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«Supergirl» (1996-2003), de Peter David

Para ser un personaje clásico, y en apariencia sencillo, Supergirl ha tenido tantos avatares como los superhéroes más complejos de la era post-Watchmen.

En la etapa que escribió Peter David (septiembre de 1996-mayo de 2003), asume su identidad más sugestiva: Linda Danvers. No obstante, el hechizo que Supergirl ejerce sobre el lector adecuado no pierde intensidad en ninguna de sus encarnaciones. Hagamos memoria… Durante la Edad de Oro, la heroína conocida como Super-Girl fue ideada por Otto Binder (Superman #123, agosto de 1958) como otra superviviente del planeta Krypton: Kara Zor-El, o para entendernos, la prima del Hombre de Acero.

Con el paso de los años, el público aprendió a querer a esta contrapartida rubia de Superman, una joven impulsiva y dinámica, cuya popularidad alcanzó su apogeo a comienzos de los setenta.

Ocupando nuevos espacios en el multiverso DC, encontramos a Power Girl, superheroína de Tierra 2, y considerada por derecho propio una de las siete supergirls que se conocen (Comprenderéis que no me extienda escribiendo sobre Andromeda, Ariella Kent y el resto del grupo).

Aún hay más. En 1985, la trama de Crisis en Tierras Infinitas resultó letal para el personaje. Con todo, la muerte de Kara Zor-El no supuso el fin de Supergirl. Otro personaje –¿o debería decir entidad?– asumió su aspecto y lució su uniforme. Bajo el nombre de Matrix, un ser procedente de esa Tierra alternativa creada por el Amo del Tiempo (Lex Luthor, en versión amable), voló con la capa de la superchica. Hablamos de un ente de protomateria, cuya continuidad quedó decidida cuando se fusionó con una joven moribunda, Linda Danvers.

Ese es, precisamente, el periodo que nos ocupa. Gracias al inteligente guión de Peter David y a dibujantes como Terry Dodson y Gary Frank, la Chica de Acero experimenta esa doble personalidad en aventuras muy atractivas, en las que el misterio cotidiano se entremezcla con tramas sobrenaturales de trasfondo religioso.

Con todo, más allá de los diablos que aúllan y de los emisarios infernales, lo que enciende una chispa de asombro es la fascinante confusión del personaje. ¿Importa ser una heroína desquiciada por un pasado ajeno? Probablemente sí, y eso hace la lectura intensamente placentera.

«Me llamo Linda Danvers –se dice Supergirl–. Tengo unos padres que me quieren y que me odian, creo. Una amiga que se llama Mattie Harcourt, creo. Tengo una vida tan cerca que casi puedo tocarla. Lo que necesito… es información».

E información es lo que busca, luchando siempre por mantener un pie en la cordura. Lo cual, dicho sea de paso, convierte a esta Supergirl post-Crisis en una figura compleja y de lo más atrayente.

A partir del material escrito por David desde 1996, comprendemos el destino del personaje en un relato intenso y adictivo, cuya principal seducción radica en las inteligentes subtramas.

Sinopsis

Linda Danvers es una escultora que no ha sabido rodearse de las compañías adecuadas y que, después de estar al borde de la muerte, descubre que posee los poderes de… ¿¡Supergirl!? Así comienza el nuevo título de Planeta DeAgostini Cómics, que recopila íntegramente la colección de la Chica de Acero que Peter David escribió de 1996 a 2003 y que cuenta con la colaboración de dibujantes como Gary Frank (Superman), Leonard Kirk (JSA) , Terry Dodson (Wonder Woman: El círculo) o Greg Land (Nightwing).

«Empecemos diciendo –escribe Fran San Rafael– que la protagonista de esta colección que aquí comienza no es la misma Supergirl que aparece actualmente en el Universo DC. No se trata de Kara Zor-El, la prima de Superman, sino de un personaje distinto que nació a finales de los años 80, cuando estaba terminantemente prohibido que hubiera ningún superviviente de Krypton que no fuera el Hombre de Acero; no obstante, por aquello de mantener los derechos sobre el nombre, John Byrne, el principal defensor del estatus de “kryptoniano único”, se vio obligado a crear a una muchacha que procedía de otro universo y que, en realidad, era un ente protoplásmico multiforme. El origen artificial de esta Supergirl le impidió encontrar su camino en la vida, ya que su personalidad cambiaba bastante según con quién se relacionara. Por suerte, esta situación terminó a finales de 1996, cuando DC Comics decidió otorgarle una colección propia de la que se encargaría un guionista llamado Peter David. Este autor, muchas veces polémico por sus ataques contra la industria que le da de comer pero siempre extremadamente competente, se consagró demostrando lo imposible cuando rescató de una cancelación inminente al Hulk de Marvel Comics. Así, consagró su estatus como guionista estrella durante la década de los 90, en la que también marcó un hito con el siempre infravalorado Aquaman».

«Para Supergirl, una serie que escribía pensando en lo que sus hijas querrían leer, David utilizó un trasfondo religioso y un tono distendido para dar a la Chica de Acero de la época el rumbo fijo del que carecía. Para ello, contó con dibujantes tan capacitados como Gary Frank, Leonard Kirk y, más adelante, Ed Benes. Todos ellos narraron durante siete años las 80 entregas de las que constó la serie regular que conoceremos de primera mano durante los próximos cuatro volúmenes. Además, como es habitual en la línea Universo DC, habrá numerosos complementos, como la historia extraída de Showcase ’96 núm. 8 que vemos en este mismo número y que cuenta con los lápices del magnífico Terry Dodson.» (Fran San Rafael)

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de sinopsis e imágenes © DC Comics. Planeta DeAgostini Cómics. Cortesía del Departamento de Prensa de Planeta DeAgostini. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como "Cuadernos Hispanoamericanos", "Album Letras-Artes" y "Scherzo".
Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte).
Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos. Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.