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En torno a la palabra «empoderamiento»

A veces, mientras escribes, te atascas en un concepto y no hay forma de avanzar. Escribiendo sobre mujeres y alquimia quiero decir que la alquimia es una forma de «empoderamiento» de las nobles cortesanas del siglo XVI. Pero resulta que la palabra «empoderamiento» me supera.

Me supera utilizar una traducción literal de un término anglosajón, teniendo en cuenta la riqueza de nuestro propio idioma. Además de que no puedo decir, por ejemplo, que «Juana de Austria se empoderó mediante el uso de aguas destiladas de rosas». Es que no puedo. Y sé que quien me leyese, hoy en día, entendería perfectamente lo que quiero decir. Pero Juana de Austria no me entendería. No sabría de qué estoy hablando. Esto se llama anacronismo.

Así que, empantanada por una palabra, me voy a resolver mis dudas. Veo que el DRAE recoge la definición habitual de «empoderar(se)» desde 2014. Voy al Diccionario Panhispánico de Dudas, donde se repite eso de que «empoderar(se)» es un calco del inglés to empower, empleado en textos de sociología política, con el sentido de «conceder poder (a un colectivo desfavorecido socioeconómicamente) para que, mediante su autogestión, mejore sus condiciones de vida». E incluye una coletilla esperanzadora «El verbo ‘empoderar’ ya existía en español como variante desusada de ‘apoderar’. Su resucitación con este nuevo sentido tiene la ventaja, sobre apoderar, de usarse hoy únicamente con este significado específico».

El Libro de estilo de El País, biblia de escritores durante décadas, en su versión actualizada de 2014, va más allá, y dice «su uso actual procede del inglés empower, si bien el verbo tiene una antigua tradición en español, pues ya Covarrubias lo anotó en 1611 como ‘dar en poder’ o ‘entregar’. Más tarde tomó el significado de apoderar: otorgar poder».

¿Covarrubias? ¿Sí? ¿En el Tesoro de la lengua castellana, nuestro primer diccionario? Ah, bueno, pienso, si lo dice Covarrubias puedo replantearme mis prejuicios previos. Después de un ligero empanamiento, porque pretendo consultar el Covarrubias como consulto el DRAE, es decir, en línea; después de tirar de contactos, porque yo no tengo el Covarrubias en mi casa, recuerdo que existen las versiones digitales (a veces me sorprendo de lo atrofiada que estoy según y en qué momentos). Me voy a la versión digitalizada de la Biblioteca Nacional. Busco «empoderar». No aparece. Busco «apoderar». Tampoco. ¿…? ¿Por qué mienten? ¿Por qué dicen que aparece en el Covarrubias, si no es así? Alucino.

No quiero (no puedo) decir que Juana de Austria utilizó la alquimia como una forma de «empoderamiento». Por mucho que lo haya aceptado la DRAE. Es un anacronismo. Además de que Juana de Austria, como tantas y tantas otras mujeres de la Edad Moderna, podía gozar de ciertas «libertades», si bien todas ellas siempre estaban sometidas a alguna autoridad masculina, ya fuera padre, marido, hermano o hijo.

Así que, aquí me hallo, empantanada en un concepto. Aquí me hallo. A la espera de que la Moliner, doña María, me ilumine…

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Mar Rey Bueno

Mar Rey Bueno

Mar Rey Bueno es doctora en Farmacia por la Universidad Complutense de Madrid. Realizó su tesis doctoral sobre terapéutica en la corte de los Austrias, trabajo que mereció el Premio Extraordinario de Doctorado.
Especializada en aspectos alquímicos, supersticiosos y terapéuticos en la España de la Edad Moderna, es autora de numerosos artículos, editados en publicaciones españolas e internacionales. Entre sus libros, figuran "El Hechizado. Medicina , alquimia y superstición en la corte de Carlos II" (1998), "Los amantes del arte sagrado" (2000), "Los señores del fuego. Destiladores y espagíricos en la corte de los Austrias" (2002), "Alquimia, el gran secreto" (2002), "Las plantas mágicas" (2002), "Magos y Reyes" (2004), "Quijote mágico. Los mundos encantados de un caballero hechizado" (2005), "Los libros malditos" (2005), "Inferno. Historia de una biblioteca maldita" (2007), "Historia de las hierbas mágicas y medicinales" (2008) y "Evas alquímicas" (2017).