre otros artículos sobre cine, cómic y literatura de anticipación en nuestra sección Fantaciencia. Publicado previamente en Un universo de viñetas, y editado en Cualia con permiso del autor. Reservados todos los derechos.

Manuel Rodríguez Yagüe

Manuel Rodríguez Yagüe

Como divulgador, Manuel Rodríguez Yagüe ha seguido una amplia trayectoria en distintas publicaciones digitales, relacionadas con temas tan diversos como los viajes ("De viajes, tesoros y aventuras"), el cómic ("Un universo de viñetas"), la ciencia-ficción ("Un universo de ciencia ficción") y las ciencias y humanidades ("Saber si ocupa lugar"). Colabora en el podcast "Los Retronautas".