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El misterioso canto de las ballenas

En el mundo existen, hoy en día, unos 15 mil ejemplares de ballenas jorobadas (Megaptera novaeangliae), nombre que reciben estos animales debido a la joroba que poseen en la aleta dorsal. Sin embargo, a mediados del siglo XX esta cifra era mucho inferior. En 1966, la población de individuos de este tipo no llegaba a los dos millares.

De ahí que su conservación y observación se torne necesaria entre los expertos en biología marina a la hora de evitar que vuelva a ser un animal en peligro de extinción. Precisamente, por eso, los científicos tratan, ahora, de estudiar sus comportamientos a través de los sonidos.

Para ello, investigadores de la Universidad de Extremadura, concretamente del área de Ecología del departamento de Biología Vegetal, Ecología y Ciencias de la Tierra junto con científicos del Instituto de Investigación Acústica del Reino Unido, analizaron grabaciones, de muchas horas, de ballenas jorobadas repartidas a lo largo del mundo: Alaska (14), Atlántico Norte (4), Caribe (26), Hawaii (21), Océano Indico (10), Pacífico Norte (23) y Pacífico Sur (16).

Daniel Patón, profesor de la Universidad de Extremadura, explicó en 2019 que estas observaciones les permitieron conocer, entre otros aspectos, que estos animales cuentan con un total de 47 formantes o frecuencias fundamentales de emisión.

“El número de formantes depende de la estructura anatómica de cada especie. Por ejemplo, el ser humano tiene 4 o 5 frecuencias, el ciervo tiene 7 y un ruiseñor podría tener entre 10 o 12 formantes. En las ballenas jorobadas hemos visto casi medio centenar, por lo que podemos afirmar que esta especie es el animal más complejo del mundo, acústicamente hablando, hasta la fecha”.

Los sonidos estudiados equivalen, además, a una huella dactilar acústica que permite establecer también diferencias poblacionales y observar la evolución del propio animal.

A este respecto, el estudio permitió determinar que las poblaciones de ballenas jorobadas más antiguas son las del Índico, concretamente del Golfo de Omán. Como señala Patón, “estas son las únicas que no migran”.

También pudieron comprobar que las poblaciones más recientes de esta especie, que es principalmente piscívora, se encuentran en la Costa Este del Pacífico. En Hawaii se juntan poblaciones de diferentes orígenes durante la reproducción. En Alaska solo aparecen invernantes.

Migración, agrupamiento y cortejo

Para hallar estos resultados los investigadores construyeron, en primer lugar, una bases de datos de los formantes obtenidos a partir de las escuchas de estos audios. Posteriormente, estos sonidos han sido contrastados a través de 16 distancias matemáticas seleccionadas. Como subrayó Patón, se utilizó “la más apropiada para medir el índice de parentesco mediante análisis multivariantes”.

Todo esto permitió conocer sus costumbres de migración, agrupamiento y cortejo, así como qué poblaciones son más arcaicas. La fiabilidad de estas pruebas acústicas poblacionales es avalada por el hecho que coincide con investigaciones recientes usando ADN.

Los resultados obtenidos son exactamente los mismos que los obtenidos con técnicas genéticas. Esto pone de manifiesto la fiabilidad de los sonidos y del método utilizado para este trabajo”, ha especificado el científico Daniel Patón.

Referencia bibliográfica:

Daniel Patón, Patricia Pajuelo, Carmen María Molina, Federica Pace ( 2019). Acoustic variability among humpack whale populations by forman analysis. En: Cetaceans: Evolution, Behavior and Conservation. Series: Marine Science and Technology. (Editor: Daniel Patón). Nova Publishers NY, USA. ISBN: 978-1-53614-998-2

