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«Analog Science Fiction and Fact» (1960-)

La trayectoria de Astounding Science Fiction ‒detallada en un artículo anterior‒ llegó a un punto de inflexión en agosto de 1959, cuando la cabecera fue adquirida por la editorial Condé Nast, propietaria de revistas como Vogue y Vanity Fair. John W. Campbell se mantuvo como editor de Astounding hasta su muerte en 1971, pero en su última etapa las cosas se complicaron mucho.

En 1960 cambió el nombre de la revista, que pasó a titularse Analog Science Fiction and Fact, en un intento de ganar respetabilidad y anunciantes de mayor categoría. Ello no compensó las tendencias reaccionarias en las que cayó en sus últimos años. Su fascinación por la Dianética-Cienciología nubló su prudencia; y aunque siempre había albergado prejuicios raciales y una actitud antiliberal, ello no había impedido dejar sitio en su revista a autores de corte humanista, incluso sentimental, como Theodore Sturgeon o Clifford D. Simak. Sin embargo, esos defectos se exacerbaron hasta rozar el fanatismo. Se convirtió en un personaje de trato difícil, lo cual repercutió en la capacidad de la publicación para ajustarse a los nuevos tiempos. Lo que antaño había sido espíritu de innovación, se transformó en una rigidez que espantó a nuevos autores de gran interés, algunos de los cuales iniciaron un fértil movimiento cuyas bases se oponían frontalmente a la ciencia ficción propugnada por Cambpell: la New Wave. Así, aunque Analog siguió publicando material de buena calidad, ya no volvió a ser motor de cambio alguno, especialmente cuando a partir de los años ochenta el centro popular de la ciencia ficción abandonó el mundo literario para situarse en el ámbito visual propio del cine y la televisión.

Ben Bova sustituyó a Campbell como editor tras la muerte de éste. Bova había trabajado como escritor científico de unos laboratorios de investigación, por lo que era perfectamente consciente de la diferencia entre ciencia y ficción. Pero la revista de la que se había hecho cargo necesitaba un cambio urgente. Poco a poco al principio, con más soltura después, relajó la política editorial para dar cabida a una amplia variedad de historias y escoger a autores de mayor empaque literario, como Joe Haldeman. Eso sí, nunca abandonó la establecida preferencia de Campbell por la rigurosidad científica, haciendo de Analog el refugio de aquellos lectores y escritores particularmente afines a la ciencia ficción dura.

Analog floreció bajo la dirección de Ben Bova y es justo decir que fue él quien salvó a la revista del declive y la cancelación. Su buen juicio y pericia editorial le hicieron merecedor de seis Premios Hugo al Mejor Editor (categoría establecida por primera vez en 1973). Dimitió de su cargo en 1978 para dirigir la más elegante Omni.

Davis Publications, empresa editora de Isaac Asimov’s Science Fiction Magazine, adquirió Analog en 1980 (doce años después, pasaría a formar parte Dell Magazines). Bova fue sucedido por Stanley Schmidt, quien introdujo de forma regular artículos científicos y de no ficción, como críticas de libros y recomendaciones. Schmidt abandonó la serialización de novelas a favor de los cuentos y novelas cortas, y trató de no limitarse al campo de la ciencia ficción dura. De hecho, en 1999 dejó clara su postura al respecto: «Últimamente he venido diciendo que me gustaría que el término ciencia ficción dura desapareciese. Hay demasiada gente que lo utiliza para referirse a algo mucho más limitado de lo que yo entiendo por ello… La ciencia ficción es, sencillamente, ficción en la que algún elemento especulativo juega un papel tan esencial e integral que no puede eliminarse sin hacer que la historia se colapse, y sobre el que el autor ha realizado un esfuerzo razonable para alcanzar la mayor plausibilidad posible. Cualquier cosa que no cumpla esas condiciones, no es ciencia ficción en lo que a mi concierte, así que no hay necesidad de separar un término como ciencia ficción dura de otros tipos de ciencia ficción».

Con ello, Schmidt quería desprenderse de la carga que sobre los editores y escritores imponen las categorías establecidas por el marketing y la distribución. Schmidt fue nominado todos los años al Premio Hugo al Mejor Editor desde 1980 hasta 2006.

En 2012, ocupó el puesto de editor Trevor Quachri. Y es que Analog sigue publicándose hoy, lo que la convierte en la revista de ciencia ficción más veterana del medio –y una de las más antiguas de cualquier mercado editorial–. Es cierto, sin embargo, que la circulación ha caído sustancialmente, pero solo en su formato físico. Como el buen heraldo de la ciencia ficción dura que sigue siendo, Analog se apoya principalmente en su página web, tanto como soporte de lectura como vía a través de la cual recibir aportaciones de los autores.

Con casi ochenta y cuatro años a sus espaldas, Analog es ya hoy una institución dentro del género. Y ello se lo debe, sin duda alguna, a Joseph W. Campbell. Sus méritos y defectos siguen siendo objeto de arduos y encendidos debates. Pero sobre lo que el consenso es universal es que la Edad de Oro y su consecuencia, la ciencia ficción moderna, fueron el testamento a su pericia editorial, su amor por el género y su inquebrantable fe en su potencial.

Copyright del artículo © Manuel Rodríguez Yagüe. Descubre otros artículos sobre cine, cómic y literatura de anticipación en nuestra sección Fantaciencia. Publicado previamente en Un universo de ciencia ficción, y editado en Cualia con permiso del autor. Reservados todos los derechos.

Manuel Rodríguez Yagüe

Manuel Rodríguez Yagüe

Como divulgador, Manuel Rodríguez Yagüe ha seguido una amplia trayectoria en distintas publicaciones digitales, relacionadas con temas tan diversos como los viajes ("De viajes, tesoros y aventuras"), el cómic ("Un universo de viñetas"), la ciencia-ficción ("Un universo de ciencia ficción") y las ciencias y humanidades ("Saber si ocupa lugar"). Colabora en el podcast "Los Retronautas".