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«Un tal Daneri», de Carlos Trillo y Alberto Breccia

Veterano, fumador, con aplomo. Solitario. Despierto las veinticuatro horas. Así es el detective Daneri. Sabe calcular las distancias en un tiroteo. Es previsor, tiene mirada de pit bull y le gusta pasear en la oscuridad. Además, está acostumbrado a cómo funcionan las cosas cuando se ponen feas.

Daneri actúa como si aún no hubiera saldado viejas deudas. Su compromiso moral es confuso. Lo notamos al descubrir su entorno. Un barrio feroz, al sur de Buenos Aires, en torno a los años setenta, durante la crisis institucional que condujo a la dictadura. El escenario de un choque de mundos, perfecto para la violencia.

Entrevistado por Carlos Trillo y Guillermo Saccomanno, Breccia identificó ese vecindario en 1980: «Mataderos era un barrio que se me fue metiendo muy adentro. Yo creo que en Un tal Daneri salió algo de lo que yo veía en esos años de juventud. Esos paredones de ladrillo, esas calles de barro, esas nubes que parecían estar al alcance de la mano de tan bajas. En Mataderos yo vi dos duelos criollos protagonizados por el Pampa Julio, un príncipe ranquel que se había hecho guapo. Uno de esos duelos, me acuerdo, era solo a planazos, y se iban rebanando de a poco. Sí, ese era el Mataderos de Daneri».

En esta cita, que le robo al historiador Pablo Turnes, se resume lo que es Un tal Daneri: oscuridad, represión, trapos sucios, sueños imposibles, matones que siempre parecen intranquilos… Las viñetas del maestro Breccia ‒expresionistas, cinéticas, con ese polvillo radiactivo en la tinta‒ retratan un mundo tenebroso, marcado por el género negro. Allí no hay refugio posible, y Daneri lo sabe mejor que nadie.

Publicado entre 1974 y 1979, este cómic es un alarde de brillantez artística. Los guiones, firmados por Trillo, son pura literatura. Si uno aguza el oído, escucha en ellos el eco de Jorge Luis Borges, y sobre todo, la poética del arrabal, con sus rufianes, su fatalismo y sus tragedias opacas.

«Consideré que el treinta de abril era su cumpleaños; visitar ese día la casa de la calle Garay para saludar a su padre y a Carlos Argentino Daneri, su primo hermano, era un acto cortés, irreprochable, tal vez ineludible…» Ojo, ahora no estoy leyendo a Trillo, sino al propio Borges. En concreto, la primera página de El Aleph (1945), de donde toma nuestro detective su nombre. ¿Y qué me dicen de estas líneas de Evaristo Carriego (1930)?: «Pienso en el guapo antiguo (…) Una vez en pelea, tiraba solamente a matar. No quería criar cuervos. (…) Murió lleno de días, con su constelación de muertes en el recuerdo, ya borrosa sin duda». Como ven, está claro que Trillo y Breccia disponían de un buen álbum de lecturas.

Pese a la forma tan discontinua y casi accidentada en que fueron publicados, los distintos episodios de Un tal Daneri permiten una visión de conjunto. Todas las piezas del rompecabezas encajan: el peso de un terrible momento histórico, el regusto de las viejas historias de detectives, y como toque de autenticidad, el fulgor de los cuchillos en el descampado.

Por supuesto, leer estas páginas era distinto cuando salieron de imprenta. Recordemos que la polarización en Argentina era escalofriante. Como en otras latitudes, durante los setenta había surgido un terrorismo de inspiración guerrillera: en este caso, el peronismo revolucionario (Montoneros, Descamisados, Fuerzas Armadas Revolucionarias…). Esa violencia tuvo su contrafigura en la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina), parapolicial y de extrema derecha. Ni que decir tiene que la indefinida biografía de Daneri guarda relación con esa violencia política, tan funesta en todos los sentidos.

Como podrán comprobar, el fracaso, la perdición y la lealtad son los ingredientes de estas ocho bellísimas historias, todas ellas narradas son sensibilidad e inteligencia. Su lectura resulta memorable.

Sinopsis

Daneri es una suerte de detective que supo ser importante en otro tiempo y que ahora deambula por calles regadas de tristeza, desesperanza y violencia rigiéndose por su particular código moral. Testigo y cómplice de trágicos equívocos y extrañas paradojas, se ve envuelto en historias en las que destino y muerte, amor y venganza, coraje y cobardía se entrelazan, difuminando sus fronteras.

Un tal Daneri representó la primera colaboración de dos autores irrepetibles: Carlos Trillo y Alberto Breccia. Publicadas originalmente entre 1974 y 1978, las historias recopiladas en este volumen —junto a bocetos del genial dibujante— parten del género negro para establecer un juego especular de ecos borgianos entre la ficción y la realidad de la época, inevitablemente marcada por la dictadura argentina.

«Cara marcada» (Mengano, nº 5, octubre de 1974).

«El grima» (Sancho, nº 1, abril de 1975).

«El monstruo» (Sancho, nº 2, julio de 1975).

«Nélida» (Troya, nº 4, diciembre de 1977).

«El Bagre» (Breccia Negro, enero de 1978).

«El duelo» (Breccia Negro, enero de 1978).

«Ojo por ojo» (Breccia Negro, enero de 1978).

«Ojos dorados» (Breccia Negro, enero de 1978).

FECHA PUBLICACIÓN (ECC): agosto de 2020 || GUIÓN: Carlos Trillo || DIBUJO: Alberto Breccia || FORMATO: Cartoné (220 x 295 mm.), 72 páginas. A color.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

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Guzmán Urrero

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como "Cuadernos Hispanoamericanos", "Album Letras-Artes" y "Scherzo".
Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte).
Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos. Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.