Imagen superior: El solfeo marino. «Como si fueran trovadores del mar, las ballenas jorobadas han recitado historias que hasta ahora parecían ininteligibles para los oídos humanos. En otros tiempos, sus vocalizaciones largas, elaboradas y potentes probablemente acrecentaron los mitos sobre el canto de las sirenas, pero en la actualidad, desde una visión científica se vislumbran los primeros indicios para comprender el cifrado de sus versos. (…) En la década de los sesentas la marina de los Estados Unidos de América registró los cantos de las ballenas jorobadas y diez años después el zoólogo británico Roger Payne y el experto en ballenas Scott McVay difundieron la grabación para el público en general. Esta reproducción de los sonidos de la naturaleza tuvo tanto éxito entre la gente que se editó en varios países y superó los diez millones de discos vendidos. Parte de este mérito de difusión fue gracias a que se distribuyó una copia del material en la revista National Geographic. (…) Payne y McVay escribieron en 1971 un artículo titulado Songs of Humpback Whales −cantos de las ballenas jorobadas− en la revista Science. En él muestran un sonograma para comprender la estructura de las vocalizaciones, esto es, una representación visual del sonido en dos dimensiones: la frecuencia medida en hercios o hertz (Hz) se grafica en el eje vertical y el tiempo medido en segundos (s) en el eje horizontal. Este primer paso científico para comprender el solfeo de las Megaptera novaeangliae define la terminología que usaron para describir los sonidos grabados. (…) Desde entonces, las canciones de estos jorobados cetáceos se han estudiado ampliamente; en la actualidad se sabe que pueden llegar a emitir sonidos de hasta 170 decibeles, lo que equivale a la potencia de una explosión de fuegos artificiales o el despegue de un jet. También se conoce que debido a que pueden emitir sonidos de baja frecuencia, a veces inaudibles para el oído humano, las ondas de comunicación viajan más lejos, así que pueden tener intercambios sonoros con otro miembro de su manada a miles de kilómetros de distancia. (…) Ahora se sabe que las polifonías son casi exclusivas de los machos y son prolongadas, pueden durar de diez minutos hasta veinte o treinta horas y se permiten llevar la misma tonada durante seis meses. Aunque cada ballena tiene su propia voz, las jorobadas de la misma área a menudo cantan la misma canción, esto se conoce porque cantan frases iguales en el orden exacto. Se podría decir que año con año los machos de un grupo específico emiten los mismos cantos, pero existen pequeñas variaciones que a lo largo de muchos años la transforman en otra canción completamente diferente. El instrumento de viento con el que emiten su música es tan grande como su cráneo, pues producen el sonido circulando aire por la cabeza. Para hacerlo, salen a la superficie a respirar, controlan su aliento, se sumergen, se inclinan hacia abajo y cantan a quince o treinta metros bajo el mar. Existen complicaciones para estudiar más sobre cómo es que circula el aire dentro de sus cabezas y producen los sonidos, pues no es común encontrar cráneos de estos mamíferos. Así que muchos científicos extrapolan sus conocimientos sobre la forma en la que los delfines emiten sonidos e infieren cómo es que lo hacen las ballenas». (© Elisa T. Hernández Acosta. Publicado previamente en la revista Ciencias de la UNAM.)

Entre las especies animales, los cantos de las ballenas jorobadas macho (Megaptera novaeangliae) son un raro ejemplo de aprendizaje social. Otro estudio, publicado en 2022 en Scientific Reports, descubrió que estos cetáceos pueden aprender canciones increíblemente complejas de sus semejantes de otras regiones.

Para evaluar la transmisión cultural entre ellos, los autores analizaron los patrones de canto de los ejemplares machos en una población del este de Australia y otra de Nueva Caledonia entre 2009 y 2015. El equipo observó que la muestra neocaledonia era capaz de aprender melodías de sus contrapartes australianos con una precisión notable.

“Esto indica un nivel de comunicación superior a los observados hasta ahora en cualquier especie no humana”, revela Jenny Allen, primera autora del estudio. “Aparte de los humanos, este es realmente el único ejemplo que tenemos de transmisión cultural que ocurre a lo largo de miles de kilómetros”.

“Estos hallazgos apoyan la idea que el aprendizaje del canto entre las ballenas es similar al de otras especies, como aves y humanos”, explica Allen a SINC. “El aprendizaje de canciones probablemente se desarrolla de manera muy similar independientemente de la especie, lo cual es importante para nuestra comprensión de cómo ha evolucionado la comunicación en diferentes organismos”, añade.

Según indica la investigadora, la complejidad de las canciones se determinó midiendo tanto la cantidad de sonidos que emitían las ballenas como la duración de cada tipo de sonoridad.

“Al escuchar a las dos poblaciones de jorobadas descubrimos que los ejemplares neocaledonios aprenden los sonidos exactos, sin simplificar ni omitir nada”, cuenta Allen. “Además, cada año cantan una canción diferente, lo que significa que estos cetáceos pueden memorizar muy rápidamente un patrón de canción completo de otra población, incluso si es complejo o difícil”, añade.

La investigación fue liderada por la Universidad de Queensland (UQ) y es fruto de la colaboración con otras universidades australianas, neocaledonias e inglesas y la organización no gubernamental Opération Cétacés.

La importancia de proteger a esta especie

Estos hallazgos respaldan la hipótesis de que el aprendizaje del canto puede ocurrir en áreas de alimentación compartidas, como es la Antártida, o en rutas de migración comunes. “Tenemos evidencia de que estas dos poblaciones están entrando en contacto mucho más de lo que pensábamos antes”, afirma la investigadora.

