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«El mundo de los No-A» (1945), de A.E. Van Vogt

En 1996, la Asociación Americana de Escritores de Ciencia Ficción nombró al canadiense Alfred Elton Van Vogt Gran Maestro del género. Pero lo cierto es que el escritor tiene pocos valedores entre los estudiosos y críticos del género. Muchos lo consideran un autor disperso que escribía novelas tan complicadas como incoherentes, retorcidas y a menudo implausibles, que evidenciaban una obsesión adolescente por las fantasías de superhombres incomprendidos en un mundo de ignorantes.

Damon Knight escribió un estudio sobre él en la década de los cincuenta que a decir de muchos finiquitó su carrera. Otros en cambio, como Harlan Ellison o Philip K. Dick, destacaron lo importante que había sido Van Vogt para su inmersión en la ciencia ficción (y, de hecho, su influencia puede rastrearse fácilmente en sus respectivas obras)

Es posible que Van Vogt fuera demasiado escurridizo y fantasioso como para encajar en la corriente racionalista que dominó la Edad de Oro de la Ciencia Ficción norteamericana. En cierto sentido, era más un autor vanguardista europeo que tuvo la mala suerte de nacer en el continente equivocado (a pesar de que su gusto por las armas de fuego sí era muy estadounidense). De hecho, los lectores franceses acogieron algunas de sus obras mucho mejor que sus propios compatriotas, como fue el caso de El mundo de los No-A (The World of Null-A, 1945), con la que Van Vogt culminó cinco años de intensa producción para Astounding Science Fiction y que tendría versión en libro en 1948.

Ya en los años cuarenta, la juguetona ingenuidad que en Estados Unidos había dominado muchos de los relatos pulp de ciencia ficción y sobre todo en la space opera, empieza a dar paso a narraciones más complejas y adultas. El mundo de los No-A es uno de sus ejemplos más excéntricos, una novela tan complicada que desafía la imaginación y en la que se dan cita oscuras intrigas, un protagonista que «renace» múltiples veces gracias a sus extensas habilidades mentales no lineales, universos paralelos, guerras interplanetarias, superhombres, una trama que parece un sueño y un ritmo frenético en el que nada puede darse por sentado.

En el año 2650, los juegos están a punto de comenzar en la ciudad. A competir en ellos acude Gilbert Gosseyn con la esperanza de obtener una clasificación suficiente como para ganar un viaje a Venus, donde van solo los mejores pensadores No-A (no Aristotélicos), un sueño que compartían él y su recientemente fallecida esposa. Como todos los participantes, Gosseyn va a la Máquina para poner a prueba sus habilidades No-A. Sin embargo, ese enorme ordenador que organiza y gestiona la ciudad, le explica que sus recuerdos son implantados y que no puede determinar cuál es su verdadera identidad. Efectivamente, cuando se encuentra cara a cara con la mujer por la que guardaba duelo, confirma que sus recuerdos son falsos. Para colmo, esa mujer resulta ser la hija del Presidente.

A partir de ese punto, Gosseyn se ve involucrado en una compleja intriga política relacionada con la inminente guerra contra Venus, es secuestrado, disparado y muerto, enviado a Venus, chantajeado y mandado de vuelta a la Tierra donde se ve acusado de asesinato. Regresa a Venus, descubre que ha tenido múltiples cuerpos, que dispone de un segundo cerebro con enorme poder psicoquinético y que quizá sea el único capaz de detener una invasión alienígena… Una trama, en fin, tan liosa como parece y en la que no merece la pena entrar en mucho detalle.

El mundo de los No-A contiene al menos una decena de subtramas imbricadas en la principal, aunque ninguna de ellas se remata de forma lógica o coherente… o ni siquiera se remata. Eso sí, Van Vogt imprime un ritmo tan intenso e introduce en tan pocas páginas tantos giros tan sorprendentes e inesperados, que el lector se queda atrapado en sus páginas esperando comprender qué está sucediendo. Comienza con los preparativos para los juegos, pero ese evento apenas tiene papel en los acontecimientos subsiguientes y nunca llega a explicarse bien en qué consisten exactamente. Personajes que parece van a desempeñar un papel importante, se esfuman ya en el primer tercio; otros aparecen y desaparecen aun cuando se diría han muerto; otros cambian de bando… La verdad es que habría que ser un adepto en la lógica No-A para seguir y entender el argumento de esta novela.

Tampoco se mantiene el suspense o la incertidumbre si ello entorpece el ritmo o la introducción de otra alocada subtrama. Así, suele haber siempre a mano detectores de mentiras que rápidamente determinan si este o aquél personaje son o no de fiar. Casi en cada acto e incluso en la lejana y rural Venus, si alguien sospechoso le hace una promesa a Gosseyn, éste sale un momento a la habitación contigua, enchufa el detector y confirma su sinceridad. Como es de esperar, tanto el papel de la única mujer del reparto como la ciencia y la tecnología que intervienen en la historia, han envejecido muy mal.

Por otra parte, hay intercaladas ideas tan sugerentes como los bosques de Venus, compuestos de árboles de raíces tan enormes que en su interior pueden construirse laberintos de corredores; o el segundo cerebro de Gosseyn, que puede conectarse directamente con la Máquina; o ese periodo de anarquía social sancionado legalmente que sirve para medir el nivel cívico al que han llegado las masas… Van Vogt inserta además algunas interesantes críticas contra el genocidio y la propaganda que remiten a la crisis bélica en la que el mundo se hallaba sumido en aquel momento.

Ahora bien, el aspecto más destacable de la obra no es el argumental ni el prosístico sino el conceptual. El sesgo psicológico apuntado por Van Vogt en trabajos previos como Slan (1940), la serie de Isher (1941) o El viaje del Beagle espacial (1939), llega a su culmen en El mundo de los No-A. A pesar de la enrevesada trama repleta de giros absurdos, el libro constituye un tratado psicológico y filosófico que defiende un adiestramiento mental al que denomina «No Aristotélico» y que elaboró a partir del trabajo de su gurú de los años treinta, Alfred Korzybski, fundador de la Teoría de la Semántica General. Este polaco nacionalizado norteamericano en 1940, autoeditó en 1933 un libro de 800 páginas, Science and Sanity: An Introduction to Non-Aristotelian Systems and General Semantics, en el que desarrollaba una especie de nueva disciplina mental apoyada en la siguiente premisa: «Tecnológicamente estamos muy avanzados, pero las bases elementales que subyacen en las relaciones humanas no han cambiado en absoluto desde Aristóteles. La presente investigación revela que existe un factor dañino relacionado con el funcionamiento de nuestro sistema nervioso (…) que retrasa el desarrollo de relaciones humanas sanas e impide la cordura general».

La idea esencial de la Semántica General tiene poco que ver con la Lingüística y esta más cercana a la Programación Neurolinguïstica. Consiste en que el significado de algo sólo puede ser comprendido cuando hayan sido preparados para ello los sistemas nervioso y de percepción humanos a través de los cuales se filtra el conocimiento. Debido a las limitaciones fisiológicas de nuestro sistema nervioso, sólo podemos ver una parte de la verdad, nunca la totalidad de la misma: al observar un proceso de la naturaleza sólo podemos abstraer –o sea, percibir, asimilar y comprender– una parte de él. Pero si sus lectores seguían su programa de entrenamiento No-Aristotélico, Korzybski prometía que podrían ascender a categorías de abstracción cada vez mayores, obteniendo una más completa percepción y comprensión del mundo. Podrían resolverse así muchos de los problemas contemporáneos causados en último término por la imperfección y consiguiente ineficiencia del «hombre medio».

