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Peyo en el país de los pitufos

Más de medio siglo después de su aparición, los pitufos (les Schtroumpfs) mantienen su encanto. Y en parte, se debe a que el creador de estas pequeñas criaturas –el dibujante Pierre Culliford, “Peyo” (1928-1992)– figura entre los creadores más notables y recordados de la historieta francobelga.

Editados en España por Bruguera, y más adelante por Norma y Planeta DeAgostini, las aventuras de estos personajes forman parte de la nostalgia de toda una generación. Con esos volúmenes a la vista, repasaremos hoy la historia de los pitufos: una trayectoria en la que confluyen aciertos artísticos y editoriales.

Confieso que, pese al tiempo transcurrido desde que leí por primera vez sus peripecias, aún me agrada volver al mundo de los pitufos a través de álbumes como El extraño despertar de pitufo perezosoEl pitufo salvaje o El progreso no se pitufa.

Aunque me sorprendería que alguien pueda desconocerlos, no está de más que recordemos la apariencia de los pitufos. Se trata de unos seres diminutos de color azul, similares a duendes. Físicamente, son idénticos entre sí. Van ataviados con birrete y pantalón blancos. Su diferenciación psicológica adquiere un tono gremial, y está relacionada con el quehacer que cada uno de ellos desempeña en esa aldea de hongos donde habitan.

Su gobernante es el Gran Pitufo (Papá Pitufo en la adaptación televisiva), un ser sabio y bondadoso que conoce las artes mágicas. A diferencia de los demás pitufos, el Gran Pitufo luce birrete y pantalón rojos. Su gran enemigo no es otro que Gargamel, un brujo empeñado en capturar a los pitufos para usarlos en una fórmula alquímica. Claro que Gargamel no es el único perseguidor de los duendes azules: su gato Azrael, tan malvado como el hechicero, también sueña con devorar a los pitufos.

Basta con repasar los argumentos de sus primeros álbumes para advertir que Peyo estaba muy atraído por la imaginería medieval. Más allá del humor y del dinamismo que siempre caracterizan a sus historietas, en ellas encontramos una semejanza con las fábulas tradicionales, en el sentido de que el relato incluye siempre una lección moral.

La primera aventura de los pitufos apareció publicada en la revista belga Le Journal d’Spirou. El número de edición era el 1071 y su fecha de tirada, el 23 de octubre de 1958. La serie en que los pitufos iniciaron su andadura estaba protagonizada por Johan y Pirluit (Johan et Pirlouit), dos jóvenes cuyas peripecias transcurren en la Edad Media. Aunque similar a otras de la misma serie, la trama que vio nacer a los personajes azules era tan divertida como original. Así, en La flauta de los pitufos, Pirluit es un flautista nefasto, y eso incomoda al resto de los habitantes del castillo. Gracias a un mercader, el bueno de Pirluit consigue una flauta de seis agujeros.

En realidad, es una flauta encantada, cuyo sonido hace que la gente baile sin parar. Investigado su procedencia, Johan y Pirluit descubren que los pitufos son los fabricantes de ese mágico instrumento.

Dada la buena acogida de aquella aventura, Peyo se animó a publicar de forma autónoma el tebeo en cuestión, con el título La flûte à six trous (La flauta de los pitufos). El mercado respondió bien, y de inmediato aparecieron nuevas entregas de los hombrecillos azules. De paso, empezó a crecer una pujante mercadotecnia de productos derivados.

Este es un tema sobre el que ya traté en un artículo anterior –Los pitufos (Enciclopedia Universal Multimedia, 2000), del que aquí cito varios párrafos–, y que explica la importancia económica de estos personajes. Como es sabido, no es fácil consolidar una franquicia de estas características, pero si se logra, el porvenir financiero está asegurado, y permite explotar los cómics más allá de su edición en papel.

A lo largo de los años sesenta, Peyo se sintió desbordado por la demanda de productos relacionados con los pitufos. De ahí que crease un equipo de trabajo en el que colaboraron el guionista Yvan Delporte y los dibujantes Jo-el Azara, François Walthéry, Roger Leloup, Francis, Marc Wasterlain, Derib, Albert Blesteau, Benn y Lucien De Gieter.

En el mercado hispanohablante la creación de Peyo llegó a las páginas de la revista Strong en 1969, pero cobró popularidad a finales de la década de los setenta. Inicialmente, cuando aparecieron en las páginas de TBO, fueron llamados los tebeítos, pero a raíz del estreno del largometraje de animación La flauta de los pitufos (La flûte à six trous, 1979), dirigido por el propio Peyo junto a Eddie Lateste, la palabra «pitufo» pasó a formar parte del imaginario infantil español e hispanoamericano. Dicha palabra, por cierto, es una reminiscencia de una maravillosa revista española, En Patufet, publicada en catalán entre 1904 y 1938, y más adelante, en una segunda etapa, entre 1968 y 1973.

El año 1983 coincidió con la internacionalización definitiva de los pitufos, cuyas historietas comenzaron a distribuirse en el mundo angloparlante y en diversos países de Asia. Seis años más tarde, Peyo fundó Cartoon Creation, consorcio internacional destinado a la elaboración de cómics y dibujos animados relacionados con los pitufos.

Por desgracia, en diciembre de 1992 falleció el dibujante, pero el estudio, dirigido por su hijo Thierry Culliford, prosiguió su línea productiva.

Los datos del éxito son inequívocos. Así, en 1993 se alcanzó la cifra de doscientos cincuenta episodios –ahí es nada– de la teleserie de animación The Smurfs, elaborada en coproducción con una mítica compañía estadounidense, Hanna-Barbera.

Distribuido en España e Iberoamérica con el titulo Las aventuras de los pitufos, aquel programa televisivo se consolidó como uno de los espacios infantiles más populares de la década de los noventa. Lo cual, por cierto, me lleva a recomendar vivamente los cómics originales, sin duda más atractivos que la teleserie en cuestión.

Desde luego, hablar de historietas equivale a hablar de coleccionismo. En este caso, los volúmenes de Planeta De Agostini permiten reunir el conjunto de los tebeos de “Peyo”. En todo caso, por si algún lector quiere seguir la línea cronológica de dichas publicaciones, termino este artículo con un listado de obras completas. Comienza con las aventuras de Johan y Pirluit –donde los pitufos actúan como secundarios en más de una oportunidad–, y luego se amplía con los títulos que protagonizaron en solitario. A modo de curiosidad, añado entregas de pequeño formato, textos ilustrados e historietas ocasionales, de carácter promocional.

1952: Johan et Pirlouit. Le châtiment de Basenhau.

1953: Johan et Pirlouit. Le maître de Roucybeuf.

1954: Johan et Pirlouit. Le lutin du bois aux roches.

1955: Johan et Pirlouit. La pierre de luneJohan et Pirlouit. Le serment des Vikings.

1956: Johan et Pirlouit. La source des dieux.

1957: Johan et Pirlouit. La flèche noireJohan et Pirlouit. Les mille écusJohan et Pirlouit. Le sire de MontrésorJohan et Pirlouit. Une étoile pour le prince.

1958: Johan et Pirlouit. La flûte à six trous (Johan y Pirluit, La flauta de los pitufos).

1959: Les Schtroumpfs noirs (Los pitufos negros); Le voleur de Schtroumpfs (El ladrón de pitufos); Johan et Pirlouit. Les sept fontaines (La guerra de las siete fuentes).

1960: L’oeuf et les Schtroumpfs (Los pitufos y el huevo).

1961: Le faux Schtroumpf (El falso pitufo); La faim des Schtroumpfs (Los pitufos tienen hambre); Champignon des Schtroumpfs.

1962: Le centième Schtroumpf (El pitufo número cien).

1963: Le Schtroumpf volant (El pitufo volador); Schtroumpfonie en ut (Pitufofonía en do).

1964: Le Schtroumpfissime (El rey pitufo).

1966: La Schtroumpfette (La pitufina); Etudiez en une seule leçon la langue Schtroumpf!

1967: Les voyages forment le schtroumpfsComment schtroumpfer les SchtroumpfflakesJohan et Pirlouit. Le sortilège de MaltrochuLe Schtroumpf métamorphosé.

1968: Le Schtroumpf et la fée distraiteLe Schtroumpf et la rosée matinaleLe Schtroumpf et le géant du maraisLe Schtroumpf et le jeune sphinxPâques schtroumpfantesLes Schtroumpfs et le Cracoucass (Los pitufos y el Ketekasko); Les jouets et les Schtroumpfs.

1969: Un Schtroumpf pas comme les autres (El pitufo diferente); Le cosmoschtroumpf (El Astropitufo); Le schtroumpfeur de pluie (El pitufador de lluvia).

1970: Le Schtroumpf et la cloche à l’enversL’apprenti Schtroumpf (Aprendiz de Pitufo); Qu’est–ce qu’il schtroumpfe, mais qu’est–ce qu’il schtroumpfe?

1971: Le Schtroumpf sans effort par la méthode LinguaschtroumpfPays schtroumpf et sculptureSchtroumpfez votre chambre.

1972: Schtroumpf vert et vert Schtroumpf (El pitufo verde y el verde pitufo).

1976: La soupe aux Schtroumpfs (Sopa de pitufos).

1979: Benco et les Schtroumpfs.

1980: Le schtroumpf olympique (Los pitufos olímpicos).

1981: Pâques Schtroumpfantes.

1982: Le jardin des SchtroumpfsBon anniverschtroumpf.

1983: Les Schtroumpfs et le grand lapinDes Schtroumpfs et des couleurs.

1984: Le bébé Schtroumpf (El bebé pitufo).

1985: Le 1er Noël de bébé schtroumpf.

1988: Les petits schtroumpfs (Los pitufos y los pitufitos); Le schtroumpf robotEtes–vous schtroumpfologue?Le vrai village des Schtroumpfs.

1998: Le schtroumpfs amnésiquePasse–moi l’schtroumpf.

Portada de Los pitufos negros (Les Schtroumpfs noirs) © Peyo, 1959. Cortesía del Departamento de Prensa de Planeta DeAgostini Cómics. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como "Cuadernos Hispanoamericanos", "Album Letras-Artes" y "Scherzo".
Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte).
Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos. Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.