“A medida que obtengamos una mejor comprensión de dónde y con qué frecuencia se mezclan, podemos saber qué áreas oceánicas son las que necesitan más protección”, y sigue: “Por ejemplo, la investigación respalda la idea de que estas poblaciones podrían estar encontrándose en sus rutas migratorias en Nueva Zelanda; esto significa que esas áreas son realmente importantes y es necesario defenderlas”.

Si bien las ballenas jorobadas se han eliminado recientemente de la lista de especies en peligro de extinción, sus poblaciones aún deben administrarse con cuidado, y estos hallazgos podrían ayudar, sugiere Allen.

“Ahora tenemos una imagen más holística de los comportamientos, movimientos e interacciones de las diferentes poblaciones de ballenas jorobadas, incluida la forma en que transmiten su cultura. Esto significa que estamos mejor equipados para protegerlas contra las muchas amenazas que enfrentan a medida que nuestro clima y nuestro planeta continúan cambiando”, concluye.

(Iole Ferrara)

Referencia:

Allen et al.Scientific Reports, Song complexity is maintained during inter-population cultural transmission of humpback whale songs

Los cantos de las ballenas jorobadas reflejan los cambios de sus poblaciones

Entre 8.000 y 12.000 ballenas jorobadas (Megaptera novaeangliae) procedentes del océano Pacífico Norte visitan cada año entre diciembre y abril las aguas poco profundas de las islas hawaianas para reproducirse. Durante este tiempo, los machos adultos producen una elaborada exhibición acústica a través de unas canciones que se convierten en la fuente dominante del sonido ambiental acuático, sobre todo en los picos de mayor actividad entre febrero y marzo.

Sin embargo, durante dos años, el número de ballenas que se presentaban a esta cita anual disminuyó de manera tan inusual que un equipo de científicos, liderado por la Universidad de Hawái en Mānoa, EE UU, decidió empezar a registrar y examinar estos cantos para entender a qué se debía el declive.

Gracias a la monitorización acústica pasiva en seis lugares diferentes frente a la isla de Maui entre septiembre de 2014 y mayo de 2019, el equipo, que contó con la colaboración del Instituto de Ciencias Oceanwide y la Institución Oceanográfica Woods Hole, pudo dar unas primeras estimaciones de lo que sucedía.

El trabajo, publicado en 2020 en la revista Endangered Species Research, permitió medir cada día, mediante grabadoras acústicas ecológicas, la cantidad promedio de energía acústica. Los resultados reflejan los patrones migratorios de estos mamíferos marinos y muestran una disminución continua desde 2014 de los niveles de las canciones, sobre todo en los picos de febrero y marzo, y una reducción de la energía acústica del 50 %.

“Los niveles solo volvieron a aumentar en la temporada 2018-19, alcanzando los niveles de 2015-16 e incluso de 2014-15 en algunos sitios de registro. Además, vimos un cambio en el patrón estacional, con picos de canciones que fueron desde febrero hasta principios de marzo”, detalla Anke Kügler, asistente de investigación en el Instituto de Biología Marina de Hawai y autora principal del trabajo.

Según los investigadores, no solo las canciones fueron significativamente más bajas durante los periodos de mayor actividad reproductiva, sino que “las ballenas también parecieron salir de las islas antes que los años anteriores”, subraya Kügler. A partir de abril y mayo, las ballenas en principio migran de regreso a sus zonas de alimentación en otras latitudes.

Símbolos del estado del mar

Así, el estudio confirma que la reducción de ejemplares a partir de 2015 coincide con un evento de ola de calor oceánica provocado por las oscilaciones de El Niño en el Pacífico Norte y con un periodo cálido posterior. Las mediciones a la baja de la energía acústica durante ese mismo periodo –hasta 2018-2019– y en la misma zona lo reafirman.

Los investigadores insistieron en señalar que, aunque una menor energía acústica no es sinónimo de manera automática de una reducción a la mitad del número de ballenas, su cálculo sí parece corresponder con cambios en los niveles poblaciones. Esto se corroboró con avistamientos desde la superficie de madres y crías en Maui y cuyos resultados coinciden con los niveles de las canciones.

Estas ballenas son consideradas en la cultura de estas islas del Pacífico un animal carismático y se han convertido en una especie insignia del ecosistema de la región. Además, su observación es un recurso económico importante en el archipiélago, por lo que crear conciencia sobre sus amenazas e impactos ayudarán a su conservación.

Referencia:

Anke Kügler et al. “Fluctuations in Hawaii’s humpback whale Megaptera novaeangliae population inferred from male song chorusing off Maui” Endangered Species Research

Imagen superior: «Humpback Whales» (Greg MacGillivray, 2015) © MacGillivray Freeman Films, La Géode.

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