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Crítica: «Star Wars: El ascenso de Skywalker» (J.J. Abrams, 2019)

«La más sorprendente aventura del espacio, ahora en cromos a todo color». Creo que el año era 1978. Yo releía ensimismado esa frase en la contraportada de mi álbum de La Guerra de las Galaxias. De pronto, un compañero de clase, subido a la valla del patio, me dijo a voces: «¿Pero todavía sigues con eso? ¡Si ya está pasado de moda!».

Aquel chaval era un pésimo profeta, no lo niego. Y sin embargo, tenía parte de razón. Al fin y al cabo, solamente era una película que ya había tenido su momento de gloria.

De acuerdo, era un largometraje encantador y llegó en el momento apropiado. Es más: aquel estreno renovó el panorama comercial de la industria, nos devolvió el espíritu de la aventura clásica, revolucionó los efectos especiales y se convirtió en un emblema generacional. Pero bueno, solo era una película más entre otras muchas que nos hacían vibrar.

Pasó el tiempo. Dejé de escuchar en el magnetófono aquella cassette con la versión discotequera de la música de John Williams (Star Wars and Other Galactic Funk, de Meco). Y entonces llegaron las secuelas. Una tras otra. Primero las más respetadas, empezando por El Imperio Contraataca, y luego las prescindibles, incluida esta que nos ha llegado en 2019.

Supongo que, tratándose de Star Wars, nunca he vuelto a entrar en el cine con la misma ilusión de aquel crío que dejé de ser, y que hojeaba su álbum de cromos como si fuera un tesoro. Lo sé porque, al ver Star Wars: El ascenso de Skywalker ya no me imagino empuñando un sable láser en la cubierta un destructor estelar. Todo lo contrario. Me limito a chequear aciertos ‒el reparto, la pirotecnia, los detalles divertidos, el diseño de producción…‒ y luego empiezo a reprochar a J.J. Abrams los sucesivos problemas de este artefacto: su tramposo guión, sus incoherencias con relación a la saga, el barullo dramático, los deus ex machina, su obediencia a los estudios de mercado, o ese frenesí narrativo al que ya no estoy acostumbrado, pero que tanto necesitan los espectadores más jóvenes.

Sé que hay muchos de mi generación que se ha sumado al culto adolescente. Es un modo de no envejecer. Perpetuamos viejos recuerdos, discutimos sobre ellos y los defendemos en la cultura popular como quien participa de una religión pagana.

Pero, claro, vuelvo a ello: El ascenso de Skywalker es solo una película. Si me apuran, una coartada para vender juguetes. Una franquicia planetaria. Y también un recordatorio de que el tiempo ha pasado, y con él, los gustos y las pasiones infantiles. Por eso, y por alguna otra razón, es inevitable que Abrams nos defraude.

¿Cuál es el público objetivo de esta megaproducción? Yo no, desde luego. Por más que hoy pueda decirles qué es un dianoga o cuántos soles tiene Tatooine, Star Wars ya no me pertenece. Su perfil de espectador es un joven promedio, con déficit de atención, quizá norteamericano, o puede que chino, hambriento de adrenalina, olvidadizo y adicto a las redes sociales. Por eso mismo, el guión gira como una peonza, introduce sorpresas sin justificarlas, se asimila al cine de superhéroes, y al final, va recalentándose como el aceite rancio.

Con un presupuesto millonario, malo sería que los decorados o el vestuario no fueran impecables. Y dado que el reparto incluye todo lo que pide el fan ‒esa abstracción a la que llamamos fan‒, uno se distrae reconociendo a los veteranos, echando de menos a los ausentes y admitiendo las grandes virtudes de los nuevos intérpretes.

Sin embargo, la sensación general es de melancolía. Ha pasado el tiempo. Varias décadas, de hecho. Y esta película está diseñada por Abrams ‒y luego rediseñada por un comité‒ para contentar a esos niños que nos acompañan al estreno. Si la caja registradora cuadra, nuestra opinión importa poco o nada: habrá más Star Wars. Quizá sin el encanto de lo clásico, pero con el respaldo de una industria despersonalizada y omnipotente, que pivota entre Los Ángeles y Pekín.

Por cierto, tengan cuidado. La nostalgia es la droga más adictiva que se conoce. Aunque se parezcan, es inútil comparar El ascenso de Skywalker con El Retorno del Jedi. Las aspiraciones de una y de otra son tan distintas como la sociedad de entonces y la de hoy. Lo sé porque he crecido entre ambas.

Sinopsis

Más de cuatro décadas después del estreno de la primera película de la saga, Lucasfilm y el director J. J. Abrams unen sus fuerzas una vez más para llevar a los espectadores a un viaje épico a una galaxia muy, muy lejana con Star Wars: El ascenso de Skywalker, la esperada conclusión de la saga de Skywalker en la que regresan los clásicos personajes de Luke Skywalker, la princesa Leia y el emperador Palpatine; donde nacen nuevas leyendas y en la que tiene lugar la batalla final por la libertad.

El rodaje de Star Wars: Episodio IX arrancó el 1 de agosto de 2018 en los Estudios Pinewood de Londres. J.J. Abrams, quien escribió el guion junto con Chris Terio, regresó para dirigir.

Los miembros del reparto incluyen a Daisy Ridley, Adam Driver, John Boyega, Oscar Isaac, Lupita Nyong’o, Domhnall Gleeson, Kelly Marie Tran, Joonas Suotamo, y Billie Lourd. Al elenco del Episodio IX se incorporan Naomi Ackie y Richard E. Grant, a quienes se unen los veteranos actores de Star Wars Mark Hamill, Anthony Daniels y Billy Dee Williams, que retoma su papel de Lando Calrissian.

El papel de Leia Organa vuelve a ser interpretado por Carrie Fisher, utilizando material de archivo inédito de Star Wars: El despertar de la fuerza. «Amamos desesperadamente a Carrie Fisher«, dice Abrams. «Nos resultaba imposible encontrar un final totalmente satisfactorio a la saga de Skywalker sin ella. No íbamos a buscar otra actriz ni utilizar un personaje creado por ordenador. Con el apoyo y la autorización de su hija Billie, hemos encontrado la forma de rendir homenaje a su legado y al papel de Carrie como Leia en el Episodio IX utilizando imágenes inéditas que rodamos juntos para el Episodio VII«.

El compositor John Williams, que ha escrito la música de todos los capítulos de la saga de Star Wars desde Una nueva esperanza en 1977, regresa a una galaxia muy, muy lejana con el Episodio IX.

Star Wars: Episodio IX está producido por Kathleen Kennedy, J.J. Abrams y Michelle Rejwan, y los productores ejecutivos son Callum Greene y Jason McGatlin. El equipo cuenta con Dan Mindel (Director de fotografía), Rick Carter y Kevin Jenkins (Diseñadores de producción), Michael Kaplan (Diseñador de vestuario), Neal Scanlan (Efectos especiales de criaturas y droides), Maryann Brandon y Stefan Grube (Montadores), Roger Guyett (Supervisor de efectos visuales especiales), Tommy Gormley (1er Ayudante del director) y Victoria Mahoney (Directora de la 2ª unidad).

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © Lucasfilm, Bad Robot, Walt Disney Pictures. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como "Cuadernos Hispanoamericanos", "Album Letras-Artes" y "Scherzo".
Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte).
Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos. Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.