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«El legado tenebroso» («The Cat and the Canary», Paul Leni, 1927)

En 1927, el realizador alemán Paul Leni se instaló en Hollywood para trabajar en los estudios Universal, fundados por su compatriota Carl Laemmle. Figura destacada del expresionismo alemán y autor de obras como La escalera de servicio (Hintertreppe, 1921) o El hombre de las figuras de cera (Das Wachsfigurenkabinett, 1924), Leni fue uno de los muchos talentos europeos –de una larga lista que incluye sonoros nombres como Fritz Lang o F. W. Murnau– absorbidos por la pujante industria hollywoodiense.

El legado tenebroso (The Cat and the Canary, 1927) fue su primer filme rodado en Norteamérica. Le siguieron El loro chino (The Chinese Parrot, 1927) y El hombre que ríe (The Man Who Laughs, 1928), una adaptación de Víctor Hugo protagonizada por Conrad Veidt. Su última película en Estados Unidos fue The Last Warning (1929), muda en su mayor parte aunque combinada con algunas secuencias sonoras. Por desgracia, el 2 de septiembre de ese mismo año el realizador falleció de septicemia en Los Ángeles; contaba 44 años.

Traslación a la gran pantalla de la exitosa obra teatral de John Willard The Cat and the Canary, la película relata la lenta agonía del millonario Cyrus West. En su lecho de muerte, planea vengarse de sus codiciosos herederos que, «como gatos sobre un canario, le habían llevado al borde de la locura«. Como parte del plan, atrasará la lectura del testamento hasta veinte años después de su muerte. Una vez cumplido ese plazo, los ansiosos parientes se reúnen para enterarse de la última voluntad del anciano. La cita tendrá lugar en su mansión, un grotesco castillo que ha sido custodiado durante estas dos décadas por una siniestra ama de llaves (Martha Mattox).

La sobrina del millonario, Annabelle West (Laura La Plante), es designada heredera. Sin embargo, solo podrá hacerse cargo de la fortuna si supera una prueba: demostrar su cordura ante un médico que llegará esa noche. Si no es capaz, otro ocupará su lugar. Algo que no resultará fácil en esa tétrica mansión, por cuyas dependencias se dice que vaga, sediento de venganza, el fantasma de su excéntrico propietario.

En esta comedia de terror y misterio todos los personajes son sospechosos, desde los codiciosos rivales de Annabelle, que desean que se vuelva loca para usurpar su puesto, hasta el ama de llaves, una solterona fiel a su difunto amo que desdeña la compañía de «los vivos». A la lista se suma un misterioso lunático escapado de un manicomio y el guardia que trata de apresarle.

Destacan en el reparto actores como Creighton HaleForrest Stanley o Tully Marshall, aunque la protagonista indiscutible es Laura La Plante, una estrella temprana de Universal con la que Leni volvió a trabajar en The Last Warning.

Tres años después, cuando el cine sonoro comenzaba a imponerse, Universal acometió una nueva adaptación dirigida por el mismo Willard en compañía de Rupert Julian, titulada The Cat Creeps (1930), aunque de resultados mucho más mediocres. Como era costumbre por aquel entonces, la productora lanzó ese mismo año otra versión para el mercado hispano, La voluntad del muerto (codirigida por Enrique Rovar Ávalos y George Melford). Más conocida fue El gato y el canario (The Cat and the Canary, Elliott Nugent, 1939), una comedia producida por Paramount que debió gran parte de su fama al gancho de la pareja protagonista, compuesta por Bob Hope y Paulette Goddard.

La casa encantada, un escenario privilegiado

El legado tenebroso fusionó el estilo expresionista con los elementos góticos, de tal forma que «puede verse tanto como la primera película gótica de terror (o de misterio) como una de las últimas en adecuar con cierta pureza los elementos del expresionismo» (1). Otorgando gran mimo y detalle a los decorados –antes de debutar como director, Leni trabajó en el cine como decorador y director artístico–, la película supone una plasmación prototípica del escenario por excelencia del terror gótico: la casa encantada, que en este caso adopta la forma de un castillo de aires medievales asentado sobre una colina, con las ventanas cubiertas por grandes cortinajes siempre azotados por el viento, oscuros y tétricos pasillos y dependencias secretas.

El impresionante tratamiento formal del filme de Leni, tan influyente en las posteriores producciones de terror, convivía a la perfección con los toques de parodia, tan característicos de los años veinte. Ya antes de esta película, se habían realizado unas cuantas comedias ambientadas en casas (supuestamente) encantadas, algunas de ellas protagonizadas por grandes cómicos como Harold Lloyd o Buster Keaton.

El legado tenebroso condensó las tendencias de la época convirtiéndose en uno de los principales exponentes de la denominada mystery comedy, que combinaban el envoltorio de terror con el humor elegante y con tramas policiacas racionales que podrían tacharse de desmitificadoras. Y es que, «por el contrario a otros temas del fantástico, donde el tratamiento serio deviene en parodia dada la popularidad del mismo, aquí los argumentos comienzan a tomarse en broma los horrores de las casas encantadas, mucho antes de que se planteen argumentos en verdad serios y terroríficos» (2).

El 27 de abril de 2011, Versus Entertaiment lanzó una edición en DVD «especial para coleccionistas» con dos versiones de este gran clásico del cine mudo: la emitida originalmente en cines y otra tintada en color sepia. Como extra, incluye el cortometraje Rebus Film Nr. 1, dirigido por Paul Leni en 1925.

(1) Quim Casas (edición de Antonio J. Navarro), Pesadillas en la oscuridad, Madrid, Valdemar, 2010, p. 162.

(2) Ángel Gómez Rivero, Casas malditas. La arquitectura del horror, Madrid, Calamar, 2007, p. 58.

Copyright del artículo © Lola Clemente Fernández. Reservados todos los derechos.

Copyright de las imágenes © Universal Pictures. Cortesía de Versus Entertaiment Video & DVD. Reservados todos los derechos.

Mª Dolores Clemente Fernández

Mª Dolores Clemente Fernández

Mª Dolores Clemente Fernández es licenciada en Bellas Artes y doctora en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense de Madrid con la tesis “El héroe en el género del western. América vista por sí misma”, con la que obtuvo el premio extraordinario de doctorado. Ha publicado diversos artículos sobre cine en revistas académicas y divulgativas. Es autora del libro "El héroe del western. América vista por sí misma" (Prólogo de Eduardo Torres-Dulce. Editorial Complutense, 2009). También ha colaborado con el capítulo “James FenimoreCooper y los nativos de Norteamérica. Génesis y transformación de un estereotipo” en el libro "Entre textos e imágenes. Representaciones antropológicas de la América indígena" (CSIC, 2009), de Juan J. R. Villarías Robles, Fermín del Pino Díaz y Pascal Riviale (Eds.). Actualmente ejerce como profesora e investigadora en la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR).