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«El Señor de la Noche» (1978), de Tanith Lee

En mi opinión, El Señor de la Noche (Night’s Master, 1978) es uno de los libros de fantasía más importantes del siglo XX.

Desde luego, uno de los cuatro o cinco clásicos anglosajones que sitúo en mi olimpo personal, a la par con Soy leyenda, Crónicas marcianas o El hombre invisible.

Significa para mí lo que para muchos colegas el Sandman de Neil Gaiman o Las mil y una noches para todas las generaciones, porque comparten una temática, una estructura y un tono similares. Sin embargo, mi admirada Tanith Lee no se pliega a ninguna autocensura del formato y lidia sin pestañear con todos los tabús: sometimientos íntimos (por decirlo finamente: Oscar Wilde lo haría más motivado y mejor) entre amos demoníacos y los efebos bajo su «protección»; duendes resignados a prodigar laboriosos placeres sexuales a arañas gigantes a cambio de poder entrar en la gruta del tesoro que ellas custodian; y una humanidad obligada, ante el desentendimiento por su porvenir de los Dioses que la crearon, a recurrir al mismísimo Lucifer de su universo para ser salvada… Puesto que al único a quien importaría que los seres humanos desaparezcan es, por supuesto, al ángel maligno que disfruta jugando con ellos y torturándolos.

Azhrarn, el Príncipe de los Demonios, es un personaje que nunca voy a olvidar. Suma gran parte de lo que me interesa en un arquetipo mítico: la belleza fascista (perdón por el pleonasmo) que casi siempre, a nuestro pesar, prima sobre la ética; la seducción de quien se conduce por capricho en un mundo cuya moral no se corresponde a ninguna de las que los mortales adoptamos y descartamos cada década; el inmortal aburrido que sacia su hastío creando y copulando seres hermosos; aquel ser que está más allá del bien y del mal, y que sin embargo, llegamos a estimar y a querer, ya que dentro de todo demonio se atisba un resquicio humano…, porque ese rescoldo humano fue probablemente lo que creó al demonio.

La prosa de Tanith Lee es impresionante. De adolescente, leída en castellano, recuerdo que me serenaba muchísimo, hasta el punto de que volví a ella pensando que todo era buen rollito y pacifismo orientalista en sus páginas. No recordaba la pornografía ni el sadismo ni las barbaridades.

Y sin embargo, pese a ese contenido salvaje, os juro que relaja: su envoltorio de cuento mágico y su delicadeza expresiva logran que la obra funcione como procuradora de zen.

En inglés, esa prosa es de una precisión y una resonancia hipnóticas («…and its wings made a sound like bone-dry laughter in the air»). He leído muchos cuentos posteriores de su autora y siempre brillan por la sencillez bien plasmada, pero el esfuerzo invertido en El Señor de la Noche, argumental y formalmente, resulta excepcional y por tanto esencial en la aportación de Tanith Lee a la literatura.

Este título abre una saga, la de la Tierra Plana, cuyas cuatro entregas restantes (Death’s Master, 1979; Delusion’s Master, 1981; Delirium’s Mistress, 1986; y Night’s Sorceries, 1987) espero poder leer en el futuro: algo bueno tenía que traer consigo esa «teoría» de los terraplanistas, en este caso un fabuloso marco para los relatos ficticios de la autora londinense.

Tanith Lee falleció sexagenaria en 2015 y nos lega más de noventa novelas y trescientos cuentos. La cantidad me intimida porque, al menos en cuanto al formato corto se refiere, no se trata de una narradora irregular…

La buena noticia es que que El Señor de la Noche ha sido reeditada en lengua española, a cargo de la editorial Duermevela.

Dadle una oportunidad. Al menos… «till the tomb eats you and the worm takes his pleasure where you have had none».

Copyright del artículo © Hernán Migoya. Reservados todos los derechos.

Hernán Migoya

Hernán Migoya

Hernán Migoya es novelista, guionista de cómics, periodista y director de cine. Posee una de las carreras más originales y corrosivas del panorama artístico español. Ha obtenido el Premio al Mejor Guión del Salón Internacional del Cómic de Barcelona, y su obra ha sido editada en Estados Unidos, Francia y Alemania. Asimismo, ha colaborado con numerosos medios de la prensa española, como "El Mundo", "Rock de Lux", "Primera Línea", etc. Vive autoexiliado en Perú.
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