Dicho sistema, por tanto, tenía el objetivo de conseguir que la gente pensara con mayor claridad, tomara mejores decisiones y, como consecuencia, construyera un mundo mejor. Buena parte de la Semántica General» parece mero sentido común pero su insistencia en autocalificarse como «ciencia» se apoya sobre una base muy endeble que, por supuesto, ha generado tantos detractores –que lo califican de mera pseudociencia– como defensores (todavía existe un Instituto de Semántica General con base en Nueva York).

La forma en que Korzybski explicaba su programa le hacía sonar como una especie de promotor de una especie de élite mental destinada a gobernar el mundo. Quizá fue este aspecto lo que atrajo a varios de los escritores apadrinados por John W.Campbell Jr. en Astounding Science Fiction, puesto que la Semántica General afirmaba que la adopción de su disciplina «marcaría el comienzo de una nueva era, la Era Científica». Muchos de los libros de ciencia ficción de la época incluían algún tipo de vago elemento psíquico, no siempre en el núcleo de las historias sino como parte de la creación del mundo del futuro, lo que indicaba que sus autores creían que los humanos del mañana desarrollarían esas capacidades.

Asimov escapó del caos y la incertidumbre que domina la cotidianidad humana inventando la higiénica psicohistoria, que elevaba las ciencias «blandas» de la Psicología y Sociología aplicadas a la Historia al estatus de ciencia «dura». Heinlein sostuvo que la Psicología pronto sería una ciencia prácticamente exacta en buena medida gracias a Korzybski y ya en 1941 animaba a sus lectores a leer sus trabajos. Llegó a decir de él que era un «hombre tan grande como Einstein» y, con H.G. Wells, uno de los «gigantes en nuestro horizonte intelectual».

Fue el inefable L. Ron Hubbard quien dijo, en su introducción al libro Dianética (1950) que «el problema de la mente humana es un problema de ingeniería y se podrá someter todo conocimiento ante una aproximación de ingeniería». Este libro, que vendió millones de copias en Estados Unidos, evolucionó de teoría psicológica y método de mejora mental y espiritual a religión abierta, alejándose del terreno de la ciencia ficción para entrar en el misticismo bajo la forma ya definitiva de la Cienciología. Antes de abandonar la filosofía de Hubbard disgustado por esa deriva, el propio Van Vogt estuvo muy involucrado en la primera versión de la misma, abandonando prácticamente su profesión de escritor para dirigir la división Dianética de California. Es más, su ficción publicada en Astounding Science Fiction durante estos años cuarenta llegó incluso a generar un movimiento rival, el Nexialismo, que difunde métodos de investigación interdisciplinaria.

Como he apuntado, Van Vogt hizo con El mundo de los No-A su propia campaña propagandística a favor de la Semántica General, haciendo de su protagonista un mutante cuyo cerebro encarnaba las ideas de Korzybski marcando un avance evolutivo. Ahora bien, esa divulgación resulta absolutamente hueca puesto que carece de un sustrato intelectual real que explique bien en qué consiste esa extraordinaria percepción que aporta la Semántica General o cómo se adquiere. No hay un marco lógico–conceptual que sirva de guía para entender lo que ocurre en la trama o por qué se comportan los personajes como lo hacen. El protagonista salta a toda velocidad de escena en escena sin ayuda alguna de procesos mentales deductivos o inductivos (ni tampoco de motivación o coherencia). En esta novela, los villanos son los que actúan con más racionalidad y mayor distanciamiento emocional. Lo que cabe aventurar es que el propio escritor tenía solo una concepción vaga e idealizada de lo que la Semántica General podría hipotéticamente conseguir en el cerebro de un individuo, y fracasó a la hora de concretar cómo un adiestramiento en esa disciplina podría cambiar una mente más allá de extraer conclusiones a partir de meras emociones o intuiciones.

Van Vogt adopta algunos de los rasgos de las novelas intelectuales, como breves introducciones a cada capítulo o diálogos grandilocuentes. En lugar de torturar al protagonista cautivo, los villanos exclaman frases como «¡Ah, silencio! La pausa No-A, supongo. En cualquier momento a partir de ahora, su condición actual habrá sido integrada en el control de su córtex, y brotarán palabras semánticamente más inteligentes». O los personajes nos recuerdan repetidas veces que «El mapa no es el territorio…la palabra no es la cosa». Uno de los primeros capítulos se abre con un extenso diagnóstico de la historia del mundo tomado directamente de Korzybski: «Nuestras tragedias empiezan cuando el «intensional» biólogo Aristóteles se impone sobre el «extensional» filósofo matemático Platón, y formula todas las identificaciones primitivas, sujeto-prediccionismo… en un sistema predominante que durante más de dos mil años no se nos ha sido permitido revisar bajo pena de persecución…» etc, etc.

Sin embargo, estos intentos de levantar un contexto filosófico para una trama pulp dominada por la acción, se quedan muy cortos. Si lo que pretendía Van Vogt es venderle al lector la Semántica General, difícilmente va a seducir a nadie. Su protagonista es un zoquete por mucho que tenga un cerebro extra: se mete en peleas, cae continuamente en manos enemigas, lo manipulan y bambolean de un lado a otro… y él persiste una y otra vez en lanzarse a la boca del lobo sin razón para ello.

El mundo de los No-A tuvo dos secuelas –una de ellas solo publicada en Francia, donde, ya lo he dicho, Van Vogt era particularmente popular –a decir del editor y novelista Jacques Sadoul, creó prácticamente en solitario el fandom de la ciencia ficción de ese país–, mientras que la narración original fue ampliamente revisada por el propio escritor para una nueva edición en 1980 (probablemente motivado por la devastadora crítica que del libro hizo el antes mencionado Damon Knight, que llegó a decir de él que «no es un gigante como a menudo se dice. Sólo un pigmeo utilizando una máquina de escribir gigante»). Van Vogt eliminó pasajes enteros que explicaban ciertos elementos clave y, especialmente, los procesos mentales del protagonista. Así que el endemoniado ritmo que podemos leer en la edición a nuestra disposición hoy es en buena medida resultado de una despiadada compresión que creó vacíos y desequilibrios en aras de potenciar la acción.

No puede decirse que El mundo de los No-A sea un éxito literario, al menos según los estándares habituales con los que se valoran las novelas. Pero si es un fracaso, lo es con la máxima extravagancia y más que por su falta de originalidad por su incapacidad para sacar provecho de las muchas buenas ideas que contiene. Al fin y al cabo, en 1996 fue nominada a los Premios Retro-Hugo.

Además de interesados en la historia del género, El mundo de los No-A podría interesar a lectores que busquen un entretenimiento alocado y con sabor añejo y que puedan pasar por encima de una intriga deslavazada, una prosa tosca, personajes sin caracterizar y un final sorpresa muy al estilo de La Dimensión Desconocida. Sin embargo y más allá de descubrir aquí un precursor de las oscuras paranoias que surgieron de la mente de Philip K. Dick, la mayoría de los lectores probablemente encontrarán este producto de la Edad de Oro una obra ampliamente superada por autores posteriores.

Copyright del artículo © Manuel Rodríguez Yagüe. Descubre otros artículos sobre cine, cómic y literatura de anticipación en nuestra sección Fantaciencia. Publicado previamente en Un universo de ciencia ficción, y editado en Cualia con permiso del autor. Reservados todos los derechos.

Manuel Rodríguez Yagüe

Como divulgador, Manuel Rodríguez Yagüe ha seguido una amplia trayectoria en distintas publicaciones digitales, relacionadas con temas tan diversos como los viajes ("De viajes, tesoros y aventuras"), el cómic ("Un universo de viñetas"), la ciencia-ficción ("Un universo de ciencia ficción") y las ciencias y humanidades ("Saber si ocupa lugar"). Colabora en el podcast "Los Retronautas".