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Tramperos en la ruta de Oregón

En 1948, el premio Pulitzer de Historia recayó en el libro Más allá del ancho Missouri (Across the Wide Missouri, With an Account of the Discovery of the Miller Collection), de Bernard DeVoto, segunda entrega de una trilogía que completan The Year of Decision (1942) y The Course of Empire (1952).

Se trata de un ensayo sobre las exploraciones de la ruta de Oregón y la vida de los tramperos en la década de 1830. Tal como dice el magnífico prologuista de la edición en español (Valdemar 2017), Alfredo Lara López, este no es un libro fácil: “Serviría como libro de texto para preparar 1º y 2º cursos de trampero”.

La ruta de Oregón conectaba el territorio que le da nombre con el río Misuri, punto en el que comenzaba esta senda que recorría los ríos Yellowstone, Snake y Columbia, y cruzaba las Montañas Rocosas.

Entre los pioneros del comercio de pieles en el Misuri, destaca Manuel Lisa (1772-1820), un explorador nacido en la Luisiana española, hijo de murciano y novohispana. El papel de Lisa fue esencial en la creación de la Compañía peletera de Misuri (Missouri Fur Company) y en la exploración de los parajes indios de Misuri y de Kansas. Además de comerciante, trampero y explorador, Lisa llegó a ser agente indio. En varios puntos de su vida, coincidió con William Clark y Meriwether Lewis, protagonistas de la famosa expedición (1804-1806) que atravesó Norteamérica, desde San Luis, Misuri, hasta la costa del océano Pacífico.

Sin duda, la empresa de Lewis y Clark fue crucial para que se consolidara la ruta de Oregón, que luego siguieron aventureros, colonos, tramperos, misioneros y militares.

Como queda claro en el libro de DeVoto, el motor inicial de esa expansión fue el comercio de pieles de castor y bisonte. Este comercio no tuvo nada de romántico y supuso feroces luchas entre la American Fur Company, fundada en 1808 por el alemán John Jacob Astor, y la Rocky Mountain Fur Company, creada en 1822 por William Henry Ashley y Andrew Henry. Había tramperos que iban por libre y otros que estaban integrados en las compañías. Algunos de ellos se convirtieron en leyenda, como Jedediah Smith o Kit Carson.

Bernard DeVoto confecciona el libro en un momento en que Estados Unidos se encontraba en el cenit de su posición imperial. En este sentido, pone sobre el tapete la doctrina del Destino Manifiesto: «Dios escogió al pueblo norteamericano para extender la luz de la democracia, la libertad y la justicia».

Las tribus indias se convierten también en protagonistas y son retratadas por los pintores que se integran en las expediciones de la época. De hecho, los tramperos y los indios fueron amigos y enemigos, y se entremezclaron. Tenían gustos parecidos: por ejemplo, consideraban un manjar las entrañas crudas de los bisontes.

En todo caso, DeVoto no es nada complaciente y termina elaborando un relato muy vívido de la vida en la frontera. Un relato que, probablemente, se acerca mucho a la realidad. Por otro lado, influyó decisivamente en la revitalización de los western. Así, el libro que nos ocupa llegó a adaptarse a la gran pantalla: en 1951, William A. Wellman rodó en las Montañas Rocosas Más allá del Missouri (Across the Wide Missouri), un largometraje en Technicolor protagonizado por Clark Gable, Ricardo Montalbán, John Hodiak, María Elena Marqués y Adolphe Menjou.

Incluso John Ford reconoció su influencia. Hay una escena de La legión invencible (She Wore a Yellow Ribbon, 1949) que homenajea al escritor, cuando el capitan Nathan Brittes está en el cementerio, visitando la tumba de su esposa. En una lápida, a su espalda, puede leerse el nombre de Bernard DeVoto.

En resumen, Más allá del ancho Missouri es un libro recomendable para entender el mito de la Frontera y la influencia de los nacientes mercados capitalistas en los lindes geográficos del mundo.

Por cierto, en el centro de la zona en que se desarrollan los acontecimientos se encuentra el Parque Nacional de Yellowstone, donde viven el oso Yogui y su fiel amigo Bubu. Fue el primer Parque Nacional creado como tal, por ley, en 1872 por el Congreso y el Presidente Ulysses S. Grant.

El primer occidental que conoció Yellowstone fue John Colter, por aquel entonces a las órdenes de Manuel Lisa. La expedición emprendida por Lisa en 1807 remontó el Yellowstone. Además de Colter, acompañaban a Lisa el cazador George Drouillard, veterano de la expedición de Lewis y Clark, y el gallego Benito Vázquez, un antiguo soldado español que acabó siendo pionero y comerciante de pieles.

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Joaquín Sanz Gavín

Joaquín Sanz Gavín

Contable y licenciado en Derecho.