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«Los devoradores de mentes», de David Blanco Laserna y Celsius Pictor

He llegado a pensar que muchos amantes de la naturaleza ‒ojo, me incluyo entre ellos‒ opinan sobre ella para ahorrarse su estudio. En este sentido, nada envejece peor que esas visiones bucólicas y radiantes donde no se escapa ni una sola incomodidad.

Actuamos como si la vida salvaje fuera incapaz de salirse de madre. Quizá es mucho pedir que sigamos creyendo que una criatura es adorable ‒qué se yo: los chimpancés‒ después de asistir a escenas cotidianas poco atractivas ‒por ejemplo, verlos cazando a un joven colobo, para luego romperle el cráneo y devorar su cerebro‒. En fin, ya sé que es una obviedad recordar lo dura que es la lucha por la vida. Pero qué se le va hacer, esta postura tan ingenua lleva implícita una buena dosis de ignorancia.

Para disfrutar como es debido de los documentales televisivos, nos hemos acostumbrado a observar la biosfera con muchas elipsis. Leyendo en diagonal cualquier relato sobre la flora y la fauna. Me dirán que hay páginas innecesarias, que conviene saltarse ‒esa suricato hembra que mata a las crías de otras madres, el leopardo macho que devora a los cachorros ajenos a su estirpe…‒. En estos casos, la ternura y la estética se alían, destructivamente, para convencernos de que los animales habitan en una Arcadia feliz y luminosa. Incapaces de hacerse daño. Civilizados, como decía aquella balada tan cursi de Roberto Carlos.

Basta con mirar un calendario típico. Uno de esos llenos de pandas, koalas, pingüinos y cervatillos. Se lo aseguro, jamás encontrarán en ellos una escolopendra, una ameba o una rata.

¿Quién dijo que para proteger algo primero hay que amarlo? ¿Y acaso les parece fácil amar a un depredador con las fauces ensangrentadas? Alguna vez había que explicarlo, y este libro ‒Los devoradores de mentes, de David Blanco Laserna y Celsius Pictor‒ plantea con franqueza esta faceta horrenda e inquietante de la vida silvestre. Una faceta que debemos aceptar y entender, porque también forma parte del ciclo natural.

David Blanco tiene en su haber diversos libros de divulgación científica, y ha mostrado una especial dedicación al público que más necesitado está de ellos: los niños y los jóvenes. A veces alternando la ficción con la pedagogía ‒pienso ahora en El bestiario de los números, que ilustró María Espejo‒, Blanco Laserna ha escrito obras muy acertadas. Pero si ahora mismo tuviera que recomendar una, debo confesarles que me ha entusiasmado Los devoradores de mentes.

¿Que quiénes son sus protagonistas? Pues los parásitos más inquietantes que uno pueda imaginar. Seres impactantes, que sacan provecho de otras especies con un comportamiento digno de una película de terror. Entes que prosperan por medio de adaptaciones morfológicas y fisiológicas tan imaginativas como desagradables. En definitiva, monstruos de la vida real, que harán las delicias de grandes y pequeños.

El excelente texto viene acompañado por unas ilustraciones sensacionales, obra de  Celsius Pictor. Este último nos regala un bestiario elegante y evocador. Se trata de imágenes que parecen grabados del XIX, pero con detalles biomecánicos. En ellas, parece que la vida de estos seres responde a estímulos maquinales.

Aunque se trata de especies identificadas por nuestra ciencia, Pictor las convierte en unas entidades cuyo ciclo biológico es ‒o eso parece‒ propio de otra galaxia.

Gracias a ambos autores, Los devoradores de mentes se convierte en un libro de naturaleza muy especial, que nos fascina por ir a contracorriente. Aquí no encontrarán belugas ni sonrientes perezosos, sino un turbador repertorio de invertebrados. Y ahí reside su mayor mérito.

Sinopsis

¿Quién dice que los zombis no son reales? Solo tienes que mirar con atención y viajar un poco. Hay avispas, hongos, plantas y gusanos parasitarios especializados en apoderarse de los cuerpos y las mentes de ranas, arañas, hormigas, peces, ratones… mediante métodos muy refinados.

En esta veintena de casos de posesión sabrás de hongos que devoran cigarras, gusanos que hacen que los grillos se ahoguen, hongos que empalan hormigas, gusanos que invaden los ojos de los caracoles para que se los coman los pájaros… Verdaderas historias de terror.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © Thule Ediciones. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como "Cuadernos Hispanoamericanos", "Album Letras-Artes" y "Scherzo".
Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte).
Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos. Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.