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«Breve historia del marcapáginas», de Massimo Gatta

El marcapáginas es un objeto fundamental en la vida del lector. De algún modo, es un instrumento de montaje ‒el corte en nuestra moviola literaria‒, y también se parece a un cuentakilómetros, fundamental para percibir cuánto hemos avanzado, qué páginas se nos resisten y qué trecho nos espera hasta el desenlace de un libro.

En este sentido, el marcapáginas revela el sentido exacto de los propios deseos. ¿Qué velocidad imprimimos a la lectura? ¿A qué distancia quedó el prólogo? ¿Quedan fuerzas para luchar cuando un libro se pone cuesta arriba? ¿Para terminarlo cuando nos aburre o nos abruma?

En este excelente libro ‒cuyo único «defecto» es la brevedad‒, Massimo Gatta detalla a qué necesidades responde el marcapáginas, nos habla de su historia e incluso plantea matices filosóficos que harán las delicias de cualquier bibliófilo.

Como sucede con los ex libris, los marcapáginas informan sobre el propietario de una biblioteca, e incluso delatan qué decisiones de la vida los llevaron hasta una determinada página. Hay marcapáginas impersonales, rutinarios, y otros se asoman o se esconden con una rutilante originalidad. Como ven, es indudable el valor metafórico de todo esto.

Además de señales para indicar el punto donde se interrumpió la lectura, o en el que se descubrió un pasaje relevante, estas piezas también son dignas de figurar en una colección, sobre todo a partir del siglo XIX. En todo caso, Gatta vincula este trayecto historico al desarrollo del libro como objeto. Así, en los códices medievales corresponde usar marcadores de cuero y pergamino, y en los volúmenes de hoy, marcadores de cartón, publicitarios o de ínfimo valor estético, al alcance de cualquiera de nosotros.

La arqueología da pistas de esta evolución, incluso en los papiros egipcios. No obstante, es en los retratos que hoy custodian los museos donde mejor se aprecia ese empleo constante del marcapáginas. Tanto en el texto como en las ilustraciones del ensayo de Gatta podemos apreciar cómo se utilizaba en misales, breviarios o novelas.

Esas cintas de colores, cosidas en la parte superior de la encuadernación, nos hablan también de una costumbre ‒la lectura‒ que exige sus propios rituales.

A nadie le sorprendió que, a mediados del XIX, el marcapáginas fuera un producto de consumo con una creciente demanda. Así lo supo ver Thomas Stevens (1828–1888), aquel empresario textil de Coventry que recurrió al telar mecánico de Jacquard para fabricar tarjetas y marcapáginas de enorme belleza. De ahí en adelante, artistas como Alphonse Mucha contibuyeron a ese catálogo universal de marcadores, del que Gatta se ocupa con tanta erudición en este sugestivo libro.

Sinopsis

Prólogo de David Felipe Arranz

Traducción de Amelia Pérez de Villar

Una singular, amena y erudita historia de uno de los objetos más apreciados por los lectores de todos los tiempos: el marcapáginas

Desde la Antigüedad clásica hasta nuestros días, este singular libro cuenta la historia y las curiosidades de un objeto querido por los amantes de la lectura y los libros de todos los tiempos: el marcapáginas. Si para san Agustín el dedo índice era la mejor manera para ello ¿qué utilizamos desde entonces para señalar dónde dejamos de leer un libro momentáneamente? ¿Alguna vez prestamos atención a ese objeto –un billete de metro, una flor seca, una postal o una cinta de seda– que nos permite encontrar el punto donde detuvimos la lectura? Entre el marcador de emergencia –como el clásico y vilipendiado dobladillo de una esquina de la página– y algunas preciosas obras de arte, los marcapáginas son para muchos lectores objeto de colección. Merecen nuestra atención no sólo como curiosidad de coleccionistas, sino que se han ganado una especial consideración que Massimo Gatta, experto en los aspectos paratextuales del libro, no duda en definir como filosófica: en efecto, para él, el marcapáginas es «un elemento filosófico, antes incluso que un objeto material».

Con rigor y puntualidad desde la perspectiva histórica, un rico aparato de notas y una extensa bibliografía, el libro de Gatta es un ensayo ameno y valioso, impermeable a la pedantería, y una de las escasas contribuciones dedicadas al tema. En palabras de David Felipe Arranz, «Gatta le restituye al marcapáginas su dignidad perdida para que nos reencontremos con él, su intrahistoria y la de los siglos, desde que los maestros medievales empezaron a manejar pergaminos y códices».

Massimo Gatta (Nápoles, 1959) es bibliotecario de la Universidad de Molise. Erudito en historia de la edición, historia del papel, de las bibliotecas y de la bibliofilia, es experto en los aspectos paratextuales del libro.

Colaborador habitual en diversas revistas y publicaciones especializadas internacionales en la historia del libro, forma parte del consejo editorial de ALAI. Revista de la cultura del libro, órgano de la Asociación de Libreros Anticuarios de Italia, y de la serie «Pequeña Biblioteca Humanística», publicada por la editorial Olschki.

Es el director editorial de la editorial Biblohaus en Macerata, especializado en bibliografía y bibliofilia. Es autor de unas quinientas publicaciones, entre las más recientes: L’Aldo degli scrittori. La figura e l’opera di Aldo Manuzio nell’immaginario narrativo (2018); Segnalibro (2018); Librai, librerie et amicorum. Appunti per una bibliografia (2018); y Come e perché mantenere in perfetto disordine i propri libri (2019).

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

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Guzmán Urrero

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como "Cuadernos Hispanoamericanos", "Album Letras-Artes" y "Scherzo".
Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte).
Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos. Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.