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Mil caras del abedul

En las culturas celta y romana, el abedul blanco (Betula pendula) era considerado como el árbol de la sabiduría. Sus habitantes utilizaban la corteza, perfectamente prensada, pulida y alisada, como papiro para escribir manuscritos. Con fines menos ortodoxos usaban los maestros sus flexibles ramas, con las que azotaban a los alumnos más revoltosos.

Unos cuantos siglos después, esta especie de hoja caduca, poco abundante, sigue acompañando al ser humano. “En zonas de la Cordillera Cantábrica, la acción humana ha favorecido a los abedulares, al convivir con el aprovechamiento ganadero”, explica Alipio García de Celis, director del departamento de Geografía de la Universidad de Valladolid.

Estos árboles conforman áreas donde el ganado pasta y proporcionan madera de rápido crecimiento para aperos o leña. Su veloz desarrollo y su “vocación colonizadora” les permiten ocupar áreas deforestadas por incendios, aludes, deslizamientos o por las actividades humanas.

A pesar de su escasez, en las últimas décadas, los abedules han experimentado “una regeneración espectacular”, según De Celis. La población de la especie ha aumentado en tierras de cultivo abandonadas y pastizales.

“Brota en forma de rodales o ‘golpes’ siempre que exista un suelo con humedad permanente”, añade el experto. Considerado de Interés Especial en Madrid y Castilla-La Mancha, el abedul “es el testimonio botánico de las últimas glaciaciones”, afirma Paco Cantó Portillo, vocal de Medio Ambiente de la Federación Madrileña de Montañismo.

De jarabe a muñecas rusas

Además de sus usos forestales, los abedules tienen aplicaciones terapéuticas para el ser humano. En algunos países europeos, su savia sirve para elaborar jarabe y se usa como enjuague bucal en enfermedades de la garganta, ulceraciones bucales o irritación de encías. También es un buen aliado para curar pequeñas heridas.

“La betulina, una sustancia negra y pegajosa en el interior de su corteza, se emplea para tratar enfermedades”, asegura Cantó. Cuando se destila, origina un aceite resinoso balsámico con el que elaboran cuero en el norte de Europa.

En la antigüedad, su flexible corteza servía para confeccionar cestas, prendas de ropa y calzado. De hecho, “se han encontrado útiles de cortezas de abedul en buen estado en enterramientos de hace varios siglos”, apunta el vocal.

Pero uno de sus usos ‘estrella’ es la fabricación de las famosas muñecas rusas Matrioshkas. En Rusia su madera se encuentra en mangos, vajillas, tablas de esquí o raquetas para la nieve, y en países del norte de Europa, también se emplean en los arcenes de las carreteras porque protegen del viento y sus blancos troncos destacan en la oscuridad.

En el olvido en la Sierra de Guadarrama

A diferencia de otras especies, el abedul no cuenta con serias amenazas, con la excepción de un fenómeno que afecta a todos los seres vivos: el cambio climático. “Debemos protegerlos e incorporar sus masas y ejemplares más notables en los catálogos y espacios protegidos”, subraya Cantó.

El experto se lamenta de que la reciente propuesta de Parque Nacional de las Cumbres de la Sierra de Guadarrama (Madrid) haya dejado fuera ejemplares centenarios y bosquetes de las inmediaciones del Puerto de Canencia, “ambos de carácter excepcional”.

Los incendios son el otro fenómeno que pone en riesgo su población. Para evitarlos, De Celis aconseja desbrozar las áreas de matorral para que el ganado paste y diseñar medidas para que las comunidades rurales obtengan rentabilidad de los bosques y los montes.

Con la protección adecuada, podremos “aprender de ellos a cambio de casi nada”, recalca Cantó. “Sólo necesitan que las cuidemos un poco y les dejemos territorios donde desarrollarse y medrar en paz”.

Perfil del abedul

Características: El término Abedul se utiliza para nombrar a diferentes árboles caducifolios, de la familia de las Betuláceas y del orden de las Fagales. Árboles de hasta 20-30 metros de altura, su peculiar corteza blanca se resquebraja de forma característica, con grietas transversales pardo negruzcas.

Hábitat: Crecen en zonas húmedas con sustrato de silicio como bordes de ríos, arroyos y laderas húmedas de zonas montañosas. Se extienden por Asia y gran parte de Europa, entre los 1.000 y 2.000 metros de altitud. En la Península Ibérica son frecuentes en la mitad norte, y abundan en las montañas de la Cordillera Cantábrica y los Pirineos.

Demografía: España cuenta con unas 722.000 hectáreas de superficie formada por abedulares y por otras masas en las que los abedules, sin ser mayoritarios, tienen una presencia significativa.

Situación: Los abedules son escasos y no aparecen solos ni como especie predominante en los bosques españoles. Forman parte de bosques pluriespecíficos, en forma de rodales, acompañados de pinos.

Usos: Los abedules se utilizan en repoblaciones y como plantas ornamentales. Además, sirven para colonizar pastizales y tierras de cultivo abandonadas.

Medidas de conservación: Los abedules necesitan tierras húmedas y la ausencia de incendios para crecer